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sábado, 17 de mayo de 2014

GODZILLA




Película en 2D y 3D: Godzilla (2014). Dirección: Gareth Edwards.Países: USA y JapónAño: 2014. Duración: 123 min. Género:Acciónciencia-ficciónInterpretación: Aaron Taylor-Johnson (Ford Brody), Bryan Cranston (Joe Brody), Ken Watanabe (Dr. Ishiro Serizawa), Elizabeth Olsen (Elle Brody), Juliette Binoche (Sandra Brody), David Strathairn (William Stenz), Sally Hawkins (Graham).Guion: Max Borenstein; basado en un argumento de Dave Callaham. Producción: Thomas Tull, Mary Parent y Brian Rogers.Música: Alexandre DesplatFotografía: Seamus McGarvey. Montaje: Bob Ducsay. Diseño de producción: Owen Paterson. Vestuario: Sharen Davis. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA: 16 Mayo 2014. Estreno en España: 15 Mayo 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “Godzilla” (2014), el famoso monstruo se enfrenta a malvadas criaturas que, animadas por la arrogancia científica de la humanidad, amenazan nuestra propia existencia en una historia de valor y reconciliación frente a las poderosas fuerzas de la naturaleza. El aterrador Godzilla aparece para restablecer el equilibrio ante una humanidad indefensa.


Por fin, Nueva York está a salvo. Esta vez le toca a San Francisco, Hawai, Las Vegas, sufrir el absoluto caos. Y a Tokio, faltaba más. El origen de la bestia de Toho es un brillante punto de partida que aporta a estereboot una nueva –y muy sugerente– dimensión: ¿y si la bomba de Hiroshima en vez de ‘crear’ al mutante se hubiese lanzado para destruir a Gojira? Desde los intrigantes títulos de crédito para solaz de Iker Jiménez –que podrían ser en sí mismos otra película– y continuando con la paranoia del personaje de Bryan Cranston –el tráiler no hace justicia a su personaje, Walter White en Encuentros en la tercera fase–, el enigma da paso a otro rompecabezas aún más inquietante, y que, en parte, hace sombra al protagonista de la historia. Godzilla, aún escondido –y tardará casi una hora en aparecer, tal vez, demasiado–, no está solo. Y es una pena que tengamos aún reciente el Pacific Rim de Guillermo del Toro, no por su discutible calidad si no porque los kaijus de esta Godzilla parecen sacados de aquélla. Y no hay Jaegers que los puedan detener. Estos Organismos Terrestres No Identificados, los MOTOs, se adueñan de buena parte del metraje por su espectacularidad (nada que ver con los bichos de los años 50, aquí prima la estética robótica). Es cierto que Godzilla debería haberse puesto a dieta y que no le hace ningún bien –a efectos de encuadre– que su hábitat natural sea el agua, su refugio. Al lado de los MOTOs es como intentar que los berrinches del Stay Puft deLos cazafantasmas nos produzcan espanto. Imposible. Este Godzilla humanizado llega a enternecer: el toque spielbergriano no falla, aunque el director Gareth Edwards parezca huir del melodrama (muchas son las escenas que dan la sensación de quedarse a medias). Para compensar cierta falta de ritmo –esto no es el frenético Monstruoso producido por J. J. Abrams ni pretende serlo–, Edwards retoma el efectismo y la grandiosidad entre humo y cenizas de su magnífica Monsters (2010), con unos invasores repugnantes, de largas pinzas y sonido metalizado, añadiendo algo de lo que carecía, además, el Godzilla (1998) de Roland Emmerich: la respuesta de la naturaleza a todos estos estragos. Alternando terremotos, explosiones y un dramático tsunami –como Lo imposible, aunque sin conseguir tocarnos la fibra–,Edwards nos sube a una montaña rusa sin necesidad de encajar las piezas de una trama inconsistente –ciertas explicaciones carecen del sentido que pretenden darle–. Es más, cuando por fin Godzilla –desde ya el Batman de los monstruos– desvela su gran número de prestidigitador, cualquier incoherencia nos resbala. Porque este emocionante desmadre es lo que tiene que ser: una destrucción épica en la que Godzilla se convierte, por fin, en un verdadero icono, idolatrado y reverenciado. El amanecer de una especie única, en un mundo arrasado, eso sí, en el que los humanos somos realmente los auténticos perdedores.(CINEMANIA).


Godzilla. Entretenida y espectacular en lo visual, falla en el desarrollo del guión, personajes y ritmo.
El cine norteamericano ha vuelto a tropezar en la misma piedra que ya tropezara Roland Emmerich a la hora de adaptar Godzilla a los códigos y claves del cine estadounidense. Esta versión es sin duda mucho mejor película que la de Emmerich. Está mejor dirigida. Pero debo reconocer que la de Emmerich me resultaba más divertida. Además, está por debajo de la otra oferta de película con monstruo gigante que nos llegó el pasado verano, Pacific Rim, de Guillermo del Toro, que es mejor que ésta, de lejos.
El problema esencial es que en su traducción del célebre monstruo nipón, los norteamericanos olvidan que básicamente se trata de una criatura del cine de serie B, una gamberrada lagartona que requiere la autoparodia como sustancia esencial para plantear sus aventuras. Por el contrario, cada vez que los estadounidenses se acercan a Godzilla intentan llevárselo al territorio de la serie A y proporcionarle sobre todo seriedad como personaje. Grave error.
Godzilla es un fenómeno  construido por y para friquis. Y todo lo que suponga tomárselo en serio y con ningún sentido del humor, como pretende esta nueva propuesta norteamericana del personaje, es llevarlo a un territorio que le resulta extraño y ajeno al personaje original y genera el tipo de problemas de construcción, ritmo y funcionamiento dramático que presenta esta película.......(ACCIÓN DE CINE).


El primer tramo de Godzilla puede transmitir una información alarmante a los fans de Monsters (2010), película que llegó un poco tarde (y con menos fuerza que otras aportaciones más relevantes) a la tendencia de narrar el Apocalipsis (o su resaca) en clave íntima. Sí, da la impresión de que la taimada industria del blockbuster haya corrompido a un talento indie, con algo de poeta y mucha memoria serie B (¡los hongos en los árboles de su ópera prima!), en este paso a la liga profesional que se abre con andanadas de la peor retórica traumática de manual de guión: héroe con conflicto paternofilial, tragedia familiar a cuestas, regreso al hogar frustrado por la catástrofe y bla-bla-blá. Es una falsa alarma: como el propio Godzilla, que transita de amenaza a salvación a lo largo del metraje, Gareth Edwards recicla la película para su uso y gusto privado, proponiendo un superespectáculo de autor, auténtico recital de formas, que parece hacerse constantes y pertinentes preguntas de puesta en escena para llevar la gramática del kaiju-eiga a un inédito territorio de poesía melancólica.(FOTOGRAMAS).

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