jueves, 28 de julio de 2016

LA LEYENDA DE TARZÁN


Película: La leyenda de Tarzán. Título original: The legend of Tarzan.Dirección: David Yates. País: USAAño: 2016. Duración: 110 min.Género: AcciónaventurasReparto: Alexander Skarsgård, Margot Robbie, Samuel L. Jackson, Christoph Waltz, Djimon Hounsou, John Hurt.Música: Mario Grigorov. Estreno en España: 22 Julio 2016.

Han pasado años desde que el hombre una vez conocido como Tarzán (Alexander Skarsgård) dejara atrás las junglas de África para vivir una vida burguesa como John Clayton III, Lord Greystoke, con su amada esposa Jane (Margot Robbie) a su lado.  Y ahora, le han invitado a volver al Congo para servir como emisario comercial del Parlamento, desconociendo que es un peón en una terrible encrucijada de avaricia y venganza planeada por el capitán belga Leon Rom. Pero quienes se encuentran detrás de la trama homicida no tienen ni idea de lo que están a punto de desencadenar.


Tiene gracia que un russoniano convencido como por fuerza debía de ser Edgar Rice Burroughs se pasase la jubilación de la manera más hobbesiana posible: escribiendo en una guerra como corresponsal. Sus crónicas sobre el ataque japonés a Pearl Harbor contrastan con aquella reedición del mito del buen salvaje que escribió desde el rancho de su hermano en Idaho, tan lejos de la selva que le sirvió para levantar un imperio. Hoy, más de 100 años e infinitas adaptaciones después, un actor sueco (¿hay algo más civilizado que eso?) encarna al hombre criado por monos para continuar aquella tradición pre-revolucionaria en la que el hombre es, por naturaleza, bueno.
La leyenda de Tarzán arranca con el ex vampiro Alexander Skarsgård (True Blood) como un aburguesado John Clayton III, lord inglés que ha recuperado los escudos familiares y ha abrazado el progreso de la Humanidad hasta el punto de no querer ni oír hablar de la jungla. Es su rubísima esposa, Jane (pero una Jane tan de armas tomar como la actriz que la interpreta, Margot Robbie), la que le convence de volver al Congo Belga ante las noticias de esclavismo y sobreexplotación de la naturaleza que les llegan. Tarzán acepta volver a casa pero una vez allí tarda en sustituir los mocasines por el taparrabos y sólo se monta en liana cuando la trampa tendida por el siempre malísimo Christoph Waltz pone en peligro a su familia selvática. Ayudado por un Samuel L. Jackson anti esclavista y pistolero como de western de Tarantino, Tarzán se amolda a esta incursión oscura  –no esperes las charletas de Weissmüller ni las gracias de Chita, aquí los monos de monos tienen poco–, mientras navega por el río Congo como si fuese Conrad en El corazón de las tinieblas. A pesar de ser una película familiar, tiene más de eso La leyenda de Tarzán que de canción de Phil Collins. En definitiva, más de Hobbes que del buen salvaje de Rousseau.(CINEMANIA).


Tarzán vuelve al cine para las nuevas generaciones. Lo cual implica varios cambios y ciertas variaciones para adaptar al personaje a los tiempos que corren, a las nuevas audiencias y a los nuevos y más actuales gustos de las mismas, que hacen que el resultado en sí no tenga el espíritu de los libros, pero quede reflejada como una de las mejores adaptaciones del personaje a la gran pantalla que podemos recordar. Un personaje que no ha sido todo lo bien tratado que debía ser por el cine o la televisión, y que recientemente, al margen de un par de versiones animadas y otras más fallidas que es mejor no recordar, había sido olvidado casi por el medio, relegado a personaje en la memoria. El cine había optado por considerarlo siempre un personaje de serie B, pero en esta ocasión, con 180 millones de dólares, la película goza por fin de la relevancia que se merece, del tipo de presupuesto de serie A que puede elevar una propuesta por encima de la media. El resultado es tremendamente entretenido, con acción y aventuras para toda la familia, pero que dejará a los fans del personaje literario algo desangelados. Ellos buscaban otra cosa......(ACCIÓN DE CINE).

La leyenda de Tarzán' tiene la mala suerte de haber coincidido en este mismo año con la nueva versión de 'El libro de la selva'. Este infortunio se agrava por haberse estrenado algunos meses más tarde. Así que, de entrada, si íbamos faltos de actualización a estos tiempos digitales de célebres aventuras decimonónicas en escenarios selváticos, nuestra hambre ya se sació con creces con la reciente adaptación del clásico de Kipling. Además, la híper-musculada reencarnación del héroe salvaje creado por Edgard Rice Burroughs no está tan bien resuelta como la de Mowgli. Se han pasado de frenada, o mejor dicho de CGI. Y no es que el artificio digital en este caso moleste en la creaciones animales (muy temibles todos los gorilas, por ejemplo), sino en la complexión atlética de Alexander Skarsgård o los paisajes en plano general.
Quizá no da lugar a ponerse quisquilloso ahora con un título cuyo principal objetivo, en eso el film no se esconde, es aliviarnos de los calores del verano con casi dos horas de espectáculo y acción en la jungla. 'La leyenda de Tarzán' quiere ser, y de hecho es, pura evasión. Ahora bien, hay un decalaje un poco torpe entre la manera en la que se plantean los conflictos y la forma en la que se resuelven. La película plantea tramas sobre la esclavitud (en las colonias europeas y hasta en Estados Unidos), sobre la locura más allá del bien y del mal muy “conradiana” o “fitzcarraldiana” (previsible en su acting aunque efectivo Christoph Waltz como Léon Rom), sobre la codicia del primer mundo o sobre el instinto animal del ser humano al margen de la razón que luego soluciona en un pis-pas, como si el guión fuera lo de menos y la demasía estética lo de más. Y es que, seguramente, lo es.(FOTOGRAMAS).

