viernes, 29 de marzo de 2013

GRANDES ESPERANZAS



Película: Grandes esperanzas. Título original: Great expectations.Dirección: Mike NewellPaís: Reino UnidoAño: 2012. Duración: 128 min.Género: DramaromanceInterpretación: Jeremy Irvine (Pip), Helena Bonham Carter (Miss Havisham), Ralph Fiennes (Magwitch), Holliday Grainger (Estella), Robbie Coltrane (Jaggers), Ewen Bremner (Wemmick), Jason Flemyng (Joe Gargery), Sally Hawkins (Srta. Joe). Guion: David Nicholls; basado en la novela homónima de Charles DickensProducción: Elizabeth Karlsen y Stephen Woolley. Música: Richard Hartley. Fotografía: John Mathieson. Montaje: Tariq Anwar.Diseño de producción: Jim Clay. Vestuario: Beatrix Aruna Pasztor. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en Reino Unido: 30 Noviembre 2012. Estreno en España: 27 Marzo 2013Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

En “Grandes esperanzas”, el joven huérfano Pip tiene la oportunidad de superar sus humildes orígenes gracias a un benefactor misterioso. Habiéndose trasladado como caballero a un Londres dominado por las estratificaciones sociales, Pip hará uso de su nueva posición para lograr a la bella Estella, una heredera consentida a quien ama desde la infancia. Sin embargo, la estremecedora verdad oculta tras la gran fortuna desencadenará consecuencias devastadoras para todo cuanto Pip aprecia.


La fallida traducción del título de la novela de Dickens (en inglés Great Expectations quiere decir “grandes expectativas” y no “esperanzas”), mantenida por alguna razón incomprensible en sucesivas ediciones españolas como una errata sin corregir a la que al cabo del tiempo se le coge cariño, le hace involuntario favor a la enésima adaptación cinematográfica del clásico. Tiene que tratarse de un encargo. ¿En qué estaba pensando si no Mike Newell, director deDonnie Brasco, al adaptar una de las obras más exquisitas del autor inglés echándole tan poca pasión, traduciéndo renglón a renglón el novelón del intocable canon universal sin añadir ni reinterpretar absolutamente nada, sin dejar la mínima huella de una voz, una mirada, ni el más remoto guiño autoral al que aferrarnos?
La última Grandes esperanzas puede ganarse el título, no obstante, de fiel. Es, además, una película correcta, efectiva y entretenida, y eso, sin duda, será suficiente para muchos espectadores. Para el resto –amantes de las adaptaciones punkis como aquella Cumbres borrascosas de Andrea Arnold–, ocupará el lugar poco ventajoso de muchos remakes: se verá bien pero con el inevitable “¿para qué?” en la punta de la lengua.
La de Mike Newell palidece ante la revisión contemporánea, hiperbólica y algo locuela de Alfonso Cuarón en la que Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow se llevaban a la fuente de un parque la esencia de la novela decimonónica, el famoso beso sin corazón. En esta nueva versión todo remite a la lectura literal –que no literaria–, como las telarañas en el vestido de Helena Bonham Carter haciendo de Sra. Havisham o la pelambrera de un ex convicto Fiennes que mira a cámara desasosegado sin saber qué puede aportar o qué expectativas tener.(CINEMANIA).


 Coinciden más o menos en fecha de estreno en España Anna Karenina (2012), melodrama dirigido por Joe Wright según la novela de León Tolstói, y esta adaptación del inmortal de Charles Dickens. Sirven de ejemplo de dos maneras distintas de acercarse a los clásicos. La primera, buscando un ángulo distinto sin traicionar la esencia del original: el director de Expiación. Más allá de la pasión (2007) establece en ella un diálogo interesantísimo entre las soluciones del cine y del teatro. La segunda, la apuesta decidida por la fidelidad, por el respeto del movimiento y las texturas del texto adaptado. Director de gesto clásico, el inglés Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral) no arriesga (como hiciera, por ejemplo y al margen de los resultados, Alfonso Cuarón en su versión de 1998) al llevar al cine la novela de Dickens. Firma una adaptación que se distingue más por su rigor, pulcritud y elegancia que por ofrecer un enfoque nuevo (en la dirección que sea) de su historia de amor de aliento trágico. Muy bien interpretada y de incontestable belleza formal, destaca por su admirable atmosfera gótica, refejo de los claroscuros de la historia (aunque, hoy por hoy, la versión que mejor reproduce ese contraste sigue siendo Cadenas rotas, de David Lean) y brilla cuando se detiene en el lado tenebroso de la historia.(FOTOGRAMAS).




