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sábado, 31 de agosto de 2013

MUD




Película: Mud. Dirección y guion: Jeff NicholsPaís: USAAño:2012. Duración: 130 min. Género: DramaInterpretación: Matthew McConaughey (Mud), Reese Witherspoon (Juniper), Sarah Paulson (Mary Lee), Tye Sheridan (Ellis), Michael Shannon  (Galen), Sam Shepard (Tom), Jacob Lofland (Neckbone).Producción: Lisa Maria Falcone, Sarah Green y Aaron Ryder.Música: David Wingo. Fotografía: Adam Stone. Montaje: Julie Monroe. Diseño de producción: Richard A. Wright. Vestuario: Kari Perkins. Distribuidora: Vértigo Films. Estreno en USA: 10 Mayo 2013. Estreno en España: 30 Agosto 2013.


Ellis y Neckbone, de 14 años, se encuentran con un hombre refugiado en una isla en medio del Misisipi. Se trata de Mud: con un diente menos, una serpiente tatuada en el brazo, una pistola y una camisa que le da suerte. Mud es también un hombre que cree en el amor, algo en lo que Ellis necesita creer desesperadamente para intentar olvidar las tensiones diarias entre sus padres. Mud pide ayuda a los dos adolescentes para reparar un barco que le permitirá abandonar la isla. Sin embargo, para los muchachos resulta difícil discernir lo verdadero de lo falso en las palabras de Mud. ¿Ha matado realmente a un hombre? ¿Le persigue la justicia, los cazarrecompensas? Y por otro lado, ¿quién es la chica misteriosa que acaba de desembarcar en su pequeño pueblo de Arkansas?


Matthew McConaughey nos brinda una de las interpretaciones del año en este magnífico drama. Una compleja y valiente historia que cruza los destinos de dos niños con los de un fugitivo y que bien podría ser la ocasión para ver al actor nominado al Oscar, con su sutil interpretación de ese hombre torturado y perseguido, siempre enamorado, pero de un amor bizarro, imposible, dañino, de esos que acaban costándote hasta la cordura. Porque es un personaje que camina entre la locura y la cordura, entre muchas otras cosas. Una suerte de héroe para dos niños, sí, pero también un forajido, uno perseguido por la ley. Un cobarde, un loco, un enamorado. Todo a través de un actor que define a su personaje con una sola mirada. No es un hombre de muchas palabras.
Y eso que no es el protagonista real de la historia, que es este adolescente que descubre junto a su amigo la guarida de un hombre muy peculiar, en una de las islas cercanas a donde viven. Un hombre llamado Mud que les pedirá ayuda para arreglar un bote y salir de allí, aunque antes llevándose consigo al amor de su vida. Claro que la misión no es sencilla, y el protagonista tendrá que lidiar con sus padres, el orden, la chica, su primer amor y varias cosas más, en uno de esos viajes iniciáticos, que convierten a un niño en hombre. Puede que Mud sea el punto de interés de la historia, pero es Ellis el centro de la misma. Y la interpretación está a la par de la de McConaughey.
Se trata del joven actor Tye Sheridan, visto en El Árbol de la Vida, y demuestra de nuevo lo bien que sabe el director y guionista Jeff Nichols manejar a sus actores. Sólo hay que ver ésta o recordar Take Shelter, y sabremos que apoya sus historias en grandes personajes y grandes actores que den vida a los personajes. Aquí el reparto, magníficos todos y cada uno de ellos, lo completan Reese Witherspoon, Sam Shepard, Michael Shannon (cómo no, siendo Jeff Nichols), Sarah Paulson o Ray McKinnon. Reparto de actores, antes que estrellas. Para una historia que mezcla con valentía el paso a la madurez, la pérdida de la inocencia, el miedo, la cobardía, la fascinación por lo desconocido, el amor o ese momento en el que nos damos cuenta de que nuestros padres no son superhéroes. Con gotas de suspense y misterio, en torno a la figura de Witherspoon, pero ante todo con la vida de este joven que ve tambalearse su vida por todas partes, y trata de anclarla ayudando a un hombre a huir. Un joven que no se parece en nada a los personajes que Hollywood normalmente vende, un joven con agallas (ojo al tema de la “novia” y su resolución se enfrente a quien se enfrente). Todo en Mud respira credibilidad, realismo y una belleza extraña y sencilla, nada aparatosa, pero sí muy supersticiosa, como lo son los personajes de la película. El director sabe cómo componer personajes y una gran historia con sencillez y mucha sensibilidad, que no sensiblería. Pese a ese final en la casa flotante… forzado. Y pese a que, en el último momento, no termine de tener agallas para terminar la historia como debe. Es una pena, porque podía haber sido una película perfecta y redonda.
En una clave completamente distinta, pero independiente e inteligente, es una película que puede emparentarse con Stoker o Bestias del Sur Salvaje, aunque cualquiera que haya visto Take Shelter reconocerá la obra de su director. Ningún aficionado al cine debería perdérsela.(REVISTA ACCIÓN).


