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sábado, 26 de octubre de 2013

LA VIDA DE ADÈLE



Película: La vida de Adèle (Capítulos 1 y 2). Título original: La vie d’Adèle. Dirección: Abdellatif Kechiche. Año: 2013. Países:FranciaBélgica y EspañaDuración: 179 min. Género: Drama,romanceInterpretación: Léa Seydoux (Emma), Adèle Exarchopoulos (Adèle), Jeremie Laheurte (Thomas), Mona Walravens (Lise), Aurélien Recoing (padre de Adèle), Catherine SAlée (madre de Adèle). Guion: Abdellatif Kechiche y Ghalia Lacroix; adaptación libre de la novela gráfica “El azul es un color cálido”, de Julie Maroh. Producción: Laurence Clerc y Olivier Théry-Lapiney. Fotografía:Sofian El Fani. Montaje: Ghalia Lacroix, Albertine Lastera, Jean-Marie Lengelle y Camille Toubkis. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en Francia: 9 Octubre 2013. Estreno en España: 25 Octubre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


A sus 15 años, Adèle no tiene dudas de que una chica debe salir con chicos. Pero su vida cambiará para siempre cuando conozca a Emma, una joven de pelo azul, que le descubrirá lo que es el deseo y el camino hacia la madurez. Así, Adèle crecerá, se buscará a sí misma, se perderá y se reencontrará, y todo ello bajo la atenta mirada de quienes la rodean.


.....El también conocido como ''Abdel'' conoce a ''Adèle'' y rejuvenece. A los 52 años de edad, por paradójico que suene, se muestra como uno de los realizadores más jóvenes del panorama internacional. Al mismo tiempo, su obra se revitaliza. Su propuesta fílmica, dedicada a ese misterio conocido como ''vida'', se atiborra de la vida misma. El proceso de maduración, descubrimiento sexual y enamoramiento de la protagonista es sublime literatura cinematográfica. Es saber encontrar, en todo momento, y sin añadidos o imposturas, la distancia y el ángulo adecuados, el efecto sonoro ideal y los mejores estímulos audiovisuales para que todas las demás partes del cuerpo queden igualmente estimuladas. La cámara, que por definición es el mayor intruso jamás concebido, acosa a sus víctimas, pero -y ahí está el milagro- cuando parece que va a chocar con ellas, se convierte en un ente invisible; incorpóreo. Y ya está. Como si fuera fácil, los personajes de ficción se han materializado ante nuestros morros... en realísticamente hipnótico desnudo.
¿Morbo? Sí (el primer revolcón entre las dos enamoradas, como prácticamente todas las demás escenas del filme, es historia ''viva'', nunca mejor dicho, del séptimo arte), pero no hay intenciones morbosas detrás. ¿Sentimientos? También. A flor de piel. Pero tampoco hay sentimentalismo. ¿Lecciones? Incontables. Pero ni mucho menos hay voluntad aleccionadora. Genial. Los encuentros y desencuentros, las peleas y las reconciliaciones, los enamoramientos y desenamoramientos se suceden con la misma naturalidad con la que nos sentamos delante de una mesa y nos ponernos a comer, o con la que a veces se nos trastabilla la lengua, o con la que nos interrumpimos los unos a los otros cuando todos creemos tener la razón, o con la que a un mocoso se le tuerce demasiado la frase que está escribiendo en la pizarra. Todo es maravillosamente creíble en parte porque, a pesar de estar todo regido por una coherencia abrumadora, ningún elemento obedece a la artificiosidad de cualquier plan maestro. Cine libre de tópicos... y fantásticamente subyugado a la realidad.
El mundo que nos ha tocado vivir rara vez se ha mostrado tan atractivo. Y así, a la postre, absolutamente todo resulta fascinante. Ríanse de los que ven en el azul un color que sólo invita a la melancolía. La vida como escenario para que Abdellatif Kechiche se confirme como maestro. La vida como medio para que la musa Léa Seydoux, por muy feúcha que quisiera ponerse para LE festival, vuelva a enamorarnos. La vida como inmejorable oportunidad para conocer, de una vez por todas, a un monstruo; a un prodigio. Su nombre: Adèle Exarchopoulos, con todo el futuro (y la vida, por supuesto) por delante, pero con uno de los trabajos interpretativos más impecables de la historia del cine ya en su haber. Así de claro. La vida como una preciosa figura cambiante; como el más sincero y contundente de los espectáculos. Chapeau.
Por cierto: Hirokazu Kore-eda, Joel & Ethan Coen, Paolo Sorrentino, Alexander Payne... la Competición, efectivamente, se puso durísima (va con segundas, también...), pero Steven Spielberg, quien al parecer no lo pasó tan mal, lo tuvo claro (ídem para sus compañeros de Jurado). Olvídense de las polémicas sensacionalistas surgidas a posteriori, también del larguísimo metraje, también de cualquier prejuicio (al igual que la película que nos ocupa, deberían estar por encima de esta lacra), pues ante ustedes tienen la espontaneidad de la tristeza, de la alegría, del deseo... en definitiva, de la pasión. Tienen el miedo a la pérdida y el placer de tener / compartir lo que más se quiere... Tienen a una de las Palmas de Oro más indiscutibles de la historia. Un reconocimiento que, les guste o no a los implicados, hay que adjudicarlo no a una sola persona, sino a tres. Porque de ninguna de las maneras, por mucha glotonería que hubiera en el proceso, podría un solo estómago asimilar tal cantidad de ternura, amargura, belleza y, claro está, vida.(EL SEPTIMO ARTE).