N
Nueva revisión del clásico de Dickens con un buen reparto de secundarios. El cine británico suele dejarse llevar por este tipo de historias de época, hasta el punto de que muchas veces identificamos el género con Reino Unido o viceversa, lo que no es del todo bueno aunque las películas lo sean. No deberían limitarse tanto o darse sólo a conocer por su cine de época. En esta ocasión la película viene firmada por Mike Newell, director todoterreno que lo mismo te dirige un Harry Potter o Prince of Persia, que te hace Donnie Brasco o Cuatro Bodas y un Funeral. Al buen hombre le gusta tocar todos los palos y géneros posibles, lo cual siempre es bueno, porque ha desarrollado una pericia visual muy apreciable en casi todas sus películas.
Aquí sigue al pie de la letra el clásico literario de Charles Dickens, Grandes Esperanzas, en el que un joven huérfano se convierte en un caballero con la ayuda de un desconocido benefactor. Un hecho que se remota a la infancia del joven. Y que hemos visto en series y cine explotado a menudo, aunque quizá una de las versiones modernas más recordadas es la de 1998 de Alfonso Cuarón con Ethan Hawke como protagonista, una revisión modernizada. Con todo no terminan ni ésta, ni aquella, de encontrar el camino más adecuado para adaptar la historia. Ni siquiera termina en este caso, de tener una personalidad visual propia, quizá uno de sus mayores lastres.
Y no es para nada una mala película porque la historia, aunque sea conocida por muchos, está bien contada y tiene fuerza más que suficiente como para enganchar al público adulto. Evidentemente quien vaya buscando cine de evasión puede aburrirse, pero quien ande tras algo tipo Anna Karenina, sin ir más lejos, no saldrá decepcionado. Aunque Karenina tenía un empuje visual del que ésta carece, quizá por limitación de presupuesto, lo que le da un aire más televisivo, aunque con notables escenas, como la pelea en el barro o el baile. O esos aires de Tim Burton cada vez que Helena Bonham Carter aparece en pantalla. Es en ella y en Ralph Fiennes o Robbie Coltrane quienes atraen la atención e interés del público por encima del reparto joven, mucho más soso, la verdad. Eso sin contar esas pintas de glam trasnochado que le han puesto a más de uno…
Es cine de época y británico, para bien o para mal, limitado en el presupuesto y lo visual, pero muy bien construido, con un buen reparto y con un buen ritmo, aunque quizá se extienda demasiado en la época infantil, que ralentiza la historia, pero explica mucho mejor la relación entre ambos jóvenes. Es buena y es perfecta para la gente que disfruta este tipo de cine, como la mencionada Anna Karenina o la danesa Un Asunto Real, aunque estas dos son algo superiores y tenían más presupuesto, o lo aprovecharon mejor. Y eso se nota. Pero quien disfrutó con ellas seguro que disfruta con la nueva película de Mike Newell.(REVISTA ACCIÓN).

sábado, 23 de marzo de 2013

LOS CROODS




Película en 3D: Los Croods. Título original: The Croods. AKA: Una aventura prehistórica. Dirección y guion: Kirk DeMicco y Chris SandersPaís: USA.Año: 2013. Duración: 98 min. Género: Animaciónaventurascomedia,familiarDoblaje original: Nicolas Cage (Grug), Emma Stone (Eep), Ryan Reynolds (Chico), Catherine Keener (Ugga), Clarke Duke (Tonk), Cloris Leachman (Abu). Guion: Kirk DeMicco y Chris Sanders; basado en un argumento de John Cleese. Producción: Kristine Belson y Jane Hatwell. Música: Alan Silvestri.Fotografía: Yong Duk Jhun. Montaje: Darren T. Holmes. Diseño de producción:Christophe Lautrette. Distribuidora: Hispano FoxfilmEstreno en USA: 22 Marzo 2013.Estreno en España: 22 Marzo 2013. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.


“Los Croods” es una comedia prehistórica de aventuras que sigue a la que fue la primera familia del mundo mientras se embarcan en el viaje de su vida, cuando la cueva que siempre los ha protegido del peligro se destruye. Viajando por unos paisajes espectaculares, los Croods descubren un increíble nuevo mundo repleto de criaturas fantásticas y su forma de ver la vida cambiará para siempre.

Aventuras para toda la familia con un gran sentido del humor. Así nos llega Los Croods, que si bien peca de no ser excesivamente original a la hora de trasladar su disparatado argumento a la pantalla (ni falta que le hace, la verdad), suple ese desliz con una aventura entretenida, llena de humor y perfecta para toda la familia. El cine de animación conoce suficientemente bien las claves entre las que se mueve y se maneja como para que cualquier película de uno de los grandes estudios, aunque maneje temas algo trillados y un planteamiento visto antes en otras películas, resulte un delicioso viaje perfecto para disfrutar junto a los más pequeños de la casa. O ya puestos, en solitario. El humor y la aventura no hacen distinción de edades. Menos cuando es humor irreverente. Incluso a veces algo cafre. Ese es el que mejor funciona.
Estamos en la prehistoria y nuestra peculiar familia de cromañones se enfrenta día a día a la supervivencia. Salir de caza en grupo, alimentarse y esconderse al llegar la noche, porque los peligros que acechan hacen que la oscuridad signifique muerte. Pero la hija mayor no parece muy dispuesta a seguir las normas. Curiosa y aventurera, una noche descubrirá a un extraño y fascinante personaje, que la hará enfrentarse también a su estricto padre y, quién sabe, incluso salvar a su familia de la extinción… Con esos mimbres, montar una comedia con el choque cultural y las coñas limoneras a costa de la prehistoria no es muy complicado para los genios de la animación. Conocen muy bien el terreno en el que se mueven…
Sobre todo porque saben que, para ganarse al público, tienen que funcionar su sentido del humor y sus protagonistas, lo que hace que embarcarse con ellos en la historia sea un placer. Y lo consigue fácilmente. Desde la escena de caza (demencial lo de soltar al bebé…) inicial al choque de culturas con el nuevo mundo que descubren (ojo a las coñas con el fuego y cómo obtenerlo del extraño personaje que conocen…). Desde la suegra pesada al hijo mayor lerdo, la familia tiene carisma, sobre todo en los personajes de la hija protagonista y su padre. Hace mucho más sencillo el camino que cualquiera, de cualquier edad, se sienta identificado con esa rebelde con causa y con ese precavido y preocupado padre. Con un mundo lleno de color, de animales fantásticos, de lugares exóticos más allá de la imaginación… en contraposición al original hogar de Los Croods, seco y árido.
Y sí, todos sabemos que la película va a ensalzar los valores familiares, que la trama tiene los giros adecuados en los momentos esperados (la separación y reencuentro, el romance…), que no nos va a sorprender demasiado en ningún punto. Pero nos vamos a reír tanto con ciertos momentos (esa abuela… qué tendrán las abuelas) y vamos a disfrutar tanto la aventura (persecuciones, carreras, peligrosos animales prehistóricos y otros no tanto…) que la película funciona a las mil maravillas desde el minuto uno al cien. No se trata ya sólo de que sea buen cine de animación o buen cine familiar. Se trata de buen cine, de una buena película. Y eso siempre apetece.(REVISTA ACCIÓN).



