jueves, 31 de enero de 2013

EL LADO BUENO DE LAS COSAS




Película: El lado bueno de las cosas. Título original: Silver linings playbook.Dirección: David O. RussellPaís: USAAño: 2012. Duración: 122 min.Género: Comedia dramáticaromanceInterpretación: Bradley Cooper  (Pat), Jennifer Lawrence (Tiffany), Robert De Niro (Sr. Pat), Jacki Weaver  (Dolores), Chris Tucker (Danny), Julia Stiles (Veronica), Shea Whigham (Jake), John Ortiz (Ronnie). Guion: David O. Russell; basado en la novela de Matthew Quick. Producción: Bruce Cohen, Donna Gigliotti y Jonathan Gordon. Música: Danny ElfmanFotografía: Masanobu Takayanagi. Montaje: Jay Cassidy y Crispin Struthers.Diseño de producción: Judy Becker. Vestuario: Mark Bridges. Distribuidora: eOne Films SpainEstreno en USA: 25 Diciembre 2012. Estreno en España: 25 Enero 2013.Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “El lado bueno de las cosas (Silver linings playbook)”, el profesor Pat (Bradley Cooper) vuelve a casa con sus padres después de una estancia en una institución mental, e intenta reconciliarse con su ex mujer. Las cosas se vuelven más desafiantes cuando Pat conoce a Tiffany (Jennifer Lawrence), una chica con sus propios problemas.




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Empecemos por el final: El lado bueno de las co­sas es una de las candidatas a recibir el Oscar a me­jor película (compite nada más y nada menos que con largometrajes como ArgoDjango desencadenado o Los miserables), tiene otras siete candidaturas y todos sus actores -principales- aspiran a levantar la estatuilla (de momento, Jennifer Lawren­ce ha ganado un Globo de Oro).
Es decir, es­tamos ante una de las películas del año, que lle­ga avalada por unos cuantos premios de la crítica (muchos menos que las nominaciones que te­nía, todo hay que decirlo) y, además, y és­te me parece el dato más importante, impulsada por los todopoderosos hermanos Weinstein, que com­praron la cinta después de que ganara en Toronto el premio del público.
Empiezo por el final porque, sin este preámbu­lo, yo me encontraría escribiendo una crítica so­bre una correcta e inofensiva dramedia, bien in­terpretada, que cuenta las desventuras de un hom­bre que trata de recuperar, al mismo tiempo, su equilibrio psicólogico y a su mujer. En este cami­no de recuperación se encontrará con una jo­ven viuda también bastante desequilibrada que tra­ta de superar su adicción al sexo a través del bai­le (para el que, por cierto, no está demasiado do­tada).
La película no molesta demasiado, tiene un to­no agradable, hay líneas de diálogo bien escritas y, lo he dicho antes pero lo subrayo, Bradley Coo­per y Jennifer Lawrence están bien. En la segunda es lo habitual; a la gente le ha llamado más la atención la actuación de Bradley Cooper, que a mí siempre me ha parecido un actor decente (otra cosa es que las películas en las que haya intervenido sean flojas).
Fuera de esto, no encuentro ningún rasgo de ex­celencia para considerarla una de las películas del año. Quizás me falte intuición o perspicacia, pe­ro de estas cintas vemos bastantes todos los años y, si se trata de incensar una comedia o aligerar una gala que suele estar protagonizada por los grandes conflictos, yo encontraría tres o cuatro títulos de repuesto. La cuestión es que los Weinstein no las han encontrado y apuestan por és­ta. Veremos. Al margen de los premios, no creo que esta película haga historia.(FILA SIETE).



Hasta este largometraje, podíamos dividir la filmografía de David O. Russell en: 1) Películas de consumo mayoritario (aunque luego, géneros y apariencias aparte, tampoco sean tan normales), es decir, 'Tres Reyes' (1999) y 'The Fighter' (2010); y, 2) excentricidades de aspecto zascandil, inflexión contorsionista y calado entre agridulce y desolador, como 'Spanking the Monkey' (1994), 'Flirteando con el desastre' (1996) y 'Extrañas coincidencias' (2004). Ahora, el cineasta parece haber hallado la fórmula para, sin rebasar las coordenadas del segundo grupo, el de sus obras más singulares, aliñar una ensalada romántica al gusto popular.
Todos los tics del Russell más reconocible se encuentran a la vista en esta historia de amor y transtorno mental, en la cual (éxito garantizado) muchos apenas verán más allá de su porte risueño y sentimentalista. El lado bueno de las cosas es una tragicomedia de cadencia irresistible, gags eficaces y fulgurantes pugilatos verbales, bajo su gesto benigno e integrador. Y, afortunadamente, esgrime, además de un tono voluble y abierto al matiz, un optimismo maníaco cercano a cotas de enajenación ya no tan divertidas.(FOTOGRAMAS).



