domingo, 26 de enero de 2014

NYMPHOMANIAC.VOLUMEN 2



Película: Nymphomaniac. Dirección y guion: Lars von TrierPaís:DinamarcaAño: 2013. Duración: Volumen 1 (122 min.) / Volumen 2 (123 min.). Género: DramaInterpretación: Charlotte Gainsbourg (Joe), Stellan Skarsgård (Seligman), Stacy Martin (Joe adolescente), Williem Dafoe (L), Shia LaBeouf (Jérôme), Jamie Bell (K), Connie Nielsen (madre de Joe), Uma Thurman (Sra. H),Christian Slater (padre de Joe), Mia Goth (P), Udo Kier (camarero).Producción:  Louise Vesth. Fotografía: Manuel Alberto Claro.  Montaje: Molly Malene Stensgaard.  Dirección artística: Alexander Scherer. Vestuario:Manon Rasmussen.  Distribuidora: GolemEstreno en España: Volumen 1 (25 Diciembre 2013) / Volumen 2 (24 Enero 2014). Calificación por edades: No recomendada para menores de 18 años.

La película explora la vida erótica de Joe desde su nacimiento hasta que cumple los cincuenta años (momento en el que ella misma acepta que es una ninfómana). Seligman, un soltero de edad madura, encuentra a esta mujer en un callejón. Golpeada y semiinconsciente, la lleva a su piso para curar sus heridas. Joe le explica entonces su historia. La película se divide en dos volúmenes, centrándose el primero en su infancia y adolescencia, mientras que el segundo se fija en su etapa adulta.

Una compleja obra más de Lars Von Trier. Una película que no puede ni va a dejar a nadie indiferente porque se ha hablado de ella durante meses y meses. Primero, obviamente, por al enorme carga de sexo de la misma, su forma de enfocarlo y lo gráfico de las imágenes que algunos han catalogado incluso de pornográficas (en algunos casos no sin motivo, la verdad. Lo cual no perjudica a la película en ningún momento, por cómo suele enfocarse el tema del sexo, pero de eso hablaremos más adelante) y que pueden hacer que más de uno se marche de la sala sin terminar de ver cualquiera de las dos películas. O al menos la primera, porque si aguantas la primera es lógico que vayas a por la segunda entrega que se estrena esta misma semana. El segundo punto que se ha hecho notar entre los aficionados es la duración de la película, que en este caso supera las dos horas por volumen (algo más de cuatro horas la versión que podemos disfrutar nosotros en cines ahora mismo), pero es que la versión sin cortar o montaje del director o como quieran llamarla que se estrenará en exclusiva en febrero en el festival de Berlín, dura cinco horas y media. Y hay gente que se queja de las tres horas de El Lobo de Wall Street… Sinceramente creo que el formato de dos películas de dos horas, como en Kill Bill, funciona a la perfección y nos deja una película compleja, diferente y por momentos muy retorcida. Un pedazo de buen cine, de gran cine, que, sin embargo, no me ha parecido que llegue a la altura de Melancolía.
Hago la mención de Melancolía porque la película forma parte de una peculiar trilogía del director compuesta por Anticristo, la antes mencionada y Nymphomaniac, las tres con Charlotte Gainsbourg. Y me sigue pareciendo Melancolía la más redonda de las tres, la que más engloba perfectamente lo que nos quiere contar Lars Von Trier con este peculiar análisis de la parte más oscura del ser humano. De la depresión, la soledad y la incapacidad para comunicarse y para sentirse cerca de la gente. En ese sentido no hace mucho comentábamos en uno de nuestros particulares debates para la web que Von Trier nos interesaba más que, por ejemplo, Michael Haneke, porque su trabajo era más amplio. El director de Nymphomaniac entiende que en la vida toca sufrir, y mucho, que no es ningún camino de rosas y que los problemas pueden llegar a hundirnos poco a poco en el camino. Pero también entiende que el humor es imprescindible, necesario, único elemento vital para sobrevivir. Y en esta película (cuesta mucho pensar en ella como dos películas distintas) lo vuelve a demostrar en su forma de enfocar el sexo, las relaciones personales y situaciones muchas veces casi surrealistas. Sí, hay mucho, muchísimo drama en Nymphomaniac, pero también mucho humor. Muchas ganas de reírse y hacer reír.
La historia de la protagonista es la de una mujer que se considera ninfomaníaca y que es recogida por un hombre tras ser golpeada brutalmente. En casa del mismo le contará su historia hasta llegar al momento en el que es recogida y casi salvada por un desconocido. O no, claro, depende de cómo se miren las cosas. Una historia que habla de su condición y su forma de entender el sexo, pero también de su profunda soledad, de su necesidad de contacto humano y de su extraño camino en la vida, que resulta tan fascinante o más que las mencionadas escenas de sexo. Porque, volviendo al tema del inicio, las escenas de sexo que tanto importan en la película, no son lo único ni el único punto de interés de la historia. Tiene más, mucho más que sólo sexo. Quedarse con ello sería quedarse en la superficie de una película tan compleja. Sobre todo cuando hay personajes e historias que completan la vida de esta mujer, interpretada durante la primera película en gran parte por la joven Stacy Martin, que deja todo el protagonismo a Gainsbourg al inicio del segundo volumen. Pero además de tener más que contar, bastantes escenas sexuales tienen un componente humorístico evidente, y señalo una, mi favorita, la de esos dos hermanos negros, que tienen una discusión en otro idioma mientras la protagonista les mira sin entender una palabra de lo que dicen… porque no hablan inglés. Lo curioso es que la protagonista, aunque hable el mismo idioma que el resto de personajes, encuentra dificultades también para comunicarse con ellos.........(ACCION DE CINE).

