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miércoles, 1 de enero de 2014

A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS




Película: A propósito de Llewyn Davis. Título original: Inside Llewyn Davis. Dirección y guion: Ethan Coen y Joel CoenPaís: USAAño: 2013. Duración: 105 min. Género:DramamusicalInterpretación: Oscar Isaac (Llewyn Davis), Carey Mulligan (Jean),  Justin Timberlake (Jim), F. Murray Abraham (Bud Grossman), Garrett Hedlund (Johnny Five), John Goodman (Roland Turner), Max Casella (Pappi), Ethan Phillips (Mitch),  Jeanine Serralles (Joy). Producción: Ethan Coen, Joel Coen y Scott Rudin. Fotografía:Bruno Delbonnel. Montaje: Roderick Jaynes. Diseño de producción: Jess Gonchor.  Vestuario: Mary Zophres. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en USA: 20 Diciembre 2013. Estreno en España: 1 Enero 2014.


“A propósito de Llewyn Davis” describe la vida de un joven cantante de música folk durante una semana mientras recorre el barrio de Greenwich Village y la escena musical de 1961. Llewyn Davis (Oscar Isaac), guitarra en ristre, se enfrenta a un despiadado invierno neoyorquino y a una serie de obstáculos aparentemente insuperables, algunos creados por él mismo. Sobreviviendo gracias a la generosidad de amigos y extraños, y trabajando donde puede, las desventuras de Llewyn le conducen a una odisea desde los cafés del Village hasta un club vacío en Chicago con la esperanza de realizar una prueba para algún magnate de la música.


......Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista.
No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias.
Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin TimberlakeCarey Mulligan y John Goodman.(DE CINE 21).


.....A propósito de Llewyn Davis presenta a su protagonis­ta cuando parece que ha tocado fondo. Con una carrera pro­metedora que se fue al traste, una compleja relación con su familia, sin residencia y viviendo literalmente de la caridad de conocidos y desconocidos, Llewyn se perfila co­mo un perdedor incapaz de afrontar la cruda realidad que todo su entorno le anuncia a gritos continuamente.
Su surrealista bajada a los infiernos es retratada por los Coen con una delicadeza, profundidad y afec­tividad inau­ditas, convirtiendo a un personaje odio­so y egoísta en la víctima de un sueño quebrado. En tal em­peño les ayu­da un soberbio Oscar Isaac (ÁgoraRobin Hood), que se gana el favor del público desde el comien­zo de la narración con una intimista y preciosa interpre­ta­ción de Hang Me, Oh Hang Me, escrita originalmente por Dave Van Ronk.
Técnicamente, A propósito de Llewyn Davis es un auténtico prodigio: la elegancia de la puesta en escena es so­lo superada por la exquisita fotografía del francés Bru­no Delbonnel (AmélieSombras tenebrosas), quien en un juego de claroscuros y colores fríos nos transporta a una Nueva York tan lúgubre y triste como el propio in­terior del personaje principal. Por su parte, la banda sonora, la otra gran protagonista del filme, ha contado con la participación del productor musical y compositor T Bone Burnett -antiguo colaborador deBob DylanBur­nett ya había trabajado con los hermanos Coen en O Brother! y Ladykillers, y en esta ocasión ha ayudado a dar forma al estilo musical del relato mientras los directores escribían el guión(.FILA SIETE).


No es la primera vez que los hermanos Coen se ponen mitológicos. Ulises se paseaba por la América de la Depresión (O Brother!); Orfeo quería volver de los infernos del folio en blanco para recuperar la imagen de una mujer en la playa (Barton Fink), y Sísifo, en A propósito de Llewyn Davis, es castigado por los dioses a cantar como los ángeles, a morder la manzana del éxito y escupir su veneno y a tropezar siempre con la misma piedra, o el mismo gato. Los Coen aprovechan la escena del revival folk neoyorquino de principios de los años 60 para grabar una suerte de cara B del Sueño Americano, que suena a pesadilla diseñada por un Kafka transformado en bohemio nómada. No esperen, sin embargo, un documento sobre el periodo ni una película musical, aunque las sentidas interpretaciones de Oscar Isaac calen hondo en la memoria. Hay un interés histórico en el flm, una atmósfera sepia y humeante que la fotografía de Bruno Delbonnel crea a partir de los claroscuros, entre el flm noir y la Nouvelle Vague, de una cultura que estaba ansiosa por venderse a una futura revolución. No obstante, la Historia es sólo un marco para reinventar la poética del loser que cierto cine americano (desde John Huston a John Cassavetes) cultivó desde un realismo que los autores de Fargo (1996) tienden a estilizar.
Pocos cineastas como los hermanos Coen saben ocultar sus rígidas, perfectas arquitecturas narrativas bajo la apariencia de un relato que, orgánicamente, se desmadeja de forma natural para dibujar una tragicomedia hilarante a la vez que devastadora. La implacable circularidad de su última obra maestra (que recuerda poderosamente la de ¡Jo qué noche! de Martin Scorsese, rodada en 1985) sirve para defnir la esencia del héroe coeniano, cuya torpeza atávica lo condena a ser vapuleado por la fatalidad mientras su genio sabe que es víctima de la estupidez humana, de la suya propia y de la de los demás. Es el discurso que, desde Barton Fink (1991) hasta Un tipo serio (2009), ha alimentado su flmografía, pero, con excepción de El Gran Lebowski (1998), nunca había cristalizado en un personaje tan rico y a la vez tan enigmático, tan arquetípico (Davis es el clásico colega que coloniza sofás y deja embarazadas a las novias de sus amigos) y tan imprevisible. Oscar Isaac se maneja, con insólita soltura, en la música y en el texto, en el narcisismo prepotente y en la amarga desesperación, codeándose con una galería de secundarios (John Goodman, Justin Timberlake y F. Murray Abraham están especialmente memorables) que coprotagonizan su sísifco entierro en vida, ese arte ignorado que, en su perturbador eterno retorno, nos hace añorar todas las grandes canciones que nunca escucharemos.(FOTOGRAMAS).

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