El lado bueno de las cosas tiene elementos para figurar entre las nominadas al Oscar de este año.
Dramedia, la mezcla del drama y la comedia, en este caso con algo más de drama que de comedia. El director David O. Russell ya estuvo nominado a los premios de la Academia de Hollywood con su anterior trabajo, The Fighter, que llevó a Christian Bale y a Melissa Leo a ganar las estatuillas de mejor actor y actriz de reparto, y le puso a él mismo en la lista de nominados como mejor director y mejor película. Previamente ya había demostrado con Tres reyes una habilidad especial para meterse en el territorio de los géneros más previsibles consiguiendo lo imprevisible a través de toques personales. Lo mismo que hace en El lado bueno de las cosas. A primera vista parece una historia que engancha sobre todo con la tradición de ilustres predecesoras reconocidas por los Oscar, como Marty (Delbert Mann, 1955) y Charly (Ralph Nelson, 1968), abordando el trastorno bipolar del protagonista con mucha más solvencia que las edulcoradas y falsas peripecias del maníaco depresivo interpretado por Richard Gere en Mr. Jones (Mike Figgis, 1993), pero luego da un giro hacia el final del relato y se instala en parámetros más comerciales, buscando la satisfacción de un público que siempre prefiere el final más cercano al optimismo, lo que le resta algo de fuerza. Lo curioso es que a pesar de ese pacto con el optimismo desde un arranque tan pesimista, incluso desgarrador en algunas escenas, como la de la búsqueda de la cinta de vídeo de la boda, la película no pierde su fuerza inicial, y sostenida sobre un tratamiento visual que nos mete de cabeza en la trama junto a los personajes, navega firmemente hacia el territorio del disparate entrando incluso en el campo de juego de la comedia romántica.
He de decir que no me gusta nada la comedia romántica que se hace hoy en día. Me resulta tremendamente aburrida porque resulta muy previsible, sin sorpresas, sin giros. Sin embargo me ha gustado El lado bueno de las cosas. Incluso con ese azucarado mensaje de optimismo final, que habría preferido algo más agridulce, principalmente para mantener la coherencia con la primera parte del relato. No ha sido así, pero se lo consiento, porque Russell ha conseguido jugar con el espectador hasta hacer que incluso mi instinto nihilista y mi escepticismo ante las emociones humanistas más espontáneas se dejen enredar para pedir un final lo más optimista posible para estos personajes maltratados...........(REVISTA ACCIÓN).

domingo, 27 de enero de 2013

EL VUELO




Película: El vuelo (Flight). Título original: Flight. Dirección: Robert Zemeckis.País: USAAño: 2012. Duración: 138 min. Género: DramaInterpretación:Denzel Washington (Whip Whitaker), Kelly Reilly (Nicole Maggen), Don Cheadle (Hugh Lang), Bruce Greenwood (Charlie Anderson), Brian Geraghty (Ken Evans), Melissa Leo (Ellen Block), John Goodman (Harling Mays), Nadine Velazquez (Katerina), Tamara Tunie (Margaret Thomason), James Badge Dale, Garcelle Beauvais (Deana). Guion: John Gatins. Producción: Laurie MacDonald, Jack Rapke, Robert Zemeckis, Steve Starkey y Walter F. Parkes. Música:Alan SilvestriFotografía: Don Burgess. Montaje: Jeremiah O’Driscoll. Diseño de producción: Nelson Coates. Vestuario: Louise Frogley. Distribuidora: Tripictures.Estreno en USA: 2 Noviembre 2012. Estreno en España: 25 Enero 2013Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.



En “El vuelo (Flight)”, Whip Whitaker (Denzel Washington) es un experimentado piloto de avión que consigue realizar un milagroso aterrizaje forzoso salvando a casi todos los pasajeros de un vuelo. Después del accidente, Whip se convierte en un héroe, pero según se va desarrollando la investigación, van surgiendo muchas preguntas sobre lo que sucedió exactamente.


.......'El vuelo' es como si fuera el primer partido de un deportista tras sufrir una grave lesión que le ha mantenido alejado de los terrenos de juego durante bastante tiempo, demasiado. Así se siente este falso regreso de un cineasta que en realidad nunca se fue, por más que un sin fin de pixeles se entrometieran en su cine, una pasión por el arte del CGI que a diferencia de a George Lucas o a John Lasseter le ha salido bastante cara. La sensación, real o imaginaria, es que Zemeckis ha perdido el tiempo en su incursión en el mismo mundo que ha ensalzado, vía Pandora y una vez más, a un James Cameron que supo leer mucho mejor las líneas del código, y aún a pesar de que 'The Polar Express' y 'Beowulf' son dos videojuegos bastante más interesantes de lo que pudieron parecer en su momento. El caso es que después de estar jugando lo que bien podrían ser unas pachangas en ligas inferiores Zemeckis ha vuelto a la primera división, y en su regreso a la máxima categoría ha decidido apostar por lo que ha de apostar todo recién ascendido, por asegurar la plaza, y dejar los objetivos más ambiciosos para las siguientes temporadas.

Así Zemeckis no arriesga más de lo necesario con 'El vuelo', un genuino "american drama" con todos los elementos necesarios para triunfar, especialmente, un potente conflicto dramático que admita toda clase de reflexiones sobre el que apoyarse, un elemento indispensable para que el espectador se sienta partícipe de lo que dentro de una producción comercial sería un pasatiempo de calidad superior. Zemeckis, en su vuelta a la primera plana, ha escogido una historia que ni le comprometa ni le exija grandes esfuerzos, un ejercicio de contención autoral que le permita coger ritmo de competición, volver a soltarse con la pelota entre las manos e integrarse de nuevo en la plantilla como uno más sin necesidad de exponer su nombre, y sobre todo su credibilidad, cediendo casi todo el protagonismo a un excelente Denzel Washington, actor-estrella capaz de llenar la pantalla con su sola presencia y que dibuja un personaje bastante más humano, complejo e imperfecto del que nos tiene acostumbrados, alejado de ese héroe moral de una sola pieza que, ya sea de pie o sentado, es imparable a la hora de salvar la situación sin perder la sonrisa por el camino.