........Lars von Trier es un artista con talento, pero le pi
erde su enorme ego, y la sensación de que en su prodigiosa inteligencia algunas piezas se han desencajado. Ciertas imágenes y pasajes de la película son poderosos, con recursos visuales imaginativos. Pero al tiempo domina una gran pedantería en el toma y daca que mantienen Joe y Seligman, con éste trayendo a colación insufribles comparaciones filosóficas, musicales y religiosas a las historias de aquélla. Resulta irritante cierto tono cínico de superioridad burlona, “yo soy el chico más listo de la clase y vosotros no” podría estar pensando el director danés.
A veces da la impresión de que debido al período de “no-entrevistas” que se ha autoimpuesto Von Trier tras su polémicas declaraciones en Cannes acerca de Hitler, el director suple concediéndose con esta película una autoentrevista, haciendo decir a los personajes lo que piensa sobre cuestiones controvertidas, e incluso convirtiéndolos en portavoces de sus propias contradicciones a través de unos Joe y Seligman en discusión. De modo que afirma ser, no antisemita, sino antisionista, larga un peculiar discurso sobre las mujeres sufrientes por culpa de los hombres, o expresa admiración por los pedófilos que no ejecutan sus fantasías.
En general Von Trier, director y guionista, muestra amplias carencias en su limitada visión antropológica, sólo en el padre de Joe apreciamos un poco de humanidad más allá del estrecho canuto sexual de la película. No hay explicaciones para la ninfomanía de Joe, la posibilidad del cambio parece descartada, y la apelación en algunos momentos al amor y a las supuestas connotaciones morales del relato son de escasa entidad, se dirían que forman parte del juego del cineasta danés para autojustificarse y dar al amplio espectro de espectadores que reconocen su talento algo que les pueda contentar.(DE CINE 21).

