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viernes, 18 de enero de 2013

DJANGO :DESENCADENADO







Película: Django desencadenado. Título original: Django unchained.Dirección y guion: Quentin TarantinoPaís: USAAño: 2012. Duración: 165 min. Género: DramawesternInterpretación: Jamie Foxx (Django),Leonardo DiCaprio (Calvin Candie), Christoph Waltz (Dr. King Schultz),Samuel L. Jackson  (Stephen), Kerry Washington (Brommhilda), Walton Goggins (Billy Crash), Dennis Christopher (Leonide Moguy), Don Johnson (Big Daddy), James Remar (Butch Pooch / Ace Speck), James Russo (Dicky Speck), Franco Nero (Amerigo). Producción: Pilar Savone, Stacey Sher y Reginald Hudlin. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Fred Raskin. Diseño de producción: J. Michael Riva. Vestuario:Sharen Davis. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en USA: 25 Diciembre 2012. Estreno en España: 18 Enero 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.




La historia de “Django desencadenado” está ambientada en el Sur de los Estados Unidos, dos años antes de estallar la Guerra Civil, el Dr. King Schultz en un cazarrecompensas de origen alemán que sigue la pista de unos asesinos: los hermanos Brittle. Para lograr su objetivo busca la ayuda de un esclavo llamado Django (Jamie Foxx). El poco ortodoxo Schultz se hace con Django bajo la promesa de dejarlo en libertad una vez que hayan capturado a los Brittle, vivos o muertos. El éxito que obtienen en su cometido hace que Schultz libere a Django, pero ambos deciden no separarse y seguir juntos su camino. Django perfecciona su destreza como cazador con un único objetivo: encontrar y rescatar a Broomhilda, la esposa que perdió hace tiempo en el mercado de esclavos. La búsqueda de Django y Schultz finalmente los lleva hasta Calvin Candie, propietario de la infame plantación Candyland. Bajo falsos pretextos Django y Schultz exploran las instalaciones y despiertan las sospechas de Stephen, el esclavo de confianza de Candie.


.......Quentin Tarantino se siente como pez en el agua buceando en la serie B, tocando los palos de todos los subgéneros, ya sea el criminal, la acción de karatekas, el terror, la blaxploitation o el cine de nazis. Ahora con Django desencadenado le toca el turno al spaghetti-western, sus muy queridos Sergio Leone, el Clint Eastwood de antaño o Sergio Corbucci, de quien toma aquí hasta el título, el tema musical y hasta un cameo, Franco Nero. Y si en Malditos bastardos podía permitirse criticar el racismo nazi, ahora convierte en objeto de su ironía y violencia paródica al esclavismo; pero que nadie espere consideraciones sesudas del guionista y director sobre el comercio con seres humanos, el eterno “chico grande” Tarantino, gamberrete donde los haya, entrega, ni más ni menos, un formidable ejercicio de estilo, aparentemente simple en su guión, aunque el libreto tenga su complejidad en el engranaje y la escritura de los diálogos, la creación de la grandilocuencia y el enfatismo, personajes operísticos conscientemente exagerados y que funcionan, entre ellos la pareja protagonista, Jamie Foxx y Christoph Waltz. Toda la parte que implica la presencia del gran villano Leonardo DiCaprio, de tensión creciente, se mueve en el filo de la navaja, y demuestra lo buen director que es Quentin Tarantino, que domina la narrativa fílmica y sabe tensar la cuerda hasta extremos insospechados, también con la curiosísima composición de Samuel L. Jackson, un personaje odioso.
De modo que el espectáculo de casi tres horas en que consiste Django desencadenado se pasa en un santiamén, con pasajes surrealistas, su ensalada de violencia, sanguinolenta hasta el paroxismo, sus paradojas de negros negreros y blancos buenas personas, el romanticismo de la chica y esposa nunca olvidada, y los guiños, guiños continuos, en los títulos de crédito, en la banda sonora, en los zooms sesenteros y setenteros, en la violencia seca y cortante. ¿Madurará algún día Quentin Tarantino, como han hecho a su manera y con sus estilos, un Steven Spielberg-allí está su reflexión sobre la esclavitud en Lincoln- o los hermanos Coen? Tal vez, pero decididamente, no hoy, no con Django desencadenado.
(DE CINE 21).