Aunque incapaz de levantar verdadera pasión salvo a lo largo y ancho de sus primeros veinte minutos, los cuales culminan evidentemente con el realista y angustioso accidente aéreo que le otorga el fundamento al filme, o durante las tres escenas en las que asoma un divertido John Goodman, de los que más y mejor sabe aprovechar sus por lo general (demasiado) escuetos minutos en pantalla (como demuestran esta o 'Argo'), 'El vuelo' es un filme plenamente satisfactorio, que cumple con buena caligrafía y se gana a pulso la sensación de trabajo bien hecho, la palmada en la espalda y el sello de útil a la causa. No obstante el filme, solvente y eficiente, y al que cabe agradecer el regreso al mundo real de Zemeckis, no deja de ser un pequeño paso para el hombre que cede el protagonismo al siguiente paso, el que marcará la diferencia entre si Zemeckis ha vuelto para recordarnos que en el pasado fue el ojito derecho de muchos de nosotros... o para volver a serlo de una nueva generación de espectadores. De momento un que bueno que volviste, si bien la euforia y el champán lo dejamos para la siguiente, no vaya a ser que... (EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 7.0


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......Y aquí muchos dirán que la película flaquea, que no sorprende, que el guión es blandito… Que sí, que es cierto, pero se olvidan de lo importante que es la narrativa en una película, el arte de contar una historia, saber hacerlo y plasmarlo de forma interesante y novedosa en pantalla. Todas las historias están ya contadas desde el tiempo de los griegos, pero depende de cada narrador el hacer esas historias interesantes y aparentemente nuevas para todos. Aquí tenemos una historia de un tipo que tiene todas las adicciones del mundo (le falta esnifar pegamento), y pese a ello sigue trabajando como piloto comercial. En un vuelo, tras pasar lo peor de una tormenta, el avión falla y sólo su pericia impide que la catástrofe acabe con la vida de todos en el avión. Una proeza de héroe, pese a estar borracho y colocado. Algo irrepetible que, pese a todo, le dejará expuesto cuando se descubran todas sus miserias. Y lo que podría convertirse en un drama judicial sobre la culpa de un hombre o lo que nos convierte en héroes, en realidad da paso a un viaje en la vida de un hombre a su propio infierno, hasta que toca fondo y no puede más.
Vamos, que esto no es un thriller, sino un drama personal sobre un adicto, como podrían serlo otras joyas del cine, superiores a ésta, como Días sin Huella o Días de Vino y Rosas, añadiendo el tema de las drogas, como si eso fuese lo que la convierte en una película más madura y oscura. Como he mencionado antes el guión es correcto, nada más. Se excede en el tema religioso y como presenta a los personajes creyentes, que provocan más de una sonrisa, me temo. Y también deja colgada la relación del protagonista con su ex y su hijo, para centrarse en una historia romántica que realmente es la parte más débil de la película, incluso pese al gran trabajo de Kelly Reilly, a quien recordamos de las películas de Sherlock Holmes actuales como la mujer del Doctor Watson, aquí bellísima pese a la adicción. Tiene buenos momentos como la charla del padre y el hijo al final de la película, el momento en el hospital escondiéndose en las escaleras para fumar, con el enfermo de cáncer, la charla en el hangar con el abogado y el amigo del sindicato de pilotos, la habitación de hotel… El resto del guión es telefílmico y poco más. Perfecto para una tv movie de esas que vemos en la sobremesa del fin de semana…
Pero, y es un grandísimo pero, ahí están los actores para levantar la película. Por supuesto un Denzel Washington magnífico en su camino al olvido, pero escoltado brillantemente por nombres como Bruce Greenwood, Don Cheadle, John Goodman, Kelly Reilly o Melissa Leo, aunque algunos de ellos no estén todo lo aprovechados que deberían estar. Y además de eso, por si fuese poco, tenemos un director que durante la primera hora larga de película nos introduce en un vuelo de pesadilla, un viaje que bien podría ser el último, que resuelve con un pulso y una brillantez que te dejan pegado a la butaca durante el accidente, los momentos anteriores y los posteriores. Simplemente sensacional. Un portento narrativo que te mete de cabeza en la película y la hace algo más, algo especial. Algo que merece la pena ser visto y que elevan la película muy por encima de la media.
Sí, luego el ritmo se resiente y es cuando todo se convierte en previsible y visto antes. Todo discurre por caminos conocidos. Pero por esa primera hora y por los actores, se salvan con creces los muebles. Ya rodó Zemeckis una escena de accidente aéreo espeluznante en Náufrago y aquí lo convierte en todo un arte. Es la cumbre de una película interesante e intensa, que nunca llega a aburrir pese a lo antes mencionado. Por mucho que algunos se empeñen en mirar sólo lo más obvio. Quien vaya al cine sin prejuicios se encontrará con una película entretenida, dramática y muy bien contada e interpretada, sobre un hombre obligado a aceptar la verdad sobre sí mismo. Y puede que haya películas mejores sobre el mismo tema, pero difícilmente las habrá mejor narradas. Esperemos que le sirva a Robert Zemeckis para dar un paso al frente en su carrera y dejar las películas animadas para quien realmente las sabe hacer.(ACCIÓN DE CINE,REVISTA).



El retorno de Robert Zemeckis a los personajes de carne y hueso, después de sus experimentales films animados, es el retorno de un cineasta con un control del lenguaje visual sólo comparable al de Steven Spielberg o Joe Dante. Algunos detalles de 'El vuelo' acreditan al autor de la saga 'Regreso al futuro' como un realizador de un gusto y una inventiva singulares: la impresionantemente sobria
secuencia del accidente; los travellings para seguir los pasos de Washinghton y John Goodman (este último, con el Sympathy for the Devil, de los Rolling Stones, como fondo); la planifcación del juicio del fnal o la panorámica sobre el terreno siniestrado. O la escena de apertura, con el protagonista, físicamente muy perjudicado, y su compañía femenina, en la habitación del hotel.
Otra cuestión sería si nos parece este el guión más adecuado para Zemeckis: aquí hay, claramente, un personaje que sobra (el de la drogadicta que encarna, muy bien por cierto, Kelly Reilly) y una trama familiar no muy convincente. Pero son dos pequeños escollos para una película que introduce poderosas refexiones éticas y sociales (de Washington en solitario o en sus reuniones con los abogados) y no se ve perjudicada por su larga duración. El toque Zemeckis, seguro.(FOTOGRAMAS).

viernes, 18 de enero de 2013

DJANGO :DESENCADENADO







Película: Django desencadenado. Título original: Django unchained.Dirección y guion: Quentin TarantinoPaís: USAAño: 2012. Duración: 165 min. Género: DramawesternInterpretación: Jamie Foxx (Django),Leonardo DiCaprio (Calvin Candie), Christoph Waltz (Dr. King Schultz),Samuel L. Jackson  (Stephen), Kerry Washington (Brommhilda), Walton Goggins (Billy Crash), Dennis Christopher (Leonide Moguy), Don Johnson (Big Daddy), James Remar (Butch Pooch / Ace Speck), James Russo (Dicky Speck), Franco Nero (Amerigo). Producción: Pilar Savone, Stacey Sher y Reginald Hudlin. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Fred Raskin. Diseño de producción: J. Michael Riva. Vestuario:Sharen Davis. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en USA: 25 Diciembre 2012. Estreno en España: 18 Enero 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.