La tercera película de Jeff Nichols contempla la creciente desilusión de un joven adolescente frente al mundo adulto a medida que empieza a penetrar en él y, sobre todo, a entender los inseguros mecanismos de funcionamiento del mundo. En consecuencia, Barro es también una celebración de ciertos ritos de paso universales. Si eso la hace vulnerable al cliché es porque, como todos los relatos de iniciación, casi todo lo que nos cuenta resulta inmediatamente identificable por quienes alguna vez hemos sido jóvenes. En cualquier caso, la película captura experiencias como el primer beso o el primer puñetazo con detalle y ternura.
Dicho esto, Nichols no es capaz aquí de repetir ni las matizadas texturas autóctonas que manejó enShotgun Stories (2007) ni la urgencia social que añadió a Take Shelter (2011). En cambio, Barro está atemperada a base de nostalgia, manifestada ésta tanto en los obvios referentes –de Huckleberry Finn a Cuenta conmigo– como en el tipo de sociedad paternalista que el filme parece defender. Asimismo, en esta ocasión Nichols se muestra más proclive a la narración que a la agudeza psicológica, y quizá se apoye demasiado en estrategias dramáticas familiares, aunque en todo caso la credibilidad emocional de la película –esas generosas dosis de ira y desilusión– se impone sobre sus atajos dramáticos.
En todo caso, no deja de resultar chocante que el director de una película tan ambigua y a contracorriente como Take Shelter se acomode de forma tan placentera en fórmulas narrativas de eficacia ya sobradamente probada por Hollywood. En ese sentido, el chirriante acto final del relato olvida las sutiles y tensas batallas personales de su protagonista adolescente en pos de una sucesión de balas y de finales felices que encarnan una tosca y blanda forma de heroísmo.(CINEMANIA).


LLa crítica norteamericana ha acertado de pleno al comparar a Mud con la literatura aventurera de Mark Twain. El protagonista de esta película tiene un halo de niño perdido de la cultura del éxito norteamericana similar al que tuvieron en su día personajes como Huckleberry Finn o Tom Sawyer.
En Mud destaca la revitalización de dos actores habitualmente dedicados a la comedia capaces de estar simplemente insoportables si no se les dirige con acierto: Reese Whiterspoon y Mathew McCounaguey. Ella construye el personaje con la mirada, él con la voz (una insustituible y demacrada voz). Juntos protagonizan una historia de amor insólita, magníficamente sugerida en el guión del propio Nichols.(FILA SIETE).


En los mismos ríos entramos y no entramos, (pues) somos y no somos (los mismos). El pensamiento de Heráclito se diluía en el agua dulce del Mississippi, que Huckleberry Finn cruzaba en balsa hasta encontrarse con el prófugo Jim, iniciando así un viaje al corazón de la amistad en un contexto no demasiado propicio para las simpatías interraciales.
Jef Nichols, que desde 'Mud' podría declararse heredero del mejor John Sayles, revisita el territorio mítico de Mark Twain conservando parte de su imaginario (las casas fuviales, la América empobrecida, la complicidad sanguínea de la adolescencia) para construir un hermoso punto de vista, de una madurez precoz y curiosa, sobre un enigmático personaje que tanto podría ser la reencarnación de Long John Silver como del benefactor de Pip en Grandes esperanzas.
'Mud' tensa la cuerda entre la mirada de un chico que empieza a entender las miserias del mundo adulto y la soledad de un Robinson Crusoe desdentado (impresionante McConaughey) que quiere recuperar su primer amor. Evoca la sensibilidad del díptico sureño de Robert Mulligan –de 'Matar un ruiseño'r (1962) a 'Verano en Louisiana' (1991)–, apelmazada por una atmósfera densa y sudorosa,que a veces (pocas) recurre a trucos de guión (la mordida de la serpiente) indignos de un conjunto tan sólido.(FOTOGRAMAS).

jueves, 22 de agosto de 2013

EL LLANERO SOLITARIO



Película: El Llanero Solitario. Título original: The Lone Ranger.Dirección: Gore VerbinskiPaís: USAAño: 2013. Duración: 150 min. Género: AventuraswesterncomediaInterpretación: Johnny Depp (Toro), Armie Hammer (John Reid / El Llanero Solitario),Helena Bonham Carter (Rodilla Roja), Tom Wilkinson (Latham Cole), William Fichtner (Butch), Barry Pepper (capitán Jay Fuller),Ruth Wilson (Rebecca), James Badge Dale (Dan). Guion: Ted Elliott, Terry Rossio y Justin Haythe. Producción: Jerry Bruckheimer y Gore Verbinski. Música: Hans ZimmerFotografía: Bojan Bazelli. Montaje:James Haygood y Craig Wood. Diseño de producción: Jess Gonchor. Vestuario: Penny Rose. Distribuidora: The Walt Disney CompanyEstreno en USA: 3 Julio 2013. Estreno en España: 21 Agosto 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.



En “El Llanero Solitario”, el famoso héroe enmascarado vuelve a cobrar vida a partir de una nueva mirada. En la película, un nativo americano y guerrero espiritual (Johnny Depp) narra las historias —nunca antes contadas— que transformaron a John Reid (Armie Hammer), un hombre de ley, en toda una leyenda de la justicia. Un épico viaje con sorpresas e ironías junto a dos inverosímiles héroes que aprenden a trabajar juntos y a luchar contra la codicia y la corrupción.


