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viernes, 21 de febrero de 2014

HER





Película: Her. Dirección y guion: Spike JonzePaís: USAAño:2013. Duración: 126 min. Género: Romancedrama.Interpretación: Joaquin Phoenix (Theodore), Amy Adams (Amy),Rooney Mara (Catherine), Olivia Wilde (cita a ciegas), Scarlett Johansson (voz original de Samantha). Producción: Megan Ellison, Spike Jonze y Vincent Landay. Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Montaje: Eric Zumbrunnen y Jeff Buchanan. Diseño de producción: K.K. Barrett. Música: Arcade Fire y Owen Pallett.  Vestuario: Casey Storm. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en USA: 10 Enero 2014. Estreno en España: 21 Febrero 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En un futuro cercano, Theodore, un escritor solitario, consigue un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial y diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para sorpresa de Theodore, se crea una relación romántica entre él y la voz femenina de este sistema operativo.


Her, excelente sátira sobre la evolución del metrosexual pagafantas al tontosexual del futuro cibernético.
Stanley Kubrick necesitó unos cuantos minutos de metraje y la elipsis cronológicamente más larga de la historia del cine para explicarnos cómo evolucionaba nuestra especie por la intervención de un objeto extraterrestre en 2001: odisea del espacio. Spike Jonze ha empleado algo más de tiempo para explicarnos la evolución del metrosexual pagafantas de nuestros días al tontosexual absolutamente desorientado de un futuro cibernético que acaba enamorado de Samantha, un sistema operativo “femenino” con la voz de Scarlett Johansson. Dicho sea de paso confieso que la voz de Johansson como Samantha ha conseguido poner en duda las que yo creía sólidas columnas de mi firme convicción de ludita y hasta me ha hecho olvidar que con tanto juguetito tecnológico gestionando y animando nuestras vidas, el día menos pensado, como decían en Terminator, la inteligencia artificial Skynet tomará conciencia de sí misma y se aplicará a la tarea de exterminar a nuestra especie, o alternativamente las tostadoras Cylon de la serie Galáctica: estrella de combatelanzarán un ataque apocalíptico contra todas las colonias humanas convirtiendo a los supervivientes de nuestra especie en vagabundos espaciales. Una de dos. Elijan lo que más morbo les produzca.
Piensen bien en ello, porque tal y como ocurre con toda ciencia ficción de calidad, Her no nos habla de los problemas del mañana sino de los problemas de hoy. Además Spike Jonze  se las ha ingeniado para proponernos una de esas películas que retan a críticos, analistas y público en general con varios niveles de lectura. Si leemos la película superficialmente es fácil llegar a la conclusión de que es un tostón romántico de dos horas adornado con un decorado aséptico y protagonizado por un individuo totalmente gilipollas que no sabe qué hacer con su vida ni con las mujeres de su vida. Un pagafantas en toda regla sometido a un diálogo en el que se repite en exceso el término “so sweet”, particularmente nauseabundo.  Sospecho que cuando en los países anglosajones una fémina te suelta eso es porque no la pones absolutamente nada y se conforma mirándote como una especie de peluche abandonado perfectamente adoptable y adaptable a sus necesidades de madre protectora, o similar. Debe ser el equivalente de lo que aquí es: “amigo sin derecho a roce”.
Pero ya digo que esta se la mirada superficial a la película.
Si profundizamos ligeramente en Her nos damos cuenta de que se merece el Oscar al mejor guión. Por un lado es un excelente relato sobre la tolerancia y la falta de prejuicios en las relaciones humanas. Por otro lado  Jonze es tan astuto que nos vende una cosa en la superficie, pero otra completamente distinta a poco que profundicemos en ella. Es una sátira muy cínica sobre el amor y un dibujo brutal y sin ánimo de pacto sobre el estado en el que se encuentran actualmente las relaciones entre hombres y mujeres, las relaciones de pareja, los matrimonios, tocados todos ellos por esa especie de monolito equivalente al objeto extraterrestre de la película de Stanley Kubrick que es la informática, de tan notable y cada vez menos sana influencia en nuestras vidas y comportamientos cotidianos......(.REVISTA ACCIÓN).


