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jueves, 22 de agosto de 2013

EL LLANERO SOLITARIO



Película: El Llanero Solitario. Título original: The Lone Ranger.Dirección: Gore VerbinskiPaís: USAAño: 2013. Duración: 150 min. Género: AventuraswesterncomediaInterpretación: Johnny Depp (Toro), Armie Hammer (John Reid / El Llanero Solitario),Helena Bonham Carter (Rodilla Roja), Tom Wilkinson (Latham Cole), William Fichtner (Butch), Barry Pepper (capitán Jay Fuller),Ruth Wilson (Rebecca), James Badge Dale (Dan). Guion: Ted Elliott, Terry Rossio y Justin Haythe. Producción: Jerry Bruckheimer y Gore Verbinski. Música: Hans ZimmerFotografía: Bojan Bazelli. Montaje:James Haygood y Craig Wood. Diseño de producción: Jess Gonchor. Vestuario: Penny Rose. Distribuidora: The Walt Disney CompanyEstreno en USA: 3 Julio 2013. Estreno en España: 21 Agosto 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.



En “El Llanero Solitario”, el famoso héroe enmascarado vuelve a cobrar vida a partir de una nueva mirada. En la película, un nativo americano y guerrero espiritual (Johnny Depp) narra las historias —nunca antes contadas— que transformaron a John Reid (Armie Hammer), un hombre de ley, en toda una leyenda de la justicia. Un épico viaje con sorpresas e ironías junto a dos inverosímiles héroes que aprenden a trabajar juntos y a luchar contra la codicia y la corrupción.


La cosa no era fácil, pero tampoco muy difícil: se trataba de contar una tontona historieta de indios y vaqueros muy popular en Estados Unidos por haber sido serial radiofónico y televisivo de muy largo recorrido, con arranque en 1933.
Pero Jerry BruckheimerGore Verbinski y Johnny Deep se han propuesto repetir lo de Piratas del Caribe pero sin agua ni barcos, usando a los temibles Elliott Rossio como pilotos que navegan por el desierto tejano con la música del cansino Zimmer rumbo a ninguna parte, entreteniéndose en sketches a cada cual más soso. Cuando llega la espectacularidad, que la hay a todo plan, lo que queda del espectador ya ha podido contar cuatro veces las butacas de la sala.
Lenta, sin ritmo, rota, sin carisma, tópica, sin gracia, siniestra, mal contada, pésimamente interpretada, la película permite a Depp ahondar en su ridículo registro interpretativo, repetido hasta la saciedad, que no sabe de épocas, ambientes ni conflictos.(FILA SIETE).


En un universo regido por la fría lógica mercantilista, desempolvar a un personaje de serial radiofónico y televisivo como 'El Llanero Solitario' conllevaría hacerlo desde la nostalgia espectacularizada o la parodia distanciada. Cualquier cosa antes que la opción que los responsables de esta rematadamente rara e hiperbólicamente bizarra película han elegido: el revisionismo alucinógeno y el slapstick keatoniano (por Buster) bigger than life. Su única concesión a las reglas del blockbuster (esa set piece magistral protagonizada por dos trenes desafando todas las reglas físicas posibles) resulta incluso demasiado sofsticada y excéntrica para los cánones del palomiterismo mainstream. Brilla en esa media hora frenética fnal la vena cartoon de un Gore Verbinski menos encorsetado que en su trilogía pirata Disney, ese Verbinski que ya se aproximara al western en aquel Leone posmoderno titulado 'The Mexican' (2001). Pero, ¿y antes? Antes asistimos a una depuración del blanco justiciero enmascarado y su
compañero indio desde una estructura deudora tanto de la obra teatral de Arthur Kopit (y posterior film de Robert Altman) 'Bufalo Bill y los indios' (1976) como de 'El Topo' (1970), de Alejandro Jodorowsky.
Un trip desértico de peyote poblado de pesadillas, absurdo y conejos caníbales.(FOTOGRAMAS).