La evolución de Dreamworks


Dreamworks ha sido la primera en abrir la veda.

Y es que, con el estreno de Los Croods, empezará la emocionante “batalla” entre las películas de animación para ir ganando puntos de cara a los siguientes Oscars.

Y es que lo que se avecina es para que se le caiga la baba a los amantes de la animación: a la esperadísima secuela deMonstruos S.A., también las de Lluvia de albóndigas (la cual fue una maravillosa sorpresa), Gru o Los Pitufos. A estas hay que sumar Frozen, la gran apuesta de Disney de este año (si catalogamos a Monstruos University como de Pixar), Turbo(la otra apuesta de Dreamworks) y Futbolín (la incursión de Juan José Campanela en el mundo de la animación y la primera película argentina en animación 3D).

Pues ante todo este catálogo prometedor, Los Croods no tiene por qué achantarse, en absoluto. Yo la catalogaría como lo mejor de la compañía desde Cómo entrenar a tu dragón.

Dreamworks empieza a ver la luz que hay que seguir, al igual que los protagonistas de su película. Si bien aún le falta arriesgar a lo grande para estar a la altura de Disney/Pixar, la animación que presenta Los Croods es de una belleza impresionante.


Eep es la hija mayor de la familia Crood, y sueña con dejar su vida de cavernícola recluido en cuevas y temeroso de todo para investigar qué hay en el mundo y vivir la vida, más allá de la superviviencia. Cuando un día se encuentra con un 'chico' (de hecho se llama a sí mismo 'Guy') que usa sus ideas para subsistir, y no solo su fuerza. Esto creará un conflicto con Grug el padre de Eep y cabeza de familia de los Croods.

Si bien por la misma sinopsis sabemos qué derroteros seguirá la historia, la película no se resiente por ello, pues aparte de su apabullante estilo visual, es lo suficientemente entretenida para obviar las carencias que se puedan sacar de un análisis a su guión. No es su pretensión dar clases de historia a los niños y mayores que se acerquen a las salas de cine a verla, sino hacerles pasar un buen rato, y eso se consigue con creces.

La fauna y flora que inunda la película es imaginativa y rica en matices, con simpatía y cariño por parte de sus autores. Seguramente debamos dar las gracias a Chris Saunders de que esté detrás de todo esto. Kirk de Micco seguramente habrá aprendido mucho del director que nos había ya brindado dos joyas como son Lilo & Stich o Cómo entrenar a tu dragón. Ésta es su tercera película y desde luego puede estar orgulloso de su brillante carrera hasta ahora.

Otro de los puntos fuertes de Los Croods viene de alguien que ya ha trabajado con Saunders (en Lilo & Stich), Alan Silvestri (nominado dos veces a los Oscars por sus bandas sonora de Forrest Gump y Polar Express) quien brinda una excelente banda sonora, a la altura de su factura técnica.

Teniendo estos apartados cubiertos con notoriedad, queda el apartado de los personajes principales y secundarios, que si bien son arquetipos de moldes prefijados (como suele pasar) al menos cumplen su papel con carisma y simpatía, incluso hasta el animal/personaje graciosete de turno, aquí el llamado Cintu (Belt en el original), ya que Guy lo usa de cinturón, entre otros miles de usos. Pues hasta ese personaje tiene su gracia.

Las voces corren a cargo de Nicolas Cage (Grug), Emma Stone (Eep), Ryan Reynolds (Guy), Catherine Keener (Ugga) incluso el mismo Chris Saunders (Belt).


Así pues, Los Croods se erige como una apuesta más que interesante para que las familias pasen un rato agradable en el cine, para que los amantes de la animación empiecen a frotarse las manos, para que Dreamworks se quite la etiqueta de 'secundón' en lo que a animación se refiere, y que, si bien Monstruos University tiene medio ganado ya el Oscar, por qué no, fácilmente podrían ser estos Croods una de la que la acompañe en las nominaciones.

Con los futuros proyectos de Cómo entrenar a tu dragón 2Kung Fu Panda 3Los pingüinos de Madagascar o la adaptación al largometraje de Alma, el corto de Rodrigo Blaas que se llevó el Goya en 2009, Dreamworks seguirá dando que hablar.(EL SEPTIMO ARTE).



