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viernes, 2 de agosto de 2013

GUERRA MUNDIAL Z






Película: Guerra Mundial Z. Título original: World War Z. Dirección:Marc ForsterAño: 2013. País: USA.  Duración: 116 min. Género:AcciónterrorInterpretación: Brad Pitt (Gerry Lane), Mireille Enos (Karin Lane), Daniella Kertesz (Segen), James Badge Dale(capitán Speke), Matthew Fox (militar), David Morse (Burt). Guion:Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard y Damon Lindelof; basado en la novela de Max Brooks, adaptada por Matthew Michael Carnahan y J. Michael Straczynski. Producción: Brad Pitt, Ian Bryce, Dede Gardner y Jeremy Kleiner. Música: Marco BeltramiFotografía: Ben Seresin. Montaje: Matt Chesse y Roger Barton. Diseño de producción: Nigel Phelps.Vestuario: Mayes C. Rubeo.  Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en USA:21 Junio 2013. Estreno en España: 2 Agosto 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.



En “Guerra Mundial Z”, algo está haciendo que multitud de personas se ataquen salvajemente entre sí: un virus letal que se transmite mediante un simple mordisco, convirtiendo a seres humanos sanos en algo irreconocible, inconsciente y feroz. Se desconoce el origen del virus, y el número de afectados aumenta de manera exponencial cada día, convirtiéndose rápidamente en una pandemia mundial. Gerry Lane, un antiguo investigador de Naciones Unidas, se ve obligado a volver a su antigua y peligrosa vida para garantizar la seguridad de su familia, poniéndose al frente de una búsqueda desesperada por todo el mundo de la fuente de la epidemia y de algún medio para detener su incesante avance.


Distintos estímulos se concentraron a principios del siglo XXI para pavimentar el (antes característicamente lento, siempre tembloroso e imparable) camino de los muertos vivientes hacia la cultura mainstream. Una cronología parcial podría tener este aspecto: '28 días después...' (Danny Boyle, 2002) revigoriza el género fundado por George A. Romero a finales de los años 60 con inusitada nueva fuerza visual, alegórica e incluso inconoclasta (los de Boyle no son exactamente "muertos vivientes", sino "infectados rabiosos" de velocidad feroz que dieron forma al nuevo arquetipo zombie); 'Resident Evil' (Paul W. S. Anderson, 2002) y 'Amanecer de los muertos' (Zack Snyder, 2004) terminan de fijar al zombie velocista en el imaginario colectivo; en 2003, Robert Kirkman comienza su serie de cómics de 'The Walking Dead', que siete años más tarde llegarán con desbordado éxito a la televisión, y Max Brooks publica 'Guía de Supervivencia Zombi', un manual de autodefensa pop cuyo título lo dice todo. El mismo autor escribe después 'Guerra Mundial Z' (2006), la historia oral de un apocalipsis zombie inspirada por el trabajo de Studs Terkel sobre la Segunda Guerra Mundial en 'The Good War', ganador del Pulitzer; en ambos casos, en uno desde la ficción y en otro desde la realidad, es la voz de la gente común ante el fin de los tiempos lo que prevalece. 

Cuando Brad Pitt compró los derechos del libro de Brooks para llevarlo al cine, su intención era trasladar el audaz (y no exento de mala leche e ironía) análisis sociopolítico del texto a las formas e imágenes de una gran superproducción de acción hollywoodiense. La realidad mercantilista de la cultura blockbuster no tardó en segar esa pretensión, dejando por el camino una calamitosa producción de presupuesto sobrepasado, reescritura de un tercer acto ya filmado y desavenencias entre el productor/protagonista/estrella y el director Marc Forster que hicieron las delicias de los medios catastrofistas. Sobre el resultado final pesan, ante todo, dos taras derivadas del calvario: la renuncia a enseñar la barbarie caníbal de los zombies resta auténtico terror o sensación de peligro y la epopeya de Brad Pitt como investigador de la ONU que viaja por todo el globo buscando una explicación a la infección está aquejada de una progresión dramática que va dando tumbos, con elipsis forzadas y personajes que aparecen y desaparecen por puro capricho (Matthew Fox, la principal víctima del "síndrome Malick"). 

Como le ocurrió en 'Quantum of Solace' (2008), Marc Forster vuelve a demostrar una incapacidad preocupante para planificar escenas de acción y dotarlas de cierta coherencia espacial. Por mucho que 'Guerra Mundial Z' pretenda transmitir el caos desesperado del fin del mundo, las escenas de huida tumultuosa rozan la ininteligibilidad por pura acumulación irreflexiva de imágenes de impacto. Es en el recogido y modesto tercer acto ambientado en Gales (reescrito in extremis por Damon Lindelof y Drew Goddard) el único momento donde se palpa algo de la tensión y el miedo que las secuencias de Corea del Sur, Israel o el inverosímil desastre del avión ni siquiera rozan, perdidas en sus espectáculos de masas CGI y limpias de hemoglobina. Una constatación más de que, quizás, si la película hubiera tomado la multitud de puntos de vista del libro original, fragmentados pero manejables a pequeña escala, habría podido lograr algo mucho más cercano al estatus de película de zombies definitiva que tanto parece ambicionar mientras sus propias zancadillas la dejan muy, muy lejos del podio. (SENSACINE).