La cosa no era fácil, pero tampoco muy difícil: se trataba de contar una tontona historieta de indios y vaqueros muy popular en Estados Unidos por haber sido serial radiofónico y televisivo de muy largo recorrido, con arranque en 1933.
Pero Jerry BruckheimerGore Verbinski y Johnny Deep se han propuesto repetir lo de Piratas del Caribe pero sin agua ni barcos, usando a los temibles Elliott Rossio como pilotos que navegan por el desierto tejano con la música del cansino Zimmer rumbo a ninguna parte, entreteniéndose en sketches a cada cual más soso. Cuando llega la espectacularidad, que la hay a todo plan, lo que queda del espectador ya ha podido contar cuatro veces las butacas de la sala.
Lenta, sin ritmo, rota, sin carisma, tópica, sin gracia, siniestra, mal contada, pésimamente interpretada, la película permite a Depp ahondar en su ridículo registro interpretativo, repetido hasta la saciedad, que no sabe de épocas, ambientes ni conflictos.(FILA SIETE).


En un universo regido por la fría lógica mercantilista, desempolvar a un personaje de serial radiofónico y televisivo como 'El Llanero Solitario' conllevaría hacerlo desde la nostalgia espectacularizada o la parodia distanciada. Cualquier cosa antes que la opción que los responsables de esta rematadamente rara e hiperbólicamente bizarra película han elegido: el revisionismo alucinógeno y el slapstick keatoniano (por Buster) bigger than life. Su única concesión a las reglas del blockbuster (esa set piece magistral protagonizada por dos trenes desafando todas las reglas físicas posibles) resulta incluso demasiado sofsticada y excéntrica para los cánones del palomiterismo mainstream. Brilla en esa media hora frenética fnal la vena cartoon de un Gore Verbinski menos encorsetado que en su trilogía pirata Disney, ese Verbinski que ya se aproximara al western en aquel Leone posmoderno titulado 'The Mexican' (2001). Pero, ¿y antes? Antes asistimos a una depuración del blanco justiciero enmascarado y su
compañero indio desde una estructura deudora tanto de la obra teatral de Arthur Kopit (y posterior film de Robert Altman) 'Bufalo Bill y los indios' (1976) como de 'El Topo' (1970), de Alejandro Jodorowsky.
Un trip desértico de peyote poblado de pesadillas, absurdo y conejos caníbales.(FOTOGRAMAS).


Los héroes ya no engañan a nadie. Y si son de una pieza, todavía menos. El mundo entero piensa que son aburridos y no paramos de buscarles cicatrices. Lo han descubierto incluso en Can Disney, hogar tradicional de las lecciones morales en pantalla. Si algo dejó la franquicia de Piratas del Caribe, al margen de dinero y una buena cantidad de montañismo ruso en cantidad decreciente según corrían las (4) secuelas, es una renovada versión de lo que podríamos llamar la Teoría del Protagonismo en el cine. Es cierto que no hablamos de algo particularmente transgresor: Wilder ya le dio la manija a un muerto en una piscina crepuscular, Ford repartió verdad y leyenda entre dos actores contra Liberty Valance y Hitchcock mató a su principal personaje y cambió de caballo a mitad de carrera en Psicosis, por no hablar de los Doineles vanguardistas. Pero hay algo en el personaje de Jack Sparrow que ahora regresa convertido en el indio comanche Tonto (Toro en la versión doblada, su nombre tradicional en Iberoamérica) con parecido disfraz que nos carga y nos sulibella a partes iguales.
En un tiempo en el que la imaginería visual se da por supuesta, era lógico este retorno a la iconografía popular del western fronterizo, aplicando la moderna corrección política a la defensa de los indígenas norteamericanos a los descarrilamientos de trenes, las minas de plata y las placas de sheriff (o ranger, que viste más). Aquí el espíritu de Piratas del Caribe se escora a los andurriales de la espléndida versión reciente de El tren de las 3:10 en la acción, y su supuesto héroe, que a eso íbamos, sería la cara legal de una moneda compartida con la jeta del Zorro de Antonio Banderas. Pero el Llanero es una excusa para que Johnny Depp se adueñe a su manera, la de su propio cliché (lo odias o lo amas) adaptado al Oeste (y sabe de qué va desde que dobló al camaleón Rango) de lo que empezó como un serial radiofónico en los 30, pasó a serie de TV en los 50 y podría ser otra franquicia en el siglo XXI (si no lo impide su fracaso en EE UU). El personaje de Depp, cicatriz del presunto héroe y auténtico protagonista incluso sin contar sus minutos en pantalla, acaba confirmando las tres mentiras de El llanero solitario, que ni llanea (aquí hay vértigo a punta pala), ni cabalga en solitario ni es el protagonista real de su propia historia.
Huele a mecha de dinamita de fórmula taquillera por todas partes, bien es cierto, pero qué más da si la autoparodia y la acción continua funcionan coronadas por ese triple engaño que concilia el gancho, inexplicable al paladar de hoy, que tenían las novelitas de Marcial Lafuente Estefanía con una estética de colorismo polvoriento (toda vaquerada va a acabar recordando a la estética thai de Las lágrimas del tigre negro). La aventura cruda, evasión pura, se justifica desde el prólogo, un pegote genial, con una pizca de crisis traída desde la Gran Depresión (y vinculada tanto a Oz como a la grandiosa serie Carnivàle) y se cierra en bucle sobre aquellas grandes mentiras con un nuevo espejismo espiritual más. Al fin y al cabo, casi siempre acabamos yendo al cine a que nos engañen. O a engañarnos a nosotros mismos, incluso cuando ya sabemos con qué bucaneros del Oeste nos vamos a encontrar.(CINEMANIA).