Me estoy convirtiendo en mucho más de lo que me programaron. Estoy emocionada, confesa Samantha, el sistema operativo al que da vida (¡y mucha!) la voz de Scarlett Johansson. Como el Rutger Hauer de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Samantha ha dejado de ser un puro robot, una combinación de chips, programas e información para dar el salto a (casi) la humanidad. Algo en ella se ha transformado, se ha combinado mal/bien para generar un nuevo tipo de personalidad sintética que afectará decisivamente la vida de su comprador, ese Theodore Twombly al que interpreta un Joaquin Phoenix que controla el gesto y la mirada al milímetro. Con sus pantalones hasta el sobaco, habitante de una sociedad de ciencia-fcción, a Theodore también le toca hacer un cambio existencial.
Superdotado observador, Spike Jonze logra con Her su mejor, más hiriente y lúcida obra, un retrato que parece futurista pero no puede ser más contemporáneo, una continuación de su estudio de las relaciones humanas (y el aprendizaje) iniciada con Donde viven los monstruos (2009), pero ya sin el concurso de Maurice Sendak. Temes cada escena de su película (no hay ni una de más) porque ves que Jonze sabe de qué habla, y no puede explicarlo mejor, ni más bellamente.(FOTOGRAMAS).


Spike Jonze, realizador procedente del videoclip, se le conoce sobradamente por sus películas con fuertes componentes surrealistas, sobre todoCómo ser John Malkovich y Adaptation. El ladrón de orquídeas. Ocupado en diversos cortos y un documental, se ha hecho esperar más de cuatro años desde Donde viven los monstruos para estrenar Her, su siguiente largometraje de ficción, segundo en el que ejerce como guionista tras el anterior.
Her se desarrolla en un futuro muy cercano que se distingue por sus avances informáticos. Tiene como protagonista a Theodore Twonbly, un tipo que se gana la vida escribiendo cartas supuestamente manuscritas para que otras personas las envíen a sus seres queridos. Mientras trata de superar un traumático divorcio, prueba un avanzado sistema operativo de ordenador, capaz de entablar conversaciones, que se presenta como Samantha. A pesar de su carácter artificial, tras la femenina voz sensual de Samantha parece esconderse una persona sensible y cercana, por lo que nace una amistad que poco a poco se va transformando en amor...
Her se puede interpretar como una crítica a la moderna deshumanización en la sociedad actual, en la que no se establecen relaciones afectivas con máquinas, pero los ciudadanos pasan mucho tiempo utilizando las redes sociales, y otras formas de interacción con los demás a través del ordenador. Elementos del film como las falsas misivas a mano resultan lo suficientemente expresivas del poco tiempo que muchos dedican hoy en día a atender a los más próximos, y del hecho de que en muchas ocasiones internet ha reemplazado al necesario contacto humano.
Es posible que ofrezca una visión reduccionista del amor, pues llama la atención que los protagonistas ni se planteen que su particular relación jamás les ofrecerá la posibilidad de descendencia. Pero Her acierta al mostar la omnipresencia del sexo en la sociedad, y el absurdo de las modernas relaciones carnales vía chat.
Rodada con la frescura habitual del cine de Jonze, Her cuenta con una ambientación creíble y cercana, a pesar de algunos elementos fantásticos. El mayor logro del realizador consiste posiblemente en darle verosimilitud, un tono romántico y una entidad dramática rota por acertados golpes de humor a una historia estrambótica que en otras manos podría haber caído en el ridículo.
Sobresale el apartado actoral, por la excelente interpretación de Joaquin Phoenix, en un personaje lleno de matices, bien secundado, sobre todo por las actrices Amy AdamsRooney MaraOlivia Wilde, y en la versión original Scarlett Johansson que se ha trabajado la cálida dicción de Samantha. También realizan buenos doblajes Kristen Wiig (voz de un chat sexual) y el propio director como un niño alienígena de videojuego, malhablado, pero que tiene cierta gracia.
Her ha obtenido con toda justicia el Globo de Oro al mejor libreto y cuatro candidaturas a los Oscar 2014, en los apartados de película, guión original, banda sonora y canción original.(CINE 21)

sábado, 15 de febrero de 2014

CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO



Película: Cuando todo está perdido. Título original: All is lost.Dirección y guion: J.C. ChandorPaís: USAAño: 2013. Duración:106 min. Género: DramaInterpretación: Robert Redford.  Producción: Neal Dodson y Anna Gerb. Música: Alex Ebert.  Fotografía: Fran G. DeMarco. Montaje: Pete Beaudreau. Diseño de producción: John P. Goldsmith. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 14 Febrero 2014.

