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sábado, 26 de octubre de 2013

LA VIDA DE ADÈLE



Película: La vida de Adèle (Capítulos 1 y 2). Título original: La vie d’Adèle. Dirección: Abdellatif Kechiche. Año: 2013. Países:FranciaBélgica y EspañaDuración: 179 min. Género: Drama,romanceInterpretación: Léa Seydoux (Emma), Adèle Exarchopoulos (Adèle), Jeremie Laheurte (Thomas), Mona Walravens (Lise), Aurélien Recoing (padre de Adèle), Catherine SAlée (madre de Adèle). Guion: Abdellatif Kechiche y Ghalia Lacroix; adaptación libre de la novela gráfica “El azul es un color cálido”, de Julie Maroh. Producción: Laurence Clerc y Olivier Théry-Lapiney. Fotografía:Sofian El Fani. Montaje: Ghalia Lacroix, Albertine Lastera, Jean-Marie Lengelle y Camille Toubkis. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en Francia: 9 Octubre 2013. Estreno en España: 25 Octubre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


A sus 15 años, Adèle no tiene dudas de que una chica debe salir con chicos. Pero su vida cambiará para siempre cuando conozca a Emma, una joven de pelo azul, que le descubrirá lo que es el deseo y el camino hacia la madurez. Así, Adèle crecerá, se buscará a sí misma, se perderá y se reencontrará, y todo ello bajo la atenta mirada de quienes la rodean.


.....El también conocido como ''Abdel'' conoce a ''Adèle'' y rejuvenece. A los 52 años de edad, por paradójico que suene, se muestra como uno de los realizadores más jóvenes del panorama internacional. Al mismo tiempo, su obra se revitaliza. Su propuesta fílmica, dedicada a ese misterio conocido como ''vida'', se atiborra de la vida misma. El proceso de maduración, descubrimiento sexual y enamoramiento de la protagonista es sublime literatura cinematográfica. Es saber encontrar, en todo momento, y sin añadidos o imposturas, la distancia y el ángulo adecuados, el efecto sonoro ideal y los mejores estímulos audiovisuales para que todas las demás partes del cuerpo queden igualmente estimuladas. La cámara, que por definición es el mayor intruso jamás concebido, acosa a sus víctimas, pero -y ahí está el milagro- cuando parece que va a chocar con ellas, se convierte en un ente invisible; incorpóreo. Y ya está. Como si fuera fácil, los personajes de ficción se han materializado ante nuestros morros... en realísticamente hipnótico desnudo.
¿Morbo? Sí (el primer revolcón entre las dos enamoradas, como prácticamente todas las demás escenas del filme, es historia ''viva'', nunca mejor dicho, del séptimo arte), pero no hay intenciones morbosas detrás. ¿Sentimientos? También. A flor de piel. Pero tampoco hay sentimentalismo. ¿Lecciones? Incontables. Pero ni mucho menos hay voluntad aleccionadora. Genial. Los encuentros y desencuentros, las peleas y las reconciliaciones, los enamoramientos y desenamoramientos se suceden con la misma naturalidad con la que nos sentamos delante de una mesa y nos ponernos a comer, o con la que a veces se nos trastabilla la lengua, o con la que nos interrumpimos los unos a los otros cuando todos creemos tener la razón, o con la que a un mocoso se le tuerce demasiado la frase que está escribiendo en la pizarra. Todo es maravillosamente creíble en parte porque, a pesar de estar todo regido por una coherencia abrumadora, ningún elemento obedece a la artificiosidad de cualquier plan maestro. Cine libre de tópicos... y fantásticamente subyugado a la realidad.
El mundo que nos ha tocado vivir rara vez se ha mostrado tan atractivo. Y así, a la postre, absolutamente todo resulta fascinante. Ríanse de los que ven en el azul un color que sólo invita a la melancolía. La vida como escenario para que Abdellatif Kechiche se confirme como maestro. La vida como medio para que la musa Léa Seydoux, por muy feúcha que quisiera ponerse para LE festival, vuelva a enamorarnos. La vida como inmejorable oportunidad para conocer, de una vez por todas, a un monstruo; a un prodigio. Su nombre: Adèle Exarchopoulos, con todo el futuro (y la vida, por supuesto) por delante, pero con uno de los trabajos interpretativos más impecables de la historia del cine ya en su haber. Así de claro. La vida como una preciosa figura cambiante; como el más sincero y contundente de los espectáculos. Chapeau.
Por cierto: Hirokazu Kore-eda, Joel & Ethan Coen, Paolo Sorrentino, Alexander Payne... la Competición, efectivamente, se puso durísima (va con segundas, también...), pero Steven Spielberg, quien al parecer no lo pasó tan mal, lo tuvo claro (ídem para sus compañeros de Jurado). Olvídense de las polémicas sensacionalistas surgidas a posteriori, también del larguísimo metraje, también de cualquier prejuicio (al igual que la película que nos ocupa, deberían estar por encima de esta lacra), pues ante ustedes tienen la espontaneidad de la tristeza, de la alegría, del deseo... en definitiva, de la pasión. Tienen el miedo a la pérdida y el placer de tener / compartir lo que más se quiere... Tienen a una de las Palmas de Oro más indiscutibles de la historia. Un reconocimiento que, les guste o no a los implicados, hay que adjudicarlo no a una sola persona, sino a tres. Porque de ninguna de las maneras, por mucha glotonería que hubiera en el proceso, podría un solo estómago asimilar tal cantidad de ternura, amargura, belleza y, claro está, vida.(EL SEPTIMO ARTE).