Dos cosas que es preciso saber de Guerra Mundial Z, la película. La primera que es una de las películas más entretenidas que he visto este año. La segunda que conviene ir a verla quitándote de la cabeza tanto como puedas el libro de Max Brooks que la ha inspirado, Guerra Mundial Z. Ambos productos tienen en común el nombre y algo más, pero en ningún caso la adaptación que protagoniza Brad Pitt es fiel al original, ni tampoco lo pretende. Al menos en su totalidad, aunque sí se acerca más al original de la novela en toda su primera parte, apartándose de la misma más claramente en su tercer acto y desenlace.
Primero debe quedar claro que la novela de Max Broks es inadaptable al cine en formato de un solo largometraje, así que no es una sorpresa que los responsables de la película hayan adaptado el material original de la misma a otro formato. Frente a esa imposibilidad, había dos opciones. Primera: adaptar en una trilogía de largometrajes (en este caso sí que hay material literario original suficiente, al contrario de lo que ocurre con El hobbit de Tolkien). Segunda: darle el material a la HBO, o mejor Showtime, para que la convirtiera en una serie. Finalmente han optado por la tercera opción, hacer un híbrido que mantiene características esenciales del relato original (como el principio, el viaje a Corea, el tema de los barcos o el infierno en Israel, el avión), pero gira a una producción con desarrollo propio en los últimos compases de la que, visto el éxito comercial alcanzado por esta película, no es finalmente sino la primera entrega de una franquicia cinematográfica en toda regla que al menos contará con una segunda entrega, según deja claro el final abierto de la primera y las declaraciones de los artífices de la misma.
No hay nada de malo en ello porque, como digo, es muy entretenida y en su primera parte se mantiene el espíritu del original. Eso sí, desde el punto de vista de la construcción del ritmo de esta primera entrega creo que podrían haber organizado mejor los elementos de la misma para mantener un equilibrio de ritmo más adecuado durante el relato. Lo que ocurre me ha recordado lo que ocurría con Gladiator: mucha caña al principio, con la batalla, y en el centro, con las peleas en el circo… y un final menos cañero que todo eso.........(REVISTA ACCIÓN).


¿Queda algo que decir sobre el mito del zombi como metáfora de lo que el crítico Robin Wood denominó el retorno de los reprimidos? No mucho, la verdad. Los zombis de George A. Romero mordían porque tenían hambre. Los infectados de Danny Boyle, porque necesitaban contagiar al prójimo, propagar el virus y certifcar la pandemia mundial. Los de 'Guerra Mundial Z' son una mezcla entre unos y otros, una extensión de la velocidad de los de '28 días después' (2002), acentuando el componente gregario de los de Romero. Lo que importa aquí es la masa, que se mueve como un enjambre de cuerpos o una bandada de
pájaros depredadores, formando la que sin duda es la imagen más perdurable de la película, que fácilmente evoca las montañas de cadáveres de un campo de concentración nazi (no en vano ocurre a las puertas
de Jerusalén). Tal vez por eso, Marc Forster eluda explicaciones políticas o medioambientales (más allá del locuaz parlamento de un virólogo no muy ducho en armas), porque tiene poco que añadir al subtexto ideológico del zombi, aparte de ampliar la potencia de su imaginería y hacer una broma macabra a costa del totalitarismo comunista de Corea del Norte.
ESPECTACULARMENTE MODESTA
Así las cosas, la mejor virtud de 'Guerra Mundial Z' (que apenas tiene nada que ver con la estructura polifónica del best seller de Max Brooks, y que ha tenido que superar los rumores de decenas de reescrituras, reshoots y remontajes) es su modestia. Modestia que ejemplifca de modo especialmente diáfano el personaje de Brad Pitt, que se conforma con ser el guía experto a través de una trama episódica, y cuya heroicidad, discreta y neutra, tarda casi todo el metraje en emerger. Parece que Forster no quiere dar gato por liebre: he aquí un blockbuster que ofrece lo que promete (entretenimiento sin límites), pero limando la
tendencia al exceso wagneriano que parece haberse impuesto en nuestra era digital.
Forster sabe que poder escuchar el castañeteo de la dentadura de un zombi es más poderoso que cualquier efecto de croma. Y, con la excepción de un par de escenas, la película, que bebe tanto del cine
apocalíptico como el de catástrofes, dibuja un mapa del caos como orden mundial a base de encadenar virtuosas set pieces con un aroma deliciosamente analógico. La nocturna escapada desde una base aérea americana en Corea del Sur, con una llamada de móvil como inoportuna intrusión, y el largo clímax fnal en un laberíntico laboratorio de la OMS plagado de zombis, auténtico tour de force en el que Forster demuestra su control sobre la puesta en escena, son sólo dos ejemplos de la efcacia de una película que sabe mantenerte pegado a la butaca.(FOTOGRAMAS).

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