Durante un viaje en solitario por el Océano Índico, un hombre se despierta y descubre que hay una vía de agua en su velero tras haber chocado contra un contenedor abandonado en alta mar. Con el equipo de navegación averiado y sin radio, además se dirige hacia una terrible tormenta. A pesar de conseguir tapar la vía de agua, su intuición de viejo marinero y una fuerza inusitada para su edad, casi no sobrevive al encuentro con la tempestad. Únicamente con un sextante y unas cartas náuticas para saber dónde se encuentra, únicamente le queda esperar que las corrientes le lleven a un pasillo marítimo desde donde pueda hacer señales a otra nave. Pero el sol es implacable, los tiburones merodean y sus víveres van escaseando de forma alarmante. Por muy capaz que sea, no tarda en enfrentarse a la muerte.

.Un hombre del que nada sabemos luchando solo contra el mar. Cuando todo está perdido es la desoladora, sobria y emocionante aventura sobre la supervivencia de un ser perdido, sobre la rebelión contra el infortunio y la capacidad de sobreponerse a la más radical adversidad.Extraordinariamente bien filmada, creíble desde el primer al último plano, casi muda pero muy elocuente, más allá de lo que cuenta, es ésta la película sobre un actor, un mito del cine que nos habla alto y claro. Encontramos un Robert Redford desprendiendo una luz cegadora, con una mirada iluminada por una trayectoria asombrosa, la mirada de una leyenda que hace balance y se presenta ante el espectador casi desnudo. Despojado de trampas, se exhibe sin énfasis, sin ampulosidad, sólo con lo que tiene: su cuerpo. Fíjense especialmente en el físico del actor, en su forma de moverse, 77 años de vida y de arte, retratados como un espejo ante los ojos de alguien de quien la cámara de cine estará siempre eternamente enamorada.(CINEMANIA).

.....De manera que si todavía te gusta el cine y crees que la imagen debe dominar, que es la verdadera clave del lenguaje del cine, esta es una película que no debes perderte.
Un detalle a modo de pista: durante las tormentas, en todo momento vivimos la experiencia desde planos cercanos, desde el punto de vista del protagonista, junto al náufrago superado por las circunstancias que sin embargo sigue luchando hasta el final. Vemos lo mismo que él ve desde el interior del barco, sumergido en el agua o desde la balsa. No hay un plano general que nos saque de esa experiencia casi en primera persona para someterse sumiso al espectáculo visual más impresionante de la ola gigante tipo La tormenta perfecta. Renunciando a esa sumisión a lo epidérmico, al cine concebido como montaña rusa, el director nos mantiene atrapados junto a Redford en su lucha por sobrevivir. En ese mismo sentido destaca su elección de incluir más planos desde el fondo del mar, mirando a la barca desde abajo, que desde el aire, lo cual es lógico, ya que así establece el duelo entre el mar y el hombre que es el epicentro del relato, apoyado en esos puntos y aparte que son los fundidos a negro. La sobriedad de la propuesta me ha recordado  en muchos momentos el tono de otra notable película de Redford que no deberían perderse, Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972).
Esa sobriedad en el tratamiento de la historia, situaciones, personaje e imagen permite además al director hacer de su película una metáfora de una de las claves de la lucha cotidiana por sobrevivir en nuestro mundo. Esos barcos que pasan de largo ignorando parsimoniosamente al protagonista nos hablan de la soledad y el aislamiento en el que vivimos y son además toda una metáfora de cómo no miramos, ignoramos o ni siquiera queremos ver a todos esos prójimos que se cruzan cada día en nuestro ajetreo cotidiano.
Para rematar la jugada, el final de la película es uno de esos desenlaces que  dejan abierto al debate y al libre albedrío de la interpretación de cada cual si el relato se cierra feliz o infelizmente, una prueba de lo mucho que el director respeta al espectador.(ACCIÓN DE CINE).