El primer amor es el capítulo uno. Lo dice la educación secundaria porque las niñas despiertas –como la adorable Adèle Exarchopoulos– viven antes en la literatura que en lo demás. Después de Marivaux llega la piel, el pelo azul de Léa Seydoux, la confirmación de la sospecha como un poema sáfico. Lo bueno y lo malo que tiene el primer amor es que es el primero, que cuando te alcanza no sólo te enamoras de la persona sino de estar enamorado. Y eso no vuelve a ocurrir nunca más, ni nadie te hará sentir tan dichoso ni tan miserable.
Para iniciarnos en la vida de Adèle, Kechiche enciende la cámara ante el sueño húmedo de su heroína porque, sea del signo que sea, no hay despertar más cálido que el del primer amor en la adolescencia. Y en las siguientes tres horas de metraje, en plano corto, como merecen las historias pequeñas que son las más grandes, no se despega de su historia. Su crónica en imágenes –quizás por su tempo de historia gráfica, El azul es un color cálido, cómic que adapta– contempla a Adèle aceptando la condena exterior por su sexualidad distinta, buscando el amor en bares gays, encontrándolo en la cama de Léa Seydoux –intriga la sorpresa con las escenas de sexo; ¿por qué habría de abandonar Kechiche en ellas el naturalismo que está en el resto de la película?– y compartiendo cierta cotidianeidad –ostras y spaghetti bolognesa– hasta que el día a día se convierte en ruptura y mocos para que Exarchopoulos rompa moldes.
El desamor es el segundo capítulo y después vendrán más. Serán mejores, menos exaltados, más profundos. Pero, como en la literatura, siempre irán hacia el final, nunca hacia el primer capítulo.Para bien y para mal.(CINEMANIA).




Nos la han contado mil veces. Es el amor desplegando sus alas para luego dejárselas cortar. El primer amor. Una vieja historia. ¿Seguro que merece tres horas? Merecería 15, al menos tal y como la cuenta Abdellatif Kechiche, y nos sabría a poco. Si Cuscús (2007) y Vénus noire (2010) se movían por sacudidas, arrítmicas e impulsivas, La vida de Adèle consigue dejarse arrastrar por el fujo de la vida encontrando un equilibrio, atenta a los gestos de una adolescente que despierta al sexo, que descubre el amor como en un espejo, y que en el proceso alienta sus dudas. No hablemos de realismo, hablemos de autenticidad. Poco importa si las largas, bellísimas escenas de sexo entre Adèle y Emma responden a los patrones de comportamiento de dos lesbianas, o a la fantasía proyectada de un cineasta masculino.
Lo que importa es que, al margen de la cuestión de género, respiran deseo como pocas veces se ha logrado en el cine. Es el deseo de dos personas que se aman. Kechiche sabe que en el dominio del tiempo de la escena (y en el trabajo de dos actrices que nos dejan mudos) está el secreto de su éxito. El tiempo es el que nos permite ver las grietas, las rencillas, las dependencias enfermizas de ese amor. Y en ese mar de tiempo nos vemos inmersos y no queremos salir de él.(FOTOGRAMAS).