Los héroes ya no engañan a nadie. Y si son de una pieza, todavía menos. El mundo entero piensa que son aburridos y no paramos de buscarles cicatrices. Lo han descubierto incluso en Can Disney, hogar tradicional de las lecciones morales en pantalla. Si algo dejó la franquicia de Piratas del Caribe, al margen de dinero y una buena cantidad de montañismo ruso en cantidad decreciente según corrían las (4) secuelas, es una renovada versión de lo que podríamos llamar la Teoría del Protagonismo en el cine. Es cierto que no hablamos de algo particularmente transgresor: Wilder ya le dio la manija a un muerto en una piscina crepuscular, Ford repartió verdad y leyenda entre dos actores contra Liberty Valance y Hitchcock mató a su principal personaje y cambió de caballo a mitad de carrera en Psicosis, por no hablar de los Doineles vanguardistas. Pero hay algo en el personaje de Jack Sparrow que ahora regresa convertido en el indio comanche Tonto (Toro en la versión doblada, su nombre tradicional en Iberoamérica) con parecido disfraz que nos carga y nos sulibella a partes iguales.
En un tiempo en el que la imaginería visual se da por supuesta, era lógico este retorno a la iconografía popular del western fronterizo, aplicando la moderna corrección política a la defensa de los indígenas norteamericanos a los descarrilamientos de trenes, las minas de plata y las placas de sheriff (o ranger, que viste más). Aquí el espíritu de Piratas del Caribe se escora a los andurriales de la espléndida versión reciente de El tren de las 3:10 en la acción, y su supuesto héroe, que a eso íbamos, sería la cara legal de una moneda compartida con la jeta del Zorro de Antonio Banderas. Pero el Llanero es una excusa para que Johnny Depp se adueñe a su manera, la de su propio cliché (lo odias o lo amas) adaptado al Oeste (y sabe de qué va desde que dobló al camaleón Rango) de lo que empezó como un serial radiofónico en los 30, pasó a serie de TV en los 50 y podría ser otra franquicia en el siglo XXI (si no lo impide su fracaso en EE UU). El personaje de Depp, cicatriz del presunto héroe y auténtico protagonista incluso sin contar sus minutos en pantalla, acaba confirmando las tres mentiras de El llanero solitario, que ni llanea (aquí hay vértigo a punta pala), ni cabalga en solitario ni es el protagonista real de su propia historia.
Huele a mecha de dinamita de fórmula taquillera por todas partes, bien es cierto, pero qué más da si la autoparodia y la acción continua funcionan coronadas por ese triple engaño que concilia el gancho, inexplicable al paladar de hoy, que tenían las novelitas de Marcial Lafuente Estefanía con una estética de colorismo polvoriento (toda vaquerada va a acabar recordando a la estética thai de Las lágrimas del tigre negro). La aventura cruda, evasión pura, se justifica desde el prólogo, un pegote genial, con una pizca de crisis traída desde la Gran Depresión (y vinculada tanto a Oz como a la grandiosa serie Carnivàle) y se cierra en bucle sobre aquellas grandes mentiras con un nuevo espejismo espiritual más. Al fin y al cabo, casi siempre acabamos yendo al cine a que nos engañen. O a engañarnos a nosotros mismos, incluso cuando ya sabemos con qué bucaneros del Oeste nos vamos a encontrar.(CINEMANIA).


....«Llega un momento en el que un buen hombre debe llevar antifaz». No es que la película de Gore Verbinski no funcione del todo, es que funciona mal o regular a lo largo de un descomunal desarrollo que se extiende hasta las dos horas y media de duración. La recreación del entorno está bien, con enormes escenarios naturales aplastando a los personajes y superando ampliamente un trabajo digital que cojea en más de una secuencia clave. El problema principal es la falta de emoción y garra de un conjunto que, pese a presentar una historia de lo más sencilla, resulta confuso en una narración tan sólo divertida a ratos ─pese a ser una propuesta eminentemente cómica y familiar─ y que en absoluto tiene nada especial. 
Es cierto que Armie Hammer se adapta perfectamente a la figura de John Reid, pero el ímpetu que pone en resultar ingenuo, encantador y resolutivo a un tiempo se traduce a la postre en el dibujo de un personaje más bien poco carismático; Johnny Depp funciona ─y tiene incluso más carga protagónica que su compañero─, desde luego sparrowrizado pero de un modo consecuente y bastante simpático y efectivo. Y no falta un elenco secundario talentoso y multiusos, por supuesto, una banda sonora briosa y un aroma general bastante amante del exceso y la excentricidad. Pero “El Llanero Solitario” es una prueba más de que la meca del cine no tiene muy claro por dónde tirar. Lo que asusta es que parece que le da lo mismo.(LA BUTACA).

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