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viernes, 17 de mayo de 2013

EL GRAN GATSBY






Película: El gran Gatsby 3D. Título original: The great Gatsby 3D.Dirección: Baz LuhrmannPaíses: Australia y USAAño: 2013.Duración: 143 min. Género: DramaromanceInterpretación:Leonardo DiCaprio (Jay Gatsby), Tobey Maguire (Nick Carraway),Carey Mulligan (Daisy Buchanan), Joel Edgerton (Tom Buchanan),Isla Fisher (Myrtle Wilson), Jason Clarke (George Wilson),Elizabeth Debicki (Jordan Baker). Guion: Baz Luhrmann y Craig Pearce; basado en la novela homónima de F. Scott Fitzgerald.Producción: Baz Luhrmann, Catherine Martin, Douglas Wick, Lucy Fisher y Catherine Knapman. Música: Craig ArmstrongFotografía: Simon Duggan. Montaje: Jason Ballantine, Matt Villa y Jonathan Redmond. Diseño de producción: Catherine Martin.Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA: 10 Mayo 2013. Estreno en España: 17 Mayo 2013



El gran Gatsby” nos cuenta la historia de un aspirante a escritor,  Nick Carraway, que deja el medio oeste y llega a Nueva York en la primavera de 1922, una época de relajamiento moral, deslumbrante jazz, reyes del contrabando y en la que la bolsa sube como la espuma. Nick, que busca su propia versión del sueño americano, tiene como vecino a un misterioso millonario que da muchas fiestas, Jay Gatsby, y al otro lado de la bahía están su prima Daisy y el mujeriego marido de sangre azul de ésta, Tom Buchanan. Así es como Nick se verá inmerso en el mundo cautivador de los supermillonarios, sus ilusiones, amores y engaños.