El primer amor es el capítulo uno. Lo dice la educación secundaria porque las niñas despiertas –como la adorable Adèle Exarchopoulos– viven antes en la literatura que en lo demás. Después de Marivaux llega la piel, el pelo azul de Léa Seydoux, la confirmación de la sospecha como un poema sáfico. Lo bueno y lo malo que tiene el primer amor es que es el primero, que cuando te alcanza no sólo te enamoras de la persona sino de estar enamorado. Y eso no vuelve a ocurrir nunca más, ni nadie te hará sentir tan dichoso ni tan miserable.
Para iniciarnos en la vida de Adèle, Kechiche enciende la cámara ante el sueño húmedo de su heroína porque, sea del signo que sea, no hay despertar más cálido que el del primer amor en la adolescencia. Y en las siguientes tres horas de metraje, en plano corto, como merecen las historias pequeñas que son las más grandes, no se despega de su historia. Su crónica en imágenes –quizás por su tempo de historia gráfica, El azul es un color cálido, cómic que adapta– contempla a Adèle aceptando la condena exterior por su sexualidad distinta, buscando el amor en bares gays, encontrándolo en la cama de Léa Seydoux –intriga la sorpresa con las escenas de sexo; ¿por qué habría de abandonar Kechiche en ellas el naturalismo que está en el resto de la película?– y compartiendo cierta cotidianeidad –ostras y spaghetti bolognesa– hasta que el día a día se convierte en ruptura y mocos para que Exarchopoulos rompa moldes.
El desamor es el segundo capítulo y después vendrán más. Serán mejores, menos exaltados, más profundos. Pero, como en la literatura, siempre irán hacia el final, nunca hacia el primer capítulo.Para bien y para mal.(CINEMANIA).




Nos la han contado mil veces. Es el amor desplegando sus alas para luego dejárselas cortar. El primer amor. Una vieja historia. ¿Seguro que merece tres horas? Merecería 15, al menos tal y como la cuenta Abdellatif Kechiche, y nos sabría a poco. Si Cuscús (2007) y Vénus noire (2010) se movían por sacudidas, arrítmicas e impulsivas, La vida de Adèle consigue dejarse arrastrar por el fujo de la vida encontrando un equilibrio, atenta a los gestos de una adolescente que despierta al sexo, que descubre el amor como en un espejo, y que en el proceso alienta sus dudas. No hablemos de realismo, hablemos de autenticidad. Poco importa si las largas, bellísimas escenas de sexo entre Adèle y Emma responden a los patrones de comportamiento de dos lesbianas, o a la fantasía proyectada de un cineasta masculino.
Lo que importa es que, al margen de la cuestión de género, respiran deseo como pocas veces se ha logrado en el cine. Es el deseo de dos personas que se aman. Kechiche sabe que en el dominio del tiempo de la escena (y en el trabajo de dos actrices que nos dejan mudos) está el secreto de su éxito. El tiempo es el que nos permite ver las grietas, las rencillas, las dependencias enfermizas de ese amor. Y en ese mar de tiempo nos vemos inmersos y no queremos salir de él.(FOTOGRAMAS).

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