Django desencadenado, casi tres horas del mejor cine de Quentin Tarantino mezclando el western mediterráneo con la blaxploitation.
Más que de Django desencadenado, hay que hablar de Tarantino desencadenado. Claramente superior en sus resultados a Malditos bastardos, la revisión del mítico personaje de Django, clave en la historia del western europeo, permite al director de Reservoir Dogs lucir la panoplia completa de sus recursos narrativos, jugando mejor que nunca con esa fórmula de reciclaje cinematográfico que tan buenos resultados le ha rendido durante toda su carrera.
En Django desencadenado ese juego con lo que ya existe previamente en forma de guiño, nunca de plagio descarado, aunque como siempre el descaro y el gamberrismo forma parte de la fórmula Tarantino, arranca con la música original compuesta por Luis Bacalov para la película original dirigida por Sergio Corbucci en 1966. A partir de ahí, Tarantino va acumulando distintos elementos y características de las historias originales del western mediterráneo, tanto en situaciones como en personajes, diálogos, paisajes e incluso expresión plástica (los primeros planos o esos zoom en momentos clave, la presentación del villano encarnado por Di Caprio…). Incluso demuestra que entiende el western mediterráneo en sus claves esenciales como variante europea del western clásico americano incorporando a su relato la mezcla de los personajes y paisajes del lejano y salvaje oeste con la mitología clásica europea. Si el western mediterráneo incorporaba personajes y argumentos universales desde la mitología griega y romana, Tarantino hace lo mismo pero añadiendo al relato una leyenda nórdica, la de Brunhilda, hija de Odín, rescatada de la vigilancia de un dragón por el héroe. La escena de justificación de la venganza en flashback o la paliza y maltrato del héroe a manos de los villanos como paso previo a su retorno de redención por el camino de la venganza, una especie de ceremonia de resurrección vinculada al argumento universal del mesías que regresa de la muerte para imponer justicia, son también dos elementos clásicos del western mediterráneo que Tarantino incorpora hábilmente a su Django desencadenado.
Naturalmente el director no se queda sólo en ese trabajo de emulación o réplica de las claves del western mediterráneo, sino que las transforma en materia prima esencial para su propia fábula, añadiendo sus propias notas y estilo al relato (como las largas secuencias de diálogo, la verborrea de sus personajes, sobre todo en el personaje del dentista reciclado en cazador de recompensas interpretado por Waltz, y el contrapunto de esas secuencias de diálogo con estallidos de violencia brutal copiosamente regada con sangre).
En Django desencadenado Tarantino encuentra un mejor equilibrio en esa hibridación de las características del western mediterráneo que toma como inspiración y sus propias constantes de estilo como director-autor del que presentaba Malditos bastardos. De hecho, explota con más habilidad y solvencia en la dirección de actores a Christoph Waltz, que fue la gran baza de Malditos bastardos pero aquí puede lucirse aún más potenciando esa faceta de pícaro parlanchín que se convierte en el guía o maestro del héroe. La relación y la química entre Waltz y Jamie Foxx (Django) es mucho más interesante que las episódicas secuencias de diálogo con distintos personajes que mantenía el nazi cazador de judíos en Malditos bastardos. Igualmente Waltz brilla mucho más en su duelo interpretativo con el gran villano que compone Leonardo Di Caprio de lo que pudo brillar frente a Brad Pitt.
Otra característica habitual del cine de Tarantino, el humor socarrón que aparece inesperadamente en los fragmentos menos previsibles y jugando con la incorrección política como quien se mete en un campo de minas voluntariamente está también en Django desencadenado. Lo encontramos por ejemplo en su sátira sobre el Ku Klux Klan, un momento cómico perfecto. Tal y como suele hacer, Tarantino construye ese momento de comedia sobre un elemento mundano, los sacos con los que los asesinos de la horda de linchamiento se cubren la cabeza, convirtiendo lo terrorífico en cotidiano y por tanto a los monstruos en imbéciles. Es una sabia manera de introducir un elemento dramático desde el humor y superar el miedo a través de la risa. Resulta lamentable que una maniobra tan astuta haya sido malinterpretada por algunos despistados que acusan a Django desencadenado y a su director de racismo. Grave despiste. Muy al contrario: Djando desencadenado no sólo no es racista, sino que desde su tratamiento del asunto desde el punto de vista de los géneros y el cine de evasión, dibuja un paisaje del racismo mucho más temible, inquietante y menos maquillado del que nos vende, por poner un ejemplo, Steven Spielberg en su Lincoln. El motivo es claro: Tarantino desciende al infierno del racismo como en su momento hiciera Spielberg con el genocidio en La lista de Schindler, y aunque lo haga desde una perspectiva de cine de evasión, su película contiene momentos tan descriptivos sobre la esclavitud y la situación de los negros en Norteamérica como la cuerda de esclavos del principio, los flashbacks que introducen en el relato los recuerdos del protagonista, las escenas de negros encadenados con dogales en el cuello, los latigazos, el ataque de los perros, la secuencia de los luchadores (que astutamente el director organiza jugando a contracorriente de lo más habitual para este tipo de escenas, optando por una pelea en una habitación, en lugar de montar un gran despliegue al estilo de las secuencias de lucha callejera de la primera película de Sherlock Holmes dirigida por Guy Ritchie). Y, junto a esos elementos, un personaje, el interpretado por Samuel L. Jackson, que refleja a la perfección la idea del Tío Tom, el negro partícipe del racismo, la figura activa del ataque contra la gente de su propia raza, que tanto el director como el actor encargado de interpretar el papel consiguen resumir lo más inquietante del racismo, incluso con unos chistes de mal gusto (Négrules por Hércules Negro).(REVISTA ACCIÓN).



