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lunes, 29 de septiembre de 2014

LA ISLA MINIMA




Película: La isla mínima. Dirección: Alberto RodríguezPaís:EspañaAño: 2014. Duración: 105 min. Género: Accióndrama,policiacothrillerInterpretación: Raúl Arévalo (Pedro), Javier Gutiérrez (Juan), Antonio de la Torre (Rodrigo), Nerea Barros  (Rocío), Salva Reina (Jesús), Jesús Castro (Quini), Manolo Solo (periodista), Jesús CarrozaGuion: Rafael Cobos y Alberto Rodríguez. Producción: Mercedes Gamero, José Antonio Félez, Mikel Lejarza, José Sánchez Montes y Mercedes Cantero. Música:Julio de la Rosa. Fotografía: Alex Catalán. Montaje: José M.G. Moyano. Vestuario:Fernando García. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en España: 26 Septiembre 2014.


1980. En un pequeño pueblo de las marismas del Guadalquivir, olvidado y detenido en el tiempo, dos adolescentes son encontradas muertas. Desde Madrid envían a dos detectives de homicidios, Pedro y Juan, de perfiles y métodos muy diferentes que, por distintos motivos, no atraviesan su mejor momento en el cuerpo policial. Nada es lo que parece en una comunidad aislada, opaca y plegada sobre sí misma. Las pesquisas de los detectives parecen no llevar a ningún lado. En este difícil proceso, Juan y Pedro deberán enfrentarse a sus propios miedos, a su pasado y a su futuro. Su relación se irá estrechando y sus métodos se harán parecidos. Lo único importante es dar con el asesino.


La isla mínima. Imprescindible cine policíaco. Aún mejor que Grupo Siete. La mejor película española del año. 
Alberto Rodríguez se corona con La isla mínima como uno de los mejores directores con los que cuenta el cine español actual. Su capacidad de creación visual con personalidad, su talento para contar historias en imágenes que vienen respaldadas por tramas competentes servidas con afán perfeccionista y con un trabajo en el que destaca también la dirección de actores, sitúa a Rodríguez en la primera división del cine europeo. Además tiene una visión de los géneros sin complejos que le permite facturar producto digno de interesar a público internacional, lo cual que sus películas son películas sobre la frontera, entre el bien y el mal, entre el crimen y la ley, fronteras éticas y espirituales tanto como fronteras geográficas o mentales. Por eso es tanto más inexplicable que La isla mínima no esté entre las candidatas a competir por los Oscar, considerando además que es un policíaco de factura intachable, ejemplar, con toques clásicos a los que Alberto Rodríguez ha sabido añadir la idiosincrasia cultural e histórica española. De manera que su paseo por el sur  de España siguiendo la pista a un asesino en serie en compañía de dos policías recuerda notablemente la mejor serie policiaca  norteamericana de los últimos años, True Detective, con la que presenta puntos argumentales y visuales en común (esos planos cenitales que dibujan el mapa del laberinto que recorren los protagonistas investigando el crimen, por ejemplo), se da la mano con esa otra historia del sur estadounidense. Pero además tiene la habilidad de no entregarse al mimetismo gratuito de las fórmulas del policíaco estadounidense, y desde el primer momento presenta con orgullo su identidad plenamente española......(ACCIÓN DE CINE).



Poco a poco, con paciencia de monje trapense, el realizador andaluz Alberto Rodríguez está construyendo, como quien no quiere la cosa, tal vez la más coherente de las carreras en el cine criminal que haya visto el reciente cine español. En esta, sin duda alguna, su película más redonda, por qué no, su primera obra maestra, logra además algo que ya se intuía en la anterior 'Grupo 7' (2012): la capacidad de nuestro hombre, y de su guionista, el imprescindible Rafael Cobos, para reconstruir con extremo rigor el referente histórico más o menos reciente. Aquí, una exposición del impactante fotógrafo sevillano Atín Aya le sirve de inspiración para armar un rompecabezas fascinante, se mire por donde se mire: la resolución de un doble crimen en las marismas del Guadalquivir, en el año de gracia de 1980; un escenario sencillamente primoroso, un asesinato repugnante.
Tres tramas criminales en una
La última película de Alberto Rodríguez es apasionante desde el punto de vista del género: ahí es nada reconducir con éxito hasta tres tramas criminales en una sola película, sin perder nunca de vista ninguna, y cumpliendo a satisfacción la conclusión de todas. Lo es desde el punto de vista de sus personajes. Porque si, en 'Grupo 7', la relación entre los policías tenía algo déjà vu cinematográfcamente, aquí resulta del
todo inédita: lo que tienen entre ellos el policía demócrata Raúl Arévalo y el escurridizo Javier Gutiérrez (excelentes ambos, pero hay que acotar que aquí el segundo logra su mejor personaje en cine hasta la fecha) es cualquier cosa menos maniquea. Y lo es, en fin, desde el punto de vista histórico, que tal vez sea el que mejor sabe refejar el film. Ese momento de cambio, cuando muy gramscianamente lo viejo se resiste a morir, pero a lo nuevo le cuesta mucho abrirse paso (en suma, la creación de una fcción esencialmente política), nunca había sido reconstruido así en el cine español.
Horror, pasividad y sueños de confort
La incertidumbre, el horror sin nombre, la vida muelle de señoritos aburridos que se pasan de la raya, pero también la pasividad de las clases subalternas, los sueños de adolescentes que se mueren de aburrimiento y aspiran a un mundo de confort, el día a día de ir trampeando para seguir viviendo, son los elementos del puzzle. Y el resultado ya quedó dicho: una gran, inmensa película. Pegada a la realidad pero al mismo tiempo, inteligente pasatiempo. Denunciatoria pero sutil, y sin resultar machacona: el director respeta a su espectador, en un tour de force del que este siempre sale recompensado, pero con inteligencia. ¿Qué más se puede pedir?.(FOTOGRAMAS).

...Desde las primeras imágenes el director, Alberto Rodríguez, nos apresa y seduce, captando nuestra atención. Con solo situar la cámara en un lugar inesperado – ese picado cenital atronador – siembra el interés y la inquietud, consiguiendo fundir la trama narrativa con la textura visual: ¿cómo interpretar lo que vemos? ¿Cómo atar cabos en un entorno taciturno y garrulo? ¿Cómo ver más allá de la superficie de las cosas y de las palabras hasta reconstruir la complejidad de unos crímenes atroces? Es esta opulencia de capas y sugerencias lo más admirable de la cinta. Reproducir una época (ese año de 1980 con ecos de servidumbres recientes y esperanzas inciertas), desagraviar el olvido, advertir los detalles que nos hacen vislumbrar exenciones malsanas y tóxicas, reparar la inquietud de una comunidad al borde de la nada y con ganas de huir y salir adelante......(Antonalva.Madrid).

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