sábado, 29 de junio de 2013

ANTES DEL ANOCHECER




Película: Antes del anochecer. Título original: Before midnight. Dirección: Richard Linklater. País: USAAño: 2013. Duración: 108 min. Género: DramaInterpretación:Ethan Hawke (Jesse), Julie Delpy (Celine). Guion: Richard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke; basado en los personajes creados por Richard Linklater y Kim Krizan.Producción: Richard Linklater, Sara Woodhatch y Christos V. Konstantakopoulos.Música: Graham Reynolds. Fotografía: Christos Voudouris. Montaje: Sandra Adair.Vestuario: Vasileia Rozana. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en USA: 24 Mayo 213. Estreno en España: 28 Junio 2013.


Richard Linklater dirige “Antes del anochecer (Before midnight)”, en ella de nuevo nos encontraremos con Jesse y Celine, esta vez en Grecia, y descubriremos qué es lo que ha sucedido en sus vidas durante todos estos años.


Jesse y Celine se conocieron casualmente un tren hace 20 años, un encuentro mágico que les llevó a charlar y charlas, paseando por Viena. La historia se repitió pasados 10 años, cuando Jesse presentaba un libro en París. Ahora es en Grecia donde reencontramos a Jesse y Celine en una circunstancias inesperadas. Él se divorció de su esposa, con la que tiene un hijo adolescente. Y desde hace años convive con Celine, con la que ha tenido gemelas. Están terminando sus vacaciones helénicas, que han pasado en casa de un escritor, y por supuesto, hablan y hablan hasta la medianoche.
Richard Linklater, con la ayuda de sus dos actores protagonistas, Ethan Hawke y Julie Delpy, repite en Antes del anochecer la fórmula que tan buenos resultados le diera en Antes del amanecerAntes del atardecer. O sea, largas parrafadas, sobre todo entre la pareja protagonista, aunque también con sus amigos, a veces con planos sostenidos durante bastantes minutos, que fluyen con gracia. Diálogos ingeniosos, muy bien urdidos, que hacen pensar una vez más en que Linklater y compañía juegan a hacer una película a lo Eric Rohmer, y que la cosa les sale bastante bien.
En esta ocasión la reflexión sobre el paso del tiempo y el aprovechamiento de las oportunidades se acentúa, pues Jesse y Celine ya no son unos jovencitos, y tienen hijos a los que cuidar. Y así se incide en la madurez, que obliga a querer y aceptar al otro a pesar de sus defectos, si se desea perserverar en el amor. Puede sorprender a veces la ligereza con que se da por hecho o se bromea sobre posibles infidelidades del otro, y no faltan las inevitables bromas sexuales en las conversaciones. La decisión de mostrar a Delpy "a pecho descubierto" es de un exhibicionismo innecesario. En cambio tiene gracia ver a Delpy "actuando", como si fuera una admiradora "tontita" del famoso Jesse escritor.(DE CINE 21).


Que, en nuestra tercera aventura, Céline y Jesse paseen por la antigua Grecia no es ninguna casualidad. Debajo de las ruinas de la civilización helénica podrían esconderse los cadáveres abrazados de un matrimonio fosilizado, ese Fantasma de las Pasiones Pasadas que despertaba un grito de horror en la Ingrid Bergman de 'Te querré siempre' (1954). La obra maestra de Roberto Rossellini sobre la muerte del amor que Linklater ha transformado aquí en épica de la erosión del tiempo y la palabra. El placer de crecer con los actores y sus personajes es también el temor de verse en un espejo cuando hace nueve años que lo andas evitando. En ese sentido, si las dos primeras partes lucían ese arrobo idealizado, de comedia romántica que se ruboriza al verbalizar su encanto, 'Antes del anochecer' cambia de registro y escucha lo que ocurre cuando la pareja acumula demasiada vida en común.
Los reproches y las frustraciones despluman la fantasía. Y la película se transforma en uno de los más bellos e hirientes documentales sobre lo que signifca amar (y dejar de hacerlo) del cine reciente. Que es lo mismo que decir que Linklater filma la naturaleza del tiempo en ese instante sagrado en el que el sí se convierte en no.(FOTOGRAMAS).


