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domingo, 26 de enero de 2014

NYMPHOMANIAC.VOLUMEN 2



Película: Nymphomaniac. Dirección y guion: Lars von TrierPaís:DinamarcaAño: 2013. Duración: Volumen 1 (122 min.) / Volumen 2 (123 min.). Género: DramaInterpretación: Charlotte Gainsbourg (Joe), Stellan Skarsgård (Seligman), Stacy Martin (Joe adolescente), Williem Dafoe (L), Shia LaBeouf (Jérôme), Jamie Bell (K), Connie Nielsen (madre de Joe), Uma Thurman (Sra. H),Christian Slater (padre de Joe), Mia Goth (P), Udo Kier (camarero).Producción:  Louise Vesth. Fotografía: Manuel Alberto Claro.  Montaje: Molly Malene Stensgaard.  Dirección artística: Alexander Scherer. Vestuario:Manon Rasmussen.  Distribuidora: GolemEstreno en España: Volumen 1 (25 Diciembre 2013) / Volumen 2 (24 Enero 2014). Calificación por edades: No recomendada para menores de 18 años.

La película explora la vida erótica de Joe desde su nacimiento hasta que cumple los cincuenta años (momento en el que ella misma acepta que es una ninfómana). Seligman, un soltero de edad madura, encuentra a esta mujer en un callejón. Golpeada y semiinconsciente, la lleva a su piso para curar sus heridas. Joe le explica entonces su historia. La película se divide en dos volúmenes, centrándose el primero en su infancia y adolescencia, mientras que el segundo se fija en su etapa adulta.

Una compleja obra más de Lars Von Trier. Una película que no puede ni va a dejar a nadie indiferente porque se ha hablado de ella durante meses y meses. Primero, obviamente, por al enorme carga de sexo de la misma, su forma de enfocarlo y lo gráfico de las imágenes que algunos han catalogado incluso de pornográficas (en algunos casos no sin motivo, la verdad. Lo cual no perjudica a la película en ningún momento, por cómo suele enfocarse el tema del sexo, pero de eso hablaremos más adelante) y que pueden hacer que más de uno se marche de la sala sin terminar de ver cualquiera de las dos películas. O al menos la primera, porque si aguantas la primera es lógico que vayas a por la segunda entrega que se estrena esta misma semana. El segundo punto que se ha hecho notar entre los aficionados es la duración de la película, que en este caso supera las dos horas por volumen (algo más de cuatro horas la versión que podemos disfrutar nosotros en cines ahora mismo), pero es que la versión sin cortar o montaje del director o como quieran llamarla que se estrenará en exclusiva en febrero en el festival de Berlín, dura cinco horas y media. Y hay gente que se queja de las tres horas de El Lobo de Wall Street… Sinceramente creo que el formato de dos películas de dos horas, como en Kill Bill, funciona a la perfección y nos deja una película compleja, diferente y por momentos muy retorcida. Un pedazo de buen cine, de gran cine, que, sin embargo, no me ha parecido que llegue a la altura de Melancolía.
Hago la mención de Melancolía porque la película forma parte de una peculiar trilogía del director compuesta por Anticristo, la antes mencionada y Nymphomaniac, las tres con Charlotte Gainsbourg. Y me sigue pareciendo Melancolía la más redonda de las tres, la que más engloba perfectamente lo que nos quiere contar Lars Von Trier con este peculiar análisis de la parte más oscura del ser humano. De la depresión, la soledad y la incapacidad para comunicarse y para sentirse cerca de la gente. En ese sentido no hace mucho comentábamos en uno de nuestros particulares debates para la web que Von Trier nos interesaba más que, por ejemplo, Michael Haneke, porque su trabajo era más amplio. El director de Nymphomaniac entiende que en la vida toca sufrir, y mucho, que no es ningún camino de rosas y que los problemas pueden llegar a hundirnos poco a poco en el camino. Pero también entiende que el humor es imprescindible, necesario, único elemento vital para sobrevivir. Y en esta película (cuesta mucho pensar en ella como dos películas distintas) lo vuelve a demostrar en su forma de enfocar el sexo, las relaciones personales y situaciones muchas veces casi surrealistas. Sí, hay mucho, muchísimo drama en Nymphomaniac, pero también mucho humor. Muchas ganas de reírse y hacer reír.
La historia de la protagonista es la de una mujer que se considera ninfomaníaca y que es recogida por un hombre tras ser golpeada brutalmente. En casa del mismo le contará su historia hasta llegar al momento en el que es recogida y casi salvada por un desconocido. O no, claro, depende de cómo se miren las cosas. Una historia que habla de su condición y su forma de entender el sexo, pero también de su profunda soledad, de su necesidad de contacto humano y de su extraño camino en la vida, que resulta tan fascinante o más que las mencionadas escenas de sexo. Porque, volviendo al tema del inicio, las escenas de sexo que tanto importan en la película, no son lo único ni el único punto de interés de la historia. Tiene más, mucho más que sólo sexo. Quedarse con ello sería quedarse en la superficie de una película tan compleja. Sobre todo cuando hay personajes e historias que completan la vida de esta mujer, interpretada durante la primera película en gran parte por la joven Stacy Martin, que deja todo el protagonismo a Gainsbourg al inicio del segundo volumen. Pero además de tener más que contar, bastantes escenas sexuales tienen un componente humorístico evidente, y señalo una, mi favorita, la de esos dos hermanos negros, que tienen una discusión en otro idioma mientras la protagonista les mira sin entender una palabra de lo que dicen… porque no hablan inglés. Lo curioso es que la protagonista, aunque hable el mismo idioma que el resto de personajes, encuentra dificultades también para comunicarse con ellos.........(ACCION DE CINE).

