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jueves, 14 de marzo de 2013

OZ,UN MUNDO DE FANTASIA




Película en 3D: Oz: Un mundo de fantasía. Título original: Oz: The great and powerful. Dirección: Sam RaimiPaís: USAAño: 2013. Duración: 130 min.Género: FantásticoaventurasInterpretación: James Franco (Oscar Diggs “Oz”), Mila Kunis (Theodora), Michelle Williams (Annie / Glinda), Rachel Weisz (Evanora), Zach Braff (Frank / voz de Finley el mono), Abigail Spencer  (May), Joey King (niña en silla de ruedas / voz de la niña de porcelana), Tony Cox (Knuck). Guion: Mitchell Kapner y David Lindsay-Abaire; basado en la novela de L. Frank Baum. Producción: K.C. Hodenfield y Joe RothMúsica: Danny ElfmanFotografía:Peter Deming. Montaje: Bob Murawski. Diseño de producción: Robert Stromberg.Vestuario: Gary Jones. Distribuidora: The Walt Disney Company SpainEstreno en USA: 8 Marzo 2013. Estreno en España: 8 Marzo 2013Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.




Oz: Un mundo de fantasía” recrea los orígenes del Mago de Oz. Oscar Diggs (James Franco), un mago de circo de poca monta y de dudosa reputación, es arrojado desde la polvorienta Kansas al reluciente País de Oz. Está convencido de que le ha tocado el premio gordo y que la fama y la fortuna están a su alcance. Pero las cosas cambian cuando conoce a tres brujas: Theodora (Mila Kunis), Evanora (Rachel Weisz) y Glinda (Michelle Williams), que no están nada convencidas de que Oscar sea el gran mago que todo el mundo estaba esperando. A su pesar, Oscar debe enfrentarse a los enormes problemas que tiene el País de Oz y a sus habitantes, y tendrá que descubrir quiénes están de su lado y quiénes son sus enemigos antes de que sea demasiado tarde. Utilizando sus juegos de magia con ingenio, fantasía y algo de brujería, Oscar no sólo se transformará en el grande y poderoso Mago de Oz, sino también en un hombre mejor.