No es difícil interpretar “Los Croods” como una alegoría social pro-Obama. La familia del título, predestinada a ser la última en su especie, ha sobrevivido en un mundo en permanente mutación gracias a la cultura del miedo impuesta por su figura paterna, hasta la aparición de un homínido más desarrollado, previsiblemente demócrata, que enseñará a los Croods a adaptarse a una realidad que necesita de nuevas armas para entenderla.
Como en su época hicieron “Los Picapiedra”, la película de Chris Sanders –se nota la mano pícara del director de “Lilo y Stitch” (2002) en el diseño de personajes- y Kirk de Micco contemporaneiza el ‘angst’ del ‘american way of life’, aunque, tradición obliga, al final sucumba al clásico y convencional mensaje disneyano de “la familia unida jamás será vencida”. Mientras tanto, lo mejor está en la velocidad de crucero de algunas de las escenas de acción –la persecución a la caza de un huevo prehistórico, convertida en un hiperbólico y concentrado partido de rugby, y los ataques de una bandada de pájaros que dejan en los huesos a sus víctimas son particularmente memorables- y en la creatividad cromática de la fauna y flora de un mundo cambiante. “Los Croods” son una buena opción para los que estén cansados de la franquicia “Ice Age” pero no quieran abandonar la Edad de Piedra.(FOTOGRAMAS).

jueves, 21 de marzo de 2013

JACK EL CAZA GIGANTES




Película en 3D: Jack el caza gigantes. Título original: Jack the giant slayer.AKA: Jack the giant killer. Dirección: Bryan SingerPaís: USAAño: 2013.Duración: 114 min. Género: AventurasfantásticoInterpretación: Nicholas Hoult (Jack), Ewan McGregor (Elmont), Ian McShane (rey Brahmwell),Stanley Tucci (lord Roderick), Bill Nighy (voz del general Fallon), Eleanor Tomlinson (Isabelle), Eddie Marsan (Crawe), Warwick Davis (viejo Hamm), Ewen Bremner (Wicke). Guion: Dan Studney, Darren Lemke y Christopher McQuarrie; basado en un argumento de Darren Lemke y David Dobkin. Producción: David Dobkin, Neal H. Moritz, Ori Marmur, Bryan Singer y Patrick McCormick. Música: John OttmanFotografía:Newton Thomas Sigel. Montaje: John Ottman y Bob Ducsay. Diseño de producción:Gavin Bocquet. Vestuario: Joanna Johnston. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA: 15 Marzo 2013. Estreno en España: 15 Marzo 2013Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


“Jack el caza gigantes” es una adaptación adulta del popular cuento de “Las habichuelas mágicas” y nos cuenta la historia de una antigua guerra que se reactiva cuando un joven granjero, sin ser consciente de ello, abre una puerta entre nuestro mundo y una aterradora raza de gigantes. Sueltos por la Tierra por primera vez en siglos, los gigantes se esfuerzan por reclamar la tierra que una vez perdieron, obligando al joven Jack a entablar la batalla de su vida para detenerlos. Luchando por un reino, por su pueblo y por el amor de una valiente princesa, se enfrentará cara a cara con unos incontenibles guerreros que pensaba que solo existían en las leyendas y, de esa manera, tendrá la oportunidad de convertirse él mismo en una leyenda.



