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sábado, 31 de agosto de 2013

MUD




Película: Mud. Dirección y guion: Jeff NicholsPaís: USAAño:2012. Duración: 130 min. Género: DramaInterpretación: Matthew McConaughey (Mud), Reese Witherspoon (Juniper), Sarah Paulson (Mary Lee), Tye Sheridan (Ellis), Michael Shannon  (Galen), Sam Shepard (Tom), Jacob Lofland (Neckbone).Producción: Lisa Maria Falcone, Sarah Green y Aaron Ryder.Música: David Wingo. Fotografía: Adam Stone. Montaje: Julie Monroe. Diseño de producción: Richard A. Wright. Vestuario: Kari Perkins. Distribuidora: Vértigo Films. Estreno en USA: 10 Mayo 2013. Estreno en España: 30 Agosto 2013.


Ellis y Neckbone, de 14 años, se encuentran con un hombre refugiado en una isla en medio del Misisipi. Se trata de Mud: con un diente menos, una serpiente tatuada en el brazo, una pistola y una camisa que le da suerte. Mud es también un hombre que cree en el amor, algo en lo que Ellis necesita creer desesperadamente para intentar olvidar las tensiones diarias entre sus padres. Mud pide ayuda a los dos adolescentes para reparar un barco que le permitirá abandonar la isla. Sin embargo, para los muchachos resulta difícil discernir lo verdadero de lo falso en las palabras de Mud. ¿Ha matado realmente a un hombre? ¿Le persigue la justicia, los cazarrecompensas? Y por otro lado, ¿quién es la chica misteriosa que acaba de desembarcar en su pequeño pueblo de Arkansas?


Matthew McConaughey nos brinda una de las interpretaciones del año en este magnífico drama. Una compleja y valiente historia que cruza los destinos de dos niños con los de un fugitivo y que bien podría ser la ocasión para ver al actor nominado al Oscar, con su sutil interpretación de ese hombre torturado y perseguido, siempre enamorado, pero de un amor bizarro, imposible, dañino, de esos que acaban costándote hasta la cordura. Porque es un personaje que camina entre la locura y la cordura, entre muchas otras cosas. Una suerte de héroe para dos niños, sí, pero también un forajido, uno perseguido por la ley. Un cobarde, un loco, un enamorado. Todo a través de un actor que define a su personaje con una sola mirada. No es un hombre de muchas palabras.
Y eso que no es el protagonista real de la historia, que es este adolescente que descubre junto a su amigo la guarida de un hombre muy peculiar, en una de las islas cercanas a donde viven. Un hombre llamado Mud que les pedirá ayuda para arreglar un bote y salir de allí, aunque antes llevándose consigo al amor de su vida. Claro que la misión no es sencilla, y el protagonista tendrá que lidiar con sus padres, el orden, la chica, su primer amor y varias cosas más, en uno de esos viajes iniciáticos, que convierten a un niño en hombre. Puede que Mud sea el punto de interés de la historia, pero es Ellis el centro de la misma. Y la interpretación está a la par de la de McConaughey.
Se trata del joven actor Tye Sheridan, visto en El Árbol de la Vida, y demuestra de nuevo lo bien que sabe el director y guionista Jeff Nichols manejar a sus actores. Sólo hay que ver ésta o recordar Take Shelter, y sabremos que apoya sus historias en grandes personajes y grandes actores que den vida a los personajes. Aquí el reparto, magníficos todos y cada uno de ellos, lo completan Reese Witherspoon, Sam Shepard, Michael Shannon (cómo no, siendo Jeff Nichols), Sarah Paulson o Ray McKinnon. Reparto de actores, antes que estrellas. Para una historia que mezcla con valentía el paso a la madurez, la pérdida de la inocencia, el miedo, la cobardía, la fascinación por lo desconocido, el amor o ese momento en el que nos damos cuenta de que nuestros padres no son superhéroes. Con gotas de suspense y misterio, en torno a la figura de Witherspoon, pero ante todo con la vida de este joven que ve tambalearse su vida por todas partes, y trata de anclarla ayudando a un hombre a huir. Un joven que no se parece en nada a los personajes que Hollywood normalmente vende, un joven con agallas (ojo al tema de la “novia” y su resolución se enfrente a quien se enfrente). Todo en Mud respira credibilidad, realismo y una belleza extraña y sencilla, nada aparatosa, pero sí muy supersticiosa, como lo son los personajes de la película. El director sabe cómo componer personajes y una gran historia con sencillez y mucha sensibilidad, que no sensiblería. Pese a ese final en la casa flotante… forzado. Y pese a que, en el último momento, no termine de tener agallas para terminar la historia como debe. Es una pena, porque podía haber sido una película perfecta y redonda.
En una clave completamente distinta, pero independiente e inteligente, es una película que puede emparentarse con Stoker o Bestias del Sur Salvaje, aunque cualquiera que haya visto Take Shelter reconocerá la obra de su director. Ningún aficionado al cine debería perdérsela.(REVISTA ACCIÓN).