Afirmaba Lars Von Trier en su temprana 'Epidemic' (1987) que, para él, una película era como una piedra en el zapato, una incomodidad persistente capaz de espolear una reflexión (incómoda). Podría decirse que el proyecto 'Nymphomaniac' es, directamente, un par de sandalias de largo recorrido hechas, directamente, de piedrecitas punzantes. Y no porque verla sea un martirio –aunque el dolor y la violencia (de todo tipo) sobre el cuerpo sean algunas de sus constantes-, sino porque el danés parece haber diseñado su relato como un viacrucis de ideas agresivas, prestas a invalidar toda moneda (ideológica) en curso.
En 'Nymphomaniac. Volumen 2', el cineasta lanza muchos desafíos: entre otros, a) hace algo tan inapropiado como dedicarse una vistosa auto-cita, pero incluso eso sirve al buen fin de proponer un asfixiante ejercicio de suspense; y b) deja que Seligman interprete la peripecia vital de Joe como moraleja para la era de la sensibilidad de género políticamente correcta, pero su petenera final –que a algunos recordará a un viejo gag de 'Sueños de un seductor' (1972)- recoloca las cosas en el territorio del hallazgo conceptual marca Trier. La película acaba hablando del deseo incontrolable como condena privada: un camino del samurái que nunca podrá encontrar auténticas complicidades.(FOTOGRAMAS).

sábado, 18 de enero de 2014

EL LOBO DE WALL STREET




Película: El lobo de Wall Street. Título original: The wolf of Wall Street. Dirección: Martin ScorsesePaís: USAAño: 2013.Duración: 180 min. Género: Biopiccomedia dramática.Interpretación: Leonardo DiCaprio (Jordan Belfort), Jonah Hill  (Donnie Azoff),  Matthew McConaughey (Mark Hanna), Kyle Chandler (Patrick Denham), Jean Dujardin (Jean-Jacques Saurel),Margot Robbie (Naomi), Jon Favreau (Manny Riskin). Guion:Terence Winter; basado en el libro de Jordan Belfort. Producción:Martin Scorsese, Leonardo DiCaprioRiza Aziz, Joey McFarland y Emma Koskoff. Música:Howard Shore. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: Thelma Schoonmaker Powell.  Diseño de producción: Bob Shaw. Vestuario: Sandy Powell. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 17 Enero 2014.


Empezando por el sueño americano hasta llegar a la codicia corporativa a finales de los ochenta, Jordan Belfort pasa de las acciones especulativas y la honradez al lanzamiento indiscriminado de empresas en bolsa y a la corrupción. Su enorme éxito y fortuna cuando tenía poco más de veinte años como fundador de la agencia bursátil Belfort le valió el mote de “El lobo de Wall Street”. Dinero, poder, mujeres, drogas… las tentaciones abundaban y el temor a la ley era irrelevante. Jordan y su manada de lobos consideraban que la discreción era una cualidad anticuada, nunca se conformaban con lo que tenían.