Las dos predecesoras de esta película representaban el tipo de situaciones con las que todos hemos soñado: conocer a la persona adecuada de la forma más inesperada pero en el momento perfecto, perder la cabeza, y, años después, reencontrarse con ella para descubrir que la llama sigue viva. Se trata tan sólo de eso, sueños, y la realidad, con todas sus cargas, acaba desvaneciéndolos. Antes del amanecer(1995) y Antes del atardecer (2004) hablaban de encontrar el amor; Antes del anochecer habla de mantenerlo. En el pasado, a Jesse y Celine su tiempo juntos se les acababa, y de ahí que cada segundo estuviera cargado de tensión. Ahora el ahora o nunca ha sido sustituido por el ahora y para siempre, que provoca menos tensión pero más miedo. Enamorarse es fácil; crear a partir de ahí algo profundo es muy duro, pero también más intenso, menos predecible y, con suerte, más gratificante.
A estas alturas, la relación entre Jesse y Celine ya no es una burbuja impenetrable en la que sólo caben ellos dos. Las relaciones románticas autosuficientes son imposibles, y su compromiso ya no es sólo mutuo sino que incluye al resto del mundo. Y es en parte por ello que el optimismo ha dado oficialmente paso a las heridas apenas disimuladas que los años –la juventud perdida, las concesiones, los reproches, los fracasos– han infligido. Antes del anochecer no sólo se despoja del idealismo de las dos primeras películas sino que, además, desmiente las aparentemente envidiables vidas de sus protagonistas, pese a lo que digan esas gemelas imposiblemente angelicales y ese paraíso en el Peloponeso. Jesse se ha convertido en un arrogante, la neurosis de Celine ha dado paso a la paranoia fatalista. Son gente a veces difícil, a ratos hipócrita, a menudo equivocada. Sea cual sea el grado de felicidad en común que han logrado, ha costado. Y por eso, dado que ahora en lugar de filosofar acerca de su mundo y su tiempo lo hacen acerca de su mundo y su tiempo juntos, sus legendarias charlas duelen. Es difícil recordar otra película más certera que ésta retratando cómo discuten dos personas que se aman y han pasado demasiado tiempo juntas. Los argumentos se convierten en excusas, la mierda se esparce para que manche al otro. Jesse y Celine conocen sus mutuas flaquezas y son incapaces de morderse la lengua. Eso sí, incluso cuando se tiran los trastos a la cabeza es un placer estar en su presencia, sobre todo gracias a Julie Delpy e Ethan Hawke. En resumen, Antes del anochecer entiende como ninguna otra película por qué resulta tan difícil mantener una relación funcionando y que, por tanto, incluso la más emocionante historia de amor puede agotarse.......(CINEMANIA).

miércoles, 26 de junio de 2013

EL HOMBRE DE ACERO





Película 3D: El Hombre de Acero. Título original: Man of Steel.AKA: Superman 2013. Dirección: Zack SnyderPaís: USAAño:2013. Duración: 143 min. Género: Acciónfantásticociencia-ficciónInterpretación: Henry Cavill (Clark Kent / Superman),Russell Crowe (Jor-El), Amy Adams (Lois Lane), Diane Lane  (Martha Kent), Kevin Costner (Jonathan Kent), Laurence Fishburne (Perry White), Michael Shannon (general Zod), Antje Traue (Faora-Ul),  Christopher Meloni (coronel Hardy), Harry Lennix (general Swanwick), Ayelet Zurer (Lara Lor-Van), Richard Schiff (Dr. Emil Hamilton), Jadin Gould (Lana Lang). Guion: David S. Goyer; basado en un argumento de David S. Goyer y Christopher Nolan, basado a su vez en los personajes creados por Joe Shuster y Jerry Siegel. Producción: Christopher Nolan, Charles Roven, Deborah Snyder y Emma Thomas. Música: Hans ZimmerFotografía: Amir Mokri. Montaje: David Brenner. Diseño de producción: Alex McDowell. Vestuario: James Acheson y Michael Wilkinson. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA:14 Junio 2013. Estreno en España: 21 Junio 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “El Hombre de Acero”, un niño descubre que posee poderes extraordinarios y que no pertenece a este planeta. Durante su juventud, viaja para descubrir sus orígenes y las razones por las cuales ha sido enviado a la Tierra. Pero el héroe que lleva dentro tiene que emerger para que pueda salvar al mundo de la aniquilación y convertirse en el símbolo de esperanza para la humanidad. Frente al superhéroe están los otros dos supervivientes del planeta Krypton: el malvado general Zod y su socia Faora.