Oz, un mundo de fantasía saca el máximo partido al 3D en el mejor tridimensional desde Avatar. Buen entretenimiento familiar.
Mucho mejor que la versión de Alicia en el país de las maravillas que dirigió Tim Burton, más divertida, con un James Franco que da vidilla a todo el relato con un tono picaresco en uno de sus mejores trabajos, Oz, un mundo de fantasía cuenta con uno de los mejores arranques de historia que hemos visto este año, visualmente imaginativo, narrativamente interesante, muy bien trabajado como anzuelo para atraparnos en una trama que saca el mejor partido a las imágenes tridimensionales y rinde homenaje tanto a las novelas como a la película de El mago de Oz actualizando la propuesta fantástica de las mismas para el público de nuestros días.
Uno de los aciertos del guión es mantener ese tono sarcástico en el protagonista, enfrentado en definitiva a un enredo entre tres hermanas, las brujas de la historia, cuya disputa familiar por el poder no consigue implicarle del todo en dicha cruzada. Es eso lo que hace que compremos el personaje de este mago de Oz en clave de héroe reticente y en algunos momentos incluso antihéroe recalcitrante. El pellejo de este personaje es el mismo de los Rhett Butler de Lo que el viento se llevó y el Han Solo de Star Wars, lo cual es todo un hallazgo para mantenernos enganchados a un relato que junto a su suntuoso y brillante despliegue visual tiene que lidiar por otro lado en la parte negativa con un guión que en el momento de su desenlace se torna algo blandengue, bienpensante y buenrrollista, defensor de una filosofía de la lucha entre el bien y el mal simplista y peligrosamente ingenua. Naturalmente nos resulta tremendamente fácil aceptar esa especie de merengue filosófico para todos los públicos porque la verdadera magia está en sus imágenes. Ante ese efecto, no es extraño que viendo Oz, un mundo de fantasía, haya recordado lo que dijera Luis Buñuel de una joya del cine visualmente impresionante pero tremendamente floja respecto a su historia y el desarrollo de su guión, Metrópolis, de Fritz Lang, que según el célebre director español tenía a dos películas en su interior, la del despliegue visual impresionante, una joya del cine, junto a un planteamiento argumental incluso infantiloide. En Oz, un mundo de fantasía conviven también no dos, sino incluso me atrevería a decir que tres películas, y dos de ellas le ganan la partida en positivo a su parte negativa. El despliegue visual y el planteamiento sarcástico del personaje central, el sentido del humor de sus compañeros de aventuras (el mono con alas y la muñeca de porcelana navajera), le ganan la partida en clave positiva a la parte más débil de la propuesta, que es esa lucha por el poder muy tópica y previsible, con los personajes un tanto estereotipados de las tres hermanas, que constituyen la parte menos interesante de la película.
Es por eso que toda la primera parte, aproximadamente la primera hora y veinte de película, me parece de lo mejor que he visto este año en un cine en clave de relato fantástico, pero cuando se acerca el desenlace, tras la visita de la bruja deformada y con escoba al reino de Glinda la Buena (en serio, lo de los nombres de la bruja buena y la bruja mala puede ser un intento de respetar el espíritu de las novelas originales sobre Oz y la película que protagonizara Judy Garland, pero podrían haber modificado algo esos nombres para que no nos rayaran tanto con su infantilismo), y camino del enfrentamiento entre las dos facciones principales, el asunto se hace mucho más previsible. No obstante, incluso en esa fase más predecible y repetitiva de lucha final, ejército contra ejército, esta película le gana por goleada a la propuesta que nos hiciera Tim Burton con su Alicia en el país de las maravillas.
Pero incluso esa parte final más predecible contiene algunos elementos y momentos curiosos y además en la misma los personajes más estereotipados de las tres brujas están bien defendidos por las actrices encargadas de dar vida a esos personajes menos flexibles que el del mago de Oz y sus auxiliares (el mono, la muñeca). Así que realmente no perdemos del todo el interés por la película, consiguen mantenernos dentro de la misma. Y eso es un logro considerando además que estamos ante un metraje que excede las dos horas de duración en diez minutos sin que en ningún momento decaiga el ritmo del relato realmente merced a la acumulación de nuevos personajes casi continuada.
Añadan a lo que más me ha gustado de la película a los monos voladores, temibles criaturas que consiguen imponer un toque de terror interesante en todo este cuento que me convence en un 80 por ciento de su metraje y sólo al final, en su tercer acto, decae, sin perder totalmente mi atención, con vistas a darle un cierre que en mi opinión debería haber sido algo menos conformista y previsible, menos apegado a la fórmula del cierre más convencional de la historia. De tener un tercer acto tan visualmente imaginativo y narrativamente provocador como el de su arranque podríamos haber estado fácilmente ante una película de cinco estrellas, habida cuenta de que, como ya he señalado, desde el punto de vista técnico, visual y de imaginación en el uso del 3D creo que esta película es una de las mejores propuestas fantásticas del año.
Lo diré más claro: incluso con su relativa debilidad en el desenlace, que confirma lo que ya dije de Sam Raimi cuando dirigió Spiderman: después de Darkman tiene una preocupante tendencia a no ser tan gamberro como fuera en la saga de Posesión infernal u Ola de crímenes, ola de risas, y tiende a dejarse llevar por el arrebato romántico-blandengue, Oz, un mundo de fantasía me ha convencido y he pasado un buen rato viéndola. Obviamente no es mi tipo de cine. En contra de la opinión más general, El mago de Oz no me despierta el afecto cinéfilo que he observado en otros colegas y aficionados. Es más, me parece una historia muy tontorrona e ingenua. Me deja frío. No aguanto a Judy Garland ni a sus coletas de tamaño cambiante para camuflarle la delantera, ni al perro Totó, ni al León Cobarde, ni al Espantapájaros, ni al Hombre de Hojalata. Y cuando se ponen a cantar todos ellos en el camino de baldosas amarillas empiezo a experimentar síntomas similares a los que experimentaba el Doctor Jekyll después de ingerir su bebedizo para convertirse en el temible señor Hyde. Y a pesar de ello he pasado un buen rato viendo Oz, un mundo de fantasía.(REVISTA ACCIÓN).



Hace ya 74 años que Victor Fleming dejó huella en millones de espectadores con su versión de la novela de
Frank L. Baum. El mago de Oz se ha ganado la etiqueta de 'película de culto', que si bien se le notan bastante los años en sus acartonados decorados, antaño llenos de vida y color, y bien le la podría achacar su excesiva infantilidad; la canción de Judy Garland 'Over the rainbow', sus entrañables personajes y algunos detalles de la película forman parte de la historia del cine.

Ahora, nada más y nada menos que el director de la trilogía Evil Dead o Spider-Man acomete el proyecto de una precuela de la película de Fleming. Un proyecto arriesgado por lo que supone afrontar una obra con tan buena recepción entre el público y el reto de revitalizar su ensencia a los nuevos tiempos que corren.

Y la película final creo que puede decirse que ha sabido, sino colocarse al mismo nivel, sí ha sabido otorgarle un nuevo aire a la magia del clásico.

