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martes, 14 de febrero de 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR




La historia de los Chandler, una familia de la clase obrera afincada en Massachusetts. Después del fallecimiento repentino de Joe (Kyle Chandler), el hermano mayor de Lee (Casey Affleck), este se convierte en el tutor legal de su sobrino (Lucas Hedges). De pronto, Lee se ve obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció.


Casey Affleck y Lucas Hedges brillan con luz propia, en este convincente y profundo drama.
Tan agreste como el paisaje en que transcurre, Manchester frente al mar es una de esas películas cuyo poso queda mucho después de finalizar los títulos de crédito. Apoyado en las excelentes localizaciones de carácter costero, Kenneth Lonergan mete el frío ambiente de Massachusetts en los huesos de los personajes, como si estos se hallaran contaminados por la depresión medioambiental que domina la región norteña donde transcurre la trama.
Precisamente, el personaje principal (al que encarna con precisión milimétrica, y mimetismo asfixiante, Casey Affleck) es el más importante valedor de la apuesta del director, destinada a construir un filme carente de artificios innecesarios, y en el que cualquier elemento tiene su sentido de existencia....(ACCIÓN DE CINE).

Las películas de Kenneth Lonergan se rigen por las leyes de la combustión lenta. Expone los elementos de la historia, va configurándolos y dándoles forma de manera callada y sutil hasta que, cuando quieres darte cuenta, te ves atrapado. En 'Manchester frente al mar' intenta representar en la pantalla el dolor en su dimensión más desgarradora. Y lo hace a través de unas imágenes serenas en su superficie que contienen una furia y una rabia internas imposibles de describir. El director renuncia a la épica de la tragedia humana para intentar describir lo que significa la verdadera desolación y el vacío desde la más estricta austeridad emocional.
El resultado es una película que, a través de una elegancia conmovedora, nos introduce en los terrenos de la culpa y la pérdida hasta estallar en un grito de rabia sordo. Y Casey Afeck materializa su tortura íntima desde la contención, a través de la mirada. Una mirada hacia el abismo en la que no hay espacio para la redención.(FOTOGRAMAS).

....Hondísimo y desolador drama familiar entregado con perfección por el guionista y director Kenneth Lonergan, conocido por su estupendo debut tras las cámaras con Puedes contar conmigo. No sale Lonergan de su universo narrativo: los lazos familiares, la muerte, la culpa y las dificultades para reencontrar el rumbo cuando todo se ha hecho añicos. Lo transmite con una película dura, muy dura en su trama argumental, pero ofrecida con una enorme humanidad, con personajes reales, vivísimos, en las antípodas del tópico, a quienes no les cabe más remedio que seguir adelante y afrontar los embates de la vida, a veces verdaderamente trágicos. El sentido del dolor y la desgracia es tan insondable como la inmensidad del océano. Por mucho que lo miremos, que lo contemplemos frente a nosotros, será complicado encontrar las respuestas, tan misterioso es.
Visualmente Manchester frente al mar se despliega como un puzle, en donde por medio de un montaje pormenorizado se van intercalando piezas en diferentes tiempos, que responden a las vivencias del pasado del protagonista. Retazos de vida, que surgen como recuerdos, flashes de lo que fue y se evaporó para siempre. Tal cualidad consigue que narrativamente la película sea un prodigio, pues se elude la confusión con maestría, golpea directamente donde quiere y a la vez se logra transmitir la idea de que es imposible intentar abarcar siquiera una gran parte del mundo exterior e interior de las personas. Siempre faltan piezas, pero bastan unos trazos firmes para vislumbrar un retrato. Así, casi es más importante en el film –en presencia y entidad– lo que no se muestra que lo que vemos en pantalla, por ejemplo en la relación entre Lee y su mujer (maravillosa Michelle Williams), sucesos apenas velados pero que sabiamente Lonergan los hace asomar en la prodigiosa escena del encuentro en la calle, de un dramatismo abrumador. Pero también en lo referente a la relación de Lee con su sobrino (estupendo Lucas Hedges) –esa compañía en el dormitorio, esa confesión en la cocina– o con sus amigos, personas buenas que siempre están ahí, con el hombro preparado en el momento malo. En el plano interpretativo, lo que hace Casey Affleck (Adiós pequeña adiós) con Lee Chandler es asombroso, angustiante. Faltan adjetivos para definir una verosimilitud tan perfecta. Pocas veces el Oscar sería un premio tan justo.
A la pericia narrativa hay que añadir también la excelente puesta en escena y el acierto en las bellas localizaciones en la costa de Massachussetts, donde parece que las heridas no pueden empezar a cerrar hasta que llega el sol para calentar la tierra. Y funciona la potente inclusión de una reconocible banda sonora de calidad –Händel, Albinoni, Massenet, etc.–, que ayuda a digerir esas bellas imágenes contemplativas cuando acechan los instantes más trágicos y el espectador sólo puede tragar saliva.
No estamos lo que se dice ante una película alegre, más bien todo lo contrario. Sencillamente hay cosas que no se pueden superar. Y por eso, es cierto, se le puede achacar al director neoyorquino haber llevado la historia hasta el extremo de la aflicción, dejando muy poco hueco para respirar. Y también que el recurso a la trascendencia, tan humano en ciertos casos, pase de puntillas. Sin embargo, pese a todo, Lonergan no hace una retrato sombrío de la existencia –incluso se permite algún momento cómico (o tragicómico)–, más bien parece subrayar algo que ya es claramente capital en su filmografía: pase lo que pase queda la familia, ella es el cabo fuerte, seguro, al que hay que agarrarse para mantenerse cuerdos. Es un comienzo.(de CINE 21).