....«Llega un momento en el que un buen hombre debe llevar antifaz». No es que la película de Gore Verbinski no funcione del todo, es que funciona mal o regular a lo largo de un descomunal desarrollo que se extiende hasta las dos horas y media de duración. La recreación del entorno está bien, con enormes escenarios naturales aplastando a los personajes y superando ampliamente un trabajo digital que cojea en más de una secuencia clave. El problema principal es la falta de emoción y garra de un conjunto que, pese a presentar una historia de lo más sencilla, resulta confuso en una narración tan sólo divertida a ratos ─pese a ser una propuesta eminentemente cómica y familiar─ y que en absoluto tiene nada especial. 
Es cierto que Armie Hammer se adapta perfectamente a la figura de John Reid, pero el ímpetu que pone en resultar ingenuo, encantador y resolutivo a un tiempo se traduce a la postre en el dibujo de un personaje más bien poco carismático; Johnny Depp funciona ─y tiene incluso más carga protagónica que su compañero─, desde luego sparrowrizado pero de un modo consecuente y bastante simpático y efectivo. Y no falta un elenco secundario talentoso y multiusos, por supuesto, una banda sonora briosa y un aroma general bastante amante del exceso y la excentricidad. Pero “El Llanero Solitario” es una prueba más de que la meca del cine no tiene muy claro por dónde tirar. Lo que asusta es que parece que le da lo mismo.(LA BUTACA).

viernes, 9 de agosto de 2013

PACIFIC RIM




Película: Pacific Rim. Dirección: Guillermo del ToroPaís: USA.Año: 2013. Duración: 131 min. Género: Ciencia-ficciónfantástico.Interpretación: Charlie Hunnam (Raleigh Becket), Rinko Kikuchi (Mako Mori), Clifton Collins Jr. (Ops Tendo Choi), Ron Perlman (Hannibal Chau), Idris Elba (Stacker Pentecost), Charlie Day (Dr. Newton), Rob Kazinsky (Chuck), Max Martini (Herc), Burn Gorman (Gottlieb). Guion: Travis Beacham y Guillermo Del Toro.Producción: Jon Jashni, Guillermo del Toro, Thomas Tull y Mary Parent . Música: Ramin DjawadiFotografía: Guillermo Navarro. Montaje: Peter Amundson y John Gilroy. Diseño de producción: Carol Spier y Andrew Neskoromny.Vestuario: Kate Hawley. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en USA: 12 Julio 2013. Estreno en España: 9 Agosto 2013.



Los Kaiju son unas criaturas monstruosas que empiezan a surgir del mar. Para combatirlos, se crea un arma especial: los Jaegers, unos enormes robots que son controlados simultáneamente por dos pilotos, cuyas mentes están conectadas a través de un puente neuronal. Pero hasta los Jaegers se muestran indefensos frente los implacables Kaiju. Al borde de la derrota, las fuerzas que defienden a la humanidad se ven obligadas a recurrir a dos insólitos héroes: un ex piloto y una novata sin experiencia. Juntos representan la última esperanza de la humanidad frente al apocalipsis.


Nunca fui un amante de las cintas de "acción a lo bestia", pero la verdad que ésta hamburguesa tiene todos los ingredientes extra para dejar satisfecho hasta al paladar más fino.
Unos efectos especiales que se salen de la pantalla, realmente. En materia audiovisual, insisto una y otra vez, lo mejor que he visto.
Ya en materia de guión, se toma todas y cada una de las licencias que se permiten en este tipo de producciones. Entre nosotros, por más intelectualoide que yo sea, está perfecto que se haya hecho así. Si hubieran tratado de meterle con calzador sentimentalismo y profundidad (aunque el que haya prestado un poco de atención, una pizca va encontrar), hubiera quedado un enchastre, créanme. Así estuvo bien, no se diga más.

La historia es simple, antigua, conocida y explotada como ella sola: Unos monstruos enormes y malvados provenientes del centro de la Tierra (a los que se ha llamado "Kaiju") viajan periodicamente a la superficie para terminar con la raza humana, la cual para defenderse opta por construir robots gigantes (Jaegers) manejados desde adentro por humanos "sincronizados mentalmente". En particular, obviamente, se hará hincapié en la historia de los dos protagonistas, quienes han perdido familiares en manos de los Kaijus, y que se enfrentarán con ellos frente a frente.
Si he de ser sincero, pareciera hasta cierto punto un rejunte de Transformers, Godzilla y los Power Rangers, aunque confíen en mí, con un interesante resultado.

