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jueves, 31 de enero de 2013

EL LADO BUENO DE LAS COSAS




Película: El lado bueno de las cosas. Título original: Silver linings playbook.Dirección: David O. RussellPaís: USAAño: 2012. Duración: 122 min.Género: Comedia dramáticaromanceInterpretación: Bradley Cooper  (Pat), Jennifer Lawrence (Tiffany), Robert De Niro (Sr. Pat), Jacki Weaver  (Dolores), Chris Tucker (Danny), Julia Stiles (Veronica), Shea Whigham (Jake), John Ortiz (Ronnie). Guion: David O. Russell; basado en la novela de Matthew Quick. Producción: Bruce Cohen, Donna Gigliotti y Jonathan Gordon. Música: Danny ElfmanFotografía: Masanobu Takayanagi. Montaje: Jay Cassidy y Crispin Struthers.Diseño de producción: Judy Becker. Vestuario: Mark Bridges. Distribuidora: eOne Films SpainEstreno en USA: 25 Diciembre 2012. Estreno en España: 25 Enero 2013.Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “El lado bueno de las cosas (Silver linings playbook)”, el profesor Pat (Bradley Cooper) vuelve a casa con sus padres después de una estancia en una institución mental, e intenta reconciliarse con su ex mujer. Las cosas se vuelven más desafiantes cuando Pat conoce a Tiffany (Jennifer Lawrence), una chica con sus propios problemas.




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Empecemos por el final: El lado bueno de las co­sas es una de las candidatas a recibir el Oscar a me­jor película (compite nada más y nada menos que con largometrajes como ArgoDjango desencadenado o Los miserables), tiene otras siete candidaturas y todos sus actores -principales- aspiran a levantar la estatuilla (de momento, Jennifer Lawren­ce ha ganado un Globo de Oro).
Es decir, es­tamos ante una de las películas del año, que lle­ga avalada por unos cuantos premios de la crítica (muchos menos que las nominaciones que te­nía, todo hay que decirlo) y, además, y és­te me parece el dato más importante, impulsada por los todopoderosos hermanos Weinstein, que com­praron la cinta después de que ganara en Toronto el premio del público.
Empiezo por el final porque, sin este preámbu­lo, yo me encontraría escribiendo una crítica so­bre una correcta e inofensiva dramedia, bien in­terpretada, que cuenta las desventuras de un hom­bre que trata de recuperar, al mismo tiempo, su equilibrio psicólogico y a su mujer. En este cami­no de recuperación se encontrará con una jo­ven viuda también bastante desequilibrada que tra­ta de superar su adicción al sexo a través del bai­le (para el que, por cierto, no está demasiado do­tada).
La película no molesta demasiado, tiene un to­no agradable, hay líneas de diálogo bien escritas y, lo he dicho antes pero lo subrayo, Bradley Coo­per y Jennifer Lawrence están bien. En la segunda es lo habitual; a la gente le ha llamado más la atención la actuación de Bradley Cooper, que a mí siempre me ha parecido un actor decente (otra cosa es que las películas en las que haya intervenido sean flojas).
Fuera de esto, no encuentro ningún rasgo de ex­celencia para considerarla una de las películas del año. Quizás me falte intuición o perspicacia, pe­ro de estas cintas vemos bastantes todos los años y, si se trata de incensar una comedia o aligerar una gala que suele estar protagonizada por los grandes conflictos, yo encontraría tres o cuatro títulos de repuesto. La cuestión es que los Weinstein no las han encontrado y apuestan por és­ta. Veremos. Al margen de los premios, no creo que esta película haga historia.(FILA SIETE).



Hasta este largometraje, podíamos dividir la filmografía de David O. Russell en: 1) Películas de consumo mayoritario (aunque luego, géneros y apariencias aparte, tampoco sean tan normales), es decir, 'Tres Reyes' (1999) y 'The Fighter' (2010); y, 2) excentricidades de aspecto zascandil, inflexión contorsionista y calado entre agridulce y desolador, como 'Spanking the Monkey' (1994), 'Flirteando con el desastre' (1996) y 'Extrañas coincidencias' (2004). Ahora, el cineasta parece haber hallado la fórmula para, sin rebasar las coordenadas del segundo grupo, el de sus obras más singulares, aliñar una ensalada romántica al gusto popular.
Todos los tics del Russell más reconocible se encuentran a la vista en esta historia de amor y transtorno mental, en la cual (éxito garantizado) muchos apenas verán más allá de su porte risueño y sentimentalista. El lado bueno de las cosas es una tragicomedia de cadencia irresistible, gags eficaces y fulgurantes pugilatos verbales, bajo su gesto benigno e integrador. Y, afortunadamente, esgrime, además de un tono voluble y abierto al matiz, un optimismo maníaco cercano a cotas de enajenación ya no tan divertidas.(FOTOGRAMAS).



El lado bueno de las cosas tiene elementos para figurar entre las nominadas al Oscar de este año.
Dramedia, la mezcla del drama y la comedia, en este caso con algo más de drama que de comedia. El director David O. Russell ya estuvo nominado a los premios de la Academia de Hollywood con su anterior trabajo, The Fighter, que llevó a Christian Bale y a Melissa Leo a ganar las estatuillas de mejor actor y actriz de reparto, y le puso a él mismo en la lista de nominados como mejor director y mejor película. Previamente ya había demostrado con Tres reyes una habilidad especial para meterse en el territorio de los géneros más previsibles consiguiendo lo imprevisible a través de toques personales. Lo mismo que hace en El lado bueno de las cosas. A primera vista parece una historia que engancha sobre todo con la tradición de ilustres predecesoras reconocidas por los Oscar, como Marty (Delbert Mann, 1955) y Charly (Ralph Nelson, 1968), abordando el trastorno bipolar del protagonista con mucha más solvencia que las edulcoradas y falsas peripecias del maníaco depresivo interpretado por Richard Gere en Mr. Jones (Mike Figgis, 1993), pero luego da un giro hacia el final del relato y se instala en parámetros más comerciales, buscando la satisfacción de un público que siempre prefiere el final más cercano al optimismo, lo que le resta algo de fuerza. Lo curioso es que a pesar de ese pacto con el optimismo desde un arranque tan pesimista, incluso desgarrador en algunas escenas, como la de la búsqueda de la cinta de vídeo de la boda, la película no pierde su fuerza inicial, y sostenida sobre un tratamiento visual que nos mete de cabeza en la trama junto a los personajes, navega firmemente hacia el territorio del disparate entrando incluso en el campo de juego de la comedia romántica.
He de decir que no me gusta nada la comedia romántica que se hace hoy en día. Me resulta tremendamente aburrida porque resulta muy previsible, sin sorpresas, sin giros. Sin embargo me ha gustado El lado bueno de las cosas. Incluso con ese azucarado mensaje de optimismo final, que habría preferido algo más agridulce, principalmente para mantener la coherencia con la primera parte del relato. No ha sido así, pero se lo consiento, porque Russell ha conseguido jugar con el espectador hasta hacer que incluso mi instinto nihilista y mi escepticismo ante las emociones humanistas más espontáneas se dejen enredar para pedir un final lo más optimista posible para estos personajes maltratados...........(REVISTA ACCIÓN).

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