La historia de “Django desencadenado” está ambientada en el Sur de los Estados Unidos, dos años antes de estallar la Guerra Civil, el Dr. King Schultz en un cazarrecompensas de origen alemán que sigue la pista de unos asesinos: los hermanos Brittle. Para lograr su objetivo busca la ayuda de un esclavo llamado Django (Jamie Foxx). El poco ortodoxo Schultz se hace con Django bajo la promesa de dejarlo en libertad una vez que hayan capturado a los Brittle, vivos o muertos. El éxito que obtienen en su cometido hace que Schultz libere a Django, pero ambos deciden no separarse y seguir juntos su camino. Django perfecciona su destreza como cazador con un único objetivo: encontrar y rescatar a Broomhilda, la esposa que perdió hace tiempo en el mercado de esclavos. La búsqueda de Django y Schultz finalmente los lleva hasta Calvin Candie, propietario de la infame plantación Candyland. Bajo falsos pretextos Django y Schultz exploran las instalaciones y despiertan las sospechas de Stephen, el esclavo de confianza de Candie.


.......Quentin Tarantino se siente como pez en el agua buceando en la serie B, tocando los palos de todos los subgéneros, ya sea el criminal, la acción de karatekas, el terror, la blaxploitation o el cine de nazis. Ahora con Django desencadenado le toca el turno al spaghetti-western, sus muy queridos Sergio Leone, el Clint Eastwood de antaño o Sergio Corbucci, de quien toma aquí hasta el título, el tema musical y hasta un cameo, Franco Nero. Y si en Malditos bastardos podía permitirse criticar el racismo nazi, ahora convierte en objeto de su ironía y violencia paródica al esclavismo; pero que nadie espere consideraciones sesudas del guionista y director sobre el comercio con seres humanos, el eterno “chico grande” Tarantino, gamberrete donde los haya, entrega, ni más ni menos, un formidable ejercicio de estilo, aparentemente simple en su guión, aunque el libreto tenga su complejidad en el engranaje y la escritura de los diálogos, la creación de la grandilocuencia y el enfatismo, personajes operísticos conscientemente exagerados y que funcionan, entre ellos la pareja protagonista, Jamie Foxx y Christoph Waltz. Toda la parte que implica la presencia del gran villano Leonardo DiCaprio, de tensión creciente, se mueve en el filo de la navaja, y demuestra lo buen director que es Quentin Tarantino, que domina la narrativa fílmica y sabe tensar la cuerda hasta extremos insospechados, también con la curiosísima composición de Samuel L. Jackson, un personaje odioso.
De modo que el espectáculo de casi tres horas en que consiste Django desencadenado se pasa en un santiamén, con pasajes surrealistas, su ensalada de violencia, sanguinolenta hasta el paroxismo, sus paradojas de negros negreros y blancos buenas personas, el romanticismo de la chica y esposa nunca olvidada, y los guiños, guiños continuos, en los títulos de crédito, en la banda sonora, en los zooms sesenteros y setenteros, en la violencia seca y cortante. ¿Madurará algún día Quentin Tarantino, como han hecho a su manera y con sus estilos, un Steven Spielberg-allí está su reflexión sobre la esclavitud en Lincoln- o los hermanos Coen? Tal vez, pero decididamente, no hoy, no con Django desencadenado.
(DE CINE 21).



