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viernes, 3 de mayo de 2013

TOMBOY














Película: Tomboy. Dirección y guion: Céline Sciamma. País: FranciaAño: 2011.Duración: 82 min. Género: DramaInterpretación: Zoé Héran (Laure / Mickäel), Malonn Lévana (Jeanne), Jeanne Disson (Lisa), Sophie Cattani (madre), Mathieu Demy (padre).Producción: Bénédicte Couvreur. Música: Para One. Fotografía: Crystel Fournier.Montaje: Julien Lacheray. Diseño de producción: Thomas Grézaud. Distribuidora:Abordar Distribución – Casa de Películas. Estreno en Francia: 20 Abril 2011. Estreno en España: 1 Mayo 2013. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.







Tras instalarse con su familia en un barrio de las afueras de París, Laure, una niña de diez años, aprovecha su aspecto y su corte de pelo para hacerse pasar por un chico. En su papel de Michael, se verá inmersa en situaciones comprometidas; por ejemplo, Lisa, una chica del grupo, se enamora de ella. ¿Cuáles serán las consecuencias cuando se descubra su engaño?

¿Qué es “Tomboy”? Se puede traducir del inglés como “marimacho”.  La directora francesa (que ya abordó el tema del lesbianismo en su primera película: Naissance des pieuvres), no oculta sus intenciones ideológicas. “La protagonista tenía una clara meta y jugaba un dinámico doble juego para conseguirla. Esa historia me permitía tomarme el tiempo suficiente para relatar una vívida crónica sobre la infancia con aspectos documentales y giros impredecibles. Y, además, estaba muy comprometida con el tema de la identidad sexual y las cuestiones de género. Se califica a menudo la infancia como la edad de la inocencia; pero creo que es también una época de la vida llena de sensualidad y de emociones ambiguas. Quería retratar esto”.
La película tiene una buena fotografía e interpretaciones adolescentes. Pero poco más… El mensaje es más evidente en las declaraciones de la directora que en la película. Aún así es evidente la intención pedagógica de educar a los jóvenes en una defensa muy superficial de la homosexualidad. Pero dudo que muchos jóvenes se acerquen a ver está lentísima película, herida del tono documental y distante que se puede ver con cierta frecuencia en el cine francés.(FILA SIETE).


Casi como un esqueje de alguna de las películas de los hermanos Dardenne –La promesa o El niño de la bicicleta, por ejemplo– nos llega esta obra de Sciamma que, lejos de estar hipotecada por el pesado influjo de nadie, posee una enorme personalidad propia. Retrata la directora el conflicto de una niña que decide hacerse pasar por niño. No conocemos al detalle sus motivaciones y es que no es ésta una película de evidencias, sino de sugerencias, de intuiciones más que de certezas. De ahí su valor, su capacidad para seducirnos, hablarnos de miradas, de gestos imperceptibles, de aprender a escupir, de los primeros celos y deseos escondidos, proscritos por la prudencia, el desconocimiento y el miedo. La mirada es sensible y luminosa, rehúye oscuridades y truculencias. Al contrario, la escena es siempre soleada, la cámara siempre busca la luz, nunca la tiniebla. Es cierto que se ensimisma a ratos en escenas familiares o costumbristas que no aportan demasiado, más allá de una notable aunque a ratos plana capacidad de observación. Pero lo importante es ese relato para nada inocente ni esterilizado, que sabe jugar con el espectador, prevenido ante la intuición de que tarde o temprano se descubrirá el pastel. Y entonces no tiene miedo a la incomodidad, no opta por una conclusión cómoda, por un happy end facilón y evidente. Todo un descubrimiento, un relámpago humano y humanista que merece ser visto. (CINEMANIA).

Planteada como un agradable cuento de verano, pero materializada con un prisma estético y cinematográfico propio de los hermanos Dardenne, la segunda película de la francesa Céline Sciamma tiene tanta sensibilidad para abordar el conflicto de identidad sexual de una niña de 10 años como ambición para trascender ese punto de partida argumental. Tomboy es una sutil aproximación al desconcierto que provoca vivir en un cuerpo equivocado (dos detalles del film para el recuerdo: el trozo de plastilina y un revelador partido de fútbol), pero también es una bellísima reflexión sobre los arquetipos sociales y el autodescubrimiento. Sciamma firma una película que puede funcionar perfectamente como reverso íntimo y desdramatizado de Boys Don’t Cry (Kimberly Peirce, 1999).(FOTOGRAMAS).

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