.....Antes de terminar, cabe reparar un posible malentendido: Cuando todo está perdido no es en ningún caso una película antinarrativa. Es cierto que en algunos momentos –deliciosos momentos– Chandor se recrea en la contemplación de los contados tiempos muertos que se permite el protagonista: cuando decide beberse un vaso de whisky, o cuando se afeita, en un gesto de serena presunción que leemos como una muestra de orgullo y tenacidad. Sin embargo, el grueso de la película es un vendaval de movimiento, tensión y suspense a partes iguales.El férreo guión del propio Chandor traza con enorme precisión la aventura de un hombre que, fatalidad tras fatalidad, va quedando despojado de todos los elementos que lo mantienen unido a la civilización.Cuando ya solo le quedan poco más que unos rústicos instrumentos de navegación, 'nuestro hombre' intenta orientarse y descubrir su lugar en el mundo, pero ni siquiera entonces la película se permite distraerse en simbolismos o metáforas. Se impone la acción, desplegada con toda su fuerza prosaica, reticente a dejarse amedrentar por una poesía de baratillo que sólo se deja entrever en la recta final del film. Un mancha minúscula en el expediente de una película extraordinaria.(SENSACINE).

Esta película se diría concebida para sabotear las expectativas del espectador corriente. Está protagonizada por una vaca sagrada del star system hollywoodiense, pero su personaje está en las antípodas del héroe, es un hombre cualquiera, sin atributos. Su odisea en alta mar daría para un blockbuster inundado no de agua, sino de virguerías digitales, pero el director J. C. Chandor destierra por completo el acento épico: un par de tormentas breves, una caída al agua sin consecuencias, una herida en la frente…
Narra una catástrofe individual, pero no subraya la tensión, ni se invoca el suspense a golpe de efecto. Los tiburones se pasean sin constituir en ningún momento una amenaza real. La banda sonora, excelente, no persigue otra cosa que ilustrar tenuemente el estado anímico del infeliz náufrago. De quien, además, nada sabemos, ni siquiera su nombre, porque Robert Redford. no hay fashbacks, ni monólogos, ni explicaciones: sólo oímos su voz en un prólogo innecesario, cuando intenta infrucutosamente pedir socorro por radio y en un par de gritos de desesperación. Una película casi muda en tiempos de pantallas ensordecedoras. 'Cuando todo está perdido', en fn, da la espalda al gran espectáculo en benefcio de una exposición realista, serena: ni un solo plano grandilocuente, ni una onza de descarga adrenalínica. Es cine de aventuras por lo que cuenta, no por cómo lo cuenta. Como 'Gravity' (Alfonso Cuarón, 2013), viene a ser un estremecedor retrato de la soledad del ser humano.
Aunque no lo aparente, Robert Redford tiene hoy 17 años más que Spencer Tracy cuando interpretó 'El viejo y el mar' (John Sturges, 1958), otro gran solo actoral en agua salada. Y mantiene el tipo, la presencia, domina con autoridad toda la película. Es la suya una gran interpretación, aunque de las que no se notan.(FOTOGRAMAS).

sábado, 8 de febrero de 2014

NEBRASKA



Película: Nebraska. Dirección: Alexander PaynePaís: USAAño:2013. Duración: 114 min. Género: DramaInterpretación: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bob Odenkirk (Ross), Stacy Keach (Ed), Mary Louise Wilson (tía Martha), Rance Howard (tío Ray), Tim Driscoll (Bart).Guion: Bob Nelson. Producción: Albert Berger y Ron Yerxa.Música: Mark Orton. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje:Kevin Tent. Vestuario: Wendy Chuck. Distribuidora: Vértigo Films.Estreno en España: 7 Febrero 2014. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.



Después de recibir un “premio” por correo, Woody Grant, un anciano con síntomas de demencia, cree que se ha vuelto rico, obligando a su receloso hijo David a emprender un viaje para ir a cobrarlo. Poco a poco, la relación entre ambos —rota durante varios años por los continuos desvaríos etílicos de Woody— tomará un cariz distinto ante la sorpresa de la socarrona madre de David y su triunfador hermano Ross. Pero, ¿qué ocurrirá cuando Woody regrese al pueblo, donde le ha prometido a todos que se ha convertido en millonario?


