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sábado, 18 de enero de 2014

EL LOBO DE WALL STREET




Película: El lobo de Wall Street. Título original: The wolf of Wall Street. Dirección: Martin ScorsesePaís: USAAño: 2013.Duración: 180 min. Género: Biopiccomedia dramática.Interpretación: Leonardo DiCaprio (Jordan Belfort), Jonah Hill  (Donnie Azoff),  Matthew McConaughey (Mark Hanna), Kyle Chandler (Patrick Denham), Jean Dujardin (Jean-Jacques Saurel),Margot Robbie (Naomi), Jon Favreau (Manny Riskin). Guion:Terence Winter; basado en el libro de Jordan Belfort. Producción:Martin Scorsese, Leonardo DiCaprioRiza Aziz, Joey McFarland y Emma Koskoff. Música:Howard Shore. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: Thelma Schoonmaker Powell.  Diseño de producción: Bob Shaw. Vestuario: Sandy Powell. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 17 Enero 2014.


Empezando por el sueño americano hasta llegar a la codicia corporativa a finales de los ochenta, Jordan Belfort pasa de las acciones especulativas y la honradez al lanzamiento indiscriminado de empresas en bolsa y a la corrupción. Su enorme éxito y fortuna cuando tenía poco más de veinte años como fundador de la agencia bursátil Belfort le valió el mote de “El lobo de Wall Street”. Dinero, poder, mujeres, drogas… las tentaciones abundaban y el temor a la ley era irrelevante. Jordan y su manada de lobos consideraban que la discreción era una cualidad anticuada, nunca se conformaban con lo que tenían.


La paciencia tiene recompensa. También la confianza. DiCaprio, una estrella huérfana de películas que le hicieran sentirse actor, un día se puso en manos de Scorsese, un cineasta al que no recibía ningún director de banco. “Utilízame”, le dijo el primero al segundo. Y lo hizo a conciencia, sacándose todas las espinitas clavadas. ¿Un proyecto infilmable? Ahí estaba Leo avalandoGangs of New York. ¿Homenajes a los maestros Welles y Hitchcock? Ahí estaba él haciendo acto de fé con El aviador y Shutter Island. “Leo, no tengo ni un Oscar que echarme a la boca”. ConInfiltrados además recuperó puestos en el box-office.
Llegados a su quinta colaboración, El lobo de Wall Street, basada en las memorias de Jordan Belfort,uno de esos seres sin escrúpulos que florecían en la jungla financiera, DiCaprio ha puesto las cartas sobre la mesa, obligando a Marty a jugar una partida que conoce mejor que nadie. Donde había gángsters y violencia en Uno de los nuestros o Casino, el actor quería poner brókers y excesos. La diferencia entre esos chicos listos que daban palizas y planeaban golpes, y los estafadores de El lobo…es casi un matiz, una cuestión de escenario. Lo que importa, la obscenidad de unos comportamientos delictivos y su enorme poder de seducción siguen ahí. La sucesión de acontecimientos de los últimos años sea la que ha cambiado la perspectiva, pero el enfoque de Scorsese continúa siendo el mismo. ¿Hay que recordar que cuando se estrenó Wall Street en 1987 muchos hombres de negocios vieron en Gordon Gekko más un referente que una amenaza? ¿Quién le habría negado un honoris causa al engominado Mario Conde?
Cronológicamente, para Scorsese primero fue la mafia, luego el juego y ahora, en 2014, las dos cosas juntas y revueltas. Si Robert de Niro tuviera un máster en empresariales hablaríamos de trilogía sin dudarlo, pero en su lugar está DiCaprio que ya no necesita imitarle para reivindicar su categoría como actor gigante. Tampoco el resto de actores –Matthew McConaughey vuelve a robar una película con un papel de menos de 10 minutos–, que han mamado las puestas en escena y los diálogos de las películas de Marty, pero que entienden que el valor de ese trabajo estaba en la improvisación, no en la imitación. Ahí tiene mucho que ver Jonah Hill, un secundario protagonista al nivel del mejor Joe Pesci, que hace del desfase método. Hay escenas con DiCaprio –el vuelo a Suiza, la planificación de la fiesta en la oficina…– que están desde ya entre los greatest hits del director de Taxi Driver.
Dura tres horas y desearías que durase otras tres más, porque Scorsese domina el tempo y sabe cómo secuestrar tu atención con sus batallitas de gángsters. También conoce el efecto hipnótico del exceso en el cine, el atractivo irresistible de una montaña de coca, un maletín lleno de billetes o una fiesta con escortsde lujo. “No os separéis de mí y no os pasará nada”, parece decir mientras te cuela en yates y salas de juntas. Puede que haya sido la última vez que sale de farra, pero no lo olvidaremos nunca.(CINEMANIA).