Un sensacional DiCaprio lidera una película con momentos de grandeza. Y dicho esto me coloco hoy mismo al frente de aquellos que pedimos el Oscar para Leonardo DiCaprio desde hace tiempo, y al que la Academia ha ninguneado una y otra vez, sin dejarle obtener no ya una estatuilla, sino una simple nominación, más que merecida por trabajos como Django Desencadenado, J. Edgar u Origen, y que no ganó las otras veces que sí estuvo nominado, aunque la última fue por Diamante de Sangre, hace ya seis años. Así que desde aquí empiezo la campaña para que al menos le den una nominación por su enorme interpretación de Jay Gatsby, una de las mejores de su carrera (y van ya…), y que además es el gran motivo por el que la película ha recaudado más de 50 millones de dólares en su primer fin de semana. Eso y el excelente trabajo que han hecho vendiendo la película. Porque por Tobey Maguire no me imagino al público llenando salas así. Aceptemos la realidad, DiCaprio es un pedazo de actor como la copa de un pino, de los mejores de su generación, capaz de pasar de un personaje tan peculiar y exagerado como el de Django a los rasgos sutiles de este Gatsby. Una bestia de la pantalla. Todo lo que digamos de él es poco, porque sólo por su presencia merece la pena ir a ver esta película.
Tampoco nos engañemos con el estilo de Baz Luhrmann, director de Moulin Rouge (con la que ésta comparte el gusto por muchas cosas, y no todas buenas), Australia o Romeo y Julieta. Un tipo reconocido por esa forma tan peculiar de abigarrar las escenas con elementos de todo tipo, para alcanzar un estilo visual único, recargado y muy potente de cuando en cuando. Quizá aquí consigue su película más redonda hasta la fecha, ni tan recargada e imposible como Moulin Rouge, ni tan ridícula por momentos como Romeo y Julieta (aquí me crucifica alguien fijo), ni tan sosa como Australia. Ha tomado elementos de sus trabajos anteriores para construir esta adaptación que tiene momentos de grandeza, momentos de genialidad. Es fascinante, hipnótica y fastuosa. Como la propia novela.
La historia nos lleva a los años 20 en Estados Unidos, cuando un joven con espíritu de escritor pero que trabaja en la bolsa, se encuentra ante la posibilidad de conocer a su misterioso y millonario vecino, Jay Gatsby, quien le tiene que pedir un peculiar favor que afecta a la prima del joven. Porque todo lo que hace Gatsby, todos sus errores y aciertos, todo el lujo y el poder, todo el misterio, es sólo para conquistar el corazón de una mujer y encontrar su lugar. Y en esa vorágine se ve envuelto el personaje de Nick Carraway al que da vida Tobey Maguire, narrador y voz de la historia a través de sus recuerdos expuestos en un trozo de papel. Su papel de narrador, como en la novela, nos sitúa en la piel del personaje, aunque el auténtico protagonista sea Gatsby.
He decir también que no he podido ver la película en 3D porque prefería disfrutar de la versión original y escuchar a los actores propiamente, con su cadencia, sus acentos y el ritmo de sus diálogos. Imagino que algunos de los momentos de la película en tres dimensiones tienen que ser apabullantes, pero tampoco sé hasta qué punto es necesario hacer una versión de la novela de F. Scott Fitzgerald en ese formato. Si en algún momento puedo hincarle el diente comentaré lo que opino de un formato que, la verdad, empieza a cansarme un poco. ¿Qué será lo siguiente, Woody Allen en 3D? Aunque si fuese Allen, lo haría aunque sólo fuese como sátira.
Lo cierto es que El Gran Gatsby se apoya sobre unos cimientos sólidos como rocas, que son los hombros de DiCaprio, un perfecto Gatsby, encantador, atractivo, de sonrisa única, pero al mismo tiempo, con todo su dinero y poder, un hombre asustado, casi un niño, cuando se encuentra cerca de su sueño. Tobey Maguire le acompaña muy bien, aunque en el lado masculino destaca más la presencia del siempre interesante y aquí sensacional Joel Edgerton. De las mujeres Carey Mulligan se lleva la palma como la sosa en apariencia Daisy, un personaje con más miga y fuerza de la que aparenta, Isla Fisher tiene menos que rascar, pero Elizabeth Debicki clava su papel de la sarcástica e inteligente Jordan Baker. Sólo por ver al reparto merece la pena ver la película. Si no, vean la primera aparición de Gatsby con la fiesta, y cómo reaccionan los personajes de Maguire y Debicki. O la tensa resolución en el hotel con DiCaprio, Mulligan y Edgerton hablando. Una pasada.
Lo que nos lleva también a ese aspecto visual del que hablaba antes y que pasa de los momentos más reales y cercanos de Australia, a los más visualmente recargados de Moulin Rouge, pero manteniendo el equilibrio, jugando con lo que puede y no puede llegar. La Nueva York que presentan es una ciudad casi irreal, un sueño, el americano, forjado de hormigón y cristal, pero a medio construir. A veces juega en su contra porque tanto apabullar al espectador le hace distraerse de lo que importa, la historia y sus personajes, como sucede en el club ilegal o en la primera gran fiesta. Pasa algo similar con la música moderna, un toque habitual de Luhrmann, metida a veces con calzador en la época del jazz. Pero hay momentos de una fuerza y un despliegue de sensaciones que son perfectos.
Fiel al espíritu de la novela, la película nos habla de los riesgos del sueño americano, del viejo mundo frente al nuevo representado por Gatsby. Un mundo de ilusiones rotas y de sueños malinterpretados, un viejo mundo que no se deja avasallar, sus tremendas consecuencias… Algo tan actual como la vida misma. La película será inevitablemente comparada con la obra anterior de Luhrmann (ya hemos dicho que tiene que ver con toda ella), y con la anterior versión en cine de la novela, la que tenía a Robert Redford de protagonista, algo más encorsetada que ésta. Alguien la ha comparado también, muy acertadamente, con Cotton Club, de Coppola. A mí ciertas cosas me recordaron a Largo Domingo de Noviazgo. Con todo eso, cine adulto para todo el mundo, con alma juvenil, con grandes actores y con una historia eterna. Muy recomendable.(REVISTA ACCIÓN).