Una de las mejores películas del año. Nebraska engloba todo lo que el buen cine, el gran cine, debería ser. Una película emotiva, honesta, divertida, llena de vida y de belleza, que obtiene de sus actores, ya sean principales o secundarios, interpretaciones dignas de Oscar, como demuestra la nominación obtenida por Bruce Dern, que está enorme en la piel del peculiar protagonista de esta historia, que no es ni drama ni comedia, sino todo lo contrario. Una película de obligatorio visionado para cualquiera que se considere cinéfilo y que tiene en algunas de sus imágenes algunos de los mejores momentos que el cine nos ha dado en mucho tiempo. Más que justa nominada a los Oscars y, si ganase alguno, tampoco pasaría nada. Aunque hay ballenas blancas demasiado grandes a las que enfrentarse como para conseguir rascar algo.
El cine de Alexander Payne siempre me ha gustado y mucho. Sus historias humanas, cercanas pese a lo peculiar de sus personajes o de sus localizaciones, siempre me han llegado. Y desde Election a Entre Copas o Los Descendientes, creo que ha ido mejorando, ampliando el rango de emociones que sabe tocar y alcanzar, consiguiendo que el público se pueda identificar cada vez más con sus personajes y sus historias, muchas veces pequeñas, de esas que no llenan salas de cine, pero en otros casos, quizá demasiado puntuales, películas que consiguen no sólo el reconocimiento de la crítica, sino el favor del público. Es una lástima que en el caso de Nebraska, que posiblemente es su mejor película, no esté recibiendo la misma repercusión en la taquilla que su película anterior, por ejemplo, Los Descendientes, muy divertida, muy humana, pero inferior a ésta.......(ACCIÓN DE CINE).

.Sabes que estás ante un gran cineasta cuando, aun percibiendo que su visión de la vida resulta por completo opuesta a la tuya, tras cada una de sus películas, debes admitir que has acabado, anímica y mentalmente, justo donde él pretendía. Director excepcionalmente dotado para manejar sutilezas tonales y exprimir a sus intérpretes, casi siempre vía contención, Alexander Payne lleva años estrenando fábulas humanistas de hechuras impecables y raigambre moral 100 por cien USA tan inmunes a la desaprobación como Nebraska.
Son obras cada vez menos ariscas, de humor progresivamente mesurado y benevolente comprensión hacia todo lo terrenal en las cuales aprecio un alto valor fílmico justo por lo lejanas que, a ras de puro contenido, se hallan de mis querencias e instintos. Miniodisea de descubrimiento, tanto propio como ajeno, con su (esperable, tratándose de Payne) dosis de road movie multigeneracional, efectiva miscelánea de parábola satírico-ética al flo de la locura,escuela Preston Sturges ('Navidades en Julio', 'El milagro de Morgan Creek'...) y elegía de sombrero tejano a lo Larry Mc- Murtry ('La última película'). Estamos ante un contundente artefacto emocional a caballo entre 'Una historia verdadera' (David Lynch, 1999) y (porqué no decirlo) .(FOTOGRAMAS).

....Para contar esta historia (casi) verdadera, Payne pone sobre la carretera una premisa irrisoria –un anciano se toma al pie de la letra una carta de spam que le hace ganador de un concurso– y unos personajes impasibles, deprimidos y suntuosos en su neutralidad. Payne aprovecha que Woody (inmenso Bruce Dern en una conjugación geriátrica de todos sus villanos) y David (sorprendente Will Forte), el sanchopancesco hijo que lo acompaña hasta Nebraska, hacen una parada en el camino –orígenes sin nostalgia, la América profunda más cutrona y destemplada– para introducir una serie de personajes secundarios –la deslenguada madre, los primos zotes, el viejo amigo…– y enarbolar esa bandera tan suya de la comedia muda aguantando la risa detrás del drama.
He aquí la deliciosa e incontestable Odisea de un abuelo cascarrabias, el antiheróico viaje que acomete junto a su hijo hacia ninguna parte, crónica de una carretera cuyo final es la muerte de nuestros padres.Payne, que tanto sabe de traumas familiares que dan risa, es consciente de que éste, el más traumático de todos, no es un viaje para enmarcar en el álbum de fotos. Pero, de ahí la calidez, mejor padecerlo que no poder hacerlo. Porque si la muerte acecha desde cualquier esquina, acompañar a los nuestros en su senectud, es –qué paradoja– lo mejor que nos puede pasar. Y sí, no cabe duda de que el sentimiento es agridulce. Como una música a la vez desolada y hermosa o como un estado de ánimo gris con probabilidad de nieve. Como la vida que, avanzando siempre triste, admite la sonrisa.(cinemania).

