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miércoles, 23 de diciembre de 2015

STAR WARS .EL DESPERTAR DE LA FUERZA






Película: Star Wars: El despertar de la Fuerza. Título original: Star Wars: The Force awakens. Dirección: J.J. Abrams. País: USAAño: 2015.Duración: 135 min. Género: Acciónciencia-ficciónaventurasReparto:Daisy Ridley (Rey), Mark Hamill (Luke Skywalker), Carrie Fisher (Leia),Harrison Ford (Han Solo), Oscar Isaac (Poe Dameron), Adam Driver (Kylo Ren), Gwendoline Christie (Capitán Phasma), Peter Mayhew (Chewbacca), Domhnall Gleeson (General Hux), John Boyega (Finn), Anthony Daniels (C-3PO), Kenny Baker (R2-D2), Lupita Nyong’o (Maz Kanata), Andy Serkis (Líder Supremo Snoke), Max von Sydow (Lor San Tekka). Guion: J.J. Abrams, Lawrence Kasdan y Michael Arndt; basado en los personajes creados por George Lucas. Música: John Williams. Estreno en España:18 Diciembre 2015. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.



La saga de la guerra de las galaxias vuelve, de nuevo, con Star Wars: El despertar de la fuerza la primera entrega de la tercera trilogía de la franquicia. No sabemos si podremos disfrutar de los mismos personajes, o los cambiarán, lo que sí conocemos es que contaremos con la presencia de Harrison Ford, haciendo de Han Solo. En Star Wars VI, pudimos ver como Luke Skywalker y sus amigos viajaban a Tatooine a salvar a Han Solo de las garras de Jabba el hutt.


.Star Wars, episodio VII: el despertar de la fuerza. Un notable alto en cine de evasión y entretenimiento. J.J. Abrams saca notable muy alto y de paso nos devuelve el universo Star Wars tal y como nos lo propusieron las tres películas clásicas, los episodios IV, V y VI. Lo sorprendente es que el propio George Lucas, que había creado la saga, no acertara a ver por dónde estaba el verdadero camino en sus Episodios I, II y III, a los que en mi opinión este Episodio VII les gana por goleada. Para que quede más claro, esta película alcanza un nivel equivalente al que tuviera en su momento el Episodio IV que en España conocimos como La guerra de las galaxias. Quiero decir con esto que ciertamente todavía no está al nivel de El imperio contraataca, que sigue siendo la mejor película de la saga en mi opinión, pero después de ver El despertar de la fuerza pongo la mano en el fuego y si hace falta en un sable láser por la siguiente, y afirmo que confío plenamente en que en el Episodio VIII pueden alcanzar el nivel de El imperio contraataca. Lo van a conseguir. La magia ya está ahí y se ve plenamente en El despertar de la fuerza, que además tiene todo ese ritmo de aventura imparable, espectacular y trepidante que disfrutamos en las tres primeras entregas de la saga que se estrenaron y en las películas de Indiana Jones. Es ese tipo de cine de evasión y entretenimiento total. Me refiero a ese cine que muestra notable dinamismo y eficacia para presentar a sus personajes en tiempo récord y tenernos totalmente metidos en la historia a los cinco minutos de proyección. Además de un manejo de la épica visual que queda perfectamente definido por la presentación del personaje de Rey en las ruinas del destructor estelar: unas imágenes que recuperan para el cine el reinado de la pantalla grande......(ACCIÓN DE CINE).


