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miércoles, 26 de junio de 2013

EL HOMBRE DE ACERO





Película 3D: El Hombre de Acero. Título original: Man of Steel.AKA: Superman 2013. Dirección: Zack SnyderPaís: USAAño:2013. Duración: 143 min. Género: Acciónfantásticociencia-ficciónInterpretación: Henry Cavill (Clark Kent / Superman),Russell Crowe (Jor-El), Amy Adams (Lois Lane), Diane Lane  (Martha Kent), Kevin Costner (Jonathan Kent), Laurence Fishburne (Perry White), Michael Shannon (general Zod), Antje Traue (Faora-Ul),  Christopher Meloni (coronel Hardy), Harry Lennix (general Swanwick), Ayelet Zurer (Lara Lor-Van), Richard Schiff (Dr. Emil Hamilton), Jadin Gould (Lana Lang). Guion: David S. Goyer; basado en un argumento de David S. Goyer y Christopher Nolan, basado a su vez en los personajes creados por Joe Shuster y Jerry Siegel. Producción: Christopher Nolan, Charles Roven, Deborah Snyder y Emma Thomas. Música: Hans ZimmerFotografía: Amir Mokri. Montaje: David Brenner. Diseño de producción: Alex McDowell. Vestuario: James Acheson y Michael Wilkinson. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA:14 Junio 2013. Estreno en España: 21 Junio 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “El Hombre de Acero”, un niño descubre que posee poderes extraordinarios y que no pertenece a este planeta. Durante su juventud, viaja para descubrir sus orígenes y las razones por las cuales ha sido enviado a la Tierra. Pero el héroe que lleva dentro tiene que emerger para que pueda salvar al mundo de la aniquilación y convertirse en el símbolo de esperanza para la humanidad. Frente al superhéroe están los otros dos supervivientes del planeta Krypton: el malvado general Zod y su socia Faora.

Siendo tan solo un bebé, Kal-El (Henry Cavill) fue enviado a la Tierra por sus padres (Russell Crowe y Ayelet Zurer) para evitar que sucumbiese a la destrucción de su planeta, Krypton. Aquí fue criado en Smallville, Kansas, por dos amables granjeros (Kevin Costner y Diane Lane) que le aceptaron como si fuese su hijo propio. Es un chico raro, especial… El icónico personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster para aportar esperanza a la población durante los tiempos de la Gran Depresión regresa para aportar esperanza a esta industria ultramoderna con “El Hombre de Acero” , readaptación del icono bastante más acertada, vistos los tiempos que corren y los males de que adolecemos, que aquel intento estructuralmente mucho más luminoso dirigido por Bryan Singer en 2006.
«Hago cosas que los demás no pueden». Zack Snyder ─que ha abandonado su amor por la cámara súper lenta, obcecado ahora en encadenar zooms digitales tan espectaculares como finalmente reiterativos─ dirige bien, con nervio, con brío, abrazado a una hipérbole continua que apenas respira narrativamente en los pasajes más calmados. Le envuelve un espectro técnico tremebundo a todos los niveles, desde la banda sonora a la fotografía, los efectos visuales, el sonido y el montaje, configurando una verdadera megapelícula en sentido amplio. Y la diversión está garantizada, desde luego, aunque la unión de un tono más serio y profundo ─Christopher Nolan ha metido aquí mano, y bastante, además─ y las irrevocables tendencias al tremendismo geocatastrófico ─por despampanante que sea─ acaban por desencajar un poco el conjunto. 
Pero bueno, tal excelencia en la producción, unida a un reparto que incluye, junto a un veraz Cavill esculpido en mármol, a Amy Adams, Kevin Costner, Russell Crowe, Larry Fishburne, Diane Lane, Michael KellyHarry LennixRichard Schiff y Michael Shannon ─imprescindible en este tipo de menús, una Némesis épica y feroz capaz de adaptar/rebajar/condicionar sus virtudes interpretativas a la réplica del actor que da vida al héroe─, consiguen que “El Hombre de Acero” esté más cerca de cumplir sus objetivos finales ─entretener con dignidad y ofrecer espectáculo, hasta el punto de poder hablar prácticamente de Megaman─ que de terminar considerándose como una mala copia del héroe de Gotham. El Caballero Azul Oscuro, o así. Pasadlo bien adorando a este deidad moderna, carnal, pagana.(LA BUTACA).