Cine de aventuras y familiar con un punto oscuro y siniestro marca de la casa. Me refiero a la casa de Bryan Singer, uno de esos directores privilegiados que son capaces de adaptarse casi a cualquier género y añadirle gotas de personalidad propia que la hacen destacar sobre otras piezas similares. Películas como las dos de X-Men que dirigió (qué ganas hay de ver la nueva entrega que está rodando), Sospechosos Habituales o incluso trabajos menores dentro de lo que cabe como Valkiria, son ejemplos perfectos. Hasta su despreciado y atacado Superman Returns tenía apuntes visuales interesantes. Quizá el mayor problema de ésta última es que siendo Singer y habiendo firmado las películas de los mutantes de la Marvel, la gente esperaba mucho más de ella. Pero tenía un par de momentos… realmente buenos. Y en el tema de superhéroes nos hemos tragado películas muy inferiores a Superman…
Ahora llega Jack El Cazagigantes, película de aventuras a la antigua usanza, con tema familiar, destinada a todo tipo de edades (más o menos, los más pequeños de la casa puede que se asusten con alguno de los momentos más sombríos o con los gigantes), y de nuevo Singer da muestras de un talento y una capacidad narrativa que convierten cualquier historia en interesante. Aunque sea un tema tan trillado y tantas veces visto como el cuento de Jack y las Habichuelas mágicas, que hasta recientemente ha tenido adaptación en la serie Érase una Vez… con Jorge García dando vida al gigante. Aquí aprovechan para darle una vuelta de tuerca al cuento y convertirlo en un relato épico, divertido, muy entretenido y muy bien narrado, que intenta evitar algunos tópicos o que, cuando cae en ellos, suele tener una solución elegante para los mismos. Vamos, que si cae en un charco se levanta rápido y sigue adelante. Con todas las claves de los cuentos y leyendas tradicionales. Pero con un punto perverso superior al visto, por ejemplo, en Blancanieves (cualquiera de las dos últimas versiones americanas) o en Oz. Y eso se agradece para espectadores adultos. Y también más coherente que la salvaje a ratos (y bastante divertida) Hansel y Gretel.
La clave está en llevar la historia un paso más allá, al menos a nivel argumental y de desarrollo de personajes, con un tercer acto que bien podría (y seguro que con otros lo haría) terminar en el momento en el que se regresa de la tierra de los gigantes como héroes. Pero es ahí donde Singer lleva la historia un paso más allá. Un poquito más lejos, para dejarnos sin aliento durante los últimos veinte minutos de proyección. Dejando claro que aquí no hay muchas novedades en cuanto a la historia. Poniendo por delante que el tema principal sigue siendo la historia del joven Jack que cambia un caballo que tenía que vender, por unas supuestas habichuelas mágicas (aunque los motivos cambien para que, inteligentemente, Jack no parezca un memo. Un tipo algo soñador sí, pero no alguien que se dejan engañar de buenas a primeras… las circunstancias le obligan), esas habichuelas crecen y crean una mata que sube más allá de las nubes, a una tierra de gigantes.
Lo que cambia son los motivos, los medios y las razones. Aquí no hay sólo un gigante, sino toda una raza de ellos (curiosamente todos hombres…), que mantuvieron una guerra con los humanos hasta que apareció una corona mágica que los controlaba. Hay un villano con los rasgos de Stanley Tucci que quiere dominar el reino y pone en marcha la historia. Hay una princesa que se ve atrapada. Y hay un joven aventurero y los caballeros del rey que emprenden una aventura llena de peligros para rescatarla. Y cuando digo peligros me refiero, ante todo, a esos gigantes terribles, terroríficos y violentos, que descabezan de un bocado a cualquier humano que se les ponga a tiro. Que son demasiado evidentes como generados por ordenador (algo no encaja en ellos pese a lo entretenida que es la película) y que tienen un aspecto entre cómico y fiero.
Luego para que la aventura sea más interesante, Singer no nos trae a un reparto de gente muy conocida pero con nula capacidad interpretativa. No hay estrellas en esta película. Hay actores, una selección de talentos del Reino Unido con nombres como Ian McShane, Ewan McGregor, Eddie Marsan y el protagonista, Nicholas Hoult, que vimos en X-Men Primera Generación y que acaba de estrenar allí con bastante éxito Memorias de un Zombie Adolescente. Perfecto protagonista para el tono de la historia y el personaje. Un joven ansioso de aventuras que se encuentra con la mayor de todas y debe enfrentarse al peligro real, no a los cuentos que su padre le contaba de niño. Y ese Stanley Tucci, villano que se lo pasa en grande en la película.
Todo ello nos lleva a un final épico, portentoso y memorable, en una película que apenas ofrece un respiro al espectador y que está llena de humor y buenos momentos. Llena de aventuras, como en los mejores clásicos del género. Y llena de fantasía e imaginación visual. Desde la escalada a la mata gigante, a lo que sucede en tierra de gigantes, pasando por el descenso y lo que sucede abajo mientras rescatan a la princesa… Para concluir con esa batalla final magnífica. No sabía yo que abrir o cerrar una puerta pudiese tener tanta épica.
Le sobra el 3D, sin duda, y es demasiado edulcorada en la relación romántica, como cualquier cuento de hadas. No es perfecta. Pero sí entretenidísima. Y tiene puntos, momentos, pese a la ausencia de sangre, que son chocantes, violentos, oscuros… El villano de la función es… siempre inquietante. Y eso se agradece. Como se agradece el buen rato que nos hace pasar. No va a ganar premios, ni a revolucionar nuestro modo de pensar. Pero es una película de aventuras muy bien construida. Y eso en los tiempos que corren, es motivo para ir a verla al cine.(ACCIÓN DE CINE).



Es posible que el espectador entre en esta película luminosa con el ánimo un tanto ensombrecido: al fin y al cabo, estamos ante el enésimo espectáculo familiar que aplica una mirada revisionista (según los cánones del mainstream menos exigente) a un relato clásico, por no hablar de que algunos de sus recursos expresivos parecen extender la sensación de déjà vu a la saga tolkieniana de Peter Jackson. Sin embargo, hay un espíritu lúdico y feliz en la aproximación de Bryan Singer y sus guionistas al material, un retorno a la comicidad posmoderna (pero accesible) de ‘Willow’ (Ron Howard, 1988) o ‘La princesa prometida’ (Rob Reiner, 1987) que aporta credibilidad y sentido de la maravilla a algo que, en otras manos, quizá hubiese sido pura rutina.
El resultado final está lejos de romper moldes, pero al menos demuestra poseer más alma que propuestas similares. Sabedor de la impersonalidad de sus efectos visuales (los gigantes del título son la última palabra en anticarisma CGI), Singer potencia todo lo posible el componente sentimental de su aventura: una historia de amor narrada a través de viñetas naïf, un Ewan McGregor transmutado en un Errol Flynn para la era del 3D digital y un discurso interesantísimo sobre la persistencia de la maravilla en la gran Historia humana que genera, a modo de propina, el epílogo más gratificante e imprevisible de la reciente hornada de neocuentos de hadas.(FOTOGRAMAS).