Los personajes secundarios cumplen con su cometido, habiendo para resaltar un par de científicos bastante excéntricos que le darán a la cinta algunos instantes de comedia absurda (tranquilos, en el buen sentido).

Así que para tener en cuenta: si la idea es ver una brutalidad en materia de imagen y sonido sin mayor búsqueda de argumento elegante, no va a defraudar en absoluto. En caso contrario, abstenerse totalmente.(FLAVIO. Argentina).


Parafraseando los tráilers amenazantes, “en un mundo dominado” por directores que se hacen pasar por fans y otros que se postulan como oráculos del mercado, la ausencia de un tipo como Guillermo del Toro durante cinco años se hace insoportable. Con sus errores y aciertos, pero con un estilo intransferible, el “gordo cabrón” tiene siempre una película especial dentro que sólo puede salir con un proceso que es mitad digestión mitad parto.
Robots contra monstruos, ambos gigantes, destrozando ciudades en batallas épicas. En Tokyo, Hong Kong o Seul eso lo han visto ya mil veces. Incluso Michael Bay o Roland Emmerich dirán que “ya hemos estado allí”. Sin embargo, un segundo dePacific Rim es suficiente para saber que esto ASÍ no se había hecho antes. No se trata tanto de una cuestión de originalidad –Del Toro no presume de pastiche ni oculta que es una peli kaiju pura y dura a la japonesa–como de autoría. O de autoridad. La que da saber contar las cosas en condiciones, destrozar un edificio sin recurrir a montajes con planos centesimales, no inflar tramas para justificar personajes, entender que ésta es sólo la primera parte de una saga que los niños continuarán cuando tengan a mano sus juguetes.
Más allá de la excelencia visual (que pronto veremos saqueada por otros), Pacific Rim incorpora al imaginario fascinantes propuestas. Los enlaces neuronales entre los pilotos de los jaegers, la estrategia cagona de crear muros de contención con nombres optimistas para hacer creer a la población que están a salvo, o el renovado mensaje ecologista; no es cuestión de accidentes nucleares, sino de que este planeta está tan contaminado que es un hábitat más hostil para humanos que para kaijus.
En un mundo, perdón, verano dominado por blockbusters tecnológicos y nostálgicos, precisamente uno de robots de última hornada y bestias del pasado gana, no sé si la taquilla, pero sí simpatías. Al fan no se llega con guiños ni huevos de Pascua, sino con talento y autenticidad. Del Toro –monstruo o máquina, elige tú el epíteto– de eso va sobrado.?  (CINEMANIA).


.El paso del kaiju al mecha (o del reptil atómico al bruto mecánico) supuso un momento decisivo en la cultura pop japonesa del siglo XX: el mismo desarrollo científico que creó pesadillas colectivas como Godzilla podía servir para desarrollar héroes del pueblo como Mazinger Z. El hecho de que 'Pacifc Rim' se orqueste como una grandiosa, orgiástica, batalla entre estos dos titanes del inconsciente colectivo expone las intenciones de Guillermo del Toro con este proyecto: ejercer como DJ neuronal, aplicar descargas eléctricas en nuestra memoria sentimental.
El cineasta mexicano tiende un puente entre culturas (la "creature feature" nipona y su variante norteamericana dialogan en armonía), pero también entre lenguajes: el cómic postpunk, el anime, el videojuego... Y lo hace sin renunciar a su personalísima excentricidad, como evidencia esa subcultura de fetichistas de los monstruos a la que accedemos a través del personaje de Santiago Segura. Si es cierto que, como señalan los más agoreros, el blockbuster está a punto de entrar en una crisis estructural, 'Pacifc Rim' podría servir como corolario y último hurra: un orgulloso engarzado de tópicos y set pieces que siempre da más; una celebración del placer cinematográfco que funciona, también, como vibrante trabajo de amor por el género.(FOTOGRAMAS).


