sábado, 8 de febrero de 2014

NEBRASKA



Película: Nebraska. Dirección: Alexander PaynePaís: USAAño:2013. Duración: 114 min. Género: DramaInterpretación: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bob Odenkirk (Ross), Stacy Keach (Ed), Mary Louise Wilson (tía Martha), Rance Howard (tío Ray), Tim Driscoll (Bart).Guion: Bob Nelson. Producción: Albert Berger y Ron Yerxa.Música: Mark Orton. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje:Kevin Tent. Vestuario: Wendy Chuck. Distribuidora: Vértigo Films.Estreno en España: 7 Febrero 2014. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.



Después de recibir un “premio” por correo, Woody Grant, un anciano con síntomas de demencia, cree que se ha vuelto rico, obligando a su receloso hijo David a emprender un viaje para ir a cobrarlo. Poco a poco, la relación entre ambos —rota durante varios años por los continuos desvaríos etílicos de Woody— tomará un cariz distinto ante la sorpresa de la socarrona madre de David y su triunfador hermano Ross. Pero, ¿qué ocurrirá cuando Woody regrese al pueblo, donde le ha prometido a todos que se ha convertido en millonario?


Una de las mejores películas del año. Nebraska engloba todo lo que el buen cine, el gran cine, debería ser. Una película emotiva, honesta, divertida, llena de vida y de belleza, que obtiene de sus actores, ya sean principales o secundarios, interpretaciones dignas de Oscar, como demuestra la nominación obtenida por Bruce Dern, que está enorme en la piel del peculiar protagonista de esta historia, que no es ni drama ni comedia, sino todo lo contrario. Una película de obligatorio visionado para cualquiera que se considere cinéfilo y que tiene en algunas de sus imágenes algunos de los mejores momentos que el cine nos ha dado en mucho tiempo. Más que justa nominada a los Oscars y, si ganase alguno, tampoco pasaría nada. Aunque hay ballenas blancas demasiado grandes a las que enfrentarse como para conseguir rascar algo.
El cine de Alexander Payne siempre me ha gustado y mucho. Sus historias humanas, cercanas pese a lo peculiar de sus personajes o de sus localizaciones, siempre me han llegado. Y desde Election a Entre Copas o Los Descendientes, creo que ha ido mejorando, ampliando el rango de emociones que sabe tocar y alcanzar, consiguiendo que el público se pueda identificar cada vez más con sus personajes y sus historias, muchas veces pequeñas, de esas que no llenan salas de cine, pero en otros casos, quizá demasiado puntuales, películas que consiguen no sólo el reconocimiento de la crítica, sino el favor del público. Es una lástima que en el caso de Nebraska, que posiblemente es su mejor película, no esté recibiendo la misma repercusión en la taquilla que su película anterior, por ejemplo, Los Descendientes, muy divertida, muy humana, pero inferior a ésta.......(ACCIÓN DE CINE).

.Sabes que estás ante un gran cineasta cuando, aun percibiendo que su visión de la vida resulta por completo opuesta a la tuya, tras cada una de sus películas, debes admitir que has acabado, anímica y mentalmente, justo donde él pretendía. Director excepcionalmente dotado para manejar sutilezas tonales y exprimir a sus intérpretes, casi siempre vía contención, Alexander Payne lleva años estrenando fábulas humanistas de hechuras impecables y raigambre moral 100 por cien USA tan inmunes a la desaprobación como Nebraska.
Son obras cada vez menos ariscas, de humor progresivamente mesurado y benevolente comprensión hacia todo lo terrenal en las cuales aprecio un alto valor fílmico justo por lo lejanas que, a ras de puro contenido, se hallan de mis querencias e instintos. Miniodisea de descubrimiento, tanto propio como ajeno, con su (esperable, tratándose de Payne) dosis de road movie multigeneracional, efectiva miscelánea de parábola satírico-ética al flo de la locura,escuela Preston Sturges ('Navidades en Julio', 'El milagro de Morgan Creek'...) y elegía de sombrero tejano a lo Larry Mc- Murtry ('La última película'). Estamos ante un contundente artefacto emocional a caballo entre 'Una historia verdadera' (David Lynch, 1999) y (porqué no decirlo) .(FOTOGRAMAS).