Si en la de 1939 se apoyaba la película en unos espectaculares decorados para aquella época, recreando un mundo mágico y misterioso, aquí se aprovechan las nuevas tecnología del 3D para recrearse en las posibilidades que trae consigo explorar (y crear) un mundo nuevo. Visualmente es bella e impactante, al menos vista tal y como está pensada, con las gafas 3D. Cabe destacar, curiosamente, unos de los mejores tramos de la película es el inicio en blanco y negro y a formato 1.33 : 1 . Todo el prólogo, hasta que Oz llega a su mundo, engancha rápidamente al espectador, sin necesidad de colores vistosos ni plantas exóticas. Seguramente en el 2D (y con el paso de no muchos años, como a la mayoría que utiliza esta tecnología ahora) la pantalla verde le acabará pasando lo que a los decorados por los que correteaba la pequeña Dorothy a través de las baldosas amarillas.

Si bien este es el aspecto en el que se podía esperar que destacase, y sabiendo también que Disney, y más en una película como la precuela de Oz, iba a meter la moralina y el típico personaje gracioso que acompaña al protagonista (aquí el mono alado, un tanto cargante), lo que sorprende es que Raimi haya intentado darle un toque socarrón y refrescante de la mano de su protagonista.

Aquí Oz se trata de un mago de feria, que apoyado por trucos baratos, mucha cara y una ambición desmesurada, se gana la vida en la carpa de un circo ambulante. Embaucando a toda dama bella que se cruza a su paso, precisamente es por un lío de faldas que acabará huyendo en globo, donde aquel famoso tornado, una vez más, transportará al mago al reino que lleva su nombre, donde todos le esperan para que les libre de la bruja mala. Lo que no saben es que su grandioso mago no es más que un timador que sólo le interesa el gran tesoro que trae consigo el reinado de Oz.

Así pues, con el carisma y socarronería que caracteriza a James Franco, tenemos un antihéroe nada típico en las películas de Disney, que acaba acompañado nada más y nada menos que por tres brujas que quitan el hipo: Mila Kunis (Theodora), Rachel Weisz (Evanora) y Michelle Williams (Glinda).

Es sobre todo cuando aparece esta última que sube enteros la película, ya que quizás en la fase de presentación del mundo el ritmo parece que se estanca y no remonta el vuelo hasta que aparece Glinda y se retoma la trama.

En contraposición del personaje cargante del mono que comentaba, tenemos a la muñeca de porcelana, un personaje trabajado con mimo que, este sí, puede grabarse en la memoria de los espectadores.

Habrá quien tilde a Oz, un mundo de fantasía de infantiloide y poco trascendente, pero a mí me ha parecido un buen ejercicio revitalizante, con la esencia de la de 1939 (la fe en uno mismo), pero guiños de humor y escenas como la conversión de Theodora en la bruja verde malvada que todos conocemos que demuestran que la película de Raimi, quizás dentro de otros 74 años, pueda ser recordada por el público, quizás no a la altura de El mago de Oz, pero sí con cariño y simpatía.(EL SEPTIMO ARTE ).




En un momento en que no quedará ningún cuento de hadas por redescubrir y redefinir en Hollywood, era inevitable que le llegara el turno a “El mago de Oz”, de L. Frank Baum, más conocido por el musical de 1939. La Disney ya intentó revivir esta posible franquicia –más de 14 libros originales- en los 80, cuando empezó a imponerse el nuevo paradigma de cine espectacular. Pero “Oz, un mundo fantástico” (Return to Oz, 1985), resultó demasiado oscura, y fue relegada al olvido, como otras joyas de la época -“Taron y el caldero mágico” (The Black Cauldron, 1985)-. Ahora, Sam Raimi, renunciando de nuevo a casi cualquier seña de identidad propia, entra al abordaje en Oz, con un guión que utiliza un poco de todo lo imaginado por Baum, reescribiéndolo al gusto actual: lucha entre el Bien y el Mal, redención y amor verdadero. La buena noticia es que no se toma en serio –a diferencia de Spielberg, Burton o Jackson-. Su tono es frívolo, sin pretensiones y con divertidos guiños al clásico de Fleming. Estéticamente recargado hasta el puro kitsch, no decepcionará a los amantes de las ilustraciones de Denslow o Neill, y los actores –aunque Franco resulta algo cargante- funcionan con casi la misma eficacia que los efectos especiales. Sin pretender nada más que explotar Oz como nuevo parque temático, al menos no traiciona a Baum como a Carroll, y algo de su genuino espíritu edisoniano, teosófico y librepensador sigue vibrando en esta aventura, que funciona como entretenimiento familiar sin mayor relieve.(FOTOGRAMAS).

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