.....Del Toro reconstruye la mitología de las películas de monstruos japonesas, el kaiju eiga, y las películas, cómics y series de animación con robots gigantes tripulados por humanos, mecha, creando un nuevo universo de fantasía que está a medio camino entre el talento y la imaginación de sus creaciones como cineasta autor y sus aportaciones siempre entretenidas como cineasta de evasión y entretenimiento. La ventaja de ir a ver una película de Guillermo del Toro, que por otra parte seguramente no hace esta distinción tan drástica entre sus proyectos más personales, estilo Cronos, El espinazo del diablo o El laberinto del fauno y sus trabajos para el cine más comercial, como Mimic, Blade II o las dos entregas de Hellboy, es que da lo mismo a cuál de estas dos alternativas pertenezca, porque inevitablemente te vas a encontrar con una película de calidad con huellas de autor mezcladas con todo el espectáculo visual que anima el talento del director mejicano, un auténtico tesoro para el cine fantástico de nuestros días.
Por ejemplo en Pacific Rim, entre los robots gigantes y los monstruos titánicos dedicados a reducir a escombros ciudades enteras en espectaculares secuencias de acción, el director introduce un personaje y una historia que forma parte de esa otra corriente de fabulación fantástica más vinculada con los cuentos infantiles tétricos y perversos, que anida en su cine más de autor. Me refiero al personaje de la heroína de la historia, Mako Mori (interpretada por Rinko Kikuchi), la joven japonesa que arrastra un trauma infantil capaz de ser al mismo tiempo un homenaje a los mangas y animes y un guiño a los niños maltratados y heroicos supervivientes en todas las películas del director, cuyo trabajo con los personajes infantiles empieza a merecer un estudio muy serio arrancando con un repaso a las teorías de morfología de los cuentos infantiles elaboradas por Vladimir Propp. Esos niños del cine de Guillermo del Toro son ecos bien cultivados de los niños que poblaron el cine del Neorrealismo italiano, de esos niños que intentaban sobrevivir entre los escombros creados por los adultos en la trilogía de la guerra de Roberto Rossellini, Roma ciudad abierta, Paisá (Camarada), Alemania año cero, de ese niño que perdonaba a su padre tendiéndole la mano conciliadora en Ladrón de bicicletas de Vittorio De Sica, o de esa niña convertida en juguete roto de los traumas de su madre en Bellísima, de Luchino Visconti… Aunque a la carga dramática, humana y emotiva de sus antihéroes infantiles añada Guillermo Del Toro las agallas de los protagonistas de Los olvidados, de Luis Buñuel.
Pero sobre todo este festival de evasión de Guillermo Del Toro es la edificación en toda regla de una nueva mitología para uno de los temas favoritos del lado más friqui del director, al que es fácil imaginarse como consumidor de las películas de Godzilla y otros monstruos gigantes dirigidas por Inoshiro Honda, al que está dedicado este largoemetraje, y los disparatados episodios de iconos de la cultura popular como Mazinger Z o Evangelion. Más Mazinger Z que Evangelion, aunque los espectadores más jóvenes tiendan a identificar Pacific Rim con la segunda y no con la primera, por aquello de que a cada cual le aprieta el zapato por todo aquello que vio cuando era adolescente. Quien dude de lo que digo, lo tiene fácil: esa escena de la cápsula descendiendo hasta el epicentro cerebral del robot, la cabeza del titán, en plano cenital, es un clarísimo homenaje a Mazinger y Koji Kabuto, su intrépido tripulante.
Y, hablando de tripulantes, ahí entramos en la parte más descaradamente friqui y festiva de la propuesta de evasión de Pacific Rim. En los operarios encargados de los robots gigantes que protagonizan su fábula, Guillermo Del Toro se las ingenia para aunar el tópico a modo de guiño en personajes como los pilotos rusos, cuya cabellera rubia es todo un guiño al icónico boxeador Iván Drago interpretado por Dolph Lundgren que se enfrentaba al Rocky Balboa de Stallone en Rocky IV, el Mariscal Pentecost encarnado por Idris Elba, inevitable figura paternal de autoridad en este tipo de historias, o ese padre, Hércules Hansen, al que da vida Mark Martini, aguantando a un hijo estrella en el pilotaje de titanes, Chuck Hansen, encarnado por Robert Kazinsky, que constituyen el coro griego heroico tras el antihéroe interpretado por Charlie Hunnam, protagonista de la serie Hijos de la anarquía, que le da un cierto aire a lo James Dean pero con las trazas de Steve McQueen a su personaje de rebelde con causa buscando su redención. De hecho, cuando empieza la trama, el personaje de Hunnam, Raleigh, es más un niñato heroico, pero a medida que la historia avanza, el talento de este actor para interpretar todo lo que se le ponga por delante consigue sobreponerse al esquematismo más bien tópico de su personaje, cosa que sin duda un astuto Guillermo Del Toro calculó y tuvo bien en cuenta a la hora de elegirle para interpretar ese personaje que el propio director sabe es forzosamente tópico y al que el actor consigue sacar de su bidimensionalidad natural para otorgarle una apariciencia más sólida y compleja de la que está escrita en el guión.
Añadan a esa ecuación una grieta abierta entre dimensiones que escupe monstruos gigantes a nuestra realidad, un muro construido para contener a las criaturas, los últimos titanes robóticos con que cuenta la humanidad para ganar esa guerra contra lo imposible, un acertado y elocuente chiste sobre lo analógico y lo digital, y toda una colección de personajes secundarios que materializan el lado más friqui del cine de Guillermo Del Toro, desde la aparición de Ron Perlman en un personaje que, sinceramente merece su propia película, serie de televisión o similar, hasta el cameo de Santiago Segura…
Todo en Pacific Rim está construido para que nos lleve a pasar un buen rato trepidante y muy entretenido, hasta el punto de que incluso nos entran ganas de salir disparados a comprar cualquier cómic, serie de televisión, libro o serie de animación que pueda seguir abriéndonos las puertas de ese nuevo universo de fantasía que Del Toro nos ha abierto de par en par con la mejor historia de monstruos gigantes desde que se estrenó la primera versión de King Kong…(REVISTA ACCIÓN),