viernes, 18 de octubre de 2013

CAPITÁN PHILLIPS




Película: Capitán Phillips. Título original: Captain Phillips.  Dirección: Paul Greengrass.  País: USAAño: 2013. Duración:134 min. Género: Dramathrilleracción.  Interpretación: Tom Hanks (capitán Richard Phillips), Barkhard Abdi (Muse), Catherine Keener (Andrea Phillips), Max Martini (comandante SEAL), Chris Mulkey (John Cronan), Yul Vazquez (capitán Frank Castellano), David Warshofsky (Mike Perry), Corey Johnson (Ken Quinn).  Guion: Bill Ray; basado en el libro “El deber de un capitán: piratas somalíes, SEALS de la marina y días peligrosos en el mar”, de Richard Phillips y Stephan Talty. Producción: Scott Rudin, Dana Brunetti y Michael De Luca. Música: Henry JackmanFotografía: Barry Ackroyd. Montaje: Christopher Rouse. Vestuario: Mark Bridges. Diseño de producción: Paul Kirby. Vestuario: Mark Bridged. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en USA: 11 Octubre 2013. Estreno en España:  18 Octubre 2013


La película cuenta la historia real de Richard Phillips, el capitán del carguero norteamericano Maersk Alabama, que fue asaltado en 2009 por varios piratas somalíes. El hombre se ofreció como rehén a cambio de que dejaran libre a su tripulación, de ahí que pasara varios días con sus captores en un pequeño bote antes de que fuera liberado por fuerzas militares estadounidenses.


