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miércoles, 30 de marzo de 2016

BATMAN v SUPERMAN :el amanecer de la justicia



Película: Batman v Superman: El amanecer de la Justicia. Título original:Batman v Superman: Dawn of Justice. AKA: Man of Steel 2 / El Hombre de Acero 2. Dirección: Zack Snyder. País: USAAño: 2016. Duración: 151 min. Género: Acciónfantastico. Reparto: Henry Cavill (Clark Kent / Superman), Ben Affleck (Bruce Wayne / Batman), Amy Adams (Lois Lane), Laurence Fishburne (Perry White), Diane Lane (Martha Kent), Gal Gadot (Wonder Woman), Jesse Eisenberg (Lex Luthor), Jeremy Irons (Alfred), Holly Hunter (senadora Finch). Guion: Chris Terrio y David S. Goyer, basado en los personajes de DC Comics. Música: Hans Zimmer.Fotografía: Larry Fong. Estreno en España: 23 Marzo 2016.


Tras “El Hombre de Acero” llega “Batman v Superman: El amanecer de la Justicia”, protagonizada por Ben Affleck en el papel de Batman/Bruce Wayne y por Henry Cavill como Superman/Clark Kent en la primera aparición en la gran pantalla de los dos protagonistas juntos. Ante el temor de las acciones de un desenfrenado superhéroe, el formidable y contundente vigilante de Gotham se enfrenta al más admirado héroe de la era moderna de Metrópolis, mientras que el mundo se debate reflexionando sobre qué tipo de héroe necesita realmente. Y con Batman y Superman en guerra, pronto aparece una nueva amenaza que pone a la Humanidad en uno de los mayores peligros jamás conocidos.


....Le habría venido mejor un tono desenfadado y tipo cómic, similar al del modelo que se trata de imitar, Marvel Los Vengadores, que el que tiene, en la línea de la trilogía del Hombre Murciélago dirigida por Christopher Nolan, aquí productor ejecutivo, mientras que repite uno de los guionistas de la misma, David S. Goyer, que ha escrito el libreto con Chris Terrio(Argo). Demasiada tono hiperdramático y poco sentido del humor para un film que mezcla alienígenas, amazonas que luchan con espada, etc. También sobran algunos diálogos pretenciosos, que tratan de aportar simbología teológica a lo que en el fondo es un entretenimiento distendido.
Pero nadie quedará decepcionado, pues ofrece mucha acción, efectos sofisticados, una ambientación sugerente, y una esmerada banda sonora compuesta por Hans Zimmer. También tiene nivel el reparto, con algún veterano que le da lustre a papeles sobre el papel un tanto simples, en los casos de Holly Hunter, Laurence FishburneDiane Lane y Kevin Costner, mientras que Amy Adams deslumbra como es habitual, el citado Cavill cumple, Ben Affleck no es un Batman tan desastroso como temían los fans, y como mucho se puede decir que a pesar de sus esfuerzos Jesse Eisenberg no acaba de dar con el tono, su Lex Luthor tiene un toque psicótico alejado del que interpretó Gene Hackman que no convence.(DE CINE 21).


Batman v Superman. El amanecer de la justicia. Buena película pero con un guión que pelea por servir a dos amos.
¿Batman o Superman? ¿Batmansuperman? ¿Batman… y algo de Superman? Ese es el dilema al que se enfrenta el guión de esta película sobre la que lo primero que quiero decir es que me parece una muy buena película, aunque por distintos motivos no me ha acabado de convencer en algunos de sus aspectos tanto como en su momento me convenciera El hombre de acero. Me convence. Pero reconozco que no me emociona.(ACCIÓN DE CINE).


Resulta tentador proponer una dialéctica entre las películas de superhéroes marca DC y las amparadas bajo el sello Marvel: si estas últimas han acabado encarnando un nuevo canon para el blockbuster (tendente entrópicamente al estallido de burbuja), las películas de la DC –especialmente después de que Nolan impusiera su tono de gravedad y grandilocuencia- podrían representar el inconsciente tumultuoso y desordenado de la ecuación. Ambos modelos son contradictorios por definición: las películas Marvel abogan por lo dionisíaco mediante formas medianamente apolíneas (donde el director no es Autor, sino Gestor), mientras que los productos DC braman su condición de (apolíneo) Gran Arte mediante un desajustado lenguaje de ruido y furia (donde el director es Autor, y Megalómano, y Ciclópeo VJ). Si Marvel determina el nuevo orden global del cine espectáculo, DC revela su subyacente condición patológica. A ese marco de producción regido por ese pulso de mitologías y concepciones estéticas, “Batman v Superman: el amanecer de la justicia” suma otra tensión sostenida en la dualidad: el choque de los dos iconos estrella de la saga entendidos como formas antitéticas de encarnar el arquetipo. El Superhéroe por la gracia de Dios frente al Superhéroe hecho a sí mismo.
La nueva película de Zack Snyder no es, exactamente, una secuela de su crispada y anticarismática “El hombre de acero” (2013), sino muchas, demasiadas cosas a la vez: un blockbuster encrucijada que es, a la vez, cierre de ciclo, reboot de franquicia (Batman), precalentamiento para el acabose (la Liga de la Justicia) y primera piedra de nuevas sagas (Wonder Woman, Aquaman, etc…), pero que, ante todo, parece el capítulo perdido de un serial del que nos hemos saltado varias entregas. Su arranque da la medida de sus intermitentes fortalezas y de sus medulares debilidades: por un lado, la idea de presentar a Bruce Wayne como testigo marginal de los daños colaterales de una trifulca superheroica tiene fuerza y originalidad, pero no marca ni define el compromiso del cineasta con un discurso que no llega a cobrar ni forma, ni coherencia. Por otro lado, el modo enfático con que Snyder recrea el trauma fundacional de Wayne delata que aquí no va a haber precisión expresiva, sino despilfarro (gratuito) de barroquismo visual sin una firme opción de estilo.
Un Affleck de mentón crispado y milleriano encarna a su Batman como degradación airada y crepuscular del de Nolan, mientras Jesse Eisenberg ofrece un desbordante recital de grima como un Luthor que parece el espejo oscuro del contemporáneo consumidor de comic-books. Todo ello bajo la figura de un Cavill/Superman que somatiza el principal problema de esta excesiva y aturullada suma de clímax: una palmaria incapacidad para la implicación emocional.(FOTOGRAMAS).