Siendo tan solo un bebé, Kal-El (Henry Cavill) fue enviado a la Tierra por sus padres (Russell Crowe y Ayelet Zurer) para evitar que sucumbiese a la destrucción de su planeta, Krypton. Aquí fue criado en Smallville, Kansas, por dos amables granjeros (Kevin Costner y Diane Lane) que le aceptaron como si fuese su hijo propio. Es un chico raro, especial… El icónico personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster para aportar esperanza a la población durante los tiempos de la Gran Depresión regresa para aportar esperanza a esta industria ultramoderna con “El Hombre de Acero” , readaptación del icono bastante más acertada, vistos los tiempos que corren y los males de que adolecemos, que aquel intento estructuralmente mucho más luminoso dirigido por Bryan Singer en 2006.
«Hago cosas que los demás no pueden». Zack Snyder ─que ha abandonado su amor por la cámara súper lenta, obcecado ahora en encadenar zooms digitales tan espectaculares como finalmente reiterativos─ dirige bien, con nervio, con brío, abrazado a una hipérbole continua que apenas respira narrativamente en los pasajes más calmados. Le envuelve un espectro técnico tremebundo a todos los niveles, desde la banda sonora a la fotografía, los efectos visuales, el sonido y el montaje, configurando una verdadera megapelícula en sentido amplio. Y la diversión está garantizada, desde luego, aunque la unión de un tono más serio y profundo ─Christopher Nolan ha metido aquí mano, y bastante, además─ y las irrevocables tendencias al tremendismo geocatastrófico ─por despampanante que sea─ acaban por desencajar un poco el conjunto. 
Pero bueno, tal excelencia en la producción, unida a un reparto que incluye, junto a un veraz Cavill esculpido en mármol, a Amy Adams, Kevin Costner, Russell Crowe, Larry Fishburne, Diane Lane, Michael KellyHarry LennixRichard Schiff y Michael Shannon ─imprescindible en este tipo de menús, una Némesis épica y feroz capaz de adaptar/rebajar/condicionar sus virtudes interpretativas a la réplica del actor que da vida al héroe─, consiguen que “El Hombre de Acero” esté más cerca de cumplir sus objetivos finales ─entretener con dignidad y ofrecer espectáculo, hasta el punto de poder hablar prácticamente de Megaman─ que de terminar considerándose como una mala copia del héroe de Gotham. El Caballero Azul Oscuro, o así. Pasadlo bien adorando a este deidad moderna, carnal, pagana.(LA BUTACA).


