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sábado, 5 de abril de 2014

NOÉ



Película: Noé. Título original: Noah. Dirección: Darren Aronofsky.País: USAAño: 2014. Duración: 138 min. Género: Drama.Interpretación: Russell Crowe (Noé), Jennifer Connelly (Naamé),  Ray Winstone (Tubal Caín), Emma Watson (Ila), Logan Lerman  (Cam), Anthony Hopkins (Matusalén), Douglas Booth (Sem), Nick Nolte (Samyaza), Mark Margolis (Magog), Kevin Durand (Rameel),Marton Csokas (Lamech). Guion: Darren Aronofsky y Ari Handel.Producción: Arnon Milchan, Scott Franklin, Mary Parent y Darren Aronofsky. Música: Clint MansellFotografía: Matthew Libatique. Montaje: Andrew Weisblum. Dirección artística: Mark Friedberg. Vestuario: Michael Wilkinson.Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en España: 4 Abril 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.




Inspirado por la épica historia de valor, sacrificio, esperanza y redención, Darren Aronofsky lleva al cine su personal visión de Noé. Russell Crowe interpreta al hombre elegido por Dios para llevar a cabo una  trascendental misión de rescate antes de que una inundación apocalíptica destruya el mundo. La historia completa nunca antes se había llevado a la gran pantalla en una epopeya, invitando al público a vivir esos espectaculares acontecimientos a través de la mirada y las emociones de Noé y su familia en su periplo por el miedo y la fe, la destrucción y el triunfo, la calamidad y la esperanza. La producción embarcó al reparto y al equipo técnico de la pelicula en su propio e inesperado viaje al introducirlos en una intensiva investigación del mundo de Noé para hacerle justicia al texto y embarcarse en un Arca de verdad, construida a mano según las indicaciones de la Biblia. El resultado es el primer retrato cinematográfico de Noé como un hombre imperfecto cuya sobrecogedora tarea se enfrenta contra lo peor de la humanidad a la vez que reafirma nuestra fe en lo mejor de ella.



Más incestos que en Juego de tronos,batallas sin recurso a la Convención de Ginebra, asesinatos a sangre fría… Y un genocidio por vía acuática. Está claro que el Antiguo Testamento no es material para pusilánimes. Y también está claro queDarren Aronofsky no es de los que se arredran: aun lastrada por defectos a granel,Noé demuestra la capacidad del canadiense para convertir un episodio bíblico en un filme comparado ya por muchos con El Señor de los anillos, pero cuyos excesos primigenios le hacen aproximarse más a Conan el Bárbaro (versión John Millius, claro) y su Era Hiboria. 
El planteamiento de Noé es, además de conocido, sencillísimo: Dios ha decretado que la humanidad ensucia mucho, confiándole a ese Russell Crowe desbordante el papelón de preservar de su venganza a la fauna y la flora. Una vez expuesta la premisa, todo vale, desde el recurso a los  aspectos más fantásticos y chocantes del original hasta una formidable secuencia que aspira a convertir El árbol de la vida en bonsai, pasando por las loas al vegetarianismo, los ayes de las víctimas del Diluvio, un Anthony Hopkinsadorable (¿padecía Matusalén de falta de riego?) y un Ray Winstone al que sólo le falta mirar a cámara y prorrumpir en risotadas de folletín para cuadrar su rol de villano.
Ante semejante bullabesa, es inevitable invocar el tópico del malabarista y el exceso de bolas en el aire. Tópico en este caso muy veraz, sobre todo en lo que toca a los personajes: quienes se indignen ante el hecho de que Emma Watson parezca estar ahí sólo para hacer pucheritos pueden consolarse pensando que Douglas Booth no recibe siquiera la ocasión de caernos bien. En el plano estructural el director tampoco se aclara, habiendo de librarse la cuestión entre aquellos que valoren más el drama claustrofóbico de la segunda mitad y quienes (como nosotros) hubiesen cambiado con gusto los sermones medioambientales e infanticidas por un ratito más con esos ángeles caídos tan grotescos y tan majos.
Noé no es una película simpática. Tampoco pretende serlo: los arrebatos místicos y los brotes misántropos que conviven en el imaginario de Aronofsky hallan en sus fotogramas el campo para una batalla que, como suele pasar, queda en tablas. Aun así, el cineasta encara con mucha dignidad una tarea en la que sus mayores (John Huston, sin ir más lejos) las pasaron canutas, ofreciendo en el proceso tantos espacios para la reflexión como para el “¡Hala, cómo mola!”. Un trabajo, en suma, revestido de una personal e intransferible megalomanía.(CINEMANIA).