viernes, 2 de agosto de 2013

GUERRA MUNDIAL Z






Película: Guerra Mundial Z. Título original: World War Z. Dirección:Marc ForsterAño: 2013. País: USA.  Duración: 116 min. Género:AcciónterrorInterpretación: Brad Pitt (Gerry Lane), Mireille Enos (Karin Lane), Daniella Kertesz (Segen), James Badge Dale(capitán Speke), Matthew Fox (militar), David Morse (Burt). Guion:Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard y Damon Lindelof; basado en la novela de Max Brooks, adaptada por Matthew Michael Carnahan y J. Michael Straczynski. Producción: Brad Pitt, Ian Bryce, Dede Gardner y Jeremy Kleiner. Música: Marco BeltramiFotografía: Ben Seresin. Montaje: Matt Chesse y Roger Barton. Diseño de producción: Nigel Phelps.Vestuario: Mayes C. Rubeo.  Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en USA:21 Junio 2013. Estreno en España: 2 Agosto 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.



En “Guerra Mundial Z”, algo está haciendo que multitud de personas se ataquen salvajemente entre sí: un virus letal que se transmite mediante un simple mordisco, convirtiendo a seres humanos sanos en algo irreconocible, inconsciente y feroz. Se desconoce el origen del virus, y el número de afectados aumenta de manera exponencial cada día, convirtiéndose rápidamente en una pandemia mundial. Gerry Lane, un antiguo investigador de Naciones Unidas, se ve obligado a volver a su antigua y peligrosa vida para garantizar la seguridad de su familia, poniéndose al frente de una búsqueda desesperada por todo el mundo de la fuente de la epidemia y de algún medio para detener su incesante avance.


Distintos estímulos se concentraron a principios del siglo XXI para pavimentar el (antes característicamente lento, siempre tembloroso e imparable) camino de los muertos vivientes hacia la cultura mainstream. Una cronología parcial podría tener este aspecto: '28 días después...' (Danny Boyle, 2002) revigoriza el género fundado por George A. Romero a finales de los años 60 con inusitada nueva fuerza visual, alegórica e incluso inconoclasta (los de Boyle no son exactamente "muertos vivientes", sino "infectados rabiosos" de velocidad feroz que dieron forma al nuevo arquetipo zombie); 'Resident Evil' (Paul W. S. Anderson, 2002) y 'Amanecer de los muertos' (Zack Snyder, 2004) terminan de fijar al zombie velocista en el imaginario colectivo; en 2003, Robert Kirkman comienza su serie de cómics de 'The Walking Dead', que siete años más tarde llegarán con desbordado éxito a la televisión, y Max Brooks publica 'Guía de Supervivencia Zombi', un manual de autodefensa pop cuyo título lo dice todo. El mismo autor escribe después 'Guerra Mundial Z' (2006), la historia oral de un apocalipsis zombie inspirada por el trabajo de Studs Terkel sobre la Segunda Guerra Mundial en 'The Good War', ganador del Pulitzer; en ambos casos, en uno desde la ficción y en otro desde la realidad, es la voz de la gente común ante el fin de los tiempos lo que prevalece. 

Cuando Brad Pitt compró los derechos del libro de Brooks para llevarlo al cine, su intención era trasladar el audaz (y no exento de mala leche e ironía) análisis sociopolítico del texto a las formas e imágenes de una gran superproducción de acción hollywoodiense. La realidad mercantilista de la cultura blockbuster no tardó en segar esa pretensión, dejando por el camino una calamitosa producción de presupuesto sobrepasado, reescritura de un tercer acto ya filmado y desavenencias entre el productor/protagonista/estrella y el director Marc Forster que hicieron las delicias de los medios catastrofistas. Sobre el resultado final pesan, ante todo, dos taras derivadas del calvario: la renuncia a enseñar la barbarie caníbal de los zombies resta auténtico terror o sensación de peligro y la epopeya de Brad Pitt como investigador de la ONU que viaja por todo el globo buscando una explicación a la infección está aquejada de una progresión dramática que va dando tumbos, con elipsis forzadas y personajes que aparecen y desaparecen por puro capricho (Matthew Fox, la principal víctima del "síndrome Malick"). 

Como le ocurrió en 'Quantum of Solace' (2008), Marc Forster vuelve a demostrar una incapacidad preocupante para planificar escenas de acción y dotarlas de cierta coherencia espacial. Por mucho que 'Guerra Mundial Z' pretenda transmitir el caos desesperado del fin del mundo, las escenas de huida tumultuosa rozan la ininteligibilidad por pura acumulación irreflexiva de imágenes de impacto. Es en el recogido y modesto tercer acto ambientado en Gales (reescrito in extremis por Damon Lindelof y Drew Goddard) el único momento donde se palpa algo de la tensión y el miedo que las secuencias de Corea del Sur, Israel o el inverosímil desastre del avión ni siquiera rozan, perdidas en sus espectáculos de masas CGI y limpias de hemoglobina. Una constatación más de que, quizás, si la película hubiera tomado la multitud de puntos de vista del libro original, fragmentados pero manejables a pequeña escala, habría podido lograr algo mucho más cercano al estatus de película de zombies definitiva que tanto parece ambicionar mientras sus propias zancadillas la dejan muy, muy lejos del podio. (SENSACINE).