La paciencia tiene recompensa. También la confianza. DiCaprio, una estrella huérfana de películas que le hicieran sentirse actor, un día se puso en manos de Scorsese, un cineasta al que no recibía ningún director de banco. “Utilízame”, le dijo el primero al segundo. Y lo hizo a conciencia, sacándose todas las espinitas clavadas. ¿Un proyecto infilmable? Ahí estaba Leo avalandoGangs of New York. ¿Homenajes a los maestros Welles y Hitchcock? Ahí estaba él haciendo acto de fé con El aviador y Shutter Island. “Leo, no tengo ni un Oscar que echarme a la boca”. ConInfiltrados además recuperó puestos en el box-office.
Llegados a su quinta colaboración, El lobo de Wall Street, basada en las memorias de Jordan Belfort,uno de esos seres sin escrúpulos que florecían en la jungla financiera, DiCaprio ha puesto las cartas sobre la mesa, obligando a Marty a jugar una partida que conoce mejor que nadie. Donde había gángsters y violencia en Uno de los nuestros o Casino, el actor quería poner brókers y excesos. La diferencia entre esos chicos listos que daban palizas y planeaban golpes, y los estafadores de El lobo…es casi un matiz, una cuestión de escenario. Lo que importa, la obscenidad de unos comportamientos delictivos y su enorme poder de seducción siguen ahí. La sucesión de acontecimientos de los últimos años sea la que ha cambiado la perspectiva, pero el enfoque de Scorsese continúa siendo el mismo. ¿Hay que recordar que cuando se estrenó Wall Street en 1987 muchos hombres de negocios vieron en Gordon Gekko más un referente que una amenaza? ¿Quién le habría negado un honoris causa al engominado Mario Conde?
Cronológicamente, para Scorsese primero fue la mafia, luego el juego y ahora, en 2014, las dos cosas juntas y revueltas. Si Robert de Niro tuviera un máster en empresariales hablaríamos de trilogía sin dudarlo, pero en su lugar está DiCaprio que ya no necesita imitarle para reivindicar su categoría como actor gigante. Tampoco el resto de actores –Matthew McConaughey vuelve a robar una película con un papel de menos de 10 minutos–, que han mamado las puestas en escena y los diálogos de las películas de Marty, pero que entienden que el valor de ese trabajo estaba en la improvisación, no en la imitación. Ahí tiene mucho que ver Jonah Hill, un secundario protagonista al nivel del mejor Joe Pesci, que hace del desfase método. Hay escenas con DiCaprio –el vuelo a Suiza, la planificación de la fiesta en la oficina…– que están desde ya entre los greatest hits del director de Taxi Driver.
Dura tres horas y desearías que durase otras tres más, porque Scorsese domina el tempo y sabe cómo secuestrar tu atención con sus batallitas de gángsters. También conoce el efecto hipnótico del exceso en el cine, el atractivo irresistible de una montaña de coca, un maletín lleno de billetes o una fiesta con escortsde lujo. “No os separéis de mí y no os pasará nada”, parece decir mientras te cuela en yates y salas de juntas. Puede que haya sido la última vez que sale de farra, pero no lo olvidaremos nunca.(CINEMANIA).


El lobo de Wall Street. Scorsese borda una sátira a ritmo frenético en una de sus mejores películas.
La han criticado mucho. Lógico. Especialmente en Wall Street. No gusta esta versión descarnada, brutal, cruel, sin concesiones, de cómo se construyen las grandes fortunas, los tejemanejes de la Bolsa, la economía de farsa y engaño y todos esos excesos dignos de la decadencia del Imperio romano que nos han llevado hasta la crisis devastadora para tantas vidas que hoy sufrimos los mismos de siempre mientras los otros mismos de siempre se siguen forrando a nuestra costa y presentan anualmente cuentas de beneficios astronómicas.
Martin Scorsese mete el dedo en la llaga y, claro, eso resulta molesto. Especialmente porque lo hace sin falso melodramatismo de salón, sin lágrimas de cocodrilo, sin mensaje buenrrollista. Muy al contrario. Su última película es un disparate con el que ilustra ese otro disparate pero sin rasgarse las vestiduras, esto es, sin subirse al púlpito y pontificar como hacen otros. Muy al contrario: Scorsese nos hace partícipes como espectadores de ese disparate en todo momento, hasta el punto de que al acabar la proyección de su película, que alcanza un metraje próximo a las tres horas pero pasa rauda y veloz ante nuestras córneas como si sólo durara hora y media merced a su endemoniado ritmo de orgía continua, estamos tan exhaustos como los propios protagonistas, tal y como si hubiéramos participado en esa orgía de sexo, drogas y excesos personalmente. Scorsese consigue con El lobo de Wall Street un ritmo y una complicidad del espectador que consigue los mismos resultados e incluso supera la de los videojuegos de guerra en primera persona. Desde la primera secuencia de su película estamosahí dentro, en la pantalla, somos los invitados del protagonista interpretado por Leonardo Di Caprio mirando a cámara y hablando con el espectador desde el primer momento como una especie de paso más allá de la ruptura de la cuarta pared, llevando hasta las últimas consecuencias el camino que Scorsese iniciara ya en el arranque de su carrera con los diálogos airados y desafiantes de Harvey Keitel con Dios en Malas calles, el monólogo de Travis De Niro ante el espejo en Taxi Driver, las confesiones en clave de comedia de Jake La Mota en Toro salvaje o el monólogo de Ray Liotta en Uno de los nuestros. Jordan Belfort, el sinvergüenza pícaro y seductor que interpreta Di Caprio, nos sirve como cicerone y guía en su mundo de depravación, triunfo y decadencia desde el primer momento, mostrándonos el lado más enloquecido de la doctrina del “hombre hecho a sí mismo” a ritmo de esperpento (los enanos lanzados contra las dianas, la joven secretaria que acepta raparse el pelo al cero a cambio de dinero…). Y cuando terminamos ese viaje de casi tres horas por su triunfo y caída, que por otra parte es la versión más irreflexiva y caótica de los descensos al infierno de los antihéroes de Scorsese, en coherencia con el relato basado en hechos reales que nos está contando y la personalidad volcánica, caótica e imprevisible de su protagonista, el director hace su jugada maestra, definitiva, y nos señala a todos con el dedo con ese plano del público crédulo capaz de dejarse engañar continuamente por la misma gentuza y con los mismos trucos y mensajes absurdos que han hecho del abominable mensaje “persigue tus sueños”, los libros de autoayuda y la teletienda tres de las más repugnantes muestras de la farsa en la que se han convertido nuestras vidas........(ACCIÓN DE CINE).