.El hombre de acero, de cinco estrellas, al nivel de El caballero oscuro y Los Vengadores. Lo mejor que ha hecho el cine con Supermán.
Zack Snyder ha dado en la diana. Su versión de Supermán pulveriza cualquiera de las películas anteriores en lo referido a emoción, ritmo y madurez en la construcción de la historia. Además consigue superar todas las trabas derivadas de la explotación del personaje durante tantos años y nos da una visión totalmente renovada de la saga del Hombre de Acero en la que brillan el uso del flashback, el despliegue visual de las secuencias de acción, la construcción de los personajes, algunos momentos realmente épicos relacionados con personajes como los de Lara, Jonathan Kent y Perry White… y una envidiable habilidad para pasar por los momentos esenciales del mito de Supermán sin caer en lo previsible o en la repetición cansina de lo que ya conocemos.
Su acierto abarca a distintos aspectos. Por un lado el ritmo, que no decae en ningún momento. Por otro su habilidad para centrar la trama en el tema del renacimiento a través de los hijos, tratando con notable astucia y flexibilidad, merced al flashback, esa paternidad compartida entre el personaje de Jor-El, el padre natural de Supermán, interpretado por Russell Crowe, y Jonathan Kent, el padre adoptivo de la Tierra, que es el mejor trabajo de Kevin Costner en estos últimos años. Afortunadamente un inteligente uso del flashback permite que ambos “padres” del protagonista permanezcan en toda la trama, cobrando un protagonismo notable en el relato frente a versiones anteriores en las que estos personajes eran simplemente un recurso dramático, un pretexto impuesto por la propia mitología de los comics de Superman. Aquí sin embargo ambos son, como el resto de personajes del relato, entidades dramáticas totalmente desarrolladas, con sus propios momentos de protagonismos, claves para la película. Además son más completos y maduros, más tridimensionales y con un conflicto más interesante del que pudieron expresar versiones anteriores.
Otro acierto notable es esquivar la parte más lastre y pesada de la saga de Supermán. Nada de ñoñerías románticas facilonas, nada de confusiones de identidad y alter-ego en la relación con Lois Lane, nada de aburrirnos con un noviazgo en conflicto. Son otros tiempos, todo es mucho más directo, y prima la acción sobre los enredos facilones con la identidad secreta y los vuelos a la luz de la luna de la etapa Christopher Reeve. La llegada del niño a la Tierra, la infancia, la juventud, la relación con los Kent, están presentados con el máximo de solvencia en el mínimo de tiempo, lo que permite aprovechar metraje para lo realmente épico, la acción, la esencia del cine convertido en un espectáculo total.
Otro punto a favor es que no hay un solo diálogo obvio. Dicen lo justo, y todo lo que dicen tiene importancia para la trama. Máximo rendimiento de cada palabra que beneficia el excelente ritmo que posee esta revisión de las claves de Supermán con una mirada fresca y renovada. El uso de elipsis y de flashback, la deconstrucción y reconstrucción del mito, funcionan a la perfección, con un arranque de ciencia ficción que para sí quisiera Avatar de James Cameron y un posterior abordaje de refundación de la mitología del célebre personaje que en muchos de sus fragmentos deja notar la mano de Christopher Nolan.
Y como todo gran héroe necesita un gran villano, el Zod de Michael Shannon es ejemplar, perfecto contrapunto del padre extraterrestre encarnado por Russell Crowe. Shannon compone un antagonista con un motivo sólido tras de sí, unas razones que podemos entender y con las que hasta cierto punto podemos empatizar. Ello añade más solidez al conflicto que enfrenta primero a Jor-El y luejo a Kal-El con Zod, que es la perfecta encarnación de la amenaza que se esconde tras el origen extraterrestre de Superman.
Temas como la marginación de Clark Kent niño en la infancia, el uso responsable de sus poderes, la influencia de su padre terrestre en su bagaje moral, la etapa de formación y viaje del héroe, el concepto del sacrificio y la esperanza, el encuentro con la periodista y el vínculo que se establece entre ambos, están desarrollados con un madurez más propicia a nuestros días que no necesitaban conseguir las películas de los años setenta y ochenta y lamentablemente le faltó a la versión de Bryan Singer, Superman Returns, que es la más perjudicada por las comparaciones con El hombre de acero.
Reuniendo todos esos elementos, Zack Snyder ha reformulado hacia la madurez, pero potenciando el espectáculo, el concepto del superhéroe en el cine, entrando perfectamente en la onda de trabajo de Christopher Nolan con El caballero oscuro, y estableciendo una firme alternativa en el cine de superhéroes a las películas producidas por la Marvel.
Pero lo mejor de todo es que ha captado a la perfección la verdadera alma del personaje en el cómic, lo más interesante de Supermán en las viñetas, y su manera de presentar visualmente las hazañas y batallas del personaje está al nivel de la espectacularidad de los mejores cómics del Hombre de Acero. Rinde así un homenaje al medio de expresión en viñetas del que surgió este hijo de Krypton y es fiel a su identidad y función como pionero de las historias de superhéroes.
Quienes llevados por la nostalgia afirmen que esta versión se aparta de las de Christopher Reeve, deberían recordar que aquellas tuvieron siempre un puntito de inclinación hacia el infantilismo y la superficialidad en la presentación de personajes y situaciones de la que esta carece absolutamente. Snyder y Nolan, porque insisto en que la mano de Nolan se nota, nos han regalado la versión más completa y madura de Supermán en el cine.
En cuanto a la banda sonora de Hans Zimmer, no es, ni lo pretende, ni puede, ni debe emular a la de John Williams. Su tono lúgubre y amenazante con la percusión como protagonista encaja, combina y completa perfectamente con las imágenes y la esencia de la película. Cierto que he echado en falta alguna fanfarria épica, algo más de himno, pero es que este no es un Superman de himnos, sino un Hombre de Acero renovado, más verosímil e interesante desde el punto de vista dramático, menos icono popular y más personaje en continua evolución, protagonista de un relato excepcionalmente bien construido que como digo tiene su columna vertebral en la desaparición y reaparición y permanencia de esos dos puntales que son los personajes de Russell Crowe y Kevin Costner.
Por último decir que nadie que vea esta película podrá negar que está hecha para verla en pantalla grande, como el gran espectáculo que es, lo que convierte a este nuevo Supermán en una explicación perfecta de por qué los cines no pueden desaparecer.
Si alguien pretende ver esta maravilla en pantalla pequeña, en una mala copia robada de cualquier parte, no está viendo al verdadero Hombre de Acero, sino un sucedáneo adulterado y miserable.((REVISTA ACCION).


