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viernes, 6 de septiembre de 2013

CRUCE DE CAMINOS


Película: Cruce de caminos (The place beyond the pines). Título original: The place beyond the pines. Dirección: Derek Cianfrance.País: USAAño: 2013. Duración: 140 min. Género: Dramathriller.Interpretación: Ryan Gosling (Luke), Bradley Cooper (Avery Cross), Eva Mendes (Romina), Ray Liotta (Deluca), Rose Byrne  (Jennifer), Bruce Greenwood (Bill), Ben Mendelsohn (Robin), Dane DeHaan (Jason). Guion: Derek Cianfrance, Ben Coccio y Darius Marder. Producción: Lynette Howell, Sidney Kimmel, Alex Orlovsky y Jamie Patricof. Música: Mike Patton. Fotografía: Sean Bobbitt. Montaje: Jim Helton y Ron Patane. Diseño de producción: Inbal Weinberg. Vestuario: Erin Benach.Distribuidora: TripicturesEstreno en USA: 29 Marzo 2013. Estreno en España:6 Septiembre 2013. Calificación por edades: No recomendada a menores de 16 años.


En “Cruce de caminos (The place beyond the pines)”, un misterioso y mítico piloto de motos, Luke (Ryan Gosling), sale del carnaval ambulante Globe of Death y recorre como un rayo los callejones de Schenectady (Nueva York) buscando desesperadamente a una antigua amante, Romina (Eva Mendes), que en secreto acaba de dar a luz a su hijo. En un intento de mantener a su nueva familia, Luke abandona su vida en el carnaval y comete una serie de atracos a bancos aprovechando su increíble habilidad con la moto. Todo se complica cuando en el camino de Luke se cruza un ambicioso oficial de policía, Avery Cross (Bradley Cooper), que busca ascender rápidamente en un departamento policial lleno de corrupción.


......Pero lo que podría haber sido un nuevo Drive a mayor gloria de Gosling, toma de repente un giro totalmente inesperado. The Place Beyond the Pines se compone de tres partes perfectamente diferenciadas que, desgraciadamente, van de más a menos, o de más a menos más. La primera parte es brillante, es de lo mejor que he visto jamás en cualquier película, una auténtica delicia. La segunda parte se vuelve algo más tópica, aunque Bradley Cooper brilla en momentos excepcionales. La tercera parte es la más floja de las tres, aunque es también excelente, y corre a cargo de dos jóvenes actores excelentes, especialmente Dane DeHaan (Chronicle). 

En realidad, las tres partes son geniales, llenas de interpretaciones geniales y momentos de pura emoción. El problema es que, al mismo tiempo que engrandece la historia, la entorpece. Hay algunos leves fallos de continuidad, y la segunda parte se siente un poco fuera de lugar: es una interesante trama de corrupción policial pero que no añade realmente nada a la trama principal, y que podría haberse recortado para aligerar metraje (140 minutos). 

The Place Beyond the Pines sufre un extraño problema: el punto de inflexión que aumente en magnitud a la historia y la hace muy original, le provoca al mismo tiempo el efecto inverso: que echemos de menos la emoción y sencillez de la primera parte. Aún así, se trata de un defecto mínimo, que algunos considerarán una ventaja. Porque esta película es una auténtica maravilla en todos los sentidos: una maravilla visual, con una fotografía preciosa, personajes con los que conectar, con los que sentir emociones, transmitidas por excelente interpretaciones. Una de las mejores y más originales películas del año... aunque no sé de cual.(JAKE SCOTT).



Es cierto que Ryan Gosling corre el riesgo de convertirse en el actor menos sorprendente del cine americano, de lograr que la hierática intensidad que ha convertido en sello de estilo llegue a confundirse con parálisis catatónica. Reconozcamos sin embargo que, en la piel de un hombre cuya fachada cool apenas enmascara una fragilidad y una inseguridad febriles, el actor es lo mejor de Cruce de caminos. En su nuevo trabajo, Cianfrance trata de manejar una grandiosa alegoría sobre la naturaleza nociva de las relaciones masculinas. Pero el relato se distorsiona cada vez que cambia de narrador y pierde interés con cada avance en el tiempo, maniobras que básicamente lo convierten en tres películas por el precio de una, la primera de las cuales termina con la primera escena de la segunda, que finaliza inmediatamente antes de la tercera. En el proceso, Cruce de caminos nunca alcanza un clímax dramático porque parece instalada en uno, en tanto que reduce las vidas de sus personajes a sus momentos más tensos, y a tomas de decisiones que sirven para empujar la narración en dirección a la tragedia que se vislumbra en el horizonte. Cianfrance, en otras palabras, usa coincidencias para enfatizar consecuencias en aras de un final que termina sentimentalizando el tipo de comportamiento imprudente que hasta entonces sólo ha tenido consecuencias trágicas.
En última instancia, el director infla una endeble historia construida sobre simplistas nociones románticas de la masculinidad, la paternidad, el pecado y las curiosas maniobras del destino a la categoría de tragedia griega. Es cierto que articula algunos de esos temas con convicción y contundencia y, a veces, haciendo gala de una destreza asombrosa, pero su capacidad deslumbrante acaba resquebrajándose bajo el peso de sus exageradas pretensiones de importancia. En todo caso, si al finalCruce de caminos no consigue mantener la magnitud de una gran saga épica americana, al menos logra sostenerse como un drama generacional astuto y resultón.(CINEMANIA).