.......El principal acierto de Capitán Phillips es que con estos primeros compases se define ya  como un relato de aventuras en toda regla, pero sin tópicos y sin maniqueísmo, sin héroes y villanos. A pesar de lo que diga la frase promocional de la película en España (“Nadie elige ser un héroe”), sus protagonistas no habitan el blanco o el negro, sino el gris. Y el espectador conoce la historia desde el punto de vista de los marineros occidentales y de los piratas. De hecho, como espectadores vivimos la experiencia de perseguir al barco con los piratas y al mismo tiempo la experiencia de ser perseguidos.
Otro detalle interesante es la maniobra de hibridación de géneros cinematográficos que nos plantea Paul Greengrass con gran habilidad. Su película empieza siendo una trama de aventuras basada en hechos reales. Pero a mitad de metraje, una vez que se produce el contacto entre los dos protagonistas, el capitán estadounidense y el pirata, comienza a cambiar para convertirse en un competente ejercicio de suspense.
El tercer acierto de la película es que en ese momento, cuando habría sido muy fácil dejarse llevar por el melodrama y montar un espectáculo de evasión sin más, elige por el contrario seguir respetándose a sí misma respetando a sus personajes y situaciones.Capitán Phillips acierta renunciando a convertirse en otra entrega de página de sucesos morbosa y sigue manteniendo el mismo tono de sobriedad. No introduce militares intrépidos que puedan robarle el protagonismo al secuestrado y los secuestradores. No hay salidas argumentales fáciles ni heroísmo gratuito de película de acción. Nada de Chuck Norris y Lee Marvin salvando el día en Delta Force (Menahem Golam, 1986). Al contrario. Los salvadores se muestran casi como un pelotón de fusilamiento, con todas las lecturas que tal imagen lleva aparejadas.
Esa seriedad en la propuesta está presente desde el momento en que tras el discurso sobre la fuerza, sobrevivir y el mundo que le estamos dejando a nuestros hijos en occidente, la película enlaza con el mundo de supervivencia al límite en el que ya viven los piratas somalíes. Lo que es toda una crítica sobre cómo vemos el mundo desde nuestro lado y cómo lo ven desde el lado contrario.
Si en su desarrollo argumental la película es un cruce de géneros entre las aventuras y la intriga, en lo referido a su tema es un ejemplo de cruce de culturas y miradas. El primer mundo mira al tercer mundo y el tercer mundo le devuelve esa mirada. Y en ese choque de dos mundos descubrimos que todos, a uno u otro lado, estamos al borde del abismo. Capitán Phillips consigue que miremos hacia el fondo de ese abismo y sintamos vértigo, utilizando un tipo de narrativa que pega la cámara a los personajes y nos mete visualmente dentro de la acción en todo momento. Pero además tiene todos los elementos propios del cine de intriga. Nos invita a un juego de caza en el que somos al mismo tiempo cazadores y presa, víctimas y verdugos.
La primera hora de película pasa sin que te enteres. Estamos totalmente metidos en la acción. Luego el cambio de situación en el secuestro y la entrada en juego del barco de la Marina de los Estados Unidos se produce con una fluidez que permite abrir nuevas posibilidades y personajes al relato pero como he dicho antes sin robarle el protagonismo al capitán y a los piratas. Además en lo referido a los piratas, se desarrolla una interesante subtrama sobre la lucha por el poder en el seno del grupo de asaltantes, que añade más intriga a la parte final de la historia.
Y planeando sobre todo ello, en todo momento, la misma idea del choque de culturas sin caer en la trampa del maniqueísmo de las páginas de sucesos, ejemplificada por ese diálogo entre el capitán y el pirata que lo deja todo bastante claro:
Phillips: Tiene que haber otra forma de ganarse la vida para un pescador que no sea secuestrando gente.
Musa: Quizá en América. Quizá en América…
Por cierto, he dicho que Hanks se postula para ser nominado al Oscar, rematando la faena con los planos del examen médico, pero no pierdan de vista a su co-protagonista en esta historia, Barkhad Abdi, cuyo trabajo me ha recordado en todo momento el de Lamberto Maggiorani en el clásico del neorrealismo italiano Ladrón de bicicletas (Vittorio De Sica, 1948). Merece su propia nominación por ser un auténtico puñetazo de verdad.(ACCIÓN DE CINE).


Concebido como un nuevo United 93 pero ahora con estrella de Hollywood, Capitán Phillips es una muestra de que a veces el exceso de celo puede hundir una película que salió flotando del astillero. Paul Greengrass, que con tan buen tino había hecho crónicas de tragedias humanas en otras ocasiones, secuestrado por el espíritu de la superproducción y víctima de un ligero síndrome de Estocolmo, no sabe renunciar a unos cuantos buques de guerra de la marina de los EE UU. Tampoco a unos cuantos metros más de película. El resultado es una película que nace como drama informado de perfil bajo y acaba como exhibición armamentística y emocional. Algo así como si Ken Loach fuera despedido del rodaje de su película sobre piratería en alta mar y llamaran a Tony Scott para completarla.
En medio de todo esto, intentando mimetizarse con la historia y que nadie se detenga a pedirle un autógrafo, Tom Hanks, protagonista absoluto entregado a la causa, dispuesto y obediente para exprimir este “vehículo de sufrimiento” hasta la última gota de sangre, sudor o lágrimas. Se presume su alto grado de motivación y se agradece su autoexigencia; su escena final es de una generosidad brutal para alguien que ya lo ha hecho todo. Es una lástima que llegue pasadas las dos horas.(CINEMANIA).