Con su héroe torturado arrastrando un ataúd por las calles de una ciudad fantasma, 'Django' (Sergio Corbucci, 1966) recogió con honor el testigo de los fundacionales spaghetti-westerns de Sergio
Leone. Además acuñó una poética propia, a través de la fusión de su género (bastardo por naturaleza) con el gótico delirante del terror italiano. Oro maldito (Giuliu Questi, 1967), que se apropiaría del nombre de Django en su título internacional, exacerbaría esa naturaleza proponiendo una relectura de 'La caída de la Casa Usher' entre cowboys gays y bandidos mexicanos. En la era previa al control obsesivo del copyright, el personaje fertilizó el imaginario del ska a través de la cita directa incluida en 'Caiga quien caiga' (Perry Henzell, 1972), y fue declinado en identidades diversas por parte de los cineastas corsarios del cine de subgéneros. Las últimas fronteras del extrañamiento se cruzaron con ese delirante Sukiyaki Western Django (Takashi Miike, 2007) que, precisamente, se abría con una escena donde Tarantino recitaba sus diálogos en japonés de camelo.
Mutación, pop y tragedia
A Tarantino probablemente le fascine ese proceso de mutación incesante al que fue sometido el personaje a la hora de proponer, como si fuese un Bitto Albertini, este Django negro que protagoniza su nuevo trabajo, que es al mismo tiempo un hiperfacundo spaghetti de síntesis y una impugnación al imaginario de un western americano empeñado en esconder bajo la alfombra casi toda referencia a la esclavitud. 'Django desencadenado' tiene algo de repetición de la jugada de 'Malditos Bastardos' (2009), con su impulso de reescribir la historia a través de la ficción pop (Django como el proto-Black Panther) y la presencia magnética de Christoph Waltz, actor que es algo así como un Stradivarius en manos del virtuoso cineasta (nadie desgrana como él sus sinuosos diálogos, atravesando idiomas y registros con elegancia versallesca). Waltz también sirve en bandeja un estimulante subtexto: aquí, Django es un héroe trágico-romántico, un Sigfrido afroamericano en busca de su Brunilda esclavizada.
Con sus disquisiciones lingüísticas segundos antes de un tiroteo o el pulso sobre una fórmula de cortesía que precede al clímax de violencia, 'Django desencadenado' es, quizá, el western que mayor atención jamás haya prestado al lenguaje verbal: los zooms y reencuadres de la puesta en escena parecen funcionar como contrapunto estilístico a esa obsesión por la(s) forma(s). Con una trama que pone especial énfasis en la representación y juega a fondo la carta del humor (la escena del Ku Klux Klan), Django desencadenado sólo peca por exceso (de metraje) y por no saber acuñar una imagen tan poderosa como la de ese Franco Nero atado a un enigmático ataúd..(FOTOGRAMAS).



A tan sólo un par de años del inicio de la Guerra Civil, un esclavo (Jamie Foxx) forma equipo con un cazarrecompensas (Christoph Waltz) con un objetivo claro: rescatar a su esposa (Kerry Washington) de una plantación de algodón. Quentin Tarantinoavanza en ese constante homenaje cinematográfico que es su filmografía con “Django desencadenado” (ver tráiler), exaltación del género entre los géneros que completa un camino lógico que le ha llevado hasta aquí. Porque, ciertamente, ¿no son todas sus películas westerns más o menos soslayados? El nivel de la propuesta es muy alto, faltaría más, y tiene todos los elementos básicos de su trabajo, y puede que alguno más.
«¡Es un negro a caballo!». La película se hace tremendamente ligera en un discurrir que se va casi hasta las tres horas de duración, con un tono mucho más cómico que en ocasiones anteriores sin renunciar a las conversaciones extensas y afiladas, los fogonazos de violencia incontenible ─quizá un tanto de cara la galería en su eclosión final, dado el desarrollo previo de la historia─ y una disposición visual digna de quien tiene un conocimiento enciclopédico del medio, su historia y su técnica. Y es valiente, desde luego, porque no cede a las imposiciones propias de una producción mastodóntica movida por una major ─como ya lo fue “Malditos bastardos” (2009)─, y porque no se anda con chiquitas a la hora de afrontar su ambientación principal en los tiempos de la vergüenza esclavista y las plantaciones de algodón.
Como todo cabe en “Django desencadenado”, el pack incluye una buena interpretación de Jamie Foxx, gran Siegfried inflexible en la odisea nibelunga que ha de recorrer para liberar a su amada Brunhilde en esta nada velada ópera impulsada por un espectacular, locuaz ─hasta lo autoparódico─ e hilarante Christoph Waltz. Huelga decir que el festival para el ojo amante de los secundarios es arrebatador, con un plantel en el que solo mencionaremos a Franco Nero por aquello de cerrar el círculo que enlaza con el clásico de Sergio Corbucci de 1966. Al resto los obviamos en este texto para que el cinéfago los vaya descubriendo y gozando sobre la marcha. Tarantino está pensando en retirarse, y no sería extraño ni ilógico que lo hiciese después de esta propuesta. Aunque lamentaríamos la decisión, desde luego. Mucho.(LA BUTACA).

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