.......Y la respuesta es que sí, que más allá de cualquier otra consideración que podamos encontrar (que haberlas como las meigas, haylas) 'Jack el caza gigantes' cumple con su ambición y con el espectador (de buen corazón) al entretener a lo largo y ancho de sus algo menos de dos horas de duración, las cuales se pueden disfrutar sin tener que recurrir al incómodo vicio cada vez más extendido entre los muchos imbéciles de este mundo de poca fantasía de consultar en el móvil asuntos tan triviales como, no sé, si Habemus o no Habemus Papam, una de tantas experiencias que pueden hacer de una visita al cine algo verdaderamente estresante. Una falta de pretensiones a la que se aplica con tanta determinación como honestidad, dos cualidades que junto a su humildad para ejercer como inofensivo pasatiempo para toda clase de público (de buen corazón) y con algo de pelo en las partes nobles hacen de ella una propuesta tan agradable de ver como simpática de recordar, ideal para hacer tiempo sin perder el tiempo.

Bryan Singer, alejado definitivamente de la senda del llamado cine oscarizable que hacia presagiar su carta de presentación -'Sospechosos habituales'-, y antes de que los X-Men le absorban a la manera en que la Tierra Media ha absorbido a Peter Jackson, pone una vez más con nobleza su nombre al servicio del bien común y se confirma como un digno artesano para su uso razonable en distracciones de categoría, cumpliendo en sus funciones de la misma manera que ya lo ha hizo en la infravalorada 'Valkiria' (mención que aporto por mero capricho personal). Una realización que al igual que el resto de sus partes -salvo los evidentes efectos especiales o la muy reivindicable banda sonora de John Ottman- destaca por su supeditación a la máxima de que lo importante es no destacar, sino narrar de forma eficaz y sobre todo con sencillez este cuentecillo inofensivo por otro lado tan intrascendente como suelen ser los productos de DreamWorks Animation. Y los actores por su parte bien, gracias.

Este Jack, ahora que está tan de moda echar mano de los años 80 como referente, recupera el sabor del inocente e ingenuo cine de aventuras de aquella década en la que se agolpaban títulos como 'Willow', 'La princesa prometida' o 'Lady Halcón', por citar tres de los mejores y más conseguidos ejemplos que merece la pena que recordemos y/o recuperemos del olvido. Y aunque a diferencia (y a distancia) de estas tres Jack no sea capaz de emocionar si es al menos, sospechamos, una de las mejores versiones que de aquel tipo de cine podemos esperar de un siglo XXI mucho menos entrañable y tan condicionado por unos omnipresentes efectos CGI, que si bien lucen como se supone que deben amenazan con una fecha de caducidad de igual manera que los creados por Ray Harryhausen. Esta fría dependencia de los efectos digitales incluso para ir a mear, este despilfarro visual equivalente al derroche del dinero público en queridas, es tal vez el mayor obstáculo ante el que tenemos que hacer oídos sordos para disfrutar plenamente de la función.

Si el cine son sensaciones la que nos deja al terminar 'Jack el caza gigantes' es bastante buena, lo suficiente como para que se aconseje dejar de lado la calumnia gratuita de quien parece ser necesita echar un polvo para volver a ver el mundo con cierta alegría, si es que alguna vez lo ha visto de buena gana. Claro que Jack ni es perfecta ni es grande por más que demuestre la suficiente habilidad como para ir de menos a más, no perder el tiempo en tonterías (aunque ella misma lo sea), no caer en excesos ni artificios o hacer coincidir su clímax con el final de la película, algo en lo que fallan muchos de los filmes de acción y/o aventura. Puede que tenga poca entidad propia, que el abuso digital le reste credibilidad emocional a los gigantes, que la cinta adolezca de una cierta indefinición a la hora de fijar su público (con cierto detalles que ponen en entredicho su teórica afiliación al cine para todos los públicos), que... puff, no sé, que algunos actores no parezcan tener claro si es un drama o una comedia, y por ende no haya una aglomeración de chistes a lo Jack Sparrow como cabía esperar. Pero lo que importa, lo que verdaderamente importa... es que entretiene, y mucho, y además lo hace con respeto y educación. ¿Algo más? (EL SEPTIMO ARTE).

martes, 19 de marzo de 2013

ANNA KARENINA





Película: Anna Karenina. Dirección: Joe WrightPaís: Reino UnidoAño:2012. Duración: 130 min. Género: DramaromanceInterpretación: Keira Knightley (Anna Karenina), Jude Law (Alexei Karenin), Aaron Johnson  (Vronsky), Kelly Macdonald (Dolly), Matthew Macfadyen (Oblonsky), Olivia Williams (condesa Vronsky), Alicia Vikander (Kitty), Domhnall Gleeson(Levin), Michelle Dockery (princesa Myagkaya), Emily Watson (condesa Lydia Ivanovna).Guion: Tom Stoppard; basado en la novela de León Tolstói. Producción: Tim Bevan, Paul Webster y Eric Fellner. Música: Dario MarianelliFotografía: Seamus McGarvey.Montaje: Melanie Ann Oliver. Diseño de producción: Sarah Greenwood. Vestuario:Jacqueline Durran. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en Reino Unido: 7 Septiembre 2012. Estreno en España: 15 Marzo 2013Calificación por edades: Apta para todos los públicos.