....Tres personajes protagonistas se quitan la máscara durante la película. “No la necesitas”, indica Han Solo a uno de ellos. Abrams tampoco se esconde tras ninguna. Lo que plantea es un juego de espejos entre su película y todo lo que recordamos de la trilogía original. Las mejores escenas de El Imperio contraataca, El retorno del Jedi y, muy especialmente, Una nueva esperanzaencuentran un fiel reflejo en El despertar de la Fuerza. Muchas veces invertido, recurriendo al intercambio de bandos, roles o, de un modo que compensa la histórica desigualdad de la saga, sexos.
Leia, primer caso en la historia de princesa que promociona a general (¿guiño a la carrera descendente de Padmé?), puede estar orgullosa. Rey, el personaje que interpreta con tremenda convicción la debutante Daisy Ridley, agarra la espada láser con las dos manos y también coge el pulso de una película que le pertenece. Como pasaba a aquella prisionera rebelda en la Primera Estrella de la Muerte, ella misma gestiona un rescate en el que Finn (John Boyega) se empeña en cogerle la mano. Sólo Han Solo puede arañarle algunos planos, aunque para eso Harrison Ford se tenga que entregar a fondo con un entusiasmo que debía tener escondido en algún doble fondo del Halcón Milenario. No es el protagonista –tampoco lo era entonces–, pero su mirada a veces socarrona de antihéroe agotado legitima con un sello de autenticidad este episodio como parte del canon.
Paseando entre las ruinas y los escombros, rescatando las partes de sí mismo que Lucas parecía despreciar, Abrams pone los cimientos de lo que debe ser una trilogía firme. Ha ido a asegurar, no hay ni una sola idea osada y está en todo momento imponiendo el equilibrio entre lo nuevo y lo viejo. Pero, ¿es que se le podía pedir otra cosa? Como un jawa de Tatooine o un chatarrero de Jakku, ha recogido el armazón de una nave abandonada para ponerla en marcha con piezas si no originales, lo más parecidas.


“¡Pero si es todo viejo!”. Efectivamente, George, pero es que en la época en la que todo caduca, en la que se aprendió un término  impronunciable como obsolescencia, en la que se favorece por decreto el Plan Renove y no se sabe si apretar al botón de reboot, remake o reset; en esta época en la que la nostalgia es una trampa mayor que la que el Almirante Ackbar advirtió, todo lo que pedíamos era montar en la cabina del Halcón Milenario y hacerlo volar una vez más. Ahora que está puesto a punto ya puede llegar la saga a nuevos y estimulantes horizontes galácticos.(CINEMANIA)


Cuesta poco imaginarse a J.J. Abrams transmitiéndole a George Lucas, en afectuoso abrazo al padre simbólico, que su universo iba a caer en buenas manos… al tiempo que guiñaba el ojo a una comunidad de fans, situada fuera de campo, lanzando el tácito mensaje de que, por fin, había llegado su hora, de que esa gran mitología iba a ser reconducida por sus cauces clásicos, exorcizando toda posibilidad de Jar Jar Binks, midiclorianos y demás derivas que enervaron a quienes siempre fueron más papistas que el Papa.
'Star Wars: El despertar de la Fuerza' es una película eficaz que J.J. Abrams parece haber afrontado partiendo del Libro de Reclamaciones del Fan Airado: el conjunto se articula como equilibrada sucesión de ecos –donde al creador de la serie 'Alias' le traiciona el inconsciente al recurrir a tanta imaginería de la ruina (el crucero imperial, los caminantes AT-AT…)– y de deliberadas correcciones de los supuestos pecados del padre: he aquí una heroína independiente y activa, un héroe afroamericano, la promesa de una posible relación interracial en futuras entregas, Maz Kanata citando a Obi-Wan Kenobi para resetear el tema midicloriano, etcétera....
EVOCAR LAS PRIMERAS PELÍCULAS
Es curioso que una saga que, hasta el momento, había articulado su gran narrativa a partir del tema de la redención de los pecados paternos (y maternos) centre ahora su gran conflicto en un asunto de pecados filiales. Como si, en efecto, Abrams delatara cierta mala conciencia y dejara entrever que, en el fondo, sabe a la perfección que lo que está haciendo no está del todo bien.Su película funciona pero no inventa, porque es un producto elaborado bajo vigilancia: un control que no es corporativo, sino colectivo, el de esos espectadores que desean que todo vuelva a ser como era (en los episodios IV a VI) y no como fue (en los episodios I a III). El director se aparta del barroquismo digital de los últimos trabajos de Lucas para intentar evocar las texturas de las primeras películas, pero la apuesta le condena a la reiteración y a reprimir tanto la originalidad como el imperativo de goce lúdico que definió su reinvención de 'Star Trek'.
La imaginación de toda una comunidad de fans se revela, así, mucho más limitada y estrecha que la de un único creador como Lucas: incluso los nuevos planetas son reminiscencias climáticas de Tatooine, Endor y Hoth. Abrams lo dota todo de mayor dinamismo visual que su maestro, pero si algo deja muy claro este trabajo es que no hay nada nuevo que pueda hacer sombra al fulgor mítico de Han Solo.(FOTOGRAMAS).

miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL PUENTE DE LOS ESPIAS



Película: El puente de los espías. Título original: Bridge of spies.Dirección: Steven Spielberg. País: USAAño: 2015. Duración: 141 min. Género: ThrillerReparto: Tom Hanks, Alan Alda, Amy Ryan, Mark Rylance. Guion: Matt Charman, Ethan Coen y Joel Coen. Producción:Kristie Macosko Krieger, Marc Platt y Steven Spielberg. Música: Thomas Newman. Fotografía: Janusz Kaminski. Estreno en España: 4 Diciembre 2015. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


James Donovan (Tom Hanks) es un abogado de Brooklyn que se ve súbitamente inmerso en las entrañas de la Guerra Fría cuando la CIA le envía con el encargo casi imposible de negociar la liberación de un piloto de un avión U-2 estadounidense capturado. Los guionistas Matt Charman y los hermanos Ethan y Joel Coen han entrelazado esta extraordinaria experiencia en la vida de Donovan con una historia basada en hechos reales que capta la esencia de un hombre que lo arriesgó todo y que refleja vívidamente el proceso que sufre a nivel personal.


Desde hace ya varias décadas, qué duda cabe, Steven Spielberg ocupa un lugar destacado en el Olimpo de los grandes de la Historia del Cine. Lo ocupa no solo por sus grandes películas y sus obras maestras, sino también por el papel que viene desempeñando en la industria desde casi los comienzos de su carrera, y la repercusión de la “marca Spielberg” a nivel popular. Asociado ya para los restos al epíteto de Rey Midas de Hollywood, un título del que habrá que ir pensando en destituirle un día de estos (desde hace cuánto hace que no tiene un pelotazo en la taquilla; ni siquiera Tintín lo fue), Spielberg es un cineasta a redescubrir a partir de sus títulos más olvidados o menos reconocidos. Y sospecho que “El puente de los espías” lleva camino de convertirse en uno de ellos de aquí a nada.(JUAN SOLO .Zaragoza)






Todos los personajes secundarios están cuidados con mimo, se huye del estereotipo, piénsese en la familia del protagonista; y resulta un acierto que estén interpretados por actores no demasiado conocidos, lo que ayuda a sumergirse en la historia sin distracciones. Entre los actores sobresale decididamente el británico Mark Rylance, conocido sobre todo por su trabajo en teatro, como antaño su compatriota Paul Scofield, y que logró brillar recientemente en su memorable composión de Cromwell en la miniserie televisiva Wolf Hall. Su composición del espía soviético es memorable, nos creemos su tranquilidad y pragmatismo, y la empatía que Donovan desarrolla hacia él, de modo que el planteamiento de “soldado que lucha en esa guerra llamada fría”, que merece respeto, se acepta. Y así, los maniqueísmos propios de ese período se colocan, en cierto modo, en su sitio. Es curioso, porque podría decirse que ningún personaje resulta demonizado, al menos no del todo, y recorren todos los intercambios dialécticos una agradecible humanidad, a veces incluso un sentido del humor, que se convierte en eficaz antídoto al cinismo con que se suelen mirar las historias de espías a un lado y otro del telón de acero.

No es ésta una película pequeña. Hay un gran esfuerzo de producción, de modo que el espionaje llevado a cabo por los aviones U2, la división de Berlín en zonas, la construcción del muro y los intentos de cruzarlo, se usan con inteligencia para proporcionar entretenimiento al espectador que pudiera aburrirse con las negociaciones e intercambios de espías. La reconstrucción de la época funciona bien, la banda sonora subraya los aspectos de intriga y heroísmo, y el clímax resulta verdaderamente emocionante.(DE CINE21).