martes, 12 de julio de 2016

MI AMIGO EL GIGANTE



Película: Mi amigo el gigante. Título original: The BFG (The big friendly giant). Dirección: Steven Spielberg. País: USAAño: 2016. Duración:117 min. Género: FantásticoReparto: Bill Hader, Rebecca Hall, Rudy Barnhill, Jemaine Clement, Adam Godley, Penelope Wilton, Mark Rylance.Guion: Melissa Mathison; basado en el libro infantil “El gran gigante bonachón”, de Roald Dahl. Música: John Williams. Estreno en España: 8 Julio 2016. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.


Mi amigo el gigante” cuenta la historia de la amistad entre una pequeña niña y un misterioso gigante, que le enseñará las maravillas y los peligros del País de los Gigantes.

Hay pocos directores que entiendan tanto y tan bien el valor mágico del cine como Steven Spielberg. Y el valor y la importancia de la magia y la ilusión en nuestras, a menudo, desesperanzadas vidas. Por eso Spielberg ha leído a sus siete hijos en algún momento el cuento de Roald Dahl titulado El gran gigante bonachón. Por eso hace más de 25 años que el cineasta perseguía adaptar la aventura mágica que el escritor dedicó a su hija fallecida por encefalitis a los siete años.
Pero Spielberg, un hombre paciente, esperó hasta que la tecnología estuviera al nivel de la historia que quería contar: la de un gigante herbívoro, menos gigante que sus compañeros comehumanos, que habla un extraño inglés (la invención de palabras de Dahl se perderá en la traducción al castellano) y se dedica a cazar dulces sueños que ‘sopla’ en las cabezas de los niños por las noches. Una de esas noches, una niña curiosa y ávida lectora de cuentos en el silencio nocturno de su orfanato, le descubre. El gigante, nervioso, la coge con sus grandes manos y se la lleva a su casa, la coloca en una sartén, donde la pequeña (la debutante y enérgica Ruby Barnhill), asustada, cree que acabará en su estómago. La oscuridad del cuento de estos primeros momentos acaba pronto. En cuanto el gigante empieza a comer un pegajoso pepino verde, su alimento principal para no comer “human beans” (judías humanas, en un juego de palabras inglés: “human beings”) y los dos juntos beben un líquido verde cuyo efecto inmediato son unas sonoras flatulencias –la demostración de que el público de este cuento, en papel y en pantalla, son los niños, y bienvenido sea–, la amistad entre dos seres tan diversos cobra protagonismo, tal y como pasaba en E.T. No es por casualidad que las dos películas compartan guionista, Melissa Mathison. Este Mi amigo el gigante fue su último trabajo antes de morir el noviembre pasado....(CINEMANIA).

Spielberg intenta repetir la fórmula de E.T. pero no le saca partido al libro de Roald Dahl.
Demasiado previsible. Ese sería el resumen de Mi amigo el gigante, una película cuya falta de tono y ritmo sorprende por venir de las manos de un director como Steven Spielberg y por ser su siguiente trabajo después de la brillante El puente de los espías.

Mi amigo el gigante tiene el aire de historia ya contada antes y desperdicia la oportunidad de sacarle todo el jugo al doble sentido que encierran todos los cuentos infantiles, las fábulas fantásticas sobre la pérdida de la inocencia. Spielberg opta por seguir un camino visual brillante como el de toda su filmografía, pero en el que se observan reiteraciones de contenido visual y narrativo que ya ha explorado con mayor acierto y pasión en ocasiones anteriores......(ACCION DE CINE).

Así como los adultos cambian de voz cuando interpretan a todos los personajes de un cuento infantil, Steven Spielberg se desdobla en la pareja protagonista de 'Mi amigo el gigante'. Por un lado, es el alquimista, el destilador de sueños que, en una secuencia portentosa, cocina las historias y los deseos que pueblan nuestra vida onírica. Por otro, encarna la pureza de esa niña que mira el mundo con los ojos limpios y solitarios. Spielberg es la figura paterna pero también la huérfana que necesita su cobijo.
El cuento de Roald Dahl le permite gestionar esa duplicidad invocando su dimensión más siniestra e intimista en la primera parte del film, que es sorprendentemente lenta en su desarrollo, para soltarse la melena en la segunda, en la larga escena en Buckingham Palace que, por momentos, parece evocar el encanto de algunas películas Disney de carne y hueso, con 'Mary Poppins' (Robert Stevenson, 1964) como cabeza de cartel.
Lo más llamativo de 'Mi amigo el gigante' es su naturaleza paradójica. Si parte de su fuerza visual reside en su precioso diseño digital, que cristaliza en ese gigante al que Mark Rylance interpreta entre gestos cálidos y torpes y juegos de palabras intraducibles, no es menos cierto que su ritmo narrativo es el propio de un cine infantil añejo, analógico, que se toma su tiempo para abrazar a sus personajes pero que prefere ir al grano cuando se trata de resolver la trama. Spielberg sabe que su varita mágica no se engrasa con la tecnología, sino con esos sueños que el gigante colecciona en coloridos tarros de cristal.(FOTOGRAMAS).