.El hombre de acero, de cinco estrellas, al nivel de El caballero oscuro y Los Vengadores. Lo mejor que ha hecho el cine con Supermán.
Zack Snyder ha dado en la diana. Su versión de Supermán pulveriza cualquiera de las películas anteriores en lo referido a emoción, ritmo y madurez en la construcción de la historia. Además consigue superar todas las trabas derivadas de la explotación del personaje durante tantos años y nos da una visión totalmente renovada de la saga del Hombre de Acero en la que brillan el uso del flashback, el despliegue visual de las secuencias de acción, la construcción de los personajes, algunos momentos realmente épicos relacionados con personajes como los de Lara, Jonathan Kent y Perry White… y una envidiable habilidad para pasar por los momentos esenciales del mito de Supermán sin caer en lo previsible o en la repetición cansina de lo que ya conocemos.
Su acierto abarca a distintos aspectos. Por un lado el ritmo, que no decae en ningún momento. Por otro su habilidad para centrar la trama en el tema del renacimiento a través de los hijos, tratando con notable astucia y flexibilidad, merced al flashback, esa paternidad compartida entre el personaje de Jor-El, el padre natural de Supermán, interpretado por Russell Crowe, y Jonathan Kent, el padre adoptivo de la Tierra, que es el mejor trabajo de Kevin Costner en estos últimos años. Afortunadamente un inteligente uso del flashback permite que ambos “padres” del protagonista permanezcan en toda la trama, cobrando un protagonismo notable en el relato frente a versiones anteriores en las que estos personajes eran simplemente un recurso dramático, un pretexto impuesto por la propia mitología de los comics de Superman. Aquí sin embargo ambos son, como el resto de personajes del relato, entidades dramáticas totalmente desarrolladas, con sus propios momentos de protagonismos, claves para la película. Además son más completos y maduros, más tridimensionales y con un conflicto más interesante del que pudieron expresar versiones anteriores.
Otro acierto notable es esquivar la parte más lastre y pesada de la saga de Supermán. Nada de ñoñerías románticas facilonas, nada de confusiones de identidad y alter-ego en la relación con Lois Lane, nada de aburrirnos con un noviazgo en conflicto. Son otros tiempos, todo es mucho más directo, y prima la acción sobre los enredos facilones con la identidad secreta y los vuelos a la luz de la luna de la etapa Christopher Reeve. La llegada del niño a la Tierra, la infancia, la juventud, la relación con los Kent, están presentados con el máximo de solvencia en el mínimo de tiempo, lo que permite aprovechar metraje para lo realmente épico, la acción, la esencia del cine convertido en un espectáculo total.
Otro punto a favor es que no hay un solo diálogo obvio. Dicen lo justo, y todo lo que dicen tiene importancia para la trama. Máximo rendimiento de cada palabra que beneficia el excelente ritmo que posee esta revisión de las claves de Supermán con una mirada fresca y renovada. El uso de elipsis y de flashback, la deconstrucción y reconstrucción del mito, funcionan a la perfección, con un arranque de ciencia ficción que para sí quisiera Avatar de James Cameron y un posterior abordaje de refundación de la mitología del célebre personaje que en muchos de sus fragmentos deja notar la mano de Christopher Nolan.
Y como todo gran héroe necesita un gran villano, el Zod de Michael Shannon es ejemplar, perfecto contrapunto del padre extraterrestre encarnado por Russell Crowe. Shannon compone un antagonista con un motivo sólido tras de sí, unas razones que podemos entender y con las que hasta cierto punto podemos empatizar. Ello añade más solidez al conflicto que enfrenta primero a Jor-El y luejo a Kal-El con Zod, que es la perfecta encarnación de la amenaza que se esconde tras el origen extraterrestre de Superman.
Temas como la marginación de Clark Kent niño en la infancia, el uso responsable de sus poderes, la influencia de su padre terrestre en su bagaje moral, la etapa de formación y viaje del héroe, el concepto del sacrificio y la esperanza, el encuentro con la periodista y el vínculo que se establece entre ambos, están desarrollados con un madurez más propicia a nuestros días que no necesitaban conseguir las películas de los años setenta y ochenta y lamentablemente le faltó a la versión de Bryan Singer, Superman Returns, que es la más perjudicada por las comparaciones con El hombre de acero.
Reuniendo todos esos elementos, Zack Snyder ha reformulado hacia la madurez, pero potenciando el espectáculo, el concepto del superhéroe en el cine, entrando perfectamente en la onda de trabajo de Christopher Nolan con El caballero oscuro, y estableciendo una firme alternativa en el cine de superhéroes a las películas producidas por la Marvel.
Pero lo mejor de todo es que ha captado a la perfección la verdadera alma del personaje en el cómic, lo más interesante de Supermán en las viñetas, y su manera de presentar visualmente las hazañas y batallas del personaje está al nivel de la espectacularidad de los mejores cómics del Hombre de Acero. Rinde así un homenaje al medio de expresión en viñetas del que surgió este hijo de Krypton y es fiel a su identidad y función como pionero de las historias de superhéroes.
Quienes llevados por la nostalgia afirmen que esta versión se aparta de las de Christopher Reeve, deberían recordar que aquellas tuvieron siempre un puntito de inclinación hacia el infantilismo y la superficialidad en la presentación de personajes y situaciones de la que esta carece absolutamente. Snyder y Nolan, porque insisto en que la mano de Nolan se nota, nos han regalado la versión más completa y madura de Supermán en el cine.
En cuanto a la banda sonora de Hans Zimmer, no es, ni lo pretende, ni puede, ni debe emular a la de John Williams. Su tono lúgubre y amenazante con la percusión como protagonista encaja, combina y completa perfectamente con las imágenes y la esencia de la película. Cierto que he echado en falta alguna fanfarria épica, algo más de himno, pero es que este no es un Superman de himnos, sino un Hombre de Acero renovado, más verosímil e interesante desde el punto de vista dramático, menos icono popular y más personaje en continua evolución, protagonista de un relato excepcionalmente bien construido que como digo tiene su columna vertebral en la desaparición y reaparición y permanencia de esos dos puntales que son los personajes de Russell Crowe y Kevin Costner.
Por último decir que nadie que vea esta película podrá negar que está hecha para verla en pantalla grande, como el gran espectáculo que es, lo que convierte a este nuevo Supermán en una explicación perfecta de por qué los cines no pueden desaparecer.
Si alguien pretende ver esta maravilla en pantalla pequeña, en una mala copia robada de cualquier parte, no está viendo al verdadero Hombre de Acero, sino un sucedáneo adulterado y miserable.((REVISTA ACCION).