La tercera película de Jeff Nichols contempla la creciente desilusión de un joven adolescente frente al mundo adulto a medida que empieza a penetrar en él y, sobre todo, a entender los inseguros mecanismos de funcionamiento del mundo. En consecuencia, Barro es también una celebración de ciertos ritos de paso universales. Si eso la hace vulnerable al cliché es porque, como todos los relatos de iniciación, casi todo lo que nos cuenta resulta inmediatamente identificable por quienes alguna vez hemos sido jóvenes. En cualquier caso, la película captura experiencias como el primer beso o el primer puñetazo con detalle y ternura.
Dicho esto, Nichols no es capaz aquí de repetir ni las matizadas texturas autóctonas que manejó enShotgun Stories (2007) ni la urgencia social que añadió a Take Shelter (2011). En cambio, Barro está atemperada a base de nostalgia, manifestada ésta tanto en los obvios referentes –de Huckleberry Finn a Cuenta conmigo– como en el tipo de sociedad paternalista que el filme parece defender. Asimismo, en esta ocasión Nichols se muestra más proclive a la narración que a la agudeza psicológica, y quizá se apoye demasiado en estrategias dramáticas familiares, aunque en todo caso la credibilidad emocional de la película –esas generosas dosis de ira y desilusión– se impone sobre sus atajos dramáticos.
En todo caso, no deja de resultar chocante que el director de una película tan ambigua y a contracorriente como Take Shelter se acomode de forma tan placentera en fórmulas narrativas de eficacia ya sobradamente probada por Hollywood. En ese sentido, el chirriante acto final del relato olvida las sutiles y tensas batallas personales de su protagonista adolescente en pos de una sucesión de balas y de finales felices que encarnan una tosca y blanda forma de heroísmo.(CINEMANIA).


LLa crítica norteamericana ha acertado de pleno al comparar a Mud con la literatura aventurera de Mark Twain. El protagonista de esta película tiene un halo de niño perdido de la cultura del éxito norteamericana similar al que tuvieron en su día personajes como Huckleberry Finn o Tom Sawyer.
En Mud destaca la revitalización de dos actores habitualmente dedicados a la comedia capaces de estar simplemente insoportables si no se les dirige con acierto: Reese Whiterspoon y Mathew McCounaguey. Ella construye el personaje con la mirada, él con la voz (una insustituible y demacrada voz). Juntos protagonizan una historia de amor insólita, magníficamente sugerida en el guión del propio Nichols.(FILA SIETE).


En los mismos ríos entramos y no entramos, (pues) somos y no somos (los mismos). El pensamiento de Heráclito se diluía en el agua dulce del Mississippi, que Huckleberry Finn cruzaba en balsa hasta encontrarse con el prófugo Jim, iniciando así un viaje al corazón de la amistad en un contexto no demasiado propicio para las simpatías interraciales.
Jef Nichols, que desde 'Mud' podría declararse heredero del mejor John Sayles, revisita el territorio mítico de Mark Twain conservando parte de su imaginario (las casas fuviales, la América empobrecida, la complicidad sanguínea de la adolescencia) para construir un hermoso punto de vista, de una madurez precoz y curiosa, sobre un enigmático personaje que tanto podría ser la reencarnación de Long John Silver como del benefactor de Pip en Grandes esperanzas.
'Mud' tensa la cuerda entre la mirada de un chico que empieza a entender las miserias del mundo adulto y la soledad de un Robinson Crusoe desdentado (impresionante McConaughey) que quiere recuperar su primer amor. Evoca la sensibilidad del díptico sureño de Robert Mulligan –de 'Matar un ruiseño'r (1962) a 'Verano en Louisiana' (1991)–, apelmazada por una atmósfera densa y sudorosa,que a veces (pocas) recurre a trucos de guión (la mordida de la serpiente) indignos de un conjunto tan sólido.(FOTOGRAMAS).

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