Vuelve el mejor Spielberg con una gran película de espionaje. Si están pensando en cine tipo James Bond, Jason Bourne o Mission Impossible, ya pueden ir olvidándose, claro. Esto está más cerca de una novela de John LeCarré, algo donde lo que importa siempre son los personajes, no los actos, y una carta de amor al cine clásico, pero como es habitual en el caso de Spielberg, con personalidad propia, con su propio sello narrativo y un ritmo que no diremos que sea trepidante, pero que va en aumento hasta un soberbio final donde la tensión se siente en la sala gracias a la maestría del director. Empieza a sonar como seria candidata en la temporada de premios, y la verdad es que más de una nominac que el mundo sepa que Estados Unidos respeta los derechos incluso de los espías… Pero la cosa se complicará, hasta llevarnos a un intercambio en la Alemania dividida que convierte la película en dos en realidad, la primera cine de juicios, la segunda cine de espías de la vieja escuela. Tom Hanks se echa encima el protagonismo casi exclusivo de la película con la solvencia habitual, con un personaje que tiene ecos del cine de Frank Capra, un hombre recto, honrado, justo y valiente, que ve como todo su mundo se tensa ante una situación más que inesperada......(ACCION CINE).

Sólo en una ocasión (ese plano de 'Tiburón' con Brody mirando por encima del hombro, clonado de 'Yo confieso') había sentido Steven Spielberg la necesidad de citar textualmente a Alfred Hitchcock. En este su último y brillante film vuelve a hacerlo y con conocimiento de causa, en el momento del periódico que copia, con cariño reivindicativo, a 'Topaz' (1969). Vapuleada por motivos meramente ideológicos, 'Topaz' es el macguffin de El Puente de los Espías, ambientada en una Guerra Fría más emotiva que política, donde importa más el ser humano que el posicionamiento partidista o las banderas. Juguetona en su periplo tras el Telón de Acero, lo que prima el director son los personajes.
Podrá acusarse de ingenuidad a cómo afronta el caso, pero quien de verdad interesa es ese tercer prisionero, el estudiante, nexo moral entre el abogado norteamericano y el espía ruso.Spielberg sigue indagando en la humanidad del héroe, alguien cuya mayor recompensa es caer en su cama y dormir con la conciencia tranquila.(FOTOGRAMAS).

martes, 10 de noviembre de 2015

SPECTRE




Título: 007 Spectre. AKA: Bond 24. Dirección: Sam Mendes. Países:Reino Unido y USAAño: 2015. Duración: 148 min. Género: Acción,thrillerInterpretación: Daniel Craig (James Bond), Ralph Fiennes (M), Ben Whishaw (Q), Naomie Harris (Moneypenny), Léa Seydoux  (Madeleine Swann), Dave Bautista (Sr. Hinx), Christoph Waltz (Oberhauser), Monica Bellucci (Lucia Sciarra). Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade y Jez Butterworth; basado en los personajes creados por Ian Fleming.Música: Thomas Newman. Estreno en España: 6 Noviembre 2015.Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Tras recibir un mensaje misterioso que proviene de su pasado, Bond sigue la pista para destapar una organización siniestra. Mientras M lucha contra fuerzas políticas que amenazan con acabar con el servicio secreto, Bond revelará el engaño que oculta una verdad terrible: lo que esconde SPECTRE.
Después de “Skyfall”, Sam Mendes vuelve a ponerse detrás de las cámaras para dirigir una nueva aventura del agente James Bond. “Spectre” es el cuarto filme de Daniel Craig como 007.


.....Abundan los detalles que ubican la no poco meritoria Spectre un peldaño o dos por debajo de Skyfall, y alguno menos por encima de su homóloga Sólo se vive dos veces, estrenada en 1967 con Sean Connery como James Bond y Donald Pleasence en el papel del inquietante Blofeld. De partida, un cierto narcisismo pegajoso como el sudor mezclado con perfume, ya que 007 parece gustarse demasiado en ocasiones; y, unido a ello, una autoconciencia rayana en lo fútil, lo artificioso: Bond interpreta a Bond. Bond soporta a duras penas a Bond. Acaso sólo Bond pudiera acabar con Bond. Luego Bond no deja espacio a nadie que no sea James Bond. Y entonces... Digamos que también anhelo el ojo expeditivo del camarógrafo Roger Deakins, al que sustituye con solvencia —no así magisterio— Hoyte van Hoytema (Interstellar); y en último término aunque no por último, cansa la presencia caníbal de un score que a menudo viene a abortar la narración.

