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lunes, 3 de junio de 2013

360: JUEGO DE DESTINOS



Película: 360: Juego de destinos. Dirección: Fernando MeirellesPaís: Reino Unido.Año: 2012. Duración: 110 min. Género: DramaromanceInterpretación: Anthony Hopkins (John), Jude Law (Michael Daly), Ben Foster (Tyler), Rachel Weisz (Rose), Moritz Bleibtreu (vendedor), Dinara Drukarova (Valentina). Guion: Peter Morgan; basado en la novela “La ronda”, de Arthur SchnitzlerProducción: Andrew Eaton y David Linde.Fotografía: Adriano Goldman. Montaje: Daniel Rezende. Diseño de producción: John Paul Kelly. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en Reino Unido: 10 Agosto 2012. Estreno en España: 31 Mayo 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


La cinta, cuyo guion es obra de Peter Morgan, se basará a su vez en “La ronda”, la conocida obra de Arthur Schnitzler. “360: Juego de destinos” es un moderno caleidoscopio de amor y relaciones que unen a personajes de diferentes ciudades y países en un thriller intenso y conmovedor sobre la vida romántica en el siglo 21. Comenzando en Viena, la película entreteje relatos en París, Londres, Bratislava, Río, Denver y Phoenix. Un hombre de negocios se enfrenta a una dura decisión: serle fiel o no a su mujer. A partir de este momento se origina una serie de acontecimientos que se desarrollan alrededor del mundo con consecuencias dramáticas, haciendo que la trama acabe volviendo 360 grados al lugar de la decisión original.


Drama en la línea de Vidas Cruzadas, con un magnífico reparto. Algunos dirán que es como Crash, que en los últimos años parece haberse convertido en el único referente del género. No entiendo demasiado el porqué, Crash no inventó nada, como tampoco lo hizo Vidas Cruzadas, pero la película de Robert Altman sí que suena más a referente que la de Paul Haggis (lo cual no quiere decir que sea mejor, que también). Por lo menos para mí. Aunque Haggis hiciese que ese tipo de cine se pusiese de moda brevemente, sobre todo con películas directas a vídeo o de escaso recorrido comercial y que apenas han llegado a verse en España. Podría decirse que 360 es parte de eso. Y todo eso pese a su reparto y su director.
El caso es que nos encontramos con una película de historias cruzadas o entrelazadas de una forma u otra, que, como su propio nombre indica, acaban dando a la película una forma circular, de principio y fin unidos. Una historia que nace y muere en Viena y que nos lleva de una prostituta recién llegada a Alemania, a un ejecutivo de viaje de negocios, a Francia, a Londres, de allí un vuelo a Denver y sus personajes y regresar finalmente a Viena. Todos son personajes con cierto bagaje personal y emocional. Tras las cámaras un tipo como Fernando Meirelles, el director brasileño responsable de películas tan interesantes, cuando no sobresalientes, como A Ciegas, El Jardinero Fiel o Ciudad de Dios.
Pero aquí Meirelles parece haber perdido el rumbo. No se trata de que jugar a que las historias se entrelacen de un modo u otro a lo largo del mundo sea lanzar los dados al azar y confiar demasiado en que el espectador se lo crea. O al menos no sólo eso. Se trata de la incapacidad para encontrar un punto realmente sombrío en las historias. Aquí las prostitutas todas tienen buen corazón, los matrimonios se arreglan pese a la memez de los sujetos, o si se fuerza y abandona el hogar los adúlteros son castigados, como lo son los malvados, mientras que aquellos que buscan redimirse lo consiguen… Todo muy blandito, muy edulcorado. Las historias pierden interés al poco de contarse. Sucede por ejemplo con la historia del conductor ruso, con la de Anthony Hopkins, con la de Ben Foster (un depredador sexual, ojito a la baba que le ponen… con ese potencial…), a la de Jude Law y Rachel Weisz… Vamos casi toda la película.
Lo más oscuro o triste de la película recae sobre los hombros de Jamel Debbouze… Además hay historias que interesan mucho más que otras, como es la de la prostituta eslovaca. La parte final del film tiene mucho más peso que la anterior. Más fuerza. Pero, entre todo ello, que nunca es un desastre ni aburre, sólo es demasiado blandito, hay un grupo de actores… sensacionales. Los antes mencionados junto a Marianne Jean Baptiste por ejemplo, dan vida a los personajes de forma espectacular. Ese discurso de Anthony Hopkins, esa mirada de Debbouze o la relación entre Weisz y Law… son suficientes para que la película merezca la pena. Es buena, pero podría ser mucho mejor.
A las antes mencionadas Crash y Vidas Cruzadas, piezas imprescindibles para entender este género cinematográfico, podríamos sumar una pila al espectador, desde Magnolia a Jugando con el Corazón, pasando por Babel o películas más recientes y algo desconocidas como Cuatro Vidas o Powder Blue, que comparten a un actor de la talla de Forest Whitaker.(REVISTA ACCIÓN).