A favor, por Noel Ceballos
Planeta moribundo. Científicos desesperados. Última esperanza. Pareja bondadosa. El guionista de cómic Grant Morrison sintetizó así el origen de Superman, tan arraigado en nuestro inconsciente colectivo como los mitos del mundo antiguo. El prólogo de El Hombre de Acero opta por la estrategia opuesta: dilatar las cuatro frases, expandir la matriz del personaje como si fuera la primera vez que alguien cuenta su historia. Si esta obertura épica contrasta con el hiperrealismo de otros pasajes es porque estamos ante una película contradictoria y poseedora de varios padres. De Nolan ha heredado su sofisticación estructural; de Goyer, su olfato para resumir décadas de evolución en papel con la vista puesta en el gran público; de Snyder, su imbatible pulso para la épica y su capacidad para convertir planos en potenciales iconos del cine contemporáneo. En suma, nada más lejos de la inerte sinfonía retro de Bryan Singer: esta quizá no sea la historia sobre Superman definitiva, pero reconfigura el mito de Siegel y Shuster para unos tiempos en los que vuelve a ser necesario.
En contra, por Jordi Costa
En el combate entre Marvel y D.C. por la conquista del blockbuster, parece definirse, cada vez más, un pulso entre lo lúdico y lo grave, que podría ser una de las muchas formas del duelo entre lo dionisíaco y lo apolíneo si no estuviéramos ante dos colosos barrocos y desbordados y, por tanto, igualmente dionisíacos en esencia. En El Hombre de Acero, el factor Nolan se inyecta a lo bestia sobre las venas de gañán tecnológico de Zack Snyder y el resultado es una película monstruosa y contradictoria, un texto fundacional que funde en una pieza de artillería hardcore el Superman (1978) de Richard Donner y la secuela que cayó en las iconoclastas manos de Richard Lester. Las debilidades están a la vista y pasan por el engolamiento del tono y el afán de trascendencia, aunque quizá lo más grave sea el exilio cósmico al que ha sido condenado todo sentido del humor -es inevitable añorar la chispeante, libre e irreverente Superman III (1983)- y la rotunda falta de carisma del conjunto. En el haber, el esfuerzo de Snyder por dar legitimidad hiperrealista, a golpe de reencuadre de corresponsal de guerra, a sus sobrecargados fotogramas, hipérboles hilarantes a su pesar.(FOTOGRAMAS).

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