A favor, por Noel Ceballos
Planeta moribundo. Científicos desesperados. Última esperanza. Pareja bondadosa. El guionista de cómic Grant Morrison sintetizó así el origen de Superman, tan arraigado en nuestro inconsciente colectivo como los mitos del mundo antiguo. El prólogo de El Hombre de Acero opta por la estrategia opuesta: dilatar las cuatro frases, expandir la matriz del personaje como si fuera la primera vez que alguien cuenta su historia. Si esta obertura épica contrasta con el hiperrealismo de otros pasajes es porque estamos ante una película contradictoria y poseedora de varios padres. De Nolan ha heredado su sofisticación estructural; de Goyer, su olfato para resumir décadas de evolución en papel con la vista puesta en el gran público; de Snyder, su imbatible pulso para la épica y su capacidad para convertir planos en potenciales iconos del cine contemporáneo. En suma, nada más lejos de la inerte sinfonía retro de Bryan Singer: esta quizá no sea la historia sobre Superman definitiva, pero reconfigura el mito de Siegel y Shuster para unos tiempos en los que vuelve a ser necesario.
En contra, por Jordi Costa
En el combate entre Marvel y D.C. por la conquista del blockbuster, parece definirse, cada vez más, un pulso entre lo lúdico y lo grave, que podría ser una de las muchas formas del duelo entre lo dionisíaco y lo apolíneo si no estuviéramos ante dos colosos barrocos y desbordados y, por tanto, igualmente dionisíacos en esencia. En El Hombre de Acero, el factor Nolan se inyecta a lo bestia sobre las venas de gañán tecnológico de Zack Snyder y el resultado es una película monstruosa y contradictoria, un texto fundacional que funde en una pieza de artillería hardcore el Superman (1978) de Richard Donner y la secuela que cayó en las iconoclastas manos de Richard Lester. Las debilidades están a la vista y pasan por el engolamiento del tono y el afán de trascendencia, aunque quizá lo más grave sea el exilio cósmico al que ha sido condenado todo sentido del humor -es inevitable añorar la chispeante, libre e irreverente Superman III (1983)- y la rotunda falta de carisma del conjunto. En el haber, el esfuerzo de Snyder por dar legitimidad hiperrealista, a golpe de reencuadre de corresponsal de guerra, a sus sobrecargados fotogramas, hipérboles hilarantes a su pesar.(FOTOGRAMAS).

domingo, 9 de junio de 2013

15 AÑOS Y UN DÍA





Película: 15 años y un día. Dirección: Gracia QuerejetaPaís:EspañaAño: 2013. Género: DramaInterpretación: Maribel Verdú (Margo), Tito Valverde (Max), Arón Piper (Jon), Belén López  (inspectora Aledo), Susi Sánchez (Cati), Boris Cucalón (Toni), Pau Poch (Nelson). Guion: Antonio Santos Mercero y Gracia Querejeta.  Producción: Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky. Música: Pablo Salinas. Fotografía: Juan Carlos Gómez. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Dirección artística: Laura Musso. Vestuario: Maiki Marín. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 7 Junio 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


La película “15 años y un día” narra la relación entre un adolescente conflictivo y su abuelo Max, un militar retirado que vive en un pueblo de la Costa de la Luz. Cuando Jon es expulsado del colegio, su madre, Margo (Maribel Verdú), decide enviarle lejos para que Max lo meta en cintura. No le será fácil. A Jon le gusta bordear el peligro, y el ex militar es un hombre de costumbres que se ha asentado en un punto muy cómodo de la vida. Los dos se enfrentarán a sus limitaciones y a sus miedos.