El decadente lenguaje literario de F. Scott Fitzgerald es transformado aquí en decadente lenguaje cinematográfico que desafía la sutileza de aquel modelo de forma despiadada. También el mordiente del libro ha desaparecido, y a modo de recambio Baz Luhrmann recurre a una grandiosidad situada a medio camino entre el refinamiento y la vulgaridad, entre George Gershwin y Jay Z. Como resultado, y del mismo modo que ya hiciera en Romeo + Julieta(1996), el cineasta ofrece una adaptación que esmitad reverencia mitad travestismo.
En El gran Gatsby, recordemos, Fitzgerald tan solo necesitó unas 150 páginas para hablar de casi todo: su tercera novela captura el hedonismo, el libertinaje y la autodestrucción de las élites privilegiadas que nadaban en la abundancia a mediados de los años 20, relata cómo la obsesión de un hombre por recuperar el pasado destruye su presente, y escenifica un romance casi tan trágico y condenado como el que, decíamos, Luhrmann deconstruyó al principio de su carrera. Todos esos temas están presentes en esta película, que sin embargo está menos interesada en el subtexto y que también sacrifica asuntos como la estructura, el desarrollo de personajes o, en general, todo aquello que no proporcione oportunidades para amplificar el espectáculo, a pesar de que la verdadera enormidad del libro era temática. Con todo, considerando que El gran Gatsby es el retrato de un hombre de estilo de vida profundamente inmodesto e inmoderado, el obsceno modo que Luhrmann tiene de derrochar dinero en pantalla resulta del todo pertinente. 
De hecho, El gran Gatsby es menos una versión fílmica de la novela homónima que una versión fílmica del mismo Jay Gatsby. Al fin y al cabo, tanto él como Luhrmann piensan y sueñan en términos excesivos, ambos imaginan un mundo mucho más exuberante y lleno de posibilidades que aquel en el que el resto de mortales vivimos y, como consecuencia, en última instancia ambos son incapaces de dar a sus abigarradas fantasías una utilidad del todo satisfactoria. Y quizá sea por el amor que siente hacia su alma gemela que Luhrmann a punto está no sólo de ignorar la condena de la élite neoyorquina de la época que propuso Fitzgerald sino de transformarla en una glorificación. Aunque, bien pensado, tras una opulencia tan hiperbólica necesariamente debe haber una moraleja.(CINEMANIA).

Lo más sorprendente de El Gran Gatsby luhrmaniano es su vocación de película literaria. A la manera del David Cronenberg de Cosmópolis(2012), el cineasta australiano ha sido inmensamente fiel al lirismo decadente de la prosa de F. Scott Fitzgerald. La voz en off de Nick Carraway (Tobey Maguire) se incrusta, desde la literalidad, en las imágenes de la Gran Tragedia Americana de este hombre (excelente Leonardo DiCaprio) que se reinventó a sí mismo a la medida de su megalómana medida; que quiso ser más rico que Dios para recuperar a su primer y único amor (Carey Mulligan); y que aprendió a esperar a que la luz verde del otro lado de la costa iluminara su suntuoso Xanadú, su palacio edénico, su triste torre de marfil. Letras y frases de la confesión de Carraway se incrustan en un libro que parece ilustrado por Peter Greenaway, y la palabra conquista la imagen.
La conquista porque Baz Luhrmann necesita demostrar al mundo que es mucho más que un Vincente Minnelli colgado de ácido, o que un Luchino Visconti adicto a los after hours. Y demuestra con creces que, lejos del decorativismo acartonado de la versión que Jack Clayton firmó en 1974 con Robert Redford y Mia Farrow, ha sabido llevar a su terreno la crónica del declive americano que Scott Fitzgerald escribió en los años 30 sin saber que estaba siendo visionario.

Dinero, fiestas y Visconti

A Baz Luhrmann no le interesa demasiado establecer paralelismos entre la dolce vita pre Crack del 29 y el orgasmo de los mercados pre Lehmann Brothers. En su cine, todo es superficie, todo nos habla en plano detalle. Al espectador no le costará demasiado percibir la facilidad con que el discurso socioeconómico de El Gran Gatsby se proyecta en la contemporaneidad. La primera parte de la película es una fiesta eterna bañada en Veuve Clicquot, una orgiástica y condensada reformulación de la escena del baile de El Gatopardo (Luchino Visconti, 1963) a ritmo hip-hopero.

Aprender a calmarse

Parece que Luhrmann, el rey de la intertextualidad, el kistch y el anacronismo, estilista que hace de la vulgaridad una radical forma de refinamiento, está dispuesto a repetir la operación estética de Moulin Rouge(2001) hasta que llega el primer encuentro entre Gatsby y Daisy. En esta hermosa secuencia, que revisita la escena de la pecera de Romeo + Julieta de William Shakespeare (1996), la película aprende a calmarse y atender a lo que le importa: el amor postergado y sublimado, los obstáculos que el destino coloca entre los amantes, el orgullo de clase como veneno mortal para la pasión verdadera. Nada que no le hubiera gustado escribir a Shakespeare, nada que el propio Jay Gatsby no hubiera suscrito con una sonrisa tensa y un brindis maníaco.(FOTOGRAMAS).

1 comentario:

  1. Hola, estoy empezando con mi blog: http://mesaenkorova.blogspot.com y me gustaría intercambiar enlaces y añadir así el tuyo a mi blogroll.

    Muchas gracias.

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