La última película de Martin Scorsese puede entenderse como su particular rebelión contra el corte a negro que cerraba Los Soprano: su acto de resistencia frente al hecho de que el discurso que abrió con 'Malas calles' (1973), que hiperbolizó en 'Uno de los nuestros' (1990), y que tuvo su aparente coda crepuscular en 'Casino' (1995), llegara a esa anti-épica estación término. 'El Lobo de Wall Street' también podría ser la pareja de baile de 'Gangs of New York' (2002). Si en aquella se exploraba el origen de América como tierra del crimen organizado, aquí se explora la transubstanciación de esa energía oscura y depredadora: su mudanza de las cloacas a las altas fnanzas.
Adaptación de las memorias cínicas y jactanciosas del tiburón fnanciero Jordan Belfort, 'El Lobo de Wall Street' es un desaforada comedia negra alrededor del Síndrome de Hubris: un ejercicio de lo que el cineasta mejor sabe hacer, un relato cocainómano de ascensión y caída, donde la autoexaltación patológica evoluciona a pesadilla paranoica, un Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941) para un hombre sin alma que construye un laberinto sin enigma en su centro.Leonardo DiCaprio se suma al juego transformándose en un instrumento de portentosa sobreactuación, tan pirotécnico como el histérico montaje de una Thelma Schoonmaker hipervitaminizada.(FOTOGRAMAS).

sábado, 11 de enero de 2014

AGOSTO



Película: Agosto. Título original: August: Osage County. Dirección:John Wells. País: USA. Año: 2013. Género: Comedia dramática.Interpretación: Meryl StreepJulia RobertsEwan McGregor, Chris Cooper, Abigail BreslinBenedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Margo Martindale, Dermot MulroneyJulianne NicholsonSam Shepard, Misty Upham. Guion: Tracy Letts, basado en su obra.Producción: George Clooney, Jean Doumanian, Steve Traxler, Grant Heslov y Harvey Weinstein. Fotografía: Adriano Goldman.Montaje: Stephen Mirrione. Diseño de producción: David Gropman. Vestuario: Cindy Evans. Distribuidora: DeAPlaneta. Estreno en España: 10 Enero 2014.

