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lunes, 15 de septiembre de 2014

BOYHOOD (MOMENTOS DE UNA VIDA)




Película: Boyhood (Momentos de una vida). Dirección y guion:Richard LinklaterPaís: USAAño: 2014. Duración: 165 min.Género: Drama. Interpretación: Patricia Arquette (Olivia), Ellar Coltrane (Mason), Lorelei Linklater (Samantha), Ethan Hawke(padre). Producción: Richard Linklater y Cathleen Sutherland.Fotografía: Lee Daniels y Shane Kelly. Montaje: Sandra Adair.Diseño de producción: Rodney Becker. Vestuario: Kari Perkins.Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 12 Septiembre 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


“Boyhood (Momentos de una vida)” es un drama rodado con el mismo grupo de actores durante doce años, concretamente desde 2002 a 2013, que trata de un viaje tan épico como íntimo a través de la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo.

Una película verdaderamente singular, aunqueRichard Linklater no deja de seguir en Boyhood la estela de su celebrada trilogía iniciada con Antes del amanecer. Pues en ambos casos se reflexiona sobre las relaciones humanas, el amor y el discurrir de la vida, con el paso del tiempo, y la madurez y sabiduría que se van adquiriendo al aprender de los errores, como elementos configuradores de lo que se cuenta. Se diría inspirada en parte por la traslación de Harry Potter al cine –los libros del niño mago son citados explícitamente–, pues aunque de otro modo, también en esa saga el espectador ha visto crecer a los protagonistas, aunque en ese caso a lo largo de los años, y no de golpe, como el espectador experimenta de un modo muy vívido en este film.
Lo novedoso en Boyhood, es que se trata de un proyecto que su director ha ido rodando a lo largo de 12 años para estrenar al fin ahora, manteniendo el mismo reparto, lo que resulta especialmente importante en el caso del protagonista Mason –al que seguimos hasta que cumple 21 años y se va a estudiar a la universidad, gran papel de Ellar Coltrane iniciado cuando era un chaval–, aunque también en el de su hermana Samantha –a la que da vida la hija del director, Lorelei Linklater–, y en el de sus padres divorciados –interpretados por Patricia Arquette y el habitual de Linklater Ethan Hawke–.
El director, guionista y productor sale airoso de su experimento de largo metraje, casi 3 horas, pues logra imprimir a lo que cuenta el sello de la autenticidad, el proceso que vive el protagonista desde su infancia hasta que está en edad universitaria, en el ambiente de una familia desestructurada con un ambiente típicamente estadounidense: la madre llega a pasar por tres matrimonios, y cada esposo tiene sus rasgos problemáticos.
Todo el film discurre con gran naturalidad, se evitan los tópicos al abordar los típicos ritos de iniciación a la vida, no hay excesos ni aspavientos cuando se produce el desconcierto vital, aunque haya momentos de dolor, y surja la inevitable pregunta existencial "¿Cuál es el sentido de todo esto?", para la que no hay aquí una respuesta trascendente. Linklater pinta con convincentes rasgos vigorosos a los personajes con sus respectivos lazos; y nadie es perfecto, pero de ningún "árbol caído" se hace "leña", más bien hay un esfuerzo de comprensión de cómo son los demás, y de sus posibilidades de mejorar. El modo en que se pinta al padre simpatizante de Obama en las elecciones presidenciales, y el matrimonio que tanto aprecian el rifle y la Biblia, son ilustrativos de un enfoque amable, que evita los juicios hoscos tan habituales hacia aquellos que tienen distintos puntos de vista. Hay sin duda momentos hermosos –las conversaciones hijo-progenitor, la satisfacción de que un consejo en un momento dado no cayó en saco roto...–, que como en la vida, ocurren también en el cine, y que transmiten emociones genuinas.(DE CINE 21).

