martes, 24 de mayo de 2016

MAS ALLÁ DE LAS MONTAÑAS



Dirección: 
Reparto:  y 
Título en V.O.: Shan He Gu Ren
Nacionalidades: ChinaFrancia y Japón Año:  Fecha de estreno: 
Duración: 131 min.
Género: Drama
Color o en B/N: Color
Guion: 
Fotografía: Nelson Yu Lik-wai
Música: Yoshihiro Hanno
China, a finales del año 1999. Dos amigos desde la infancia, Zang y Liangzi, cortejan a Tao, una joven de Fenyang. Zang es dueño de una gasolinera y tiene un futuro prometedor. Liangzi trabaja en una mina de carbón. Tao tiene el corazón dividido entre ambos, pero deberá tomar una decisión que marcará su vida y la de Dollar, su futuro hijo. Desde una China en pleno cambio a una Australia como promesa de una vida mejor, la película sigue las esperanzas y amores de estos personajes.



Como los monumentos replicantes del parque temático de 'The World' (2004), el Go West de los Pet Shop Boys sirve, en 'Más allá de las montañas', como brillante leitmotiv (e himno irónico) de esa China capitalista que sólo está al alcance de unos pocos. Si aquella se anclaba en un presente líquido, ésta revisita el mismo sentimiento de cambio y desubicación abarcando, al modo de una película-río, veinticinco años de la historia de un país al que le cuesta reconocerse en el espejo. Dividida en tres partes, que corresponden a tres períodos y tres formatos distintos (del más claustrofóbico al más cinemascópico), la película está narrada en clave de melodrama clásico con la elegancia que caracteriza a Jia Zhang-ke.
Los códigos del género se explotan a la vieja usanza (triángulos amorosos, matrimonios infelices, divorcios, enfermedades), sin vergüenza. Es en el tercer acto, que sucede en el futuro y está hablado en inglés, donde el autor se lanza al vacío sin red: no sabemos si aquello es un despropósito o el homenaje malévolo a una soap opera televisiva de la peor estirpe.(FOTOGRAMAS).


Película rodada en tres momentos, 1999, 2014 y 2025, donde el ancho de pantalla se va abriendo en cada tramo, supone toda una reflexión sobre el paso del tiempo, y las relaciones entre las personas y los lugares que habitan. Arranca la trama en la pequeña ciudad de Fenyang, donde Tao, empleada de un establecimiento de electrodomésticos, es pretendida por dos amigos, rivales amorosos: Liangzi, de modesta condición, entrañable, trabaja en una mina; y Zang, propietario de una gasolinera, egoísta y ambicioso, sueña con llegar socialmente a lo más alto. La elección por Tao de uno de los pretendientes marca los otros dos tramos del film, atravesados por un matrimonio roto y un hijo desubicado, falto de afectos, que no logra comunicarse con sus progenitores, incluso por cuestiones idiomáticas, y que trata de llenar el vacío maternal mediante una relación sentimental con una mujer mayor que él.
Jia Zhang Ke prueba con este film la coherencia temática de sus películas. De modo que sigue abordando con sensibilidad y talento las enormes transformaciones que ha experimentado China, no sólo como pujante potencia económica, sino socialmente: las familias están saboreando algo parecido al desarraigo, el desencanto ante el atractivo del dólar pasa factura, las decisiones traen consigo consecuencias, las nuevas generaciones pagan parte del precio de esas decisiones. Y tales cuestiones se contemplan con melancolía exenta de amargura. La música, sobre todo dos canciones, apoyan bien el “mood” creado por Zhang Ke.
Sabe utilizar bien el director elementos como el de las llaves de casa, que nadie debería perder, y vehículos como trenes, aviones y automóviles subrayan la idea de la vida como viaje. A veces hay que estar atento a planos breves aparentemente inconexos, como el del tigre enjaulado, o entender el significado de la invitación a una boda cubierta de polvo.
Zhang Ke vuelve a trabajar con su esposa, Zhao Tao, estupenda como la mujer que se decide por uno de los dos amigos, para convertirlo en su marido. También dotan de matices a sus personajes Zhang Yi, como el tipo ambicioso, Liang Jing Dong, con su aire resignado, y Dong Zijang en la versión adulta del hijo. Al igual que el resto del reparto, la otra esposa, el hijo en versión infantil, la profesora de aires maternales –la veterana Sylvia Chang–.(DE CINE 21).


"Mountains may depart" narra veinticinco años en la vida de tres amigos, una mujer y dos hombres, cuyas rutas tomarán caminos distintos a partir de un hecho a priori moderadamente banal, pero a la postre trascendente. Lo que inicialmente es un triángulo amoroso jovial, despreocupado, que recuerda vagamente al de “Banda Aparte” de Jean-Luc Godard, se torna violento e inmanejable cuando aparecen los celos y el ansia de posesión. A partir de aquí, se construye un drama fluido, precioso, moralmente interesantísimo. Ideas a propósito del determinismo, la libertad (emocional pero también económica), la evolución/involución tecnológica o el anhelo de las raíces son tratados de forma tan sensata como inteligente mediante un trazo sencillo, sin saturar en exceso la trama propuesta.

Asimismo, la inclusión de pequeños momentos explosivos de catarsis lúdica, a veces abiertamente cómica, contribuye a que una obra de calado densísimo en su trascendencia personal como es esta, sea ligera en sus formas. Un suspiro de cine total, con una de las escenas de apertura más euforizantes y preciosas que recuerdo haber visto últimamente en una sala. Cabe destacar que se aloja en los primeros minutos de “Mountains May Depart” la que seguramente sea una de las imágenes más bellas de todo el Festival de San Sebastián 2015 para quien esto firma: un gran plano general picado en el que los tres protagonistas en plena juventud se disponen formando un triángulo, como el que forman sentimentalmente, en paralelo a una orilla de la playa mientras se disparan fuegos artificiales. Esta imagen, una metáfora brillante de la eclosión dramática de la película, vale como apertura de un camino donde la sincronía entre lo formal y lo narrativo es verdaderamente irreprochable.(Davidmdehaza Barcelona).

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