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viernes, 26 de abril de 2013

IRON MAN 3







Película: Iron Man 3. Dirección: Shane BlackPaíses: USA y China.Año: 2013. Duración: 130 min. Género: Acciónciencia-ficción.Interpretación: Robert Downey Jr. (Tony Stark / Iron Man), Gwyneth Paltrow (Pepper Potts), Don Cheadle (James Rhodes / War Machine), Guy Pearce (Dr. Aldrich Killian), Ben Kingsley  (Mandarín), Rebecca Hall (Maya Hansen), James Badge Dale (Eric Savin), Jon Favreau (Happy Hogan), Stephanie Szostak (Ellen Brandt), William Sadler (Sal). Guion: Shane Black y Drew Pearce; basado en los cómics de Jack Kirby, Stan Lee, Don Heck y Larry Lieber. Producción:Kevin Feige. Música: Brian TylerFotografía: John Toll. Montaje: Jeffrey Ford y Peter S. Elliot. Diseño de producción: Bill Brzeski. Vestuario: Louise Frogley. Distribuidora: The Walt Disney Company SpainEstreno en USA: 3 Mayo 2013. Estreno en España: 26 Abril 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “Iron Man 3″, el descarado pero brillante empresario Tony Stark se enfrentará a un enemigo cuyo poder no conoce límites. Cuando Stark comprende que su enemigo ha destruido su universo personal, se embarca en una angustiosa búsqueda para encontrar a los responsables. Este viaje pondrá a prueba su entereza una y otra vez. Acorralado, Stark tendrá que sobrevivir por sus propios medios, confiando en su ingenio y su instinto para proteger a las personas que quiere. Durante su lucha, Stark conocerá la respuesta a la pregunta que le atormenta en secreto: ¿el hábito hace al monje o es al contrario?


Hay relevos que, de repente, se sobrecargan de significado: como la llegada de Shane Black, guionista de “Arma letal” (1987) y nombre clave del post-pulp wisecrackero de los 80, a la franquicia que inauguró, en pertinente tono cínico-distanciado, Jon Favreau. Sí, Tony Stark podría ser un personaje de Black, el cineasta que auto-desmontó su propia mitología en la nunca suficientemente reivindicada “Kiss Kiss, Bang Bang” (2005), anticipado por el universo Marvel. Del mismo modo, Stark puede funcionar como reflejo simbólico de las respectivas redenciones profesionales de Robert Downey, jr. y su director: ambos renacen como zorros viejos, con flexibilidad para usar la memoria de viejos excesos como válida unidad de medida para calibrar la imponencia de su presente.
“Iron Man 3” también puede servir para acallar el lugar común que insiste en que el blockbuster es, ya, un territorio vaciado de toda sorpresa y ambición: Black es generoso en gratificaciones epidérmicas, pero la película cuida su letra pequeña para no subestimar a los conocedores del canon marveliano, al tiempo que juega con ideas estimulantes –la falibilidad del superhéroe; el fan como monstruo; el villano como espejismo espectacular- que colocan al conjunto entre el gran espectáculo resonante y la auto-reflexión lúdica.(FOTOGRAMAS).