Sé cómo manejar a América, asegura el pirata somalí Muse antes de pedir una pistola con la que apuntar a su occidental rehén, el capitán Richard Phillips, y exigir un rescate. Esta escena deja bien a las claras la postura (moral, política) que Paul Greengrass parece siempre difuminar con su efectista, brillante, pero no aséptico estilo documental: el mundo contemporáneo no deja de ser un inmenso juego de estrategia sobre cuyo tablero se enfrentan enemigos desiguales. Sean los espías y burócratas de la saga Bourne o los terroristas del IRA ('Omagh', 2004) e islámicos ('United 93', 2006) con sus respectivas víctimas inocentes, en su cine se establece una dialéctica interesante y crítica porque los verdaderos instigadores del duelo permanecen invisibles manejando los hilos.
Lógico que 'Capitán Phillips' no juzgue a nadie, ni a los asaltantes ni a la tripulación o al comando de rescate, aunque sí que desliza que todos ellos no son más que peones condenados a no entenderse, pero sí a comprenderse dentro de unas reglas comunes de violencia. No deja de ser el film (ácida vuelta de tuerca al concepto de sueño americano) un muy trepidante thriller a la John Frankenheimer narrado con solvencia, pero con demasiada pleitesía hacia la imagen de su estrella protagonista (el final en la enfermería).(FOTOGRAMAS).

martes, 15 de octubre de 2013

CANÍBAL


Película: Caníbal. Dirección: Manuel Martín Cuenca. País: España.Año: 2013. Duración: 117 min. Género: Thrillerdrama.Interpretación: Antonio de la Torre (Carlos), Olimpia Melinte(Nina), Alfonsa Rosso. Guion: Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández; libremente inspirado en la novela “Caríbal”, de Humberto Arenal. Producción: Manuel Martín Cuenca, Fernando Bovaira, Simón de Santiago y Alejandro Hernández Díaz.  Fotografía: Pau Esteve Birba. Montaje: Ángel Hernández Zoido.Dirección artística: Isabel Viñuales. Vestuario: Pedro Moreno. Distribuidora: Golem.Estreno en España: 11 Octubre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


“Caníbal” narra la historia de Carlos, el sastre más prestigioso de Granada. Un hombre respetable. Su vida es el trabajo y comer. Pero no cualquier cosa. Carlos es caníbal. Se alimenta de mujeres. Turistas, forasteras, desconocidas con las que no tiene ningún vínculo emocional. Pero todo eso cambia el día que conoce a Nina, una joven rumana que busca desesperadamente a su hermana gemela, desaparecida días atrás. La hermana se llama Alexandra, trabajaba como masajista… y era vecina de Carlos. Nina está desesperada y necesita ayuda. Carlos es su única esperanza.


.....«Me gusta vivir solo». Técnicamente impecable, se mantiene estética y estáticamente en la línea de su anterior y notable “La mitad de Óscar”(2010). Planos perfectamente encuadrados, hasta cotas pictóricas; una fotografía limpia, inquietante, pura; un montaje que carga sobre sus espaldas con el tempo narrativo de la historia; y una edición de sonido sencillamente imponente, que rasga el ánimo en su claridad y sorprendente lucidez. Además, el cineasta vuelve a servirse del entorno ─increíble Sierra Nevada─ para atrapar al palco con una tragedia mayúscula en la que el más limpio de los horrores se atasca ante la llegada del más limpio de los sentimientos, la inocencia del amor. Tremendo.
Como demonio prácticamente ajeno a sí mismo en un micromundo de religiosidad ─pocas veces el entorno de las procesiones y las cofradías ha sido tan efectivo en términos dramáticos─ y refinamiento, Antonio de la Torre realiza un trabajo de composición de su personaje sencillamente espectacular, paseando por el filo con una seguridad y un apetito tan naturales que arrancan incluso sonrisas imposibles en el observador.Olimpia Melinte no lo tiene nada fácil para hacerse notar en su presencia incluso siendo el detonante de todo, pero responde al reto dejándose llevar por una tierna delicadeza tan necesaria como irresistible. “Caníbal” es más que un menú del día. Es el menú de toda una vida.(LA BUTACA).