Finalmente se nota la ausencia. Judi Dench, que aparecía más bien poco y decía mucho casi sin moverse del asiento, ha dejado un vacío irreparable. Uno de esos vacíos grises que no llena ni la mejor top model esperándote en picardías sobre una cama king size. La sensualidad y el talento de Dench, aun con sus ochenta ya celebrados, siempre fue diferente. Muy particular. Para iniciados, por así decir, en las formas y el exotismo británicos. Que no es poco, y hay que saberlo detectar. En su rol de M, Dench evidenciaba la inteligencia que sólo confieren las minucias terrenales, ya sea una victoria al croquet o un intento de asesinato nada más llegar a la oficina. Hacía lo que hacen los genios: ampliar la mirada del espectador incluso desde un rincón fuera de foco. Y conviene recordarlo. Los muertos están vivos, y el cielo es hoy más inescrutable que nunca. Celebremos pues a "Bond, James Bond". He aquí un cliché grabado en seda.(EL ANTEPENULTIMO MOHICANO).


Gran espectáculo para amantes de Bond, algo inferior a Skyfall. Entre referencias y ganas de recuperar algunas de las claves de la saga original anda este nuevo Bond, muy potente a nivel visual y de pirotecnia, algo inferior a su predecesora en desarrollo de personajes y drama humano, donde Skyfall bordaba una de las mejores películas de la saga Bond, si no la mejor, y esta prefiere retornar al espectáculo más propio de Connery o Brosnan, sin por ello dejar de lado aquello en lo que Daniel Craig como 007 había alcanzado la excelencia. Un tono más brutal, más terrenal, más cercano a la saga de Jason Bourne, más realista… Pero dentro de todo eso, el asunto con esta nueva película es que es la más “bondiana” de las que Craig ha protagonizado, la más despreocupada incluso, la que más guiños de humor incluye. Sam Mendes regresa tras las cámaras, lo que es una acierto, y hace no mucho comentaba su interés por hacer que Skyfall fuese la lucha de dos hijos por el amor de una madre, y Spectre que sea la lucha de dos hijos por el amor de un padre. En este caso una figura ausente, y no llega a convencer tanto ese drama como en la anterior. Aunque quizá incluso sea más entretenida que las anteriores, más espectacular, más explosiva. Se nota que es la película más cara de la saga y que ha costado más de 250 millones de dólares. Es una pasada incluso para una película como esta. Pero el dinero luce en pantalla....(ACCIÓN DE CINE).


'SPECTRE' es una ducha de goce y felicidad para todo bondófilo purasangre. En cinco apuntes. 1) En un prodigio de equilibrio, mantiene (y desarrolla) el discurso sobre el tormentoso pasado de 007 de los tres títulos precedentes, en un proceso progresivo de humanización del héroe, y al mismo tiempo lanza ecos a la memorable etapa de Sean Connery: las lanchas, la pelea en el tren, el cráter donde se cobija el villano. 2) Configurado el equipo en 'Skyfall' (Sam Mendes, 2012), ahora la camaradería que se establece entre Bond, M., Q. y Moneypenny, aliñada con brotes de humor inteligente, remite a las más sabrosas sagas de grupo: 'Star Trek', 'Misión: Imposible'... 3) Léa Seydoux es una “Bond girl” de rechupete, a la altura de Ursula Andress, Diana Rigg o Eva Green. 4) La consuetudinaria escena de acción precréditos este crítico no titubea al proclamarla la mejor en la historia del agente. Y 5) Aunque arrastra algunos de sus tics habituales, que solo funcionan a pleno rendimiento bajo la férula de Tarantino, Christoph Waltz es un modélico villano.(FOTOGRAMAS).

martes, 3 de noviembre de 2015

TRUMAN



Película: Truman. Dirección: Cesc Gay. Países: España y Argentina.Año: 2015. Duración: 108 min. Género: TragicomediaReparto: Ricardo Darín, Javier Cámara, Dolores Fonzi. Guion: Cesc Gay y Tomás Aragay.Música: Nico Cota. Estreno en España: 30 Octubre 2015. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.
Julián (Ricardo Darín) recibe la visita inesperada de su amigo Tomás (Javier Cámara), que vive en Canadá. Los dos amigos junto a Truman, su perro fiel, compartirán a lo largo de cuatro intensos días momentos emotivos y sorprendentes, provocados por la difícil situación que está atravesando Julián.