.......Aronofsky tropieza en Noé con la misma encrucijada a la que se sometió John Huston cuando rodó La Biblia. Huston salió del reto aplicando en la superficie de su película una especie de capa de imprimación visual que incorporaba ocasionalmente planos propios de los pastiches bíblicos de Cecil B. De Mille y la épica paisajística de David Lean, pero  sin renunciar en ningún momento a poner en primer término a los actores que le permitían tratar más en confianza y de manera más humana a las figuras bíblicas que retrataba. Aronofsky hace algo parecido con referentes más actuales. Incluye planos que parecen sacados de El señor de los anillos o El Hobbit, como los del ataque al arca, pero sin dejarse arrastrar a una dictadura de planos aéreos, cámaras voladoras y grandilocuentes planos generales que impongan la épica superficial y externa sobre la mirada íntima. Mantiene así su estilo visual de filmación cámara al hombro y nos mete entre sus personajes como si estuviéramos siguiendo una pieza de un reportaje televisivo. Nos muestra la épica y el diluvio como telón de fondo de la intriga y el conflicto de los personajes, nunca en un primer plano visualmente arrollador. El diluvio se pone al servicio de la intriga y el conflicto en torno a Noé, no es Noé el que se presta a ser una marioneta de la catástrofe. Y en esa intriga Aronofsky trabaja sobre todo el primer plano y la construcción de su película utilizando a los actores como su mejor efecto especial. De ese modo Noé queda dividida en dos partes, siguiendo escrupulosamente el viaje del héroe tejido por Joseph Campbell en su libro sobre mitología El héroe de las mil caras. En la primera, el héroe recibe y acepta su misión, y en ese camino llegamos hasta le ecuador del relato, la catástrofe propiamente dicha. Poner el diluvio en el ecuador del relato ya es en sí misma toda una declaración de principios por parte del director. A partir de ahí llega la segunda parte. Si la primera plantea un conflicto eminentemente exterior, la segunda nos zambulle en el conflicto interior de todos los personajes supervivientes de la catástrofe, filmado con gran coherencia desde dentro del arca en el que viajan. Hay poco paisaje exterior y el relato se desarrolla, en contraste con la primera parte, en una clave visual claustrofóbica. Y ahí es donde Aronofsky consigue hacer que la intriga y los conflictos de los personajes sean mucho más interesantes que el despliegue de épica visual de la primera parte. Noé se construye así como una balanza en equilibrio donde el platillo de la derecha es el de la épica visual más adolescente del cine de superproducción de nuestros días y el platillo de la izquierda es el viaje interior del atribulado Noé y sus compañeros, entre los cuales destacan como motores de intriga y conflictos los personajes interpretados por Emma Watson y Logan Lerman. El fiel de la balanza que registra el equilibrio de esas dos partes que integran la película es la evolución de la relación de Dios con los hombres, pasando desde el Dios temperamental y furioso que se siente traicionado por los hombres y por sus ángeles vigilantes y consecuentemente se distancia y castiga a los hombres en la primera parte al Dios que se reconcilia con lo humano otorgando a los hombres el libre albedrío en la segunda parte. Noé queda así como la historia de liberación del hombre. En ese sentido es interesante reparar en la pincelada más religiosa de toda la película, que incide con elegancia en la idea de Dios hablando o dejando de hablar con los hombres como recompensa o castigo, que desemboca en la idea de que la conversación de Dios con los hombres se torna mucho más fluida y menos traumática después del diluvio y cuando el hombre, Noé, recupera la confianza de Dios y con ello el libre albedrío, siendo así responsable de sus propias decisiones.
Sólo una pega, la misma que aqueja a otros momentos de piradas de pinza visuales de Aronofsky en La fuente de la vida: la recreación de Adán, Eva y el Pecado Universal me parece espantosa, pedante y de una simpleza que no se corresponde con el resto de la película.(ACCIÓN DE CINE).




En contra, por Noel Ceballos
Bienvenidos al búnker bíblico de Darren Aronofsky: una parábola fundamentalista (y, a ratos, directamente malsana) sobre el exterminio justificado de una humanidad que decidió darle la espalda a Dios y el viaje espiritual de un hombre que siempre se mantuvo firme en su fanatismo, incluso cuando este le exigía una conversión en infanticida ángel de la muerte. Es posible que Noé sea el blockbuster épico más extravagante del año, con su descripción de los tiempos antediluvianos como una suerte de Tierra Media alienígena y sus desquiciados recursos estilísticos. También es el más profundamente reaccionario: su tratamiento de lo secular como abyección extrema (que necesita ser erradicada para dejar paso a un renacer divino) da la medida del contenido ideológico de esta fantasía oscura y pomposa. Aronofsky renuncia al debate teológico y filosófico para alinearse con la interpretación menos polémica del texto, pero quizá sea interesante comprobar lo lejos que quedan los tiempos de Pi (1999): ambas películas hablan de la comunicación con Dios a través de la abstracción, pero ahora sus obsesivos protagonistas se pliegan ante las exigencias del mainstream falsamente espiritual.
A favor, por Jordi Costa
La búsqueda de sentido, ya sea a través de la matemática, la adicción, el amor eterno o el martirio del cuerpo, recorre la filmografía de Aronofsky hasta llegar a su primera película explícitamente religiosa. Un trabajo que, antes que rechazar como anacrónica extravagancia, conviene valorar por su condición de destino marcado, a pesar de que sus formas sean rabiosamente extravagantes. El cineasta sirve a Noé como si fuera el mito fundacional de una civilización extraterrestre, resituando la espectacularidad del viejo cine bíblico en una variable de la ciencia-ficción.
Su Noé es, a un tiempo, mito remoto y nuestro contemporáneo: el individuo frente al Apocalipsis, como el atormentado Curtis de esa puesta al día, casi carveriana, de la historia del Diluvio que fue “Take Shelter” (2011), golpeado por una voz divina tan violenta e indescifrable como la que sacudía al Cristo de Scorsese. Con un sentido del espectáculo a la vez sofisticado y primitivo, esta síntesis de megablockbuster delirante y turbio dilema moral es un enérgico antídoto contra el orden racional dominante en la industria de la ficción, pero también víctima potencial de instrumentalización por parte de los integrismos.(FOTOGRAMAS).

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