El lobo de Wall Street. Scorsese borda una sátira a ritmo frenético en una de sus mejores películas.
La han criticado mucho. Lógico. Especialmente en Wall Street. No gusta esta versión descarnada, brutal, cruel, sin concesiones, de cómo se construyen las grandes fortunas, los tejemanejes de la Bolsa, la economía de farsa y engaño y todos esos excesos dignos de la decadencia del Imperio romano que nos han llevado hasta la crisis devastadora para tantas vidas que hoy sufrimos los mismos de siempre mientras los otros mismos de siempre se siguen forrando a nuestra costa y presentan anualmente cuentas de beneficios astronómicas.
Martin Scorsese mete el dedo en la llaga y, claro, eso resulta molesto. Especialmente porque lo hace sin falso melodramatismo de salón, sin lágrimas de cocodrilo, sin mensaje buenrrollista. Muy al contrario. Su última película es un disparate con el que ilustra ese otro disparate pero sin rasgarse las vestiduras, esto es, sin subirse al púlpito y pontificar como hacen otros. Muy al contrario: Scorsese nos hace partícipes como espectadores de ese disparate en todo momento, hasta el punto de que al acabar la proyección de su película, que alcanza un metraje próximo a las tres horas pero pasa rauda y veloz ante nuestras córneas como si sólo durara hora y media merced a su endemoniado ritmo de orgía continua, estamos tan exhaustos como los propios protagonistas, tal y como si hubiéramos participado en esa orgía de sexo, drogas y excesos personalmente. Scorsese consigue con El lobo de Wall Street un ritmo y una complicidad del espectador que consigue los mismos resultados e incluso supera la de los videojuegos de guerra en primera persona. Desde la primera secuencia de su película estamosahí dentro, en la pantalla, somos los invitados del protagonista interpretado por Leonardo Di Caprio mirando a cámara y hablando con el espectador desde el primer momento como una especie de paso más allá de la ruptura de la cuarta pared, llevando hasta las últimas consecuencias el camino que Scorsese iniciara ya en el arranque de su carrera con los diálogos airados y desafiantes de Harvey Keitel con Dios en Malas calles, el monólogo de Travis De Niro ante el espejo en Taxi Driver, las confesiones en clave de comedia de Jake La Mota en Toro salvaje o el monólogo de Ray Liotta en Uno de los nuestros. Jordan Belfort, el sinvergüenza pícaro y seductor que interpreta Di Caprio, nos sirve como cicerone y guía en su mundo de depravación, triunfo y decadencia desde el primer momento, mostrándonos el lado más enloquecido de la doctrina del “hombre hecho a sí mismo” a ritmo de esperpento (los enanos lanzados contra las dianas, la joven secretaria que acepta raparse el pelo al cero a cambio de dinero…). Y cuando terminamos ese viaje de casi tres horas por su triunfo y caída, que por otra parte es la versión más irreflexiva y caótica de los descensos al infierno de los antihéroes de Scorsese, en coherencia con el relato basado en hechos reales que nos está contando y la personalidad volcánica, caótica e imprevisible de su protagonista, el director hace su jugada maestra, definitiva, y nos señala a todos con el dedo con ese plano del público crédulo capaz de dejarse engañar continuamente por la misma gentuza y con los mismos trucos y mensajes absurdos que han hecho del abominable mensaje “persigue tus sueños”, los libros de autoayuda y la teletienda tres de las más repugnantes muestras de la farsa en la que se han convertido nuestras vidas........(ACCIÓN DE CINE).

La última película de Martin Scorsese puede entenderse como su particular rebelión contra el corte a negro que cerraba Los Soprano: su acto de resistencia frente al hecho de que el discurso que abrió con 'Malas calles' (1973), que hiperbolizó en 'Uno de los nuestros' (1990), y que tuvo su aparente coda crepuscular en 'Casino' (1995), llegara a esa anti-épica estación término. 'El Lobo de Wall Street' también podría ser la pareja de baile de 'Gangs of New York' (2002). Si en aquella se exploraba el origen de América como tierra del crimen organizado, aquí se explora la transubstanciación de esa energía oscura y depredadora: su mudanza de las cloacas a las altas fnanzas.
Adaptación de las memorias cínicas y jactanciosas del tiburón fnanciero Jordan Belfort, 'El Lobo de Wall Street' es un desaforada comedia negra alrededor del Síndrome de Hubris: un ejercicio de lo que el cineasta mejor sabe hacer, un relato cocainómano de ascensión y caída, donde la autoexaltación patológica evoluciona a pesadilla paranoica, un Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941) para un hombre sin alma que construye un laberinto sin enigma en su centro.Leonardo DiCaprio se suma al juego transformándose en un instrumento de portentosa sobreactuación, tan pirotécnico como el histérico montaje de una Thelma Schoonmaker hipervitaminizada.(FOTOGRAMAS).

1 comentario:

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