........Lars von Trier es un artista con talento, pero le pi
erde su enorme ego, y la sensación de que en su prodigiosa inteligencia algunas piezas se han desencajado. Ciertas imágenes y pasajes de la película son poderosos, con recursos visuales imaginativos. Pero al tiempo domina una gran pedantería en el toma y daca que mantienen Joe y Seligman, con éste trayendo a colación insufribles comparaciones filosóficas, musicales y religiosas a las historias de aquélla. Resulta irritante cierto tono cínico de superioridad burlona, “yo soy el chico más listo de la clase y vosotros no” podría estar pensando el director danés.
A veces da la impresión de que debido al período de “no-entrevistas” que se ha autoimpuesto Von Trier tras su polémicas declaraciones en Cannes acerca de Hitler, el director suple concediéndose con esta película una autoentrevista, haciendo decir a los personajes lo que piensa sobre cuestiones controvertidas, e incluso convirtiéndolos en portavoces de sus propias contradicciones a través de unos Joe y Seligman en discusión. De modo que afirma ser, no antisemita, sino antisionista, larga un peculiar discurso sobre las mujeres sufrientes por culpa de los hombres, o expresa admiración por los pedófilos que no ejecutan sus fantasías.
En general Von Trier, director y guionista, muestra amplias carencias en su limitada visión antropológica, sólo en el padre de Joe apreciamos un poco de humanidad más allá del estrecho canuto sexual de la película. No hay explicaciones para la ninfomanía de Joe, la posibilidad del cambio parece descartada, y la apelación en algunos momentos al amor y a las supuestas connotaciones morales del relato son de escasa entidad, se dirían que forman parte del juego del cineasta danés para autojustificarse y dar al amplio espectro de espectadores que reconocen su talento algo que les pueda contentar.(DE CINE 21).

Afirmaba Lars Von Trier en su temprana 'Epidemic' (1987) que, para él, una película era como una piedra en el zapato, una incomodidad persistente capaz de espolear una reflexión (incómoda). Podría decirse que el proyecto 'Nymphomaniac' es, directamente, un par de sandalias de largo recorrido hechas, directamente, de piedrecitas punzantes. Y no porque verla sea un martirio –aunque el dolor y la violencia (de todo tipo) sobre el cuerpo sean algunas de sus constantes-, sino porque el danés parece haber diseñado su relato como un viacrucis de ideas agresivas, prestas a invalidar toda moneda (ideológica) en curso.
En 'Nymphomaniac. Volumen 2', el cineasta lanza muchos desafíos: entre otros, a) hace algo tan inapropiado como dedicarse una vistosa auto-cita, pero incluso eso sirve al buen fin de proponer un asfixiante ejercicio de suspense; y b) deja que Seligman interprete la peripecia vital de Joe como moraleja para la era de la sensibilidad de género políticamente correcta, pero su petenera final –que a algunos recordará a un viejo gag de 'Sueños de un seductor' (1972)- recoloca las cosas en el territorio del hallazgo conceptual marca Trier. La película acaba hablando del deseo incontrolable como condena privada: un camino del samurái que nunca podrá encontrar auténticas complicidades.(FOTOGRAMAS).

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