“Anna Karenina” (2012) es la nueva adaptación cinematográfica de la trágica novela de León Tolstoi que dirige Joe Wright. En la obra original, Anna Karenina (Keira Knightley) es una mujer de la alta sociedad rusa cuyo marido, Karenin (Jude Law), trabaja como funcionario. Oblonsky (Matthew Macfadyen), el hermano de la protagonista, le pide que le ayude a hacer las paces con su esposa Dolly (Kelly Macdonald), quien se entera de que le ha sido infiel. Curiosamente, durante el viaje de Anna para hablar con sus familiares, se encuentra con el conde Wronsky (Aaron Johnson), existiendo una gran química entre ellos.


Es divertido recordar el embobamiento que producen las marionetas cuando se es niño. El héroe acaba pegando a la bruja con un garrote, eso ya lo sabes, o al menos lo intuyes, lo esperas, pero aún así no pierdes ojo, aplaudes, te emocionas y lo vives como si tú fueras el protagonista. Con esta adaptación del clásico, Joe Wright te sienta dentro de un teatro por el que desfilan los personajes de Tolstói como aquellas marionetas. A pesar de conocer la historia de estos amores trágicos –sólo del amor se inspira esta versión–, te dejas seducir por la espectacular ambientación y la grandiosa puesta en escena, con ese fastuoso vestuario de un personaje para el que Keira Knightley parece haber nacido. Que la química con Aaron Taylor-Johnson no cuaje, no desmerece el resultado final. (CINEMANIA).


Queda claro que para Joe Wright, el director de 'Orgullo y prejuicio'(2005) o 'Hanna' (2011), el universo literario de León Tolstói se asemeja a un teatro de emociones desbocadas. Su 'Anna Karenina' arranca con un telón alzándose sobre un escenario abandonado y prosigue con un incesante torrente de arrebatos sentimentales hilvanados en un vertiginoso fujo de conciencia. Así, Wright propone una adaptación que pone los pies en el teatro (como lo constata el
guión del prestigioso dramaturgo Tom Stoppard) y que alza el vuelo gracias a las más vistosas armas del cine: suntuosos planos secuencia, encuadres estilizados, agresivos cambios de ritmo gestionados a través del montaje, una banda sonora omnipresente…
En cierto sentido, gracias al exuberante amaneramiento de la película, esta 'Anna Karenina' puede recordar a los excesos del Baz Luhrmann de 'Moulin Rouge' (2001), aunque aquí el cabaret es sustituido por la opereta. Estamos ante una adaptación libre, brutalmente elíptica, profundamente irregular y tan artifciosa como el 'Drácula de Bram Stoker' (1992) de Francis Ford Coppola. A la postre, no se le puede negar a Wright la valentía de releer a Tolstói de la mano de un esteticismo desatado, una apuesta kamikaze que encuentra acomodo en la translúcida frontera entre lo sublime y lo ridículo.(FOTOGRAMAS).