Iron Man 3 es mejor película que las dos anteriores del personaje y un digno ejercicio de continuidad para Los Vengadores.
Misión cumplida. Después de la muy buena propuesta de cine de superhéroes que fue Los Vengadores y teniendo dos películas con el personaje por delante, a Iron Man 3 le tocaba estar a la altura de las circunstancias y completar la trilogía con sin defraudad las expectativas creadas en el público por todos esos antecedentes, pero sin dejarse atrapar por la sombra de los mismos, esto es: encontrando su propia personalidad como tercera pieza de lo que claramente es un primer ciclo de las aventuras de Iron Man en el cine, como nos deja intuir esa especie de resumen de toda la saga incorporado a los títulos de crédito finales de la película. Y es un broche de lujo para ese primer ciclo, tanto en su guión, capaz de aportar cosas nuevas e interesantes sobre el personaje y su mundo en lugar de limitarse a ser una continuación o copia de Iron Man e Iron Man 2, como en su manera de establecer un giro necesario para el propio personaje central.
Ese giro es el que hace que Iron Man 3 me parezca la más madura y sólida de las tres películas rodadas hasta el momento sobre este superhéroe de los comics Marvel. Es la más interesante en su propuesta y la menos dispuesta a ser simple pretexto para la explosión de efectos visuales respaldados por las indudables cualidades como caricato de sí mismo del personaje de Tony Stark, en el que Robert Downey Jr. ha encontrado de paso un territorio perfecto para poner a prueba un ejercicio de espejo de su propio estrellato. Desde la primera película, la saga de Iron Man se ha nutrido de la capacidad de Robert Downey Jr. para autoparodiarse como estrella con la misma elocuencia humorística del propio Tony Stark en la ficción. Eso es lo que hizo que Downey Jr., a través del personaje de Tony Stark, fuera el alma de Los Vengadores ejerciendo su en mi opinión no suficientemente valorada y destacada capacidad para combinar al mismo tiempo esa función como motor humorístico y autoparódico del grupo con la construcción de la figura del héroe épico. Downey Jr. y Stark alcanzaron su cota más alta de rendimiento dramático en Los Vengadores, y por eso no era ejercicio fácil proseguir sus aventuras en solitario en Iron Man 3. No obstante la película pasa la prueba con un notable muy alto y se convierte en opinión de quien esto escribe en la propuesta más completa de la trilogía, cinematográficamente hablando.
......Salvando todas las distancias que separan ambas producciones y ambos personajes, que son completamente distintos, la película de Nolan y esta tercera aventura cinematográfica de Iron Man abordan los mismos asuntos: el héroe herido y caído, su descenso a los infiernos y su redención y renacimiento una vez conseguido su objetivo, que no es otro, en ambos casos, que llegar a conocerse a sí mismos. Lo mejor es que Iron Man 3 es totalmente fiel a la personalidad de su protagonista y a las claves de tono disparatado y optimista del resto de la saga y como consecuencia de ello allí donde reinan los tonos más trágicos y oscuros de la siempre muy trágica y oscura historia de Batman, la búsqueda de sí mismo más allá de la máscara de Tony Stark se traduce en odisea trepidante pero esencialmente alegre, trufada de humor, parodia y chistes verbales y visuales que la convierten en una lúcida sátira capaz de ir más allá del propio género de superhéroes, llegando a parodiar a través del personaje del Mandarín la xenofobia y la entrega apasionada a los tópicos etnocentristas inspirados por el miedo y la inquietud social que presidió el cine de acción y evasión estadounidense de los años 80 y 90. Es una parodia pero al mismo tiempo es también en cierto modo un homenaje nostálgico del director y guionista de Iron Man 3, Shane Black, a esa cosecha de peripecias de acción y evasión que conoce de primera mano por haber aportado a la misma como escritor algunos de sus ejemplos más destacados, como la saga de Arma Letal, El último Boy Scout, la injustamente minusvalorada pero interesante El último gran héroe, o la fallida Memoria letal, que no obstante se anticipó a las tramas de chicas guerreras posteriormente popularizadas por la serie Alias y películas como Resident Evil, Tomb Raider o Underworld. La película está adornada con distintos guiños visuales y verbales a esas producciones entre los cuales, por ejemplo, destaca el diálogo del protagonista cuando está atrapado por los villanos pero no se priva de amenazarlos, un eco de una situación similar interpretada por Bruce Willis en El último Boy Scout y otras interpretadas por Mel Gibson en la saga de Arma Letal.
La imagen de Tony Stark arrastrando su armadura por la nieve es el mejor resumen del verdadero tema de este tercer acercamiento cinematográfico al personaje de Iron Man que tiene abundantes momentos capaces de hacernos olvidar incluso que estamos viendo una película de superhéroes, lo cual me parece un éxito para su intención de separar al personaje de Stark de su armadura y tratarlo como un individuo que va dejando atrás su temperamento más infantil para perseguir la madurez, un proceso en el que en pleno ejercicio de coherencia se incorpora un jovencísimo compinche de aventuras y se bromea con la posibilidad brillante de que incluso los miembros de los Héroes Más poderosos de la Tierra puedan sufrir estrés postraumático.
Eso me lleva a destacar también como elemento positivo la fluidez con la que se incorporan elementos de continuidad, que es una de las claves del Universo Marvel en los cómics, relacionados con los acontecimientos narrados en Los Vengadores, a través del diálogo principalmente, pero plenamente integrados en la trama de la película. Es un ejercicio de continuidad que suma y completa la trama en lugar de limitarse a ser un guiño, aunque aprovecho para avisar que hay un toque final a modo de chiste después de los largos títulos de crédito finales de más de siete minutos.
Sospecho que algunos puristas seguidores de los cómics originales de Iron Man no verán con buenos ojos el desarrollo aplicado al personaje del Mandarín interpretado por Ben Kingsley para cubrir las necesidades de giro inesperado de la trama tras presentarlo como una especie de nuevo BinLaden, pero incluso a estos puristas les reto a que nieguen la necesaria capacidad de sorpresa y huida de los tópicos más tradicionales del cine de acción y evasión que dicho giro aporta y el corolario de ese planteamiento empeñado en equilibrar el viaje del héroe para conocerse a sí mismo con la sorpresa que es el desarrollo final del personaje de Pepper Potts, la novia del héroe interpretada por Gwyneth Paltrow.
Sumen a todo lo anterior a Guy Pearce como el villano con más personalidad de las tres películas, por delante de los argumentalmente más previsibles y esquemáticos antagonistas de las dos películas anteriores, y tendrán completo el esquema que me lleva a afirmar que la tercera es la más sólida y mejor de las tres películas rodadas hasta el momentos sobre Iron Man.(REVISTA ACCIÓN).