En “Agosto”, la familia Weston se reúne con motivo del funeral del padre. El reencuentro servirá para hacer aflorar todos los conflictos y reproches soterrados por el tiempo. La madre, gravemente enferma, y las tres hijas, cada una de ellas con una vida sentimental desastrosa, centrarán el conflicto. Si hay algo que las une, aparte de los lazos de sangre, es su incapacidad de ser felices. Parece que viven para hacerse daño y que, por un motivo u otro, queriendo o sin querer, están condenadas a vivir solas.


......Agosto bebe indudablemente de la tradición dramatúrgica del sur norteamericano. Hay momentos en que la sombra de Tennessee Williams es alargada, como en esa comida de funeral, en donde la disputa dialógica será exasperante y se producirá una desenfrenada catarsis que afectará especialmente a la madre de familia, pero que acusarán cada uno de los convidados. Tras la explosión ya nada será lo mismo, sólo restará que cada uno vaya asumiendo en su propia carne el fracaso familiar y vital, hasta llegar a la más ciega amargura, al completo desafecto. Porque aquí, paradójicamente, sólo se apoyan quienes no comparten la sangre.
La mayor parte de la película sucede en un solo día, en una enorme casa, aislada en el inmenso y desértico páramo de Oklahoma (la familia, ése mundo infernal que te separa del mundo). Fiel a su origen teatral, se trata, pues, de un film de personajes, de diálogos, de enfrentamientos cara a cara. Hay por tanto un enorme espacio para el brillo interpretativo, y vaya si lo hay. Resulta cansino citar el talento de Meryl Streep, pero aquí vuelve a generar un personaje único, neurótico, cruel, desconcertante, que bien podría valer un Oscar. Pero todo el elenco acompañante está magnífico, comenzando por una muy convincente Julia Roberts hasta llegar a la ya no tan jovenAbigail Breslin y pasando por Juliette LewisEwan McGregorChris CooperDermot Mulroney, o por la menos conocida aunque igualmente estupenda Julianne Nicholson.(DE CINE 21).


La aristocracia de Hollywood responde a una larga etapa cinematográfica, donde Meryl Streep representa el último eslabón de una época. Pero en Agosto, su inmediato brillante trabajo, no consigue evitar el lastre que supone un guión teatral adaptado al cine. Todo funciona acorde a lo esperado, pero se respira un aire viciado de tablas de escenario que se mantiene a lo largo de todo el film.
Si te gusta el retrato intimista, no te defraudará, pero tampoco conseguirá hacerte olvidar su procedencia en ningún instante. (LEUGIM Pontevedra.Vigo.)


Mi familia y otros animales es uno de mis libros favoritos del zoólogo Gerald Durrell. Cuando el inglés maltrataba verbalmente a los suyos y los comparaba con los animales que tanto amaba, yo me partía de la risa. Cuánta ingenuidad e inconsciencia, ¿verdad? Han pasado los años y este tipo de retratos familiares ya no se ven del mismo modo. Ya no son cuentos con final feliz ni chistes que memorizar ni historias que les pasan a otros. Agosto está tan llena de dolor y de resentimiento, está tan colmada de auténtica mierda emocional, que no te queda otra que sonreír, pero dentro, muy dentro de ti, te arañará las entrañas, sentirás un punzamiento, tal vez, inexplicable, que te hará revolverte en la butaca. El director John Wells, que ya escarbó en las miserias del alcohólico de Shameless, aquí encuentra un auténtico filón. Todos sus protagonistas –hasta 11 personajes de la misma familia– han evitado hasta el momento, agazapados en la seguridad del silencio y la mentira, mostrarse tal y como son. La repentina muerte del patriarca destapará una olla a presión que en pleno mes de agosto consideramos desde ya un arma de destrucción masiva. Como en la premiada obra de teatro en la que se basa, la película se narra de forma cronológica, intensa, sin flashbacks ni florituras. Desde el momento en que la madre –nunca ha estado tan excesivamente diva Meryl Streep– descorcha la botella de la amargura, el efecto dominó es imparable. Se sube el telón del chiste y ya no vuelve a bajar. Y todos, sin excepción, van arrancándose capas hasta que, literalmente, no les queda otra que huir de sí mismos. Hay escenas que son auténticos tour de force (la Streep con Julia Roberts, con Margo Martindale, ésta con Chris Cooper); otras son un soplo de aire fresco, necesarias en esta casa aislada que por no tener no tiene ni ventilación.(CINEMANIA).