......Truman es grande justo por lo que no es: ni cae en el duelo de egos actorales, ni se deja llevar por la marea emocional que sirve de núcleo de su historia, ni abusa del humor negro como vía de escape, ni machaca al espectador con recursos obvios; y al evitar todo ello consigue justamente alcanzar la verdad de lo que quiere contar. Estamos, pues, ante una tragicomedia, ni muy trágica ni muy cómica, donde todo está medido para no pasar la raya sentimentaloide. La cinta consigue el milagro de que nada aparezca de manera abrupta o forzada, y eso resulta muy complicado cuando se intenta forjar una historia acerca de la naturaleza humana ante la muerte y de cómo nos enfrentamos a las últimas despedidas. Es, en definitiva, una pequeña y delicada joya que, escondida tras su aparente sencillez, se permite tocarnos la fibra sin que nos demos cuenta. Acostumbrados como estamos a esas escenas a las que solo les falta un pequeño cartel que indique «Llore ahora, por favor», la maestría de Gay se erige como un pequeño oasis de vida dentro un desierto de vendedores de impactos de humo.(EL ANTEPENULTIMO MOHICANO.)

insólito espejo de las miserias que nos humanizan, el cine de Cesc Gay apunta, y dispara, sin aspavientos. No hay artificio, y sí mucha verdad, en el dibujo de sus personajes: en los treintañeros emocionalmente desubicados de 'En la ciudad' (2003), en los desconocidos que reprimen su enamoramiento en 'Ficción' (2005), o en los colegas que se dicen adiós en Truman. Eficazmente estructurada a partir de las idas y venidas, durante cuatro días de despedida, de un enfermo cansado de luchar y de su viejo amigo, testigo casi silencioso de una decisión que no se atreve a compartir, la película huye sin esfuerzo de la trampa sensiblera.
No es esa la liga de Gay, que conmueve a golpe de detalles y sutilezas: en el abrazo de un hijo, en la charla con un veterinario, en un polvo doloroso, en la elección de un ataúd o en encuentros casuales en restaurantes (que remiten a la inolvidable explosión de Eduard Fernández en 'En la ciudad'). Y en medidas notas de humor agridulce. Pero nada funcionaría como lo hace sin la química extraordinaria que crean Ricardo Darín y Javier Cámara: su enorme trabajo da hondura a un film que reafrma la grandeza de su director.(FOTOGRAMAS).

La historia de una amistad verdadera, vista a través de los ojos de un director que nos muestra la humanidad a través de la sencillez y el humor, cosa nada fácil.

El deambular de sus personajes por las calles de madrid, viviendo momentos clave de sus vidas a traves de la sencillez de pasear a Truman, hacen de esta intimista película un regalo. Ambos actores transmiten, sin decir mucho, muchisimas emociones que las hacen totalmente creibles y que te hacen conectar fácilmente con su situación vital. 
Y cabe añadir, si no fuera suficiente, que ambos actores se encuentran en el apogeo de sus carreras y nos regalan próbablemente una de sus mejores actuaciones.
Gracias.(Kevin.San Sebastian).

“Sé que tienes cáncer y quería decirte que lo siento”, le dice el personaje de Eduard Fernández, casi un cameo, al de Ricardo Darín a pesar de que este último se acostó con su mujer. Dicho momento de Truman resume a la perfección la última película de Cesc Gay, emocionante, dura y humana. Además, sirve de espejo a un episodio anterior en el que otro conocido –este, no obstante, sin ningún aparente rencor–, como no sabe qué decirle al protagonista sobre su enfermedad terminal, se hace el encontradizo con él. El director de Krámpack construye así su película más personal, superponiendo escenas como si fuesen un díptico –el viaje a Ámsterdam y el encuentro con la ex mujer, las sesiones en el camerino…–, colando el absoluto drama de existir que es morirse entre dosis de humor, y conformando una trama tan sutil que prácticamente desaparece al entrar en acción los personajes. Y, claro está, los actores.
Por un lado, Javier Cámara, el amigo que viaja desde la otra punta del mundo hasta Madrid para despedirse. Por otro, Ricardo Darín, el enfermo que ha decidido poner fin a su tratamiento. Juntos –esto es trabajo en equipo como bien supo ver el Festival de San Sebastián–, sin necesitar nada más que el exquisito guión de Cesc Gay, calles de Madrid para pasear y la delicada colaboración de Dolores Fonzi, consiguen esa cosa tan grandiosa por la que se inventó la actuación: emocionarnos. En este caso, traernos a nuestros muertos y a los que se irán.(CINEMANIA).