Django desencadenado, casi tres horas del mejor cine de Quentin Tarantino mezclando el western mediterráneo con la blaxploitation.
Más que de Django desencadenado, hay que hablar de Tarantino desencadenado. Claramente superior en sus resultados a Malditos bastardos, la revisión del mítico personaje de Django, clave en la historia del western europeo, permite al director de Reservoir Dogs lucir la panoplia completa de sus recursos narrativos, jugando mejor que nunca con esa fórmula de reciclaje cinematográfico que tan buenos resultados le ha rendido durante toda su carrera.
En Django desencadenado ese juego con lo que ya existe previamente en forma de guiño, nunca de plagio descarado, aunque como siempre el descaro y el gamberrismo forma parte de la fórmula Tarantino, arranca con la música original compuesta por Luis Bacalov para la película original dirigida por Sergio Corbucci en 1966. A partir de ahí, Tarantino va acumulando distintos elementos y características de las historias originales del western mediterráneo, tanto en situaciones como en personajes, diálogos, paisajes e incluso expresión plástica (los primeros planos o esos zoom en momentos clave, la presentación del villano encarnado por Di Caprio…). Incluso demuestra que entiende el western mediterráneo en sus claves esenciales como variante europea del western clásico americano incorporando a su relato la mezcla de los personajes y paisajes del lejano y salvaje oeste con la mitología clásica europea. Si el western mediterráneo incorporaba personajes y argumentos universales desde la mitología griega y romana, Tarantino hace lo mismo pero añadiendo al relato una leyenda nórdica, la de Brunhilda, hija de Odín, rescatada de la vigilancia de un dragón por el héroe. La escena de justificación de la venganza en flashback o la paliza y maltrato del héroe a manos de los villanos como paso previo a su retorno de redención por el camino de la venganza, una especie de ceremonia de resurrección vinculada al argumento universal del mesías que regresa de la muerte para imponer justicia, son también dos elementos clásicos del western mediterráneo que Tarantino incorpora hábilmente a su Django desencadenado.
Naturalmente el director no se queda sólo en ese trabajo de emulación o réplica de las claves del western mediterráneo, sino que las transforma en materia prima esencial para su propia fábula, añadiendo sus propias notas y estilo al relato (como las largas secuencias de diálogo, la verborrea de sus personajes, sobre todo en el personaje del dentista reciclado en cazador de recompensas interpretado por Waltz, y el contrapunto de esas secuencias de diálogo con estallidos de violencia brutal copiosamente regada con sangre).
En Django desencadenado Tarantino encuentra un mejor equilibrio en esa hibridación de las características del western mediterráneo que toma como inspiración y sus propias constantes de estilo como director-autor del que presentaba Malditos bastardos. De hecho, explota con más habilidad y solvencia en la dirección de actores a Christoph Waltz, que fue la gran baza de Malditos bastardos pero aquí puede lucirse aún más potenciando esa faceta de pícaro parlanchín que se convierte en el guía o maestro del héroe. La relación y la química entre Waltz y Jamie Foxx (Django) es mucho más interesante que las episódicas secuencias de diálogo con distintos personajes que mantenía el nazi cazador de judíos en Malditos bastardos. Igualmente Waltz brilla mucho más en su duelo interpretativo con el gran villano que compone Leonardo Di Caprio de lo que pudo brillar frente a Brad Pitt.
Otra característica habitual del cine de Tarantino, el humor socarrón que aparece inesperadamente en los fragmentos menos previsibles y jugando con la incorrección política como quien se mete en un campo de minas voluntariamente está también en Django desencadenado. Lo encontramos por ejemplo en su sátira sobre el Ku Klux Klan, un momento cómico perfecto. Tal y como suele hacer, Tarantino construye ese momento de comedia sobre un elemento mundano, los sacos con los que los asesinos de la horda de linchamiento se cubren la cabeza, convirtiendo lo terrorífico en cotidiano y por tanto a los monstruos en imbéciles. Es una sabia manera de introducir un elemento dramático desde el humor y superar el miedo a través de la risa. Resulta lamentable que una maniobra tan astuta haya sido malinterpretada por algunos despistados que acusan a Django desencadenado y a su director de racismo. Grave despiste. Muy al contrario: Djando desencadenado no sólo no es racista, sino que desde su tratamiento del asunto desde el punto de vista de los géneros y el cine de evasión, dibuja un paisaje del racismo mucho más temible, inquietante y menos maquillado del que nos vende, por poner un ejemplo, Steven Spielberg en su Lincoln. El motivo es claro: Tarantino desciende al infierno del racismo como en su momento hiciera Spielberg con el genocidio en La lista de Schindler, y aunque lo haga desde una perspectiva de cine de evasión, su película contiene momentos tan descriptivos sobre la esclavitud y la situación de los negros en Norteamérica como la cuerda de esclavos del principio, los flashbacks que introducen en el relato los recuerdos del protagonista, las escenas de negros encadenados con dogales en el cuello, los latigazos, el ataque de los perros, la secuencia de los luchadores (que astutamente el director organiza jugando a contracorriente de lo más habitual para este tipo de escenas, optando por una pelea en una habitación, en lugar de montar un gran despliegue al estilo de las secuencias de lucha callejera de la primera película de Sherlock Holmes dirigida por Guy Ritchie). Y, junto a esos elementos, un personaje, el interpretado por Samuel L. Jackson, que refleja a la perfección la idea del Tío Tom, el negro partícipe del racismo, la figura activa del ataque contra la gente de su propia raza, que tanto el director como el actor encargado de interpretar el papel consiguen resumir lo más inquietante del racismo, incluso con unos chistes de mal gusto (Négrules por Hércules Negro).(REVISTA ACCIÓN).



Con su héroe torturado arrastrando un ataúd por las calles de una ciudad fantasma, 'Django' (Sergio Corbucci, 1966) recogió con honor el testigo de los fundacionales spaghetti-westerns de Sergio
Leone. Además acuñó una poética propia, a través de la fusión de su género (bastardo por naturaleza) con el gótico delirante del terror italiano. Oro maldito (Giuliu Questi, 1967), que se apropiaría del nombre de Django en su título internacional, exacerbaría esa naturaleza proponiendo una relectura de 'La caída de la Casa Usher' entre cowboys gays y bandidos mexicanos. En la era previa al control obsesivo del copyright, el personaje fertilizó el imaginario del ska a través de la cita directa incluida en 'Caiga quien caiga' (Perry Henzell, 1972), y fue declinado en identidades diversas por parte de los cineastas corsarios del cine de subgéneros. Las últimas fronteras del extrañamiento se cruzaron con ese delirante Sukiyaki Western Django (Takashi Miike, 2007) que, precisamente, se abría con una escena donde Tarantino recitaba sus diálogos en japonés de camelo.
Mutación, pop y tragedia
A Tarantino probablemente le fascine ese proceso de mutación incesante al que fue sometido el personaje a la hora de proponer, como si fuese un Bitto Albertini, este Django negro que protagoniza su nuevo trabajo, que es al mismo tiempo un hiperfacundo spaghetti de síntesis y una impugnación al imaginario de un western americano empeñado en esconder bajo la alfombra casi toda referencia a la esclavitud. 'Django desencadenado' tiene algo de repetición de la jugada de 'Malditos Bastardos' (2009), con su impulso de reescribir la historia a través de la ficción pop (Django como el proto-Black Panther) y la presencia magnética de Christoph Waltz, actor que es algo así como un Stradivarius en manos del virtuoso cineasta (nadie desgrana como él sus sinuosos diálogos, atravesando idiomas y registros con elegancia versallesca). Waltz también sirve en bandeja un estimulante subtexto: aquí, Django es un héroe trágico-romántico, un Sigfrido afroamericano en busca de su Brunilda esclavizada.
Con sus disquisiciones lingüísticas segundos antes de un tiroteo o el pulso sobre una fórmula de cortesía que precede al clímax de violencia, 'Django desencadenado' es, quizá, el western que mayor atención jamás haya prestado al lenguaje verbal: los zooms y reencuadres de la puesta en escena parecen funcionar como contrapunto estilístico a esa obsesión por la(s) forma(s). Con una trama que pone especial énfasis en la representación y juega a fondo la carta del humor (la escena del Ku Klux Klan), Django desencadenado sólo peca por exceso (de metraje) y por no saber acuñar una imagen tan poderosa como la de ese Franco Nero atado a un enigmático ataúd..(FOTOGRAMAS).