Una mujer devorada por el cáncer y el temperamento agrio (Meryl Streep), un marido ahogado en el alcohol y con la palabra suicidio estampada en la frente (Sam Shepard), una geografía yerma que te rompe el alma y un grupo de familiares con sobredosis de traumas, rencores y depresiones. El primer tramo de Agosto te hace puré, pero la larga y espléndida secuencia de la cena familiar, tras el funeral, viene a desengrasar tanto exceso de dolor con una cascada de ironía fina y otra de diálogos superlativos. Y hasta el fnal seguimos rendidos a la potencia de la obra de Tracy Letts, que tiene ramalazos de Tennessee Williams y espíritu de folletín exacerbado. La realización de John Wells, ya que no es creativa, sí es felizmente servicial: sirve de modo efcaz a un conjunto de actores y, sobre todo actrices,
que están en estado de gracia, aunque la principal, Meryl Streep, tiene un par o tres de momentos sobreactuados que chirrían demasiado. Pero Julia Roberts, que no estaba tan bien desde 'Algo de que hablar' (Lasse Hallström, 1995), Juliette Lewis y Julianne Nicholson, las tres hijas de Streep, y Margo Martindale, su hermana, alcanzan cotas expresivas, absorbentes de primer orden.(FOTOGRAMAS).

miércoles, 1 de enero de 2014

A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS




Película: A propósito de Llewyn Davis. Título original: Inside Llewyn Davis. Dirección y guion: Ethan Coen y Joel CoenPaís: USAAño: 2013. Duración: 105 min. Género:DramamusicalInterpretación: Oscar Isaac (Llewyn Davis), Carey Mulligan (Jean),  Justin Timberlake (Jim), F. Murray Abraham (Bud Grossman), Garrett Hedlund (Johnny Five), John Goodman (Roland Turner), Max Casella (Pappi), Ethan Phillips (Mitch),  Jeanine Serralles (Joy). Producción: Ethan Coen, Joel Coen y Scott Rudin. Fotografía:Bruno Delbonnel. Montaje: Roderick Jaynes. Diseño de producción: Jess Gonchor.  Vestuario: Mary Zophres. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en USA: 20 Diciembre 2013. Estreno en España: 1 Enero 2014.


“A propósito de Llewyn Davis” describe la vida de un joven cantante de música folk durante una semana mientras recorre el barrio de Greenwich Village y la escena musical de 1961. Llewyn Davis (Oscar Isaac), guitarra en ristre, se enfrenta a un despiadado invierno neoyorquino y a una serie de obstáculos aparentemente insuperables, algunos creados por él mismo. Sobreviviendo gracias a la generosidad de amigos y extraños, y trabajando donde puede, las desventuras de Llewyn le conducen a una odisea desde los cafés del Village hasta un club vacío en Chicago con la esperanza de realizar una prueba para algún magnate de la música.


......Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista.
No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias.
Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin TimberlakeCarey Mulligan y John Goodman.(DE CINE 21).