sábado, 5 de marzo de 2016

CIEN AÑOS DE PERDÓN


Película: Cien años de perdón. Dirección: Daniel Calparsoro. País:EspañaAño: 2015. Duración: 96 min. Género: ThrillerReparto: Luis Tosar, Rodrigo de la Serna, Raúl Arévalo, José Coronado, Marian Álvarez, Patricia Vico. Guion: Jorge Guerricaechevarría. Música: Julio de la Rosa. Estreno en España: 4 Marzo 2016. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Una mañana lluviosa. Seis hombres disfrazados y armados asaltan la sede central de un banco en Valencia. Lo que parecía un robo limpio y fácil pronto se complica, y nada saldrá como estaba planeado. Esto provoca desconfianza y enfrentamiento entre los dos líderes de la banda, ‘El uruguayo’ y ‘El gallego’. Pero, ¿qué es exactamente lo que buscan los atracadores?


Decía un abogado en Spotlight que si se necesita una ciudad entera para criar a un niño también se necesita una ciudad entera para abusar de él. Aunque enCien años de perdón (Dios nos libre) no haya curas pedófilos, esta máxima del sentido común no le debería sonar descabellada a ninguno de los personajes de su reparto coral.
Daniel Calparsoro, un especialista del cine de los bajos fondos como viene demostrando desde su debut en Salto al vacío, dirige eficiente y sobrio esta historia que comienza con un atraco a un banco y va ganando en complejidad según avanza la trama. Es en ese calibrar los tonos y en la dirección de actores donde sobresale el director de Invasor y Combustión que, por un lado, permite que sus actores se luzcan –celebrable Rodrigo de la Serna, que pasa de la amenaza más convincente, con visos del Joker de Heath Ledger, a resultarnos tierno como ladrón estafado– y, por otro, consigue que pasen desapercibidos. Es el caso, por ejemplo, de Raúl Arévalo, tan monocromo, tan en su papel de “hombre de confianza” del poderoso, que practicamente desparece en él, favoreciendo a una historia que huye de dogmatismos y simplificaciones como le conviene al cine que retrata –aunque sea a través de los mandos intermedios– a las altas jerarquías de la política. Porque el telón de fondo deCien años de perdón, más allá del robo a mano armada, es ese otro atraco más ruin y sibilino, el de la corrupción que ha asolado (y asola) España en los últimos años.
El acierto del guionista Jorge Guerricaechevarría, en forma de caja de seguridad con documentos incriminatorios dentro, es que no se limita a culpabilizar a los políticos de sus nefastas acciones. En el atraco de Cien años de perdón están pringados todos, desde los ladrones hasta la oposición y la directora del banco.Parece ser que si el pecado de robar a un país es de unos pocos, la responsabilidad de aceptar con naturalidad que eso ocurra la tenemos todos.(CINEMANIA).


El thriller siempre ha constituido una estupenda arma a la hora de escarbar en las miserias de la sociedad actual, en el lado más oscuro e incómodo de la trastienda de una realidad inquietante que, en los últimos tiempos, se ha visto carcomida por la corrupción, la ambición y la miseria moral. 'Cien años de perdón' absorbe ese marco político en el que estamos instalados para configurar un modélico ejercicio de cine de entretenimiento, acción, denuncia y compromiso ético que funciona como una bomba de relojería. Tan vibrante como inundado de rabia.
Partiendo de los esquemas del cine de robos y atracos, Calparsoro, con un guión de Jorge Guerricaechevarría y rodeado de un estupendo elenco coral, compone un complejo relato poliédrico para sumergirnos en una frenética espiral de acontecimientos en la que se tensan al límite los elementos de la acción y la intriga a través de un incisivo artefacto fílmico lleno de precisión y contundencia formal. Brillante en su ejecución y valiente en su contenido, furibundo y necesario.(FOTOGRAMAS).


El veterano y prolífico cineasta Daniel Calparsoro (cuya filmografía abusa de no pocos títulos mediocres) regresa con un proyecto que ha levantado mucha expectación: un trepidante thriller de acción sobre robos de bancos, a partir de un guión de Jorge Guerricaechevarría y con un popular reparto a su servicio. Y el resultado final es relativamente satisfactorio, pues logra concluir un ejercicio de acción filmado con pulso y competente fotografía, cuyo ritmo tenso y constante y un guión algo enrevesado pero muy entretenido hacen del visionado una experiencia entretenida. Pero la película no logra calar en el espectador, debido principalmente a unos personajes planos pobremente interpretados y unos esquemas narrativos que no abandonan la absoluta convencionalidad.(Nestie.Madrid).