Valedora de los Premios a la Mejor Película, Guión, Música y Premio de la Crítica en el pasado Festival de cine de Málaga, por fin llega a nuestras pantallas esta historia, pequeña, dentro de la filmografía de su directora, pero grande en el retrato de sus personajes.
No hay nada en ella que traicione las constantes a las que ya nos tiene acostumbrados el cine de esta directora, maestra en el arte de explicar la crudeza, la dificultad y la incomunicación que muchas veces encierran las relaciones familiares, con especial atención a las paterno-materno-filiales.
Es docta en meter el dedo en la llaga de sus personajes y hacerles hablar cuando no quieren.
A golpe de sinceridad de la que mata y de vehemencia de la que estremece la realidad que dejan siempre las heridas cerradas en falso de temas pasados inconclusos, escabrosos, sale al encuentro de padres e hijos, cojos emocionalmente, incapaces de mostrar la cercanía y el diálogo que requiere cualquier resolución a un problema y forzarles a tomar el toro por los cuernos y resolver aunque sea a coces.
Su animalario humano lo conforman el secreto, la incomunicación, la soledad como si fueran en sí mísmos, sustantivos animados que campan a sus anchas intentando sobrevivir a la vida como si de un personaje más se tratara habitando las estrecheces del alma de gente que habita su presente, buscando intentar hacer lascosas bien o más o menos bien.
Pero lo más interesante del cine de Gracia Querejeta es el cariño que le toma y con el que trata a sus personajes desvalidos. Los comprende, sin justificarles y les demuestra que uno siempre es fruto de sus circunstancias y que casi siempre, uno recoge lo que ha sembrado en tiempo y que, como en el caso que nos ocupa, todo tiene su recompensa y su castigo, que cada palabra, acto, pensamiento, tiene su consecuencia, que siempre hay un efecto que sigue a una causa.
Querejeta arranca del caldo de cultivo idóneo que viene a ser siempre el conflictor de una relación materno-filial cogída con alfileres.
Una madre, cuando su hijo es expulsado de la escuela, decide mandar al chico a pasar una temporada con su abuelo, un antíguo militar, hombre honesto de pocas palabras pero contundentes y de código moral férreo e inquebrantable.
Es sumamente interesante ser testigos de cómo se enzarzan y luchan por encontrar un punto de diálogo verbal y no verbal estos dos personajes: el muchacho frágil y perdido que responde ante la vida a golpazos de genio y figura y el viejo huraño que habita en los Alpes (como si del abuelo de nuestra querida Heidi se tratara) de playas cristalinas y sol cegador y a miles de kilómetros de sentimientos, antaño conocidos y ahora olvidados.
Y en mitad de esta tempestad, la vida toma la delantera y decide poner las cosas en su sitio y voltearlo todo sin demora y desde las tripas y empieza a obrar milagros: secretos del pasado que emergen a la superfície de las vidas que las creíamos tan estables; un hecho que intriga sin llegar a mantenernos en suspense pero que interesa; un hombre que dejó de querer; una mujer que se quedó colgada de una esperanza y la amargura fue arruinándole sus territorios; una conversación de las que duelen , que se vomita en palabras sin acentos, ni armonía, ni puntos, ni comas, ni tono definido pero que se necesita oir ( una de las mejores escenas de la película); una mujer en estado de gracia y sin suerte que arrastra una pena y un deseo...
Gracia Querejeta vuelve a bordar el microcosmos del sentimiento fuerte pero mal encauzado entre consanguíneos, con escenas y momentos, en verdad, de gran intensidad, de gran emotividad y de gran destreza que procede, sobre todo, de un guión sobresaliente y sumamente inspirado que demuestra perfectamente que su directora es una sabia conocedora del terreno que pisa y de unos actores, con especial mención para un Tito Valverde de "Goya", una Belén López como nunca la habíamos visto, una siempre impecable Maribel Verdú y una Susi Sánchez hermética y perfecta, auténticas bestias actorales, los únicos y verdaderos pilares en los que se cimienta el imaginario de esta directora a la hora de crear a sus monstruos incomprendidos.(REVISTA ACCIÓN).


Al cine intimista, casi brumoso, de una contención siempre a punto de chaparrón emocional, deGracia Querejeta, le ha vuelto a salir un rayo de sol adolescente, con más fuerza incluso que enHéctor, su anterior filme con cicatrices juveniles. A su habitual pausa, casi paladeo, de las secuencias, y al cuidado en la composición de los diálogos le va bien esa naturalidad, esa soltura casi libertaria de la chavalería incontrolable. Es más, la frescura traviesa le ofrece un punto de fuga por el que se liberan muchos de los secretos desgarradores, que corren por debajo de esos personajes cargados con pagarés emocionales al portador. La oposición entre el Norte donostiarra y el luminoso Sur del retiro de Tito Valverde abunda en esa idea de contrastes que se hace evidente en esta película con una fuerza novedosa. Sucede algo parecido respecto de la mirada femenina de su protagonista adulta: esta vez hay más salidas para huir de los demonios interiores (habituales en sus historias) y exteriores que la acechan. Siempre hay escapatoria. Ese velado optimismo (en forma de personajes muleta, que a su vez tienen sus problemas: los abuelos, la policía, la maestra de música), esas luces al final del túnel, convierten el filme de Querejeta en el más esperanzado de su filmografía, aun a riesgo de perder parte de su carisma, de aquel toque intenso, concentrado (y un poco plomizo a veces) de sus películas. No ha sido una mala decisión, incluso pese al riesgo del juego de opuestos, o del peligro de encontrar dos sensibilidades actorales en un plano, riesgo que se agudiza cuanto mayor es el esfuerzo, de por sí ímprobo, ante las tribulaciones de su personaje, de Maribel Verdú. Ese trabajo de matices, de composición, corre el riesgo de chocar con el desenfado del resto del elenco.
La familia vuelve a ser a la vez lastre y salida, origen y final. Las películas de Querejeta ahondan una y otra vez en la profunda huella que dejan los lazos afectivos forzosos. No es extraño que el filme aluda a una condena: la que recibimos todos al nacer y sale disparada en todas direcciones multiplicándose, incontrolada, al tener hijos. De eso, y de la dificultad de reconocerse uno mismo en los seres queridos como nos habían vendido, nos pone sobre aviso, bajo custodia cinematográfica, la mirada siempre inquieta de la directora, en su nuevo y liberado estado de gracia.
(CINEMANIA).