Derek Cianfrance es, junto con Sean Durkin y Jef Nichols, uno de los directores norteamericanos surgidos recientemente cuyo estilo y propósitos encuentro más dignos de análisis. Tras una ópera prima de culto y casi desaparecida (Brother Tied, 1998) y un ensalzado segundo largometraje, todo robustez y osadía dramática-expositiva (Blue Valentine, 2010), ahora llega la presente película, pura demostración de fuerza de cineasta integral. Peculiar (y dudo si también artera) amalgama de radicalidad en ciertos planteamientos, ya reconociblemente autorales, y gestos (tampoco me atrevo a llamarlos guiños) más digeribles por un público capaz de trascender el reducto indie. Pocas objeciones admite este fresco multigeneracional y polifónico, rebosante de ambición tanto estructural como representativa, y tan solo lastrado a veces por cierta sensación (muy subjetiva del abajo frmante, por supuesto) de estar asistiendo a una tragedia quizá en exceso deliberada y teñida de un tono sombrío que, si bien no cabe duda de que remueve por dentro, también ocasionalmente evidencia algo su nada espontánea tramoya.
Con motor de folletín, carrocería solemne, combustible testosterónico y la dosis justa de caramelo audiovisual para lubricar aquellos tramos en que el estoicismo pudiera resultar suicida, quizá lo más interesante de este bien diseñado convoy narrativo, notable en sus qué y en sus cómo, sea la concepción extremadamente estilizada del naturalismo de que su director hace gala. Así como su empeño por recurrir a una simbología que, aun pasando mayoritariamente desapercibida, confere varios estratos de signifcado a la obra: desde el más obvio, propio de su naturaleza de cuento moral, hasta otros más vinculados a resortes mitológicos de raigambre griega e incluso artúrica.
(FOTOGRAMAS).


......Un especialista de motos de feria que se convierte en ladrón de bancos, un policía que es considerado un héroe por todos pero que se siente corrupto por dentro, un par de chicos que se conocen en el instituto y traban amistad pese a sus diferencias. ¿Qué tienen en común estas historias? Todo y nada a la vez. Porque la película no juega a mezclar historias como si se tratase de una película tipo Babel o similares, no quiere engañarnos saltando de una a otra durante todo el metraje. Es lineal y sigue la historia como el curso del río, de principio a fin. Sólo que tiene tres historias que contar. Tres historias principales, y luego varias pequeñas que rodean a esos personajes. Como si la película fuese en realidad tres películas a la vez, cada una de unos 45 minutos de duración. Ese es una de sus grandes virtudes, y también un pequeño defecto.
Y como en su anterior drama, brillan con luz propia sus actores. Un siempre impecable Ryan Gosling, aunque en un papel demasiado parecido al de Drive en demasiadas cosas, un sensacional y contenido Bradley Cooper, que demuestra, una vez más, que no es sólo un rostro bonito del cine. Una Eva Mendes destrozada, sexy, perdida. Un Ray Liotta que despide peligro en cada mirada. Y los jóvenes, Emory Cohen y Dane DeHaan, parte imprescindible de la película. También es imprescindible el modo en que el director cuenta la historia, no sólo por la linealidad narrativa, sino por esos planos secuencia, esa continuidad, ese riesgo con las motos por ejemplo…
Es como si nos contasen el pasado del villano al completo, antes de presentarnos al poli bueno que no lo es tanto, o nos contasen la historia de los padres de los chicos protagonistas de una película. Todo en uno. Y sensacional e hipnótico, pero con un riesgo asumido. Hay historias que se quedan a medias, de las que pides más, como la de Ray Liotta y la corrupción, o personajes abandonados, como el de Rose Byrne. O que la primera parte de la película tiene más fuerza que el resto. Y aun así el resultado es excelente, conmovedor y terrible, pero esperanzador. Muy en la línea del trabajo de Jeff Nichols, sobre todo en Mud, muy reciente, o de la propia Blue Valentine. Una película muy recomendable.(REVISTA ACCIÓN).

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