Dos cosas que es preciso saber de Guerra Mundial Z, la película. La primera que es una de las películas más entretenidas que he visto este año. La segunda que conviene ir a verla quitándote de la cabeza tanto como puedas el libro de Max Brooks que la ha inspirado, Guerra Mundial Z. Ambos productos tienen en común el nombre y algo más, pero en ningún caso la adaptación que protagoniza Brad Pitt es fiel al original, ni tampoco lo pretende. Al menos en su totalidad, aunque sí se acerca más al original de la novela en toda su primera parte, apartándose de la misma más claramente en su tercer acto y desenlace.
Primero debe quedar claro que la novela de Max Broks es inadaptable al cine en formato de un solo largometraje, así que no es una sorpresa que los responsables de la película hayan adaptado el material original de la misma a otro formato. Frente a esa imposibilidad, había dos opciones. Primera: adaptar en una trilogía de largometrajes (en este caso sí que hay material literario original suficiente, al contrario de lo que ocurre con El hobbit de Tolkien). Segunda: darle el material a la HBO, o mejor Showtime, para que la convirtiera en una serie. Finalmente han optado por la tercera opción, hacer un híbrido que mantiene características esenciales del relato original (como el principio, el viaje a Corea, el tema de los barcos o el infierno en Israel, el avión), pero gira a una producción con desarrollo propio en los últimos compases de la que, visto el éxito comercial alcanzado por esta película, no es finalmente sino la primera entrega de una franquicia cinematográfica en toda regla que al menos contará con una segunda entrega, según deja claro el final abierto de la primera y las declaraciones de los artífices de la misma.
No hay nada de malo en ello porque, como digo, es muy entretenida y en su primera parte se mantiene el espíritu del original. Eso sí, desde el punto de vista de la construcción del ritmo de esta primera entrega creo que podrían haber organizado mejor los elementos de la misma para mantener un equilibrio de ritmo más adecuado durante el relato. Lo que ocurre me ha recordado lo que ocurría con Gladiator: mucha caña al principio, con la batalla, y en el centro, con las peleas en el circo… y un final menos cañero que todo eso.........(REVISTA ACCIÓN).


¿Queda algo que decir sobre el mito del zombi como metáfora de lo que el crítico Robin Wood denominó el retorno de los reprimidos? No mucho, la verdad. Los zombis de George A. Romero mordían porque tenían hambre. Los infectados de Danny Boyle, porque necesitaban contagiar al prójimo, propagar el virus y certifcar la pandemia mundial. Los de 'Guerra Mundial Z' son una mezcla entre unos y otros, una extensión de la velocidad de los de '28 días después' (2002), acentuando el componente gregario de los de Romero. Lo que importa aquí es la masa, que se mueve como un enjambre de cuerpos o una bandada de
pájaros depredadores, formando la que sin duda es la imagen más perdurable de la película, que fácilmente evoca las montañas de cadáveres de un campo de concentración nazi (no en vano ocurre a las puertas
de Jerusalén). Tal vez por eso, Marc Forster eluda explicaciones políticas o medioambientales (más allá del locuaz parlamento de un virólogo no muy ducho en armas), porque tiene poco que añadir al subtexto ideológico del zombi, aparte de ampliar la potencia de su imaginería y hacer una broma macabra a costa del totalitarismo comunista de Corea del Norte.
ESPECTACULARMENTE MODESTA
Así las cosas, la mejor virtud de 'Guerra Mundial Z' (que apenas tiene nada que ver con la estructura polifónica del best seller de Max Brooks, y que ha tenido que superar los rumores de decenas de reescrituras, reshoots y remontajes) es su modestia. Modestia que ejemplifca de modo especialmente diáfano el personaje de Brad Pitt, que se conforma con ser el guía experto a través de una trama episódica, y cuya heroicidad, discreta y neutra, tarda casi todo el metraje en emerger. Parece que Forster no quiere dar gato por liebre: he aquí un blockbuster que ofrece lo que promete (entretenimiento sin límites), pero limando la
tendencia al exceso wagneriano que parece haberse impuesto en nuestra era digital.
Forster sabe que poder escuchar el castañeteo de la dentadura de un zombi es más poderoso que cualquier efecto de croma. Y, con la excepción de un par de escenas, la película, que bebe tanto del cine
apocalíptico como el de catástrofes, dibuja un mapa del caos como orden mundial a base de encadenar virtuosas set pieces con un aroma deliciosamente analógico. La nocturna escapada desde una base aérea americana en Corea del Sur, con una llamada de móvil como inoportuna intrusión, y el largo clímax fnal en un laberíntico laboratorio de la OMS plagado de zombis, auténtico tour de force en el que Forster demuestra su control sobre la puesta en escena, son sólo dos ejemplos de la efcacia de una película que sabe mantenerte pegado a la butaca.(FOTOGRAMAS).