Digámoslo de entrada: como cualquier autor que se precie, Gracia Querejeta ha ido cultivando primorosamente un jardín en el que crece un jugoso monocultivo: las relaciones paterno-fliales. Variaciones sobre ese tema son las que prácticamente pueblan todas las películas (maestro intelectual, padre putativo, padre biológico o, como en el caso que nos ocupa, abuelo con trastienda), de ahí que, con los años, doña Gracia haya ido afnando sus dardos, haciéndolos menos exasperados, tal vez, pero también más cargados de humanidad, de sabiduría. Aquí, el adolescente a quien da peso el joven Arón Piper (agradable sorpresa) deberá confrontar su vida no tanto con su sobrepasada madre (una Verdú ajustadísima a su personaje) como con un abuelo ex militar, resabiado, a su manera buen tipo, pero en el límite de la misantropía. De manera que a lo que asistiremos, a lo largo de un flm que se hace infrecuentemente breve, es a un constante tira y aáoja entre unas líneas rojas impuestas y el deseo, más bien inconsciente, de sobrepasarlas. Interesa menos, me temo, la peripecia criminal y mucho más la búsqueda emocional de un joven a quien no le han enseñado a vivir su emotividad correctamente. Bien narrada, mejor interpretada, sólo plantea, en el fondo, un enigma: ¿hacia dónde se orientará desde ahora la flmografía de su autora?(FOTOGRAMAS).

lunes, 3 de junio de 2013

360: JUEGO DE DESTINOS



Película: 360: Juego de destinos. Dirección: Fernando MeirellesPaís: Reino Unido.Año: 2012. Duración: 110 min. Género: DramaromanceInterpretación: Anthony Hopkins (John), Jude Law (Michael Daly), Ben Foster (Tyler), Rachel Weisz (Rose), Moritz Bleibtreu (vendedor), Dinara Drukarova (Valentina). Guion: Peter Morgan; basado en la novela “La ronda”, de Arthur SchnitzlerProducción: Andrew Eaton y David Linde.Fotografía: Adriano Goldman. Montaje: Daniel Rezende. Diseño de producción: John Paul Kelly. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en Reino Unido: 10 Agosto 2012. Estreno en España: 31 Mayo 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


La cinta, cuyo guion es obra de Peter Morgan, se basará a su vez en “La ronda”, la conocida obra de Arthur Schnitzler. “360: Juego de destinos” es un moderno caleidoscopio de amor y relaciones que unen a personajes de diferentes ciudades y países en un thriller intenso y conmovedor sobre la vida romántica en el siglo 21. Comenzando en Viena, la película entreteje relatos en París, Londres, Bratislava, Río, Denver y Phoenix. Un hombre de negocios se enfrenta a una dura decisión: serle fiel o no a su mujer. A partir de este momento se origina una serie de acontecimientos que se desarrollan alrededor del mundo con consecuencias dramáticas, haciendo que la trama acabe volviendo 360 grados al lugar de la decisión original.


Drama en la línea de Vidas Cruzadas, con un magnífico reparto. Algunos dirán que es como Crash, que en los últimos años parece haberse convertido en el único referente del género. No entiendo demasiado el porqué, Crash no inventó nada, como tampoco lo hizo Vidas Cruzadas, pero la película de Robert Altman sí que suena más a referente que la de Paul Haggis (lo cual no quiere decir que sea mejor, que también). Por lo menos para mí. Aunque Haggis hiciese que ese tipo de cine se pusiese de moda brevemente, sobre todo con películas directas a vídeo o de escaso recorrido comercial y que apenas han llegado a verse en España. Podría decirse que 360 es parte de eso. Y todo eso pese a su reparto y su director.
El caso es que nos encontramos con una película de historias cruzadas o entrelazadas de una forma u otra, que, como su propio nombre indica, acaban dando a la película una forma circular, de principio y fin unidos. Una historia que nace y muere en Viena y que nos lleva de una prostituta recién llegada a Alemania, a un ejecutivo de viaje de negocios, a Francia, a Londres, de allí un vuelo a Denver y sus personajes y regresar finalmente a Viena. Todos son personajes con cierto bagaje personal y emocional. Tras las cámaras un tipo como Fernando Meirelles, el director brasileño responsable de películas tan interesantes, cuando no sobresalientes, como A Ciegas, El Jardinero Fiel o Ciudad de Dios.
Pero aquí Meirelles parece haber perdido el rumbo. No se trata de que jugar a que las historias se entrelacen de un modo u otro a lo largo del mundo sea lanzar los dados al azar y confiar demasiado en que el espectador se lo crea. O al menos no sólo eso. Se trata de la incapacidad para encontrar un punto realmente sombrío en las historias. Aquí las prostitutas todas tienen buen corazón, los matrimonios se arreglan pese a la memez de los sujetos, o si se fuerza y abandona el hogar los adúlteros son castigados, como lo son los malvados, mientras que aquellos que buscan redimirse lo consiguen… Todo muy blandito, muy edulcorado. Las historias pierden interés al poco de contarse. Sucede por ejemplo con la historia del conductor ruso, con la de Anthony Hopkins, con la de Ben Foster (un depredador sexual, ojito a la baba que le ponen… con ese potencial…), a la de Jude Law y Rachel Weisz… Vamos casi toda la película.
Lo más oscuro o triste de la película recae sobre los hombros de Jamel Debbouze… Además hay historias que interesan mucho más que otras, como es la de la prostituta eslovaca. La parte final del film tiene mucho más peso que la anterior. Más fuerza. Pero, entre todo ello, que nunca es un desastre ni aburre, sólo es demasiado blandito, hay un grupo de actores… sensacionales. Los antes mencionados junto a Marianne Jean Baptiste por ejemplo, dan vida a los personajes de forma espectacular. Ese discurso de Anthony Hopkins, esa mirada de Debbouze o la relación entre Weisz y Law… son suficientes para que la película merezca la pena. Es buena, pero podría ser mucho mejor.
A las antes mencionadas Crash y Vidas Cruzadas, piezas imprescindibles para entender este género cinematográfico, podríamos sumar una pila al espectador, desde Magnolia a Jugando con el Corazón, pasando por Babel o películas más recientes y algo desconocidas como Cuatro Vidas o Powder Blue, que comparten a un actor de la talla de Forest Whitaker.(REVISTA ACCIÓN).