domingo, 2 de febrero de 2014

LA GRAN ESTAFA AMERICANA









Película: La gran estafa americana. Título original: American hustle. AKA: American bullshit. Dirección: David O. Russell. País:USAAño: 2013. Duración: 138 min. Género: Drama, thriller.Interpretación: Christian Bale (Irving Rosenfeld), Bradley Cooper  (Richie DiMaso), Jennifer Lawrence (Rosalyn Rosenfeld), Amy Adams (Sydney), Jeremy Renner (Carmine Polito), Michael Peña(Paco Hernández / Sheik Abdullah), Jack Huston (Pete Musane), Louis C.K. (Stoddard), Alessandro Nivola (Anthony). Guion: David O. Russell y Eric Singer. Producción: Megan Ellison, Charles Roven, Jonathan Gordon y Richard Suckle. Música: Danny ElfmanFotografía: Linus Sandgren. Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy y Crispin Struthers. Diseño de producción: Judy Becker.Vestuario: Michael Wilkinson. Distribuidora: TripicturesEstreno en USA: 20 Diciembre 2013. Estreno en España: 31 Enero 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


“La gran estafa americana (American hustle)” está basada en un famoso caso de corrupción que conmocionó a los Estados Unidos en la década de los 70 y en el que estuvieron implicados mafiosos y políticos.


.......David O. Russell coescribe con Eric Singer esta singular comedia de timadores, inspirada libremente en hechos reales, el llamado escándalo Abscam. Responde a las convenciones del género en la línea El golpe, donde se hace abstracción en parte de las consideraciones morales, la idea es que frente a los corruptos malos de verdad, los granujas protagonistas son los héroes de la función, que reclaman la simpatía del espectador; algo que ya trabajó Russell en Tres reyes.
Y quizá en 2014 esta película funciona especialmente por mostrar estructuras de corrupción que se remontan atrás en el tiempo más de tres décadas, y que casi parecen inocentes comparadas con las actuales. Toda la idea de personajes disfrazados, acentos simulados, sentimientos escondidos, cuadra a la perfección para hablar de cierta crisis de identidad muy actual, que encuentra una buena forma de expresarse en este tipo de historias de engaño, de la que son muy representivas por ejemplo las series televisivas de espías Homeland y The Americans. En tiempos de pensamiento líquido, se puede mantener una cosa, y casi a renglón seguido la contraria, resulta difícil mostrar convicciones acerca de algo, más allá de la propia supervivencia y la gratificación inmediata. En realidad son ideas semejantes a las que maneja Martin Scorsese enEl lobo de Wall Street, la idea de ilustrar una situación preocupante, aunque los logros de La gran estafa americana (American Hustle) resultan más afortunados.
La película tiene una estructura convincente, muy ágil, bien apoyada en canciones de la época, con suficientes giros sorprendentes y buenos golpes de humor. Hay al parecer algunos momentos improvisados, pero la cosa más o menos funciona, con un formidable reparto, estupendos ellas (Amy AdamsJennifer Lawrence) y ellos (Christian BaleBradley CooperJeremy Renner, e incluso un inesperado Robert De Niro). El vestuario y aspecto de los personajes, más allá de los descocados escotes de Adams, acentúan, con un aspecto que hoy se nos antoja ridículo, la idea de impostura.(DE CINE 21).