Anna Karenina, nueva visita al clásico con un fluido planteamiento teatralizante y brillante puesta en escena.
Quienes me conocen o tienen la deferencia de seguir lo que escribo en esta página o en la revista Acción ya supondrán sin duda que quien como yo tiene a título de películas favoritas títulos como Grupo salvaje, Taxi Driver, Toro salvaje o Apocalypse Now encuentra totalmente lejano y ajeno a sus preferencias un largometraje dedicado a adaptar nuevamente la novela de León Tolstoi Anna Karenina. Sin embargo, dicho esto, no creo traicionar mis naturales inclinaciones por otro tipo de cine e historias si afirmo que esta versión de Anna Karenina me parece una de las mejores aplicaciones de algo para mí tan poco interesante como la tragedia romántica. Y que además me parece una muy buena película, con un planteamiento muy interesante frente al reto de contar una trama sobradamente conocida y visitada por el cine en ocasiones anteriores. De hecho, como profesor de argumentos universales y grandes temas del cine, me parece una película muy recomendable para explicar una de las fórmulas clásicas más interesantes de dicha área de trabajo narrativo, la que se ha dado en denominar “la mujer adúltera”, que parte de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert pero cuenta también otras destacada fuente literaria precisamente en la obra de Tolstoi que nos ocupa. La emergencia del deseo y la pasión idealista tanto como sexual, la transgresión necesaria para romper las normas de una sociedad atascada en juegos y normas sociales, es un tema muy bien servido por ambas novelas que encuentra un fiel reflejo en esta nueva versión cinematográfica de Anna Karenina, tanto en lo puramente narrativo como en el planteamiento visual aplicado por el director.
Dicho planteamiento visual se sustenta en dos aspectos fundamentales. Técnicamente es un trabajo ejemplar de montaje que aporta una gran fluidez al arranque del relato y es capaz de mantenerla en sus partes más densas, jugando siempre con una presentación de personajes y situaciones coreografiada como un ballet. Ejemplos significativos de los buenos resultados conseguidos con dicho planteamiento coreográfico que saca el máximo partido a la herramienta de la elipsis los encontramos en la primera secuencia del largometraje, también en esa escena del baile que consigue transmitirnos toda la pasión desatada que se cierra como un cepo sobre Anna y Vronsky, o en esa omnipresencia del tren como amenaza desde los primeros momentos del relato, anticipando el fatal desenlace, como si desde el principio la relación de de ambos personajes estuviera maldita, y dando así protagonismo a la fatalidad y el destino, que tan importantes son siempre para las estructuras narrativas de tragedia y melodrama desde que los antiguos griegos se aplicaron a cultivar este tipo de historias. Narrativamente es un trabajo de teatralización del relato que no por ello renuncia a ser cine. Ejemplos de ello es esa fluidez del montaje, pero también se expresa en uso de la elipsis, en juego de primeros planos esenciales, en el hecho de que todo en la película es movimiento casi continuo y vertiginoso, como si los personajes estuvieran en todo momento representando la elaborada coreografía de un complejo ballet. Si ven la película reparen en el tránsito ejemplar, pura magia del cine, que se hace del tren de juguete del hijo de la protagonista al tren en el que ella misma viaja camino de su fatal primer encuentro con Vronsky, que es ejemplo de coherencia en el tratamiento teatralizante elegido por el director para contar su historia sin renegar de las herramientas y la propia personalidad cinematográfica de la película. Sólo por ese ejercicio esta Anna Karenina es ya suficientemente interesante, independientemente de que las pasiones y planteamientos sentimentales que la habitan nos puedan importar un pimiento. Más interesante aún, por el camino de la coherencia entre estilo o forma de contar y contenido del relato, es el hecho de que ese planteamiento de representación teatral, de mundo contenido en un escenario, encaja perfectamente con el tema central y el drama que vive la protagonista, que no es otro que la mujer como víctima de reglas sociales impuestas que la obligan a someterse como un títere prescindiendo de sus verdaderos sentimientos, o perecer en el intento de liberarse de las mismas. Víctima de una representación. Esa actualización de la forma de contar por la vía de la teatralización facilita el contacto con un público más joven, aportando mayor dinamismo al relato original sin faltar a lo esencial del mismo. Las distintas secuencias en que las cabezas se vuelven a mirar morbosamente primero y acusadoramente después a la mujer adúltera, gozando las delicias del escándalo, son un excelente recordatorio de la farsa que constituyen las llamadas “buenas costumbres” en este relato repleto de casamenteras celestinas, alcahuetas desleales, amantes oportunistas y maridos burladores y burlados, tan bien ejemplificado también en el tono casi vodevilesco de la primera secuencia protagonizada por el hermano de la protagonista.
Hay otro aspecto que me ha parecido interesante, y es la representación de Anna como un elemento de caos en un mundo ordenado. El propio personaje llama asesino de su felicidad al amante que la ha apartado de esa vida organizada y aparentemente feliz con su marido y su hijo, de la que la saca su pasión adúltera por Vronsky. Dejándose llevar por esa pasión, Anna impone una onda de caos de la que ella es la principal víctima, y curiosamente con la resolución final de su personaje y su salida del relato, todo parece volver a reordenarse felizmente en torno a grupos familiares, incluso para la hija que su abnegado marido adopta. El hecho de que el marido interpretado por Jude Law, en mi opinión la mejor interpretación de la película, tenga más protagonismo y esté definido para ganarse mayores simpatías por parte del público de lo que consiguiera en versiones cinematográficas anteriores, donde se pinta ese personaje en unas claves más puritanas, censoras y castradoras para con la protagonista (ni siquiera la aparta forzosamente de su hijo, como en alguna que otra versión anterior donde casi acababa convertido en el villano reforzando el papel de víctima de la esposa adúltera), podría dar lugar a pensar que Anna está definida como una especie de monstruo social en una clave machista o paternalista. Pero creo que no es el caso. Al contrario: haciendo que Anna sea víctima de sus propias pasiones, se le otorga a ese personaje femenino de inadaptada social mayor independencia y autosuficiencia de la que tiene cuando se la define como mero títere de los hombres que la rodean, el marido y el amante principalmente. Ocurre lo mismo con el papel de Vronsky, que en otras versiones está mucho más exagerado en la clave de golfo y mentiroso y queda finalmente definido como un traidor al amor que le profesa Anna, mientras que en esta versión queda más humanizado, menos distante y maltratador que en otras.
Si a ello añadimos que han sido muy elegantes y sutiles a la hora de hablar de los sentimientos de Anna por su hijo, sin caer en la ñoñez de otras versiones anteriores, como la protagonizada por Vivien Leigh, o en la franca incredulidad que a todos nos producía la exhibición de sentimientos maternales bastante falsos en la interpretación del personaje a manos de las versiones que no obstante me siguen gustando más de todas, la muda y la sonora protagonizada por Greta Garbo (era difícil creerse a la Garbo en plan maternal… demasiado fría y distante), creo que la adaptación les ha salido más entretenida e interesante de lo que me temía en principio cuando me dijeron que duraba 130 minutos.
Quizá le sobran algunos excesos de gestualización de Keira Knightley, que no acaba de convencerme del todo cuando el piden que refleje emociones, la verdad sea dicha, y posiblemente también le sobran unos minutos de metraje, pero en general creo que es una buena película que por los gustos personales que me caracterizan y ya he comentado al principio de este texto no creo que vuelva a ver, pero les recomiendo a todos aquellos y aquellas que disfruten con las tragedias románticas, entre las cuales esta de Anna Karenina tiene un detalle muy curioso, coherente con la novela original y la fórmula mencionada del argumento universal de la mujer adúltera: en ningún momento vemos realmente felices a los amantes, aunque se nos exponga su apasionamiento, precisamente porque el director se ha ocupado de buscar en contraste de ese amor adúltero y culpable no disfrutado con ese otro romance que habita en el corazón del relato entre otros dos personajes clave del mismo.(REVISTA ACCIÓN).