Publicitada como una supuesta relectura de 'La Ronda', de Arthur Schnitzler, al poco de comenzar la última película de Fernando Meirelles ya empezamos a descubrir que, lejos de parecerse a las versiones de Ophüls o Vadim (ni el aliento del primero ni la desfachatez del segundo), tiene mucho más que ver, en tono, que no en urdimbre (aquí, más que ante un puzzle, estamos en formato relevos), con 'Vidas cruzadas' (Robert Altman, 1993) o, mucho me temo, con 'Crash' (Paul Haggis, 2004). Afortunadamente, '360. Juego de destinos' no cae en la simpleza catequista de esta última, aunque sí comparte con ella cierta solemnidad impostada que no llega a estragar gracias a la personalidad de su director, alguien cuya contundencia visual y pudor en la entonación le vacunan contra el emocionalismo coral tan apreciado entre esa masa adicta al autorreproche que constituye la clase cultural media y con mediano sentimiento de culpa.
Es la ausencia de dicho redencionismo facilón y cierto regusto a distanciamiento respecto a lo narrado, cuando no de voyeurismo malsano, lo que convierte este flm en algo distinto, y defnitivamente mejor, que un crossover venéreo aunque liviano, rítmicamente intachable y de formas más pulidas que 'Babel' (Alejandro G. Iñárritu, 2006).(FOTOGRAMAS)

Respecto al último filme de Fernando Meirellesque con crítico retraso se estrena entre nosotros, cabría aclarar primero que su trayectoria circular se explica mejor como una “carrera de relevos” entre personajes e historias, antes que mediante la equidistancia con respecto a un centro de la narración, por mucho que la “cuadratura del título” se materialice en ese hermoso recorrido por el anillo circunvalatorio de Viena. Y es que, desde su debut en Ciudad de Dios, el director brasileño se ha ido especializando en afrontar la traslación a pantalla de endiablados dispositivos argumentales, como éste que firma el reputado guionista Peter Morgan, y como fue también El jardinero fiel, quizás su película más lograda hasta la fecha. En aquélla, el reconocimiento amoroso iba fraguándose a medida que se reconstruía enflashback la propia desaparición de la persona querida. De la (dis)continuidad temporal se transita a la atomización espacial en 360: Juego de destinos, fábula transcendental acerca de la globosfera y sus desamparadas criaturas, “ambientada” en siete lenguas y con otras tantas nacionalidades protagónicas. Y si bien el discurso no llega a calar tan hondo como en ocasiones anteriores, hay que ensalzar una vez más la labor de cásting, la puesta en escena y el ritmo del montaje de esta producción, fruto de la poderosa concepción audiovisual que hermana a Meirelles con primeros espadas como Daniel Rezende(en la edición), o Adriano Goldman (director de fotografía que recoge el testigo del habitual César Charlone). Entre los tres paulistas, y gracias también al sostén de unas interpretaciones eléctricas y extraordinarias, se levanta esta Torre de Babel que con mirada caleidoscópica nos habla del amor y de la redención, y que deleita con virguerías estéticas en el enfoque y la composición.(CINEMANIA).