La mitad de Óscar leída al revés. O como si donde terminase aquélla, en esa habitación con vistas a un amanecer en plano fijo, comenzaseCaníbal y de las entrañas de un personaje callado saliese otro con un secreto peor. El nuevo filme deMartín Cuenca, teñido del ocre cálido de las fábulas frente a la hoguera, es más bien un cuento negrísimo, una parábola del Mal en la civilización occidental y un dedo que nos señala porque, no nos vayamos a hacer los sorprendidos ahora, el Mal no nos rodea, nosotros somos el Mal, nosotros lo rodeamos a él.
Con la pericia del sastre que empezó en el oficio recogiendo los hilos del suelo, pero también con el genio del que espera que delante de la cámara suceda lo mágico, Martín Cuenca compone en tonos caravaggiescos este retrato casi documental, sutil, silencioso, dramático, de un hombre normal –sastre como él aunque en sentido literal– que por las mañanas corta patrones y viste vírgenes granadinas, pero que por las noches asesina mujeres para comérselas. Como si el cuento de Caperucita Roja lo hubiese contado un lobo con mal de amores, Martín Cuenca se pregunta qué sucedería si en la vida de este asesino que no siente ni padece apareciese una vecina –como el fantasma de Vértigo– que le enseñase la diferencia entre querer a una mujer y querérsela comer.
Noir o drama amoroso, retrato de una Granada tan luminosa como sombrío es el personaje que la habita,Caníbal contiene algunos de los momentos más terroríficos del último cine español –ojo a la escena en la playa–. Asombra comprobar que una película tan sencilla sea tan compleja por dentro. La depuración a la que Cuenca la ha sometido no comienza en el guión, ni en el rodaje, ni junto al montador. Es una purga que el director almeriense lleva realizando durante toda su filmografía, buscando el traje perfecto, y que en su última película, la otra mitad de Óscar, casi no contiene palabras sino mucha quietud, silencio y la exquisita interpretación de Antonio de la Torre, impecable, terroríficamente natural. Como el mal que llevamos dentro aunque no pase nada.(CINEMANIA).


Como si su trayectoria fuera una continua carrera de obstáculos, Manuel Martín Cuenca vuelve a sorprender con una historia de amores terminales (y nunca mejor dicho), que parte de dos intenciones tan extremas como apasionantes: una, la reflexión sobre los límites del amor a partir de la peripecia de un apocado sastre de provincias; otra, cómo hacer para que, sin abandonar nunca el punto de vista del asesino, el espectador no se limite a juzgarlo.
Ambos desafíos los supera el director, y con creces. Y lo hace gracias a un crescendo dramático que dosifica sabiamente el accionar criminal del personaje, y algunos elementos contextuales que, sin ser nunca subrayados, arrojan no poca luz sobre su retorcida psicología: sus rutinas o el tipo de gente con la que se relaciona. Y por encima de todas, la ritualidad religiosa, algo así como un signo de puntuación en sus crímenes, pero también una irónica, elegante sugerencia de Martín Cuenca sobre la literalidad con que el personaje ha podido tomar las enseñanzas del catolicismo, al fundir creencia y deseo, ritual y muerte.(FOTOGRAMAS).

sábado, 5 de octubre de 2013

GRAVITY




Película: Gravity. Dirección: Alfonso CuarónPaís: USAAño: 2013.Duración: 90 min. Género: Ciencia-ficciónInterpretación: Sandra Bullock (Dra. Ryan Stone), George Clooney (Matt Kowalsky). Guion:Alfonso Cuarón y Jonás Cuarón. Producción: Alfonso Cuarón y David Heyman. Música: Steven Price. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Montaje: Mark Sanger y Alfonso Cuarón. Diseño de producción: Andy Nicholson. Vestuario: Jany Temime.Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en USA: 4 Octubre 2013. Estreno en España: 4 Octubre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años. En cines 2D y 3D.

En “Gravity”, Sandra Bullock interpreta a la doctora Ryan Stone, una brillante ingeniera especializada en Medicina que está en su primera misión en un transbordador, con el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney) al mando de su último vuelo antes de retirarse. Pero en un paseo espacial, aparentemente de rutina, se desencadena el desastre. El transbordador queda destruido, dejando a Stone y Kowalsky completamente solos, unidos el uno al otro y dando vueltas en la oscuridad.