A tan sólo un par de años del inicio de la Guerra Civil, un esclavo (Jamie Foxx) forma equipo con un cazarrecompensas (Christoph Waltz) con un objetivo claro: rescatar a su esposa (Kerry Washington) de una plantación de algodón. Quentin Tarantinoavanza en ese constante homenaje cinematográfico que es su filmografía con “Django desencadenado” (ver tráiler), exaltación del género entre los géneros que completa un camino lógico que le ha llevado hasta aquí. Porque, ciertamente, ¿no son todas sus películas westerns más o menos soslayados? El nivel de la propuesta es muy alto, faltaría más, y tiene todos los elementos básicos de su trabajo, y puede que alguno más.
«¡Es un negro a caballo!». La película se hace tremendamente ligera en un discurrir que se va casi hasta las tres horas de duración, con un tono mucho más cómico que en ocasiones anteriores sin renunciar a las conversaciones extensas y afiladas, los fogonazos de violencia incontenible ─quizá un tanto de cara la galería en su eclosión final, dado el desarrollo previo de la historia─ y una disposición visual digna de quien tiene un conocimiento enciclopédico del medio, su historia y su técnica. Y es valiente, desde luego, porque no cede a las imposiciones propias de una producción mastodóntica movida por una major ─como ya lo fue “Malditos bastardos” (2009)─, y porque no se anda con chiquitas a la hora de afrontar su ambientación principal en los tiempos de la vergüenza esclavista y las plantaciones de algodón.
Como todo cabe en “Django desencadenado”, el pack incluye una buena interpretación de Jamie Foxx, gran Siegfried inflexible en la odisea nibelunga que ha de recorrer para liberar a su amada Brunhilde en esta nada velada ópera impulsada por un espectacular, locuaz ─hasta lo autoparódico─ e hilarante Christoph Waltz. Huelga decir que el festival para el ojo amante de los secundarios es arrebatador, con un plantel en el que solo mencionaremos a Franco Nero por aquello de cerrar el círculo que enlaza con el clásico de Sergio Corbucci de 1966. Al resto los obviamos en este texto para que el cinéfago los vaya descubriendo y gozando sobre la marcha. Tarantino está pensando en retirarse, y no sería extraño ni ilógico que lo hiciese después de esta propuesta. Aunque lamentaríamos la decisión, desde luego. Mucho.(LA BUTACA).

domingo, 13 de enero de 2013

AMOR



Película: Amor. Título original: Amour. Título internacional: Love. Dirección y guion: Michael HanekePaíses: FranciaAustria y AlemaniaAño: 2012.Duración: 127 min. Género: DramaInterpretación: Jean-Louis Trintignant(Georges), Emmanuelle Riva (Anne), Isabelle Huppert (Eva), Alexandre Tharaud (Alexandre), William Shimell (Geoff). Producción: Margaret Menegoz, Stefan Arnd, Veit Heiduschka y Michael Katz. Fotografía: Darius Khondji.Montaje: Nadine Muse y Monika Willi. Diseño de producción: Jean-Vincent Puzos.Vestuario: Catherine Leterrier. Distribuidora: GolemEstreno en Francia: 24 Octubre 2012. Estreno en España: 11 Enero 2013Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


Georges y Anne son dos profesores de música clásica jubilados. Ambos han sobrepasado los ochenta años y poseen una gran cultura. Su hija también se dedica a la música y vive fuera de Francia con su familia. Un día, Anne sufre un infarto. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba.


