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sábado, 15 de febrero de 2014

CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO



Película: Cuando todo está perdido. Título original: All is lost.Dirección y guion: J.C. ChandorPaís: USAAño: 2013. Duración:106 min. Género: DramaInterpretación: Robert Redford.  Producción: Neal Dodson y Anna Gerb. Música: Alex Ebert.  Fotografía: Fran G. DeMarco. Montaje: Pete Beaudreau. Diseño de producción: John P. Goldsmith. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 14 Febrero 2014.

Durante un viaje en solitario por el Océano Índico, un hombre se despierta y descubre que hay una vía de agua en su velero tras haber chocado contra un contenedor abandonado en alta mar. Con el equipo de navegación averiado y sin radio, además se dirige hacia una terrible tormenta. A pesar de conseguir tapar la vía de agua, su intuición de viejo marinero y una fuerza inusitada para su edad, casi no sobrevive al encuentro con la tempestad. Únicamente con un sextante y unas cartas náuticas para saber dónde se encuentra, únicamente le queda esperar que las corrientes le lleven a un pasillo marítimo desde donde pueda hacer señales a otra nave. Pero el sol es implacable, los tiburones merodean y sus víveres van escaseando de forma alarmante. Por muy capaz que sea, no tarda en enfrentarse a la muerte.

.Un hombre del que nada sabemos luchando solo contra el mar. Cuando todo está perdido es la desoladora, sobria y emocionante aventura sobre la supervivencia de un ser perdido, sobre la rebelión contra el infortunio y la capacidad de sobreponerse a la más radical adversidad.Extraordinariamente bien filmada, creíble desde el primer al último plano, casi muda pero muy elocuente, más allá de lo que cuenta, es ésta la película sobre un actor, un mito del cine que nos habla alto y claro. Encontramos un Robert Redford desprendiendo una luz cegadora, con una mirada iluminada por una trayectoria asombrosa, la mirada de una leyenda que hace balance y se presenta ante el espectador casi desnudo. Despojado de trampas, se exhibe sin énfasis, sin ampulosidad, sólo con lo que tiene: su cuerpo. Fíjense especialmente en el físico del actor, en su forma de moverse, 77 años de vida y de arte, retratados como un espejo ante los ojos de alguien de quien la cámara de cine estará siempre eternamente enamorada.(CINEMANIA).

.....De manera que si todavía te gusta el cine y crees que la imagen debe dominar, que es la verdadera clave del lenguaje del cine, esta es una película que no debes perderte.
Un detalle a modo de pista: durante las tormentas, en todo momento vivimos la experiencia desde planos cercanos, desde el punto de vista del protagonista, junto al náufrago superado por las circunstancias que sin embargo sigue luchando hasta el final. Vemos lo mismo que él ve desde el interior del barco, sumergido en el agua o desde la balsa. No hay un plano general que nos saque de esa experiencia casi en primera persona para someterse sumiso al espectáculo visual más impresionante de la ola gigante tipo La tormenta perfecta. Renunciando a esa sumisión a lo epidérmico, al cine concebido como montaña rusa, el director nos mantiene atrapados junto a Redford en su lucha por sobrevivir. En ese mismo sentido destaca su elección de incluir más planos desde el fondo del mar, mirando a la barca desde abajo, que desde el aire, lo cual es lógico, ya que así establece el duelo entre el mar y el hombre que es el epicentro del relato, apoyado en esos puntos y aparte que son los fundidos a negro. La sobriedad de la propuesta me ha recordado  en muchos momentos el tono de otra notable película de Redford que no deberían perderse, Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972).
Esa sobriedad en el tratamiento de la historia, situaciones, personaje e imagen permite además al director hacer de su película una metáfora de una de las claves de la lucha cotidiana por sobrevivir en nuestro mundo. Esos barcos que pasan de largo ignorando parsimoniosamente al protagonista nos hablan de la soledad y el aislamiento en el que vivimos y son además toda una metáfora de cómo no miramos, ignoramos o ni siquiera queremos ver a todos esos prójimos que se cruzan cada día en nuestro ajetreo cotidiano.
Para rematar la jugada, el final de la película es uno de esos desenlaces que  dejan abierto al debate y al libre albedrío de la interpretación de cada cual si el relato se cierra feliz o infelizmente, una prueba de lo mucho que el director respeta al espectador.(ACCIÓN DE CINE).

.....Antes de terminar, cabe reparar un posible malentendido: Cuando todo está perdido no es en ningún caso una película antinarrativa. Es cierto que en algunos momentos –deliciosos momentos– Chandor se recrea en la contemplación de los contados tiempos muertos que se permite el protagonista: cuando decide beberse un vaso de whisky, o cuando se afeita, en un gesto de serena presunción que leemos como una muestra de orgullo y tenacidad. Sin embargo, el grueso de la película es un vendaval de movimiento, tensión y suspense a partes iguales.El férreo guión del propio Chandor traza con enorme precisión la aventura de un hombre que, fatalidad tras fatalidad, va quedando despojado de todos los elementos que lo mantienen unido a la civilización.Cuando ya solo le quedan poco más que unos rústicos instrumentos de navegación, 'nuestro hombre' intenta orientarse y descubrir su lugar en el mundo, pero ni siquiera entonces la película se permite distraerse en simbolismos o metáforas. Se impone la acción, desplegada con toda su fuerza prosaica, reticente a dejarse amedrentar por una poesía de baratillo que sólo se deja entrever en la recta final del film. Un mancha minúscula en el expediente de una película extraordinaria.(SENSACINE).

Esta película se diría concebida para sabotear las expectativas del espectador corriente. Está protagonizada por una vaca sagrada del star system hollywoodiense, pero su personaje está en las antípodas del héroe, es un hombre cualquiera, sin atributos. Su odisea en alta mar daría para un blockbuster inundado no de agua, sino de virguerías digitales, pero el director J. C. Chandor destierra por completo el acento épico: un par de tormentas breves, una caída al agua sin consecuencias, una herida en la frente…
Narra una catástrofe individual, pero no subraya la tensión, ni se invoca el suspense a golpe de efecto. Los tiburones se pasean sin constituir en ningún momento una amenaza real. La banda sonora, excelente, no persigue otra cosa que ilustrar tenuemente el estado anímico del infeliz náufrago. De quien, además, nada sabemos, ni siquiera su nombre, porque Robert Redford. no hay fashbacks, ni monólogos, ni explicaciones: sólo oímos su voz en un prólogo innecesario, cuando intenta infrucutosamente pedir socorro por radio y en un par de gritos de desesperación. Una película casi muda en tiempos de pantallas ensordecedoras. 'Cuando todo está perdido', en fn, da la espalda al gran espectáculo en benefcio de una exposición realista, serena: ni un solo plano grandilocuente, ni una onza de descarga adrenalínica. Es cine de aventuras por lo que cuenta, no por cómo lo cuenta. Como 'Gravity' (Alfonso Cuarón, 2013), viene a ser un estremecedor retrato de la soledad del ser humano.
Aunque no lo aparente, Robert Redford tiene hoy 17 años más que Spencer Tracy cuando interpretó 'El viejo y el mar' (John Sturges, 1958), otro gran solo actoral en agua salada. Y mantiene el tipo, la presencia, domina con autoridad toda la película. Es la suya una gran interpretación, aunque de las que no se notan.(FOTOGRAMAS).

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