Las expectativas eran altas, mucho, incluso. Desde su estreno en el Festival de Venecia, 'Gravity' no ha dejado de levantar pasiones entre todos los críticos (y con razón), y así, de festival en festival ha conseguido ser una de las películas más esperadas del año. Pese a todas esas expectativas, no me ha defraudado, es más, incluso me ha gustado más de lo esperado. Es una experiencia inolvidable que en mi opinión, hay que ver obligatoriamente, y si es en 3D, mejor. Nunca había visto una película que justificara tanto las tres dimensiones, sin eso es probable que no sea lo mismo. 
Lo primero a destacar en la película, lo más llamativo, son los maravillosos e impresionantes efectos visuales, la impactante fotografía, el sonido, el montaje, es decir, el apartado técnico. Dudo mucho que haya alguna película este año mejor en este sentido. Emmanuel Lubezki hace un trabajo impresionante, y espero que en esta ocasión, la academia valore su trabajo, ya que le deben un Oscar por la fotografía de 'El árbol de la vida (2011)'. 
También tenemos una dirección impecable por parte de Alfonso Cuarón, que ha realizado probablemente el mejor trabajo de su carrera. 
Como 'defecto' (que no lo es) podríamos decir que el guión puede resultar demasiado simple, y es verdad que le podían haber añadido algo más de complejidad a la historia, pero tal y como está no se puede decir que sea un mal guión, ni muchísimo menos. 
Me gustaría destacar el impresionante trabajo de Sandra Bullock. Ha demostrado que tiene muchos registros, y que puede hacer todo tipo de papeles. En esta película, ella es la historia. Crea un personaje con el que es fácil identificarse, y que te hace llorar, reir, emocionarte, enfadarte... Es verdaderamente alucinante lo que consigue la actriz con esta interpretación, que es la mejor de su carrera. 
La interpretación de George Clooney, el poco tiempo que aparece, es muy buena, pero tiene poco tiempo de lucimiento.

En definitiva, Gravity es una experiencia que no olvidarás, y que pasará a la historia del cine por su valentía y su avance tecnológico. Sales del cine con todo el cuerpo en tensión, emocionado y con la sensación de haber visto algo muy grande.(NEWFER Madrid).


......Asombrosa película dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, con guión coescrito junto a su hijoJonás CuarónGravity es de esos filmes que hacen buena la idea de que las películas permiten hacer vivir al espectador experiencias que nunca podrá tener en la vida real. Pues con un magnífico uso del 3D, y una recreación hiperrealista de las condiciones de los astronautas en el espacio, se tiene la auténtica sensación de estar en el espacio, contemplando la Tierra desde una óptica única, y la situación de riesgo extremo se hace propia. Cinematográficamente el film supone un verdadero alarde, momentos como el largo plano secuencia inicial que nos permite conocer el entorno de trabajo de los protagonistas resultan sencillamente alucinantes.
Más allá de la pura situación de intriga y tensión -¿lograrán salvarse los protagonistas, estupendos George Clooney, y sobre todo, Sandra Bullock?-, desde la inmensidad del espacio, uno puede observar la belleza del universo, la pequeñez del ser humano, y a la vez su increíble grandeza. Quizá los problemas que uno arrastra desde la Tierra puedan cobrar entonces su verdadera dimensión, toca aceptar la existencia que nos ha tocado vivir, tejida entre la vida y la muerte, y plantearse pedir ayuda a Dios, aunque nunca se haya rezado, y confiar en esa mano que nos pueden echar desde fuera los otros.(DE CINE 21).