Palma de Oro a la mejor película en el pasado Festival de Cannes, ganadora de los premios a la mejor actriz, actor, director y película en la pasada edición de los Premios del Cine Europeo, Premio Fipresci en el pasado Festival de San Sebastián y premio a la mejor película en los Premios de la Asociación de Críticos de Nueva York y para el que le interese esto de los galardones, éstos son sólo unos pocos de los que esta película va sumando de día en día. No hace falta decir mucho más.
"Amour" es un descenso a un lugar de ultratumba que se presenta en negros y sin concesión, te va devorando la fibra sensible o potenciándola, según se mire…
El arranque de la película será el primer mazazo de otros muchos que llegarán más tarde pero de manera progresiva a medida que descienden las pulsaciones del que ve la película para más tarde quedar sumergido, a cucharadíta pequeña, en el asombro y en un sentimiento de vacío pero de aquel que presiente y entiende el todo.
Una pareja (inmensos Jean-Louis Trintignant para el que Haneke escribió expresamente el personaje de Georges y Emmanuelle Riva, que tuvo que superar dos pruebas antes de que el director de esa maravilla que consiguiera todos los premios el pasado año "La cinta Blanca" lo tuviera cristalino), los dos, profesores de música clásica, jubilados y que viven sus días sin mayor sobresalto en una casa grande que se supone, antaño, albergaba a más de familia, de paredes cuadradas, y heridas por ventanas que a penas se abren y dejan sanear la atmósfera que paulatinamente vivirá ese viaje del rosa al amarillo, llegando al blanco opresivo…
Los dos ancianos compañeros del mismo viaje y siempre, los dos amantes y que a pocos detalles que se dan en el comienzo de la historia se intuye que han sido una pareja de esas que se antojan ideales e idealizadas, de recorrer parejos un mismo camino en paraleo, de mismas ambiciones, mismos proyectos de vida, mismo latido y paso. Es fácil vislumbrar el pasado joven de semejante matrimonio: pocas palabras y mucho silencio cargado de significado y sin a penas preguntas. Mirarse, entenderse…pensarse sin sonidos.
Los dos octogenarios, la vida de George y a Anne cambia en un suspiro cuando Anne sufre un ictus que la dejará postrada en una silla de ruedas y completamente dependiente e Georges. Y ahí comienza el baile mortuorio de sutilezas casi inermes en la forma en la que hace acto de presencia ese monstruo, en la forma en la que actuará ya sin piedad y con paso seguro.
La narración que describirá al detalle el día a día de esa pareja a partir de ese fatídico hecho es de un minimalismo, de una sobriedad, de una precisión casi quirúrgica y sin aspavientos de los que serían esperables porque Haneke, ese maestro en la descripción de las emociones más descarnadas jamás fue fácil. Desde su mano y mente de arquitectura precisa vuelve a repetir una vez más el estilo narrativo característico en el dibujo de personajes y situaciones . Áspero y económico, frío como el escalpelo te va diseccionado las líneas de acción que a él le interesa contar.
Mantiene el detalle en el sentimiento, en la emoción, en la carne, en como una situación que no puede mejorar, más bien al contrario, va cambiando o potenciando las naturalezas que son realmente ambos protagonistas y con una honestidad y realidad que son de agradecer por mesuradas, por controladas. Haneke huye del exhibicionismo fácil y evita mostrarnos lo terrible del trabajo físico que requiere el día a día de semejante situación en toda su profundidad, cosa que tampoco se le reprocha ya que lo hace y sobrada y magistralmente en la exposición que hace a pecho descubierto a la hora de explicar el deterioro mental y personal de la realidad de ambos, del “tú, mi, me, conmigo”.
Así, de una manera tranquila, pausada y a golpe de escenas teatrales vamos asistiendo a los pequeños cambios que gravitan sobre una situación nueva y que hay que gestionar porque llegan para quedarse dejando el poso más terrible .
Cuando el descenso galopante se inicia, sobran todos los demás y lo demás que excedan y exceda a la pareja. Aparecen personajes colindantes como motas de polvo ocasionales que brindan ayuda y palabras de ánimo pero nuestros personajes ya están en otra historia. Esa hija interpretada por Isabelle Huppert es el prototipo del familiar ausente que quiere comerse el mundo y ayudar desde el supuesto conocimiento y total ignorancia. Sólo entiende de llanto y distancia (esa escena en la que llora desconsoladamente mientras su padre la mira con asombro y le brinda una taza de té para calmarla, es simplemente maravillosa por todo lo que cuenta)
Haneke nos deja claro que a partir del hecho detonante de ese ictus cerebral, el matrimonio estará ya siempre solo. Nunca se brindará más ayuda y nunca se denegará más, como si el inconsciente del ser humano decidiera envolverse en mantas, metros de tela encaminados a sudar los recuerdos y aislarse y resolver la vida por si sólo bajo una intimidad que horroriza por tanta soledad.
Y ahí arrancan otras preguntas: ¿qué otro camino queda cuando se quiere en profundidad y realmente y lejos de ese concepto del amor romántico del tente mientras cobro sino entregarse al otro y cuidarle y mimarle y demostrarle que lidiar con una situación así puede ser también un paso posíble en la vida en común?.
"Amour" trata diferentes conceptos de la lucha: el enérgico e impotente de la hija que ve los saltos de gigante de la enfermedad cebándose en su madre; el real, conformista y resolutivo desde el " hacer poco a poco" del padre que lo sufre a diario en el cuidado que le brinda a su mujer en esas eternas veinticuatro horas que desearía que fueran menos.Otro es el concepto de la lucha en la relación entre Georges y Anne y cómo ésta se va transformando también es especialmente llamativo . La relación es tierna, de amantes que se cuidan y que se saben siempre estarán juntos; los inícios siempre son lo más dulce y llega lo innombrable que lo descalabra todo, la relación cambia de idioma, se vuelve más monosilábico y urgente, algo más susceptible y algo más tirano. Se intenta que el idioma recupere humanidad, cariño y ternura porque es la único que resuelve y es capaz de obrar el milagro de un paso, de una palabra entendíble, de una mejora que dé algo de ilusión al que cuida y espera.
Ingredientes reconocibles son la aparición del egoísmo que no entiende del otro al que parece que no sentimos que está ahí con nosotros y al que de una manera inconsciente le fustigamos sin querer; la pérdida de la paciencia de ese hombre bueno que ama con locura a su compañera, porque es así, porque él no lo concebiría de otra manera cuando la ve vencida y él que también sufre su infierno particular compartiendo el de ella, no puede hacer otra cosa que disculparse y pensar en una solución final.
Igualmente asistimos al deterioro de él al mismo tiempo que se consume ella. Ella le mira y se anuncia; él ya sabe que a partir de ahí le acompañará en su declive. Ambos marchitan sus días en un abandono que también, como sus vidas fueron, van parejos.....y poca imaginación nos hará falta para descubrir el final de estos dos seres que se retroalimentaron en vida como también lo harán en la muerte.
¿Cómo se conjuga el verbo amar cuando uno concibe un nuevo comienzo mientras el otro ya emprendió el viaje de despedida?. ¿Qué hacer cuando hay tanto por lo que luchar pero el otro ya tiró la toalla?.¿Somos espíritus vencidos desde antes de cualquier batalla?
En un momento dado entra un atisbo de vida por una ventana accidentalmente abierta y con ello una posibilidad de captar una señal que puede que signifique algo. Hacerla propia, arrullarla y quedártela o dejarla libre parecen, todas, opciones posibles y puede que algún presagio para una mente supersticiosa. La vida parece que se cuela por una ventana pero ya no interesa que haya vida en esa casa y se la deja libre porque este ya no es su sitio...la elección parece clara en esta historia de amor y muerte, toda una obra maestra que debería ser de obligado visionado para cualquier espíritu sensible(.ACCIÓN DE CINE).