A primera vista, Iron Man 3 sería menos propiedad de Shane Black que la tercera entrega de una trilogía de éxito, definida por el respeto a los rasgos de estilo de sus dos predecesoras. Sin embargo, decir eso sería olvidar hasta qué punto se inspiró Jon Favreau en Black para perfilar a Tony Stark en primer lugar, y que pese a incluir más robots voladores que cualquiera de esas dos películas previas, Iron Man 3 es una película distinta por varios motivos.
De entrada porque aquí, por primera vez en la saga, nos encontramos con un héroe maltrecho y gastado, enfrentado a un villano impecablemente dedicado a sembrar el caos en un mundo azotado por los dilemas post-11/S, en el que en medio del maratón de Boston estallan bombas. ¿Es que este hombre de hierro se parece al caballero oscuro de Christopher Nolan? No es eso. En última instancia, las referencias al terrorismo de Al Qaeda –un barbudo líder con turbante en la cabeza, campos de entrenamiento en el desierto, amenazas suministradas en vídeo, bombas que explotan sobre falsos templos de la decadencia occidental– son sólo el medio para ofrecer poco más que un chiste. Y mientras Nolan es un autor encantado de conocerse que probablemente no estaría dispuesto a hacer adaptaciones de tebeos de no ser para convertirlas en epopeyas morales,Black es un tipo algo macarra demasiado agradecido por haber recibido esta nueva oportunidad de salvar su carrera como para dárselas de nada.  
En segundo lugar, esta vez Stark ya no es un playboy arrogante que se dedica a hacer el bien porque con la armadura de hierro va hecho un pincel. Es un hombre enamorado y que, por tanto, tiene algo muy valioso que proteger y mucho que perder. La ansiedad y el miedo son síntomas de su crisis de identidad, pero no los únicos. Su armadura lo traiciona, lo deja solo, y por momentos se convierte literalmente en una carga, un peso muerto. A la manera del Bond de Daniel Craig, pues, Tony Stark aparece en esta tercera entrega completamente transformado de mera figura de acción a personaje de carne y hueso cargado de equipaje emocional. Y, como el protagonista de Skyfall, en un mundo en el que las nuevas tecnologías y la ubicuidad de las pantallas proporcionan grandes posibilidades a los agentes del terrorismo global, decide combatir esa amenaza a la vieja usanza. Porque en realidad Iron Man 3 sí le pertenece sobre todo a su director.
En 1986, Black escribió Arma letal y se convirtió en chico maravillas de Hollywood por dar nueva vida con sus guiones al género de las buddy movies y por sentar las bases de la mezcla de músculo y sentimiento y de explosiones y risas que define buena parte del cine de acción moderno. Sirviéndose del mismo método, probablemente haya convertido Iron Man 3 en la mejor entrega de la saga a pesar del excesivo metraje y la arritmia narrativa, de los personajes que desaparecen de escena durante demasiado tiempo y de la estupidez que impera en todo lo concerniente a los enemigos de Stark y, en general, a la ciencia que la película plantea. Tras el fracaso de Memoria letal (1996), Black  pasó una larga temporada en el infierno, y ni siquiera gracias a la sensacional Kiss Kiss Bang Bang (2005), su debut como director, pudo salir de él. Tal vez ahora lo logre. (CINEMANIA).

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