Gravity, esencial viaje al espacio. Completa la propuesta de 2001 de Kubrick y hay que verla en 3D.
¡Cómo rueda Alfonso Cuarón! Si alguien alucinó viendo sus planos secuencias en Hijos de los hombres, con Gravity puede entrar en éxtasis. Eso sí, insisto y no me cansaré de decirlo, ésta sí, ésta hay que verla en el cine, en pantalla grande a toda pastilla, y en 3D. De ese modo, te traslada al espacio, al interior de las naves y a una de las mejores películas que he visto este año, con un ritmo ejemplar y la recuperación del cine como espectáculo visual que además pone los alardes técnicos al servicio de una historia que sólo en apariencia y en su superficie.
Porque lo mejor de Gravity no es su indudable pericia para ponernos en el espacio, sino que de ese modo consigue montar una metáfora sobre cómo enfrentarse a la vida, y aunque siempre me ha jorobado el cine con mensaje, creo que el mensaje de esta película merece la pena, y aunque esté formulado desde un punto de vista humanista, en el fondo viene a ser el mismo de Ben-Hur, con Charlton Heston remando en la galera romana para sobrevivir otro minuto, otra hora, otro día… La lucha por la supervivencia incluso cuando todo está en contra y simplemente ya no tienes más fuerzas para ir a ningún sitio, y sólo puedes ser otro zombi que deambula por este mundo, agotado emocional e ideológicamente, se convierte en el tema central de Gravity.
Y al final sales del cine con una idea muy clara: hay que seguir peleando, luchando para sobrevivir. Se lucha hasta el final. Te sacrificas hasta el final. No te rindes. Porque rendirse siempre es lo más fácil y cómodo, pero el viaje que te espera si no te rindes, con todos sus momentos malos, siempre merece la pena.
No me entiendan mal: Gravity es una película con un mensaje sencillo y claro, pero no te da la paliza con ese mensaje. Al contrario: está montada como un espectáculo de aventuras en intriga en el que cualquier cosa puede suceder. Es una especie de montaña rusa de situaciones de riesgo con un ritmo impecable, en el que resulta difícil despegar la vista de la pantalla para mirarse el reloj o pensar en  otra cosa que no sea lo que nos están contando, y por eso la incluyo ya entre las mejores películas que he visto este año. Pero es que además transmite esa idea de pelea que incluso al más cínico, y créanme que yo soy muy cínico, le remueve algo en el interior.
Para llegar a eso, Alfonso Cuarón demuestra gran pericia a la hora de trasladarnos al espacio exterior con sus personajes. Tanto visualmente como narrativamente. Su clave de trabajo en lo narrativo es similar a la aplicada por Rodrigo Cortés en Buried (Enterrado),película con la que este largometraje tiene muchas cosas en común. De hecho, Gravity y Buried bien podrían ser las dos caras de una misma moneda narrativa. Con Cortés trabajando sobre el minimalismo visual, la limitación voluntaria de la localización, mientras Cuarón se sitúa en las antípodas de esa limitación ofreciéndonos el vacío absoluto como alternativa en la localización del relato. Igualmente ambos protagonistas están aislados, limitados, sometidos a una aventura de supervivencia en un entorno hostil. La otra cosa que diferencia ambos filmes sería la forma de mirar el mundo, más cínica la de Cortés, más optimista la de Cuarón. Ambas en todo caso partiendo de la lucha hasta el último minuto.........(REVISTA ACCIÓN).


Uno de los momentos más bellos de la flmografía de Brian De Palma es aquel de Misión a Marte (2002) en que el astronauta Tim Robbins decide cortar con el cordón umbilical que le une con uno de sus compañeros. La paz ingrávida del cosmos se convierte en hermosa representación de una muerte sin horizonte conocido. La paz es amenazante; el espacio exterior un claustrofóbico agujero negro; el silencio fotante ese túnel de luz negra en la que sólo podemos escuchar nuestra voz sin eco.
Alfonso Cuarón ha hecho de ese momento –inspirado en el vals de las naves de 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968)–una hipnótica película de 90 minutos, un salto al vacío técnico (el plano secuencia de arranque pasará a la historia: de visión obligada, esta vez sí, en 3D) que comprime sus accidentes en una aventura de supervivencia efcaz y emocionante, y que se atreve a forzar a sus dos estrellas, al menos durante medio metraje, a trabajar con la voz y el cuerpo, su icónico rostro apagado por la inmensidad sideral. El problema es que, después de todo, Gravity es una película de gran estudio, y por muy radicales que sean sus logros estéticos, la necesidad de convertir el viaje astral de Sandra Bullock en una operación redentora resulta algo decepcionante.(FOTOGRAMAS).