lunes, 13 de marzo de 2017

KONG: LA ISLA CALAVERA




Película: Kong: La Isla Calavera. Título original: Kong: Skull Island. Dirección: Jordan Vogt-Roberts. País: USAAño: 2017. Género: Acciónaventurasfantástico. Reparto: Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, Toby Kebbell, John Goodman, Tian Jing, Corey Hawkins, Jason Mitchell, John Ortiz, Shea Whigham. Guion: Max Borenstein. Producción: Thomas Tull. Estreno en España: Marzo 2017.


Kong: La Isla Calavera reimagina el origen del mítico Kong en una aventura original del director Jordan Vogt-Roberts. En la película, un diverso equipo de exploradores es reunido para aventurarse en el interior de una isla del Pacífico —tan bella como traicionera— que no aparece en los mapas, sin saber que están invadiendo los dominios del mítico Kong.


Al igual que los inconformistas y contradictorios niños de 'The kings of summer' que se adentraban en el bosque para construir su propia personalidad sobre los cimientos de la aventura como única manera de crecer, Jordan Vogt-Roberts, su director, se ha ido a la Isla Calavera para levantar la que seguramente sea la cabaña más cara, más cinéfila y más aventurera del Hollywood de los últimos años. No es algo nuevo como opción para aproximarse a King Kong: la versión de Peter Jackson no era más que la materialización de un sueño infantil, el del autor neozelandés con respecto a la mitología que el inmortal film de 1933 firmado por Ernest Schoedsack y Merian C. Cooper despertó en él. Los materiales con los cuales Vogt-Roberts edifica ese refugio de imaginación son de primera y heterogénea categoría: desde una relectura muy inteligente de 'La isla del tesoro' (el personaje de John C. Reilly como trasunto del Ben Gunn de la novela de Stevenson), 'La isla misteriosa' de Julio Verne, 'El mundo perdido' de Conan Doyle y 'La tierra olvidada por el tiempo' de E. R. Burroughs a los viajes al corazón de la tiniebla conradianos (y los guiños a 'Apocalypse Now' son evidentes).
Consciente de que el espectador amante de estas aventuras, de este universo deliberadamente pulp, es un niño atemporal, 'Kong: La Isla Calavera' recurre con inteligencia a ese periodo tornado hoy el Shangri-La de la nostalgia: los años 80. Sí, es verdad que su ambientación y acción acontecen en 1973, días después del fin de la guerra de Vietnam y a tres años de que el barco de prospección petrolífera del 'King Kong' de John Guillermin atravesara las brumas de la isla del gorila gigante. Sin embargo, esa influencia bélica (y rocanrolera) es más de los años 80, de las películas de la Cannon (o de los Rambos de la Carolco) que querían ganar aquella guerra perdida desde el cine, un poco como el reflejo (sumamente estimulante) del militar que encarna Samuel L. Jackson aquí. Y más ochentero es el espíritu de survival fantastique que no oculta su deuda y cariño hacia el 'Depredador' de John McTiernan. Con todo, lo más maravilloso de esta extraordinaria película no es únicamente la mano de un director con una inventiva visual (el ataque a los helicópteros al llegar a la isla) apabullante y su sentido de la aventura, del cine de aventuras, sino cómo es capaz de capturar la magia de la imágenes del 'King Kong' de 1933 (Kong surgiendo de entre la niebla, los planos desde lo alto de las montañas) y la poesía (sí, poesía) de la versión de 1976 (las miradas de dignidad y comprensión del rey Kong) para reelaborarlas con estilo propio y maestría.(FOTOGRAMAS).


La mejor película de King Kong desde la original. Un personaje que desde que se estrenó en cines en 
1933 se ha convertido en un icono para el cine, un icono con dos remakes, el último de ellos, el dirigido por Peter Jackson. Es muy difícil revisitar ese personaje sin repetir esquemas previos, y eso es algo que la película de Jordan Vogt-Roberts consigue plenamente. Un viaje a la Isla Calavera en el que no veremos Nueva York, ni una revisión de La Bella y la Bestia, sino un despliegue de cine de aventuras, acción y grandes efectos visuales que por un lado homenajea con brillantez a King Kong y por otro al cine bélico de los 70, con Apocalipsis Now a la cabeza.
No, no estoy comparando Kong con la obra maestra de Coppola, ni mucho menos. Ni en temas, ni en profundidad… Nada tiene que ver. Pero esta película sí ofrece diversos homenajes visuales a aquella y a la guerra de Vietnam en el cine en general. Al cine de los 70 en particular, para ofrecer un espectáculo visual de primer orden, puro entretenimiento que además guarda un par de gratas sorpresas. Desde el diseño de la isla, el propio Kong, los parajes o las criaturas que la habitan (alejándose de los típicos dinosaurios para darnos una nueva serie de monstruos… como esa terrorífica araña gigante), pasando por la propia acción de la película, el tono de la misma, más centrado en Kong casi que en los humanos......(ACCIÓN DE CINE).

......Irreprochable en lo tecnológico, con ritmo desigual pese a que las escenas de acción son abundantes (y muy bien resueltas) y no dan tregua al espectador y con algunos golpes de humor que no terminan de encajar con demasiada armonía dentro del conjunto, la película retiene poco del espíritu de los anteriores Kongs cinematográficos para dejarse llevar por un espíritu lúdico y autorreferencial. En otras palabras, Kong: La isla calavera es a King Kong (1933) lo que Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) fue a Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993): una grandilocuente banalización de sus aciertos, diseñada al milímetro para cautivar a las nuevas audiencias, pero sin auténtica magia ni facultad para sorprender alguna. Esto, lejos de ser tomado como algo negativo, debería avisar a quienes esperen encontrar en esta cinta algo que no sea dos horas de puro entretenimiento cargado de testosterona. Los constantes guiños a Apocalypse Now se extienden también al aspecto visual –el brutal pasaje del derribo de Kong a los helicópteros, en el que parece que en cualquier momento van a resonar los acordes de Wagner y su Cabalgata de las valkirias; la incendiaria imagen de Samuel L. Jackson dejándose llevar por los efectos destructivos del napalm–, algo que otorga a la obra una atractiva personalidad (prestada) que se ve potenciada con una excelente labor de Larry Fong en la fotografía, su conseguida estética setentera (esas imágenes documentales intercaladas) y el uso de clásicos del rock de la época en su banda sonora. Por todo ello, si no nos dejamos llevar por falsas expectativas de trascendencia –alimentadas, tal vez, por el hecho de tener detrás de las cámaras a alguien como Jordan Vogt-Roberts, realizador de una pequeña perla indie como fue The Kings of Summer (2013)– que nunca se cumplen, la película se disfruta con facilidad y es cumplidora como monster movie con alma de serie B –durante su visionado asoman a nuestro recuerdo aquellas entrañables producciones de Kevin Connor adaptando, a su aire, a Edgar Rice Burroughs– y presupuesto de serie A. El alcance de su calado en el espectador será, en este caso, directamente proporcional a los prejuicios con los que este se acerque a ella.(EL ANTEPENULTIMOMOHICANO).

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