Seguidores

miércoles, 13 de mayo de 2015

A CAMBIO DE NADA



Película: A cambio de nada. Dirección y guion: Daniel Guzmán. País: EspañaAño:2015. Duración: 93 min. Género: DramaInterpretación: Miguel Herrán, Antonio Bachiller, Antonia Guzmán, Felipe García Vélez, Luis Tosar, María Miguel, Miguel Rellán. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 8 Mayo 2015. No recomendada para menores de 12 años.
Darío, un chico de dieciséis años, disfruta de la vida junto a Luismi, su vecino y amigo del alma. Mantienen una amistad incondicional, se conocen desde que tienen uso de razón y juntos han descubierto todo lo que saben de la vida. Darío sufre la separación de sus padres y se escapa de casa, huyendo de su infierno familiar. Comienza a trabajar en el taller de Caralimpia, un viejo delincuente con envoltura de triunfador, que le enseña el oficio y los beneficios de la vida. Darío conoce a Antonia, una anciana que recoge muebles abandonados con su motocarrro y junto a ella descubre otra forma de ver la vida. Luismi, Caralimpia y Antonia se convierten en su nueva familia en un verano que les cambiará la vida.

Hace 9 años Daniel Guzmán (conocido por series como Aquí no hay quien viva y películas como Mia Sarah) colgó las botas de la actuación para emprender su trabajo como guionista y director. Ha sido un duro y largo trabajo: 7 años de escritura y 6 semanas de rodaje para dar a luz una historia muy personal “una historia que hablaba de parte de mi vida, de la adolescencia, de la amistad, de nuestros padres, de lo prohibido, de lo ilegal, de la calle… y de mi abuela”.
A cambio de nada cuenta la historia de Darío, un chaval de 16 años que, después de un conflicto familiar, está peleado con el mundo. Para salvarle del desastre estará su íntimo amigo y una anciana que conoce de manera casual… y providencial.
La ópera prima de Daniel Guzmán es una película absolutamente autobiográfica que el actor ha escrito apoyado en sus recuerdos de la adolescencia: desde las localizaciones (El Rastro, el barrio de Aluche, el metro madrileño a las 2 de la mañana, el instituto María de Molina…) hasta los personajes. Uno de los papeles principales se lo ha reservado a Antonia Guzmán, que así se llama su abuela y que, con 91 años ha debutado también en la gran pantalla “Escribí la película pensando en ella”, afirma Guzmán.
Aunque la película padece los fallos típicos del novato: caídas de ritmo, algunas reiteraciones, etc hay que reconocerle al joven cineasta el talento de haberse estrenado con una película que rezuma verdad y ternura. Y decir ternura no significa cursilería ni blandenguería. Guzmán -y en este sentido, siendo muy distintas, la película se asemeja a los Héroes, de Pau Freixas– tiene una mirada positiva e indulgente hacia sus personajes. La película habla de seres que se equivocan, que a veces funcionan de una manera muy básica pero que, en el fondo, son nobles y conectan con la bondad. Qué interesante es, en ese sentido, el personaje de Antonia, una mujer aparentemente dura y seca que es de las dar “a cambio de nada”. Frente a su generosidad queda más patente el egoísmo de algunos adultos (qué real es la escritura de todo el conflicto del adolescente que sufre la separación de sus padres).
Además de apoyarse en la experiencia (Luis Tosar y Miguel RellánDaniel Guzmán ha descubierto dos nuevas estrellas: los jóvenes Miguel Herrán y Antonio Bachiller que fueron seleccionados después de un largo casting que se promocionó especialmente a través de las redes sociales. Los dos debutantes se cargan la película a la espalda interpretando con convincente espontaneidad a una pareja entrañable de amigos.(fila siete).

Infancia o adolescencia. Igual dolor si crees que tus padres no te quieren o sólo te quieren para manipularte, para que les des la razón, para que les sirvas de coartada, para usarte como prueba en un juicio donde demostrar que el otro está equivocado y es un pésimo progenitor. Cara y cruz. Y en el colegio no hay nada que rescatar porque el eslabón más débil se ha roto y no hay forma de recomponerlo sin ayuda, sin dedicación, sin paciencia y sosiego. Cuando todo parece perdido sólo nos queda la compañía de algunos seres desinteresados que nos apoyan con sólo estar ahí, dirigirnos la palabra, hacernos caso, estarnos agradecidos por escucharles, acompañarles o verles. El casi inasible consuelo de los extraños.

Muchas óperas primas suelen ser autobiográficas o tocar muy de cerca la fibra vital de su creador. Y ésta no es una excepción. Bienvenida sea. Sobre todo es de justicia señalar que todos los variopintos personajes que pueblan su metraje están retratados con cariño, con respeto, con humanidad, con amor y mimo hasta el más mínimo detalle. Todos ellos respiran verdad, realidad, complejidad y sabor a vida. Y el espectador se ve inmerso en unas anécdotas quizás excesivas, quizás tremendas o apabullantes, pero que resultan siempre fidedignas y honestas, nunca forzadas o exageradas. A veces la vida no es como quisiéramos que fuera sino como nos ha tocado vivirla – o malvivirla. No queda otra que apechugar y seguir adelante.

De entre toda la galería de memorables comparsas que pueblan esta cinta, quizás se deba destacar a uno por encima de todos. Una anciana chamarilera que acoge y recoge al dolorido adolescente atribulado cuando parece que nada tiene sentido y su vida está abocada al abismo. Principio y fin se dan la mano, se acompañan, se consuelan, se reconocen y se respetan. No es casualidad que este entrañable personaje esté interpretado por la propia abuela del creador de la historia. Hay tanto amor en su mirada que nos conmueve a cada paso, con cada silencio, con cada gesto. Es como un homenaje a la estirpe de la que venimos, una forma de rendirle pleitesía y señalar su agradecimiento.

Estamos ante una película realizada con las entrañas, hecha con jirones de corazón abierto en canal, donde la emoción se escapa a raudales, donde palpita la vida a cada paso, abriéndose camino pese a todo. Agradecerle a Daniel Guzmán que haya perseverado y nos haya ofrecido semejante prodigio de humanidad y gozo: cine de la turbación, canto de la empatía.(ANTONALVA. Madrid).
Ha tardado el actor Daniel Guzmán en pulir, cual paciente orfebre, esta, su obra de exordio, una peripecia autobiográfca que rumiaba desde hace tiempo. Y lo que más sorprende de su propuesta es no ya que respire autenticidad en cada uno de sus planos, sino que esté narrada con la solvencia de un auténtico veterano. Cierto, tiene algún claroscuro argumental y, sorprendentemente viniendo de un actor, no presenta un registro interpretativo igualmente homogéneo.
Pero eso son minucias al lado de sus muchos logros. Uno, el dar cuenta, con un ojo en el que lo personal no estorba lo sociológico, de la vida de un barrio de periferia. Otro, el captar la palpitante adolescencia en toda su complejidad, sin buenismos ni contemplaciones...aunque se hable de uno mismo. Y otro, en fn, el dar una visión de parejas cuyos miembros ya no pueden vivir juntos, pero cuyas acciones gravitan tanto sobre la vida de gente inocente y en proceso de aprendizaje. Ambiciosa, bien contada y con momentos de gran inspiración, la película abre un abundante crédito sobre la continuidad de Guzmán del otro lado de la cámara.(FOTOGRAMAS),

No hay comentarios:

Publicar un comentario