......El primer punto a favor de la película es un reparto notable en el que junto a Christian Bale –crean lo que les digo, lo mejor de su interpretación no es la transformación física que presenta el protagonista de Batman, sino precisamente el hecho de que sea capaz de sobresalir como actor bajo esa especie de disfraz con peluquín y sobrepeso que se ha fabricado para dar vida a este personaje-, y Amy Adams, brillan igualmente Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, y en una aparición estelar fugaz pero demoledora, Robert De Niro.  Difícil encontrar en la cartelera reciente féminas más seductoras que Amy Adams y Jennifer Lawrence, uno de los duelos interpretativos sobre los que se asienta la película. Dicho sea de paso, creo que el Oscar a la mejor actriz de reparto también debería quedarse en esta película y en manos de Jennifer Lawrence. El otro duelo es el que mantienen Bale y Cooper, igualmente notable. Me gusta mucho cómo maneja y resuelve los distintos puntos de vista sobre la trama que tiene el triángulo formado por los personajes de Bale, Adams y Cooper, al que acaba añadiéndose ese cuatro personaje en discordia que interpreta Jennifer Lawrence. Hay una escena que expone a la perfección el método aplicado para manejar esa especie de billar a cuatro bandas a que se aplica el director durante toda la película. Me refiero a la transición entre la escena de Adams y Cooper en el retrete de la discoteca y la fiesta protagonizada por Renner y Bale. Explica los distintos mundos por los que se desplazan los protagonistas, con la cámara “bailando” en torno a los personajes constantemente. Es ese uso de la cámara el que hace que La gran estafa americana me guste incluso más queEl lobo de Washington, teniendo ambas en común ese tema central de la estafa y el engaño. Scorsese, en perfecta coherencia con el personaje que está retratando, sumido en una orgía casi permanente de drogas, éxito y dinero, aplica el montaje como mecanismo para marca el ritmo de su relato, un montaje frenético que nos deja exhaustos. Por su parte, en La gran estafa americana, David O. Russell elige otro camino porque cuenta otro tipo de historia, aunque comparta de algún modo tema con la película de Scorsese y como en el caso de aquella trabaje de manera brillante la música como clave emotiva de su relato. He dicho ya que el epicentro de la película es una historia de amor que se complica en una especie de guión-rompecabezas con distintas tramas superpuestas (la estafa, los corruptos, el triángulo sentimental, la neurótica esposa abandonada…). Así que para guiarnos en esa especie de laberinto repleto de personajes y jugar a seducirnos y engañarnos como sus personajes seducen y engañan, David O. Russell sustituye el trabajo de montaje trepidante de Scorsese por un juego con la cámara en movimiento que es casi un ballet con los actores, tan seductor y engañoso como el propio guión, que consigue interesarnos tanto como al personaje de Bradley Cooper por esa historia de la pesca en el hielo que le cuenta su jefe en el FBI… y de la que una y otra vez se nos niega el desenlace, la moraleja del relato. Añadan un tratamiento de la fotografía que nos sitúa perfectamente en los años setenta en que se desarrolla la historia, incluso más que los peinados y el vestuario, o esa escena de besos y celos en el aeropuerto que tiene algo del cine romántico setentero francés, incluyendo una de esas frases capaces de resumir todo un personaje, en este caso el de Amy Adams: “No eres nada para mí hasta que lo seas todo”........(ACCION DE CINE).


En su nuevo, y más completo hasta la fecha, intento de asaltar la banca de los Premios Oscar, el realizador David O. Russell ha dejado en manos de sus cuatro actores fetiche (Christian Bale y Amy Adams, The Fighter; Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, El lado bueno de las cosas) la responsabilidad de convertir La Gran Estafa Americana en una película impactante de resonancias clásicas, disfrute inmediato y diversas capas y lecturas. El director neoyorquino tiene buena parte de culpa en todo ello, sobre todo en la adopción de un discurso cinematográfco estilizado pero pragmático, exento de prepotencia, cuyo principal objetivo es proponerle al espectador una película de digestión tan ligera como satisfactoria. Pero la torrencial aportación de ese cuarteto protagonista es el factor diferencial que eleva y redimensiona el valor del largometraje.
Las mujeres triunfan
En este elenco del flm brilla especialmente la representación femenina, con Jennifer Lawrence robándole lustre a una magnética Amy Adams en la segunda parte del recorrido y completando, junto a un espléndido Christian Bale, un triángulo amoroso que da pleno sentido a toda la historia. David O. Russell profundiza, como también ha hecho de forma impecable la serie The Americans, en la desconfanza y el rencor que genera el engaño en un contexto de engaño. El engaño como forma de vida, pero también como única salida posible para la supervivencia personal y, sobre todo, afectiva. Es en esta relación imposible a cuatro bandas, y en los efectos que provoca la mentira dentro de la mentira, donde esta película extrae sus mejores bazas y adquiere toda su defnitiva grandeza.
Estética y musicalidad
Decidida a ser importante por lo civil o por lo criminal, La Gran Estafa Americana aglutina todas las señas de identidad cinematográfcas de Russell (el buen gusto formal, la estética depurada, casi de anuncio, la musicalidad de sus escenas, los personajes obsesivos y en crisis, la alergia a recortar metraje...) y las pone al servicio de un contagioso y seductor flm que, pese a su localización histórica, hablamos de fnales de los años 70, no rehúye en ningún momento el compromiso con un presente que le viene como anillo al dedo al relato para sentirse aún más realizado. No solamente por las evidentes conexiones que podemos encontrar con la hecatombe fnanciera y con los casos de abuso de poder y corrupción política que adornan nuestra actualidad, sino también por la reivindicación del buscavidas o espabilado en tiempos de crisis económica y desamparo social.(FOTOGRAMAS).