....Para contar esta historia (casi) verdadera, Payne pone sobre la carretera una premisa irrisoria –un anciano se toma al pie de la letra una carta de spam que le hace ganador de un concurso– y unos personajes impasibles, deprimidos y suntuosos en su neutralidad. Payne aprovecha que Woody (inmenso Bruce Dern en una conjugación geriátrica de todos sus villanos) y David (sorprendente Will Forte), el sanchopancesco hijo que lo acompaña hasta Nebraska, hacen una parada en el camino –orígenes sin nostalgia, la América profunda más cutrona y destemplada– para introducir una serie de personajes secundarios –la deslenguada madre, los primos zotes, el viejo amigo…– y enarbolar esa bandera tan suya de la comedia muda aguantando la risa detrás del drama.
He aquí la deliciosa e incontestable Odisea de un abuelo cascarrabias, el antiheróico viaje que acomete junto a su hijo hacia ninguna parte, crónica de una carretera cuyo final es la muerte de nuestros padres.Payne, que tanto sabe de traumas familiares que dan risa, es consciente de que éste, el más traumático de todos, no es un viaje para enmarcar en el álbum de fotos. Pero, de ahí la calidez, mejor padecerlo que no poder hacerlo. Porque si la muerte acecha desde cualquier esquina, acompañar a los nuestros en su senectud, es –qué paradoja– lo mejor que nos puede pasar. Y sí, no cabe duda de que el sentimiento es agridulce. Como una música a la vez desolada y hermosa o como un estado de ánimo gris con probabilidad de nieve. Como la vida que, avanzando siempre triste, admite la sonrisa.(cinemania).

domingo, 2 de febrero de 2014

LA GRAN ESTAFA AMERICANA









Película: La gran estafa americana. Título original: American hustle. AKA: American bullshit. Dirección: David O. Russell. País:USAAño: 2013. Duración: 138 min. Género: Drama, thriller.Interpretación: Christian Bale (Irving Rosenfeld), Bradley Cooper  (Richie DiMaso), Jennifer Lawrence (Rosalyn Rosenfeld), Amy Adams (Sydney), Jeremy Renner (Carmine Polito), Michael Peña(Paco Hernández / Sheik Abdullah), Jack Huston (Pete Musane), Louis C.K. (Stoddard), Alessandro Nivola (Anthony). Guion: David O. Russell y Eric Singer. Producción: Megan Ellison, Charles Roven, Jonathan Gordon y Richard Suckle. Música: Danny ElfmanFotografía: Linus Sandgren. Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy y Crispin Struthers. Diseño de producción: Judy Becker.Vestuario: Michael Wilkinson. Distribuidora: TripicturesEstreno en USA: 20 Diciembre 2013. Estreno en España: 31 Enero 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


“La gran estafa americana (American hustle)” está basada en un famoso caso de corrupción que conmocionó a los Estados Unidos en la década de los 70 y en el que estuvieron implicados mafiosos y políticos.


.......David O. Russell coescribe con Eric Singer esta singular comedia de timadores, inspirada libremente en hechos reales, el llamado escándalo Abscam. Responde a las convenciones del género en la línea El golpe, donde se hace abstracción en parte de las consideraciones morales, la idea es que frente a los corruptos malos de verdad, los granujas protagonistas son los héroes de la función, que reclaman la simpatía del espectador; algo que ya trabajó Russell en Tres reyes.
Y quizá en 2014 esta película funciona especialmente por mostrar estructuras de corrupción que se remontan atrás en el tiempo más de tres décadas, y que casi parecen inocentes comparadas con las actuales. Toda la idea de personajes disfrazados, acentos simulados, sentimientos escondidos, cuadra a la perfección para hablar de cierta crisis de identidad muy actual, que encuentra una buena forma de expresarse en este tipo de historias de engaño, de la que son muy representivas por ejemplo las series televisivas de espías Homeland y The Americans. En tiempos de pensamiento líquido, se puede mantener una cosa, y casi a renglón seguido la contraria, resulta difícil mostrar convicciones acerca de algo, más allá de la propia supervivencia y la gratificación inmediata. En realidad son ideas semejantes a las que maneja Martin Scorsese enEl lobo de Wall Street, la idea de ilustrar una situación preocupante, aunque los logros de La gran estafa americana (American Hustle) resultan más afortunados.
La película tiene una estructura convincente, muy ágil, bien apoyada en canciones de la época, con suficientes giros sorprendentes y buenos golpes de humor. Hay al parecer algunos momentos improvisados, pero la cosa más o menos funciona, con un formidable reparto, estupendos ellas (Amy AdamsJennifer Lawrence) y ellos (Christian BaleBradley CooperJeremy Renner, e incluso un inesperado Robert De Niro). El vestuario y aspecto de los personajes, más allá de los descocados escotes de Adams, acentúan, con un aspecto que hoy se nos antoja ridículo, la idea de impostura.(DE CINE 21).