.....A propósito de Llewyn Davis presenta a su protagonis­ta cuando parece que ha tocado fondo. Con una carrera pro­metedora que se fue al traste, una compleja relación con su familia, sin residencia y viviendo literalmente de la caridad de conocidos y desconocidos, Llewyn se perfila co­mo un perdedor incapaz de afrontar la cruda realidad que todo su entorno le anuncia a gritos continuamente.
Su surrealista bajada a los infiernos es retratada por los Coen con una delicadeza, profundidad y afec­tividad inau­ditas, convirtiendo a un personaje odio­so y egoísta en la víctima de un sueño quebrado. En tal em­peño les ayu­da un soberbio Oscar Isaac (ÁgoraRobin Hood), que se gana el favor del público desde el comien­zo de la narración con una intimista y preciosa interpre­ta­ción de Hang Me, Oh Hang Me, escrita originalmente por Dave Van Ronk.
Técnicamente, A propósito de Llewyn Davis es un auténtico prodigio: la elegancia de la puesta en escena es so­lo superada por la exquisita fotografía del francés Bru­no Delbonnel (AmélieSombras tenebrosas), quien en un juego de claroscuros y colores fríos nos transporta a una Nueva York tan lúgubre y triste como el propio in­terior del personaje principal. Por su parte, la banda sonora, la otra gran protagonista del filme, ha contado con la participación del productor musical y compositor T Bone Burnett -antiguo colaborador deBob DylanBur­nett ya había trabajado con los hermanos Coen en O Brother! y Ladykillers, y en esta ocasión ha ayudado a dar forma al estilo musical del relato mientras los directores escribían el guión(.FILA SIETE).


No es la primera vez que los hermanos Coen se ponen mitológicos. Ulises se paseaba por la América de la Depresión (O Brother!); Orfeo quería volver de los infernos del folio en blanco para recuperar la imagen de una mujer en la playa (Barton Fink), y Sísifo, en A propósito de Llewyn Davis, es castigado por los dioses a cantar como los ángeles, a morder la manzana del éxito y escupir su veneno y a tropezar siempre con la misma piedra, o el mismo gato. Los Coen aprovechan la escena del revival folk neoyorquino de principios de los años 60 para grabar una suerte de cara B del Sueño Americano, que suena a pesadilla diseñada por un Kafka transformado en bohemio nómada. No esperen, sin embargo, un documento sobre el periodo ni una película musical, aunque las sentidas interpretaciones de Oscar Isaac calen hondo en la memoria. Hay un interés histórico en el flm, una atmósfera sepia y humeante que la fotografía de Bruno Delbonnel crea a partir de los claroscuros, entre el flm noir y la Nouvelle Vague, de una cultura que estaba ansiosa por venderse a una futura revolución. No obstante, la Historia es sólo un marco para reinventar la poética del loser que cierto cine americano (desde John Huston a John Cassavetes) cultivó desde un realismo que los autores de Fargo (1996) tienden a estilizar.
Pocos cineastas como los hermanos Coen saben ocultar sus rígidas, perfectas arquitecturas narrativas bajo la apariencia de un relato que, orgánicamente, se desmadeja de forma natural para dibujar una tragicomedia hilarante a la vez que devastadora. La implacable circularidad de su última obra maestra (que recuerda poderosamente la de ¡Jo qué noche! de Martin Scorsese, rodada en 1985) sirve para defnir la esencia del héroe coeniano, cuya torpeza atávica lo condena a ser vapuleado por la fatalidad mientras su genio sabe que es víctima de la estupidez humana, de la suya propia y de la de los demás. Es el discurso que, desde Barton Fink (1991) hasta Un tipo serio (2009), ha alimentado su flmografía, pero, con excepción de El Gran Lebowski (1998), nunca había cristalizado en un personaje tan rico y a la vez tan enigmático, tan arquetípico (Davis es el clásico colega que coloniza sofás y deja embarazadas a las novias de sus amigos) y tan imprevisible. Oscar Isaac se maneja, con insólita soltura, en la música y en el texto, en el narcisismo prepotente y en la amarga desesperación, codeándose con una galería de secundarios (John Goodman, Justin Timberlake y F. Murray Abraham están especialmente memorables) que coprotagonizan su sísifco entierro en vida, ese arte ignorado que, en su perturbador eterno retorno, nos hace añorar todas las grandes canciones que nunca escucharemos.(FOTOGRAMAS).