El título puede parecer cínico, sobre todo porque aparece en pantalla después del hallazgo de un cadáver. ¿La muerte como acto de amor defnitivo, como en 'La pianista' (2001)? No, algo ha cambiado en Michael Haneke: por primera vez, ha rodado un film infnitamente triste. La tristeza era una emoción ausente en su cine, tal vez porque la crueldad de sus intelectuales ejercicios teóricos era la carne de la que estaban hechos sus personajes. Quizás es muy fácil conmover cuando se encierra a un anciano y a su mujer, y la cámara registra la decadencia, la pérdida de referentes. Y la supervivencia del amor, el temblor de dos monstruos gentiles reconociéndose en los balbuceos de la enferma y en la desesperación taimada del cuidador.
No es fácil, sin embargo, que el melodrama se convierta en una película de terror, porque, en esa metamorfosis, Haneke demuestra que es su mirada la que teme y se abisma. E incluso en sus titubeos, el abismo es sincero, el dolor es transparente: no hay trucos de prestidigitador que impacten tanto como las manos de Jean-Louis Trintignant acariciando el rostro de Emmanuelle Riva.(FOTOGRAMAS).



Silencio sepulcral y totalmente respetuoso en la sala. El maestro, el mismo que en su última clase magistral de realismo histórico conquistó la práctica totalidad de la comunidad cinéfila, vuelve a nosotros, y perdonen el tono mesiánico, tras tres años sin saber prácticamente nada de él. Además es como si el público lo hubiera olvidado. Solo hay que recordar la última edición del Festival de Cine de Cannes, en la que una falsa filtración evidenció que toda la atención estaba monopolizada por lo nuevo de Paul Thomas Anderson (que por cierto finalmente fue a parar a Venecia). Al final no vino 'The Master', pero si un 'Amor' que, al igual que la magistral 'La cinta blanca', conquistó la Palma de Oro... y va camino de hacer lo propio con todos los premios cinematográficos de mayor prestigio.

Pero antes... se apagan las luces, y puede verse a Jean-Louis Trintignant y a Emmanuelle Riva sentados en el patio de butacas de un teatro. Terminado el recital de piano que han ido a ver, vuelven a casa, se dan las buenas noches, y se ponen a dormir. A partir de ahí, Haneke toma las riendas... y póngase todo el mundo a temblar. Y con razón, porque cuando uno de los más letales agentes de la destrucción más perversa nos promete ''amor'', más que esperar una comedia azucarada, hay que prepararse para una tormenta devastadora. Perfecto, pues lo peor que puede hacer una película es dejar frío al sujeto al que iba dirigida; que no quede poso en él cuando abandone la sala. El director alemán lo sabe, por esto sitúa siempre todos sus productos a las antípodas de las temperaturas árticas (a pesar de que su estilo formal sea ciertamente gélido), provocando en el gallinero sensaciones fuertísimas.




Como debería ser siempre que se paga una entrada de cine (más ahora que ésta se ha convertido en algo cercano a un producto de lujo). 'Amor' no es la excepción a su modus operandi, y sale uno de la proyección destrozado... como debería ser siempre que se va a ver un drama. Éste filme corresponde sin duda a este género, pero entra al mismo tiempo en aquel subgrupo tan difícil de localizar: los dramas sinceros. No hay en esta cinta una banda sonora que le diga al corazón cómo debe sentirse (el patetismo de las cansinas notas tristonas de piano / violín es un recurso de cobardes). No hay primerísimos primeros planos teledirigidos a la fibra sensible. De hecho sí los hay, pero su impacto emocional es más bien el efecto colateral provocado por alguien para el que el séptimo arte no parece guardar ya ningún secreto.

Por mucho que las múltiples referencias a las artes escénicas clásicas puedan hacernos pensar en el carácter teatral de un filme en el efectivamente parece que se respeten a rajatabla las tres unidades universales de acción lugar y tiempo, no deja de ser ésta una de las muchas falsas pistas con las que tanto le gusta jugar a Haneke. Sí, los personajes de la obra pueden contarse con los dedos de una sola mano; la práctica totalidad de la historia se desarrolla en el mismo apartamento; por su parte, los saltos temporales jamás obstaculizan el fácil seguimiento de la trama. No obstante, el 'Amor' de Haneke solamente puede concebirse en el cine; en el seno de unas reglas del juego que si se comprenden -y no es fácil- hacen que lo aparentemente intrascendente adquiera una nueva dimensión.

Así, las paredes del aburguesado piso de los protagonistas dialogan con el espectador, lo mismo que el crujir de la madera que se dobla ligeramente ante el inexorable paso del tiempo. Los silencios pueden revelar más que los diálogos, y las palabras adquieren un significado universal. Por si a estas alturas todavía persistían dudas, Michael Haneke vuelve a demostrar que es un director que está por encima de tendencias, estilos y modas. Es un director que ha hecho suyo el cine en su estado más puro, que consigue que la cámara fija y las tomas alargadas no cansen sino que cautiven, que deja respirar a sus actores (inconmensurables tanto Trintignant como Riva) para que muestren lo mejor de sí... que deja que las emociones verdaderas salten ellas solas de la pantalla a las entrañas del público. Su último trabajo narra a la perfección el terror de la degeneración y la decadencia, e irónicamente usa este escenario para reconciliarse con la condición humana; habla además con maestría del amor, en lo que seguramente sea una de las relaciones sentimentales más preciosas jamás filmadas, pero por encima de todo, duele. Duele muchísimo. Como debe ser. Chapeau.(EL SEPTIMO ARTE).