......El primer punto a favor de la película es un reparto notable en el que junto a Christian Bale –crean lo que les digo, lo mejor de su interpretación no es la transformación física que presenta el protagonista de Batman, sino precisamente el hecho de que sea capaz de sobresalir como actor bajo esa especie de disfraz con peluquín y sobrepeso que se ha fabricado para dar vida a este personaje-, y Amy Adams, brillan igualmente Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, y en una aparición estelar fugaz pero demoledora, Robert De Niro.  Difícil encontrar en la cartelera reciente féminas más seductoras que Amy Adams y Jennifer Lawrence, uno de los duelos interpretativos sobre los que se asienta la película. Dicho sea de paso, creo que el Oscar a la mejor actriz de reparto también debería quedarse en esta película y en manos de Jennifer Lawrence. El otro duelo es el que mantienen Bale y Cooper, igualmente notable. Me gusta mucho cómo maneja y resuelve los distintos puntos de vista sobre la trama que tiene el triángulo formado por los personajes de Bale, Adams y Cooper, al que acaba añadiéndose ese cuatro personaje en discordia que interpreta Jennifer Lawrence. Hay una escena que expone a la perfección el método aplicado para manejar esa especie de billar a cuatro bandas a que se aplica el director durante toda la película. Me refiero a la transición entre la escena de Adams y Cooper en el retrete de la discoteca y la fiesta protagonizada por Renner y Bale. Explica los distintos mundos por los que se desplazan los protagonistas, con la cámara “bailando” en torno a los personajes constantemente. Es ese uso de la cámara el que hace que La gran estafa americana me guste incluso más queEl lobo de Washington, teniendo ambas en común ese tema central de la estafa y el engaño. Scorsese, en perfecta coherencia con el personaje que está retratando, sumido en una orgía casi permanente de drogas, éxito y dinero, aplica el montaje como mecanismo para marca el ritmo de su relato, un montaje frenético que nos deja exhaustos. Por su parte, en La gran estafa americana, David O. Russell elige otro camino porque cuenta otro tipo de historia, aunque comparta de algún modo tema con la película de Scorsese y como en el caso de aquella trabaje de manera brillante la música como clave emotiva de su relato. He dicho ya que el epicentro de la película es una historia de amor que se complica en una especie de guión-rompecabezas con distintas tramas superpuestas (la estafa, los corruptos, el triángulo sentimental, la neurótica esposa abandonada…). Así que para guiarnos en esa especie de laberinto repleto de personajes y jugar a seducirnos y engañarnos como sus personajes seducen y engañan, David O. Russell sustituye el trabajo de montaje trepidante de Scorsese por un juego con la cámara en movimiento que es casi un ballet con los actores, tan seductor y engañoso como el propio guión, que consigue interesarnos tanto como al personaje de Bradley Cooper por esa historia de la pesca en el hielo que le cuenta su jefe en el FBI… y de la que una y otra vez se nos niega el desenlace, la moraleja del relato. Añadan un tratamiento de la fotografía que nos sitúa perfectamente en los años setenta en que se desarrolla la historia, incluso más que los peinados y el vestuario, o esa escena de besos y celos en el aeropuerto que tiene algo del cine romántico setentero francés, incluyendo una de esas frases capaces de resumir todo un personaje, en este caso el de Amy Adams: “No eres nada para mí hasta que lo seas todo”........(ACCION DE CINE).


En su nuevo, y más completo hasta la fecha, intento de asaltar la banca de los Premios Oscar, el realizador David O. Russell ha dejado en manos de sus cuatro actores fetiche (Christian Bale y Amy Adams, The Fighter; Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, El lado bueno de las cosas) la responsabilidad de convertir La Gran Estafa Americana en una película impactante de resonancias clásicas, disfrute inmediato y diversas capas y lecturas. El director neoyorquino tiene buena parte de culpa en todo ello, sobre todo en la adopción de un discurso cinematográfco estilizado pero pragmático, exento de prepotencia, cuyo principal objetivo es proponerle al espectador una película de digestión tan ligera como satisfactoria. Pero la torrencial aportación de ese cuarteto protagonista es el factor diferencial que eleva y redimensiona el valor del largometraje.
Las mujeres triunfan
En este elenco del flm brilla especialmente la representación femenina, con Jennifer Lawrence robándole lustre a una magnética Amy Adams en la segunda parte del recorrido y completando, junto a un espléndido Christian Bale, un triángulo amoroso que da pleno sentido a toda la historia. David O. Russell profundiza, como también ha hecho de forma impecable la serie The Americans, en la desconfanza y el rencor que genera el engaño en un contexto de engaño. El engaño como forma de vida, pero también como única salida posible para la supervivencia personal y, sobre todo, afectiva. Es en esta relación imposible a cuatro bandas, y en los efectos que provoca la mentira dentro de la mentira, donde esta película extrae sus mejores bazas y adquiere toda su defnitiva grandeza.
Estética y musicalidad
Decidida a ser importante por lo civil o por lo criminal, La Gran Estafa Americana aglutina todas las señas de identidad cinematográfcas de Russell (el buen gusto formal, la estética depurada, casi de anuncio, la musicalidad de sus escenas, los personajes obsesivos y en crisis, la alergia a recortar metraje...) y las pone al servicio de un contagioso y seductor flm que, pese a su localización histórica, hablamos de fnales de los años 70, no rehúye en ningún momento el compromiso con un presente que le viene como anillo al dedo al relato para sentirse aún más realizado. No solamente por las evidentes conexiones que podemos encontrar con la hecatombe fnanciera y con los casos de abuso de poder y corrupción política que adornan nuestra actualidad, sino también por la reivindicación del buscavidas o espabilado en tiempos de crisis económica y desamparo social.(FOTOGRAMAS).