Una obra maestra que perdurará por años. La sencillez convertida en maestría, la perseverancia en arte puro, el talento trabajado a lo largo de los años, de más de una década de seguir preparando una película única, pero no diferente. Diferente en el modo de concebirse, en la realización de la misma. Pero el resultado, en gran medida, tampoco tiene que ver tanto con el rodaje de la película, que es lo que se está anunciando a bombo y platillo en todas partes, sino con la historia, los personajes y la película en sí. El alma de la película no es su rodaje, es la forma en la que cuenta una pequeña historia, con una honestidad, una fuerza y una magia conmovedoras.
Sí, es cierto que el truco ayuda. La película se ha rodado ininterrumpidamente durante doce años para abarcar la vida del protagonista desde que es un niño hasta la mayoría de edad. Para no cambiar de actor ni recurrir a trucos de maquillaje absurdos. El cine y la televisión americanos, siempre empeñados en contratar actores demasiado mayores para hacer de adolescentes y que el paso del tiempo no les afecte demasiado, y resulta que Richard Linklater ha optado por lo contrario. Por la paciencia y el trabajo de años para levantar una obra enorme sobre una pequeña vida. El resultado es sensacional y ayuda mucho, no vamos a negárselo, la continuidad de los personajes y los actores a lo largo de la historia. Da una pátina de realismo aún mayor, de credibilidad porque, como ya se han adelantado a decir muchos, ves crecer a este chico delante de tus ojos, lo que convierte la película en una suerte de novela río, pero de carácter audiovisual. Ves cómo le cambia la voz, la altura, el pelo, las facciones… Sigue siendo él mismo, pero creciendo. Y eso, lo quieras o no, es una forma de convencer al espectador nunca antes vista en una película. Doce años de paciencia que han dado sus frutos. Pero tampoco nos engañemos, más allá del “stunt” publicitario, si la película no tuviese miga, no tuviese alma, se hubiese quedado todo en mero artificio sin nada real a lo que hincarle el diente. Por suerte la película de Richard Linklater tiene mucho más de lo que parece a simple vista debajo de sus imágenes........(ACCIÓN DE CINE).

Existe un precedente de 'Boyhood', una saga aún en curso, dirigida por Michael Apted, 'The 7up Series', que, desde 1964 y cada siete años, entrevista a los que fueron sus objetos de estudio (niños de orfanato y de internado) ahora convertidos, por obra y gracia del tiempo, en lo que la vida ha querido modelar de sus sueños. El tiempo, por supuesto. El ser y el tiempo. Las dos grandes diferencias entre este proyecto y el de Linklater, probablemente, una de las películas más importantes y hermosas de los últimos años, es que: 1) uno es documental y el otro ficción, y 2) en la propuesta de Apted, el espectador envejece al mismo ritmo que lo que ve en pantalla, obligado a vivir sus elipsis con las de los protagonistas.
En 'Boyhood', obra maestra que haría resucitar de alegría a André Bazin, Linklater ha ido mucho más allá que Apted. Rodando una semana al año durante 12 años con los mismos actores, dibujando la historia de una familia que parece robada de la propia vida, ha logrado captar el latido del tiempo en cada uno de los gestos de su devenir, en el modo en que afecta a nuestro vínculo con el mundo cuando este se está formando –vemos en qué se convierte Mason (Ellar Coltrane) de los 5 a los 17 años, ese periodo que identificamos con el relato de iniciación–; y en cómo la vida nos abre los ojos, cumple y frustra nuestros sueños (el personaje de la magnífica Patricia Arquette es, en este sentido, sintomático). En definitiva, en cómo el tiempo nos hace humanos.
Catarsis sin subrayar
Los 12 años que cuenta la película, concentrados en casi tres horas que pasan en un suspiro, son 12 años que también han transcurrido para el cineasta. Y, sin embargo, es imposible imaginar más consistencia en el tono, más coherencia en un tratamiento del tiempo que nunca se pone en primer plano, que nunca quiere definirse a sí mismo como una sucesión de catarsis, que nunca subraya las circunstancias del contexto, que nunca evidencia sus elipsis. Los que pensaban que la trilogía de Linklater con Ethan Hawke y Julie Delpy era un monumento a las erosiones del tiempo real, tendrán que admitir que 'Boyhood' le da sopas con honda.
Conmover y... terminar
Estamos ante una de las películas domésticas más conmovedoras de la historia, porque su sola existencia, tan modesta y humilde como un Súper 8 infnito, hace crecer la mirada del espectador, la implica en su propuesta, tan transparente como experimental, de una manera que sólo el cine parece capaz de conseguir. Cuando el Sol se pone y todo termina, es imposible que no nos embargue una enorme melancolía. ¿Qué será de nosotros cuando las luces de la sala se enciendan? ¿Qué será de nosotros cuando la vida y el tiempo estén de nuestro lado?.(FOTOGRAMAS).

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