Publicitada como una supuesta relectura de 'La Ronda', de Arthur Schnitzler, al poco de comenzar la última película de Fernando Meirelles ya empezamos a descubrir que, lejos de parecerse a las versiones de Ophüls o Vadim (ni el aliento del primero ni la desfachatez del segundo), tiene mucho más que ver, en tono, que no en urdimbre (aquí, más que ante un puzzle, estamos en formato relevos), con 'Vidas cruzadas' (Robert Altman, 1993) o, mucho me temo, con 'Crash' (Paul Haggis, 2004). Afortunadamente, '360. Juego de destinos' no cae en la simpleza catequista de esta última, aunque sí comparte con ella cierta solemnidad impostada que no llega a estragar gracias a la personalidad de su director, alguien cuya contundencia visual y pudor en la entonación le vacunan contra el emocionalismo coral tan apreciado entre esa masa adicta al autorreproche que constituye la clase cultural media y con mediano sentimiento de culpa.
Es la ausencia de dicho redencionismo facilón y cierto regusto a distanciamiento respecto a lo narrado, cuando no de voyeurismo malsano, lo que convierte este flm en algo distinto, y defnitivamente mejor, que un crossover venéreo aunque liviano, rítmicamente intachable y de formas más pulidas que 'Babel' (Alejandro G. Iñárritu, 2006).(FOTOGRAMAS)

Respecto al último filme de Fernando Meirellesque con crítico retraso se estrena entre nosotros, cabría aclarar primero que su trayectoria circular se explica mejor como una “carrera de relevos” entre personajes e historias, antes que mediante la equidistancia con respecto a un centro de la narración, por mucho que la “cuadratura del título” se materialice en ese hermoso recorrido por el anillo circunvalatorio de Viena. Y es que, desde su debut en Ciudad de Dios, el director brasileño se ha ido especializando en afrontar la traslación a pantalla de endiablados dispositivos argumentales, como éste que firma el reputado guionista Peter Morgan, y como fue también El jardinero fiel, quizás su película más lograda hasta la fecha. En aquélla, el reconocimiento amoroso iba fraguándose a medida que se reconstruía enflashback la propia desaparición de la persona querida. De la (dis)continuidad temporal se transita a la atomización espacial en 360: Juego de destinos, fábula transcendental acerca de la globosfera y sus desamparadas criaturas, “ambientada” en siete lenguas y con otras tantas nacionalidades protagónicas. Y si bien el discurso no llega a calar tan hondo como en ocasiones anteriores, hay que ensalzar una vez más la labor de cásting, la puesta en escena y el ritmo del montaje de esta producción, fruto de la poderosa concepción audiovisual que hermana a Meirelles con primeros espadas como Daniel Rezende(en la edición), o Adriano Goldman (director de fotografía que recoge el testigo del habitual César Charlone). Entre los tres paulistas, y gracias también al sostén de unas interpretaciones eléctricas y extraordinarias, se levanta esta Torre de Babel que con mirada caleidoscópica nos habla del amor y de la redención, y que deleita con virguerías estéticas en el enfoque y la composición.(CINEMANIA).

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