miércoles, 1 de marzo de 2017

MOONLIGHT



Título: Moonlight
Título original: Moonlight
Dirección: Barry Jenkins                  
Guión: Barry Jenkins, Tarell McCraney     
Reparto: Mahershala Ali, Shariff Earp, Duan Sanderson, Alex R. Hibbert, Janelle Monáe, Naomie Harris, Jaden Piner, Herman 'Caheei McGloun, Kamal Ani-Bellow, Keomi Givens, Eddie Blanchard, Rudi Goblen, Ashton Sanders, Edson Jean, Patrick Decile
Idioma original: Inglés
Duración: 111 min
País: EEUU
Fecha de estreno: 10 de febrero del 2017


'Moonlight' es una historia atemporal de relaciones humanas y autodescubrimiento, que narra la vida de un joven que crece en los suburbios de Miami, desde su infancia hasta la edad adulta. Un retrato vital de la vida afroamericana contemporánea que resuena por su profundidad y sus verdades 

.....Dicen por ahí... muchas cosas, demasiadas. Y todos las decimos aunque no siempre bien, aunque no siempre se entiendan; o aunque lo que queramos decir sea algo tan etéreo como para no poder ser descrito. La cualidad de 'Moonlight', su valor diferencial, es que no es una historia que contar... es una historia que experimentar, capaz de transcender de aquello que se pueda decir. Tan pequeña, tan irrelevante como la vida misma de un cualquier otro que no sea uno mismo, del color que sea y/o quiera ser, y en cierta manera tan insignificante como lo puede ser un premio, el Óscar, en no pocas ocasiones un cincel para opiniones de todo tipo, color e interés bienintencionados y no tan bienintencionados.

Dicen por ahí... muchas cosas, demasiadas. Todos las decimos aunque ni siempre merezcan la pena ser dichas, ni siempre lleguen a manos de las personas indicadas. 'Moonlight' ni es ni deja de ser una gran película, ni es ni deja de ser una película "importante", "necesaria" o cuantos calificativos con los que queramos "marcarla" para su fácil y rápido consumo. Ahí, y no en ninguna otra parte, es dónde la cinta de Barry Jenkins encuentra la valía que tiene, sea cual sea dentro de su condición de "rareza" a reposar convenientemente. Allí es dónde se erige en un filme que merece la pena ver por cuanto se escapa de la apariencia de lo habitual, por cuanto se diferencia de cualquier cosa que pueda decirse de ella que no sea verla, simplemente.

Tan sencillo, estimulante y banal como eso.

Porque la vida no es sino una suma de momentos al final de la cual no hay una IMDb que nos la catalogue ni un Óscar que tiña de satisfacción o no lo que, sencillamente, es una cuestión emocional de cada cual. Eso es 'Moonlight'. O algo que se le parezca.(EL SEPTIMO ARTE).

La originalidad nunca radica en el fondo, sino en la forma. Existe una cantidad limitada de historias que pueden ser contadas, aunque, claro está, las maneras de hacerlo sean infinitas. El inesperado Barry Jenkins (¿alguien vio su ópera prima de 2008, 'Medicine for Melancholy?' Yo tampoco) nos ha arrojado a la cara una obra innegablemente mayor desde la más desarmante de las pequeñeces. De esas que a veces encienden los espíritus de cierta masa durmiente de espectadores sensibles, que activan los detonadores de superlativos ansiosos por ser esgrimidos, llaman a la unanimidad y engendran proles enteras de conversos.
Ahora bien, lo ha logrado recurriendo a uno de esos relatos de siempre: el coming of age, lo iniciático, vaya. Bajo su mirada certeramente impresionista, sin asomo de afectación, y gracias a un pulso forjado a partir de una sensibilidad audiovisual más de cincel que de escoplo, cristaliza en algo único, minúsculo y enorme a la vez, refractario a la categorización fácil: costaría poco, a saber, un 'Boyhood' (Richard Linklater, 2014) negro y gay. Su película es una de esas raras piezas de sabor único, belleza quebradiza y carácter renuente a la generalización. Privilegiando el destello antes que el fulgor, la degustación del momento en vez del redoble de timbales, el gesto y no la postura, 'Moonlight', más jardín de detalles que parque temático, entra en esa categoría de película- experiencia, del que no te la cuenten, tan raramente justificable fuera de la pura mercadotecnia.(FOTOGRAMAS).

Tres momentos, una vida. Little, Chiron, Black, son los tres nombres con que es conocido un afroamericano en distintas etapas de su devenir: siendo un niño a las puertas de las adolescencia, como un adolescente en el umbral de la juventud, y convertido en joven recién ingresado en la edad adulta.
Chiron, su nombre real, vive en el conflictivo barrio de Liberty, Miami, donde la población es presa fácil de las drogas, por consumirlas o traficar con ellas. Su madre es adicta al crack. Él tiene problemas de autoestima, es un chico sensible y frágil, sus compañeros de colegio, cruelmente, le insultan llamándole maricón. Tiene dudas de si es homosexual, y nadie le ayuda a afrontarlas. Vive solo con su madre, y le toma bajo su protección Juan, camello de origen cubano, que vive con su novia Teresa, y que conforman una especie de segunda familia más acogedora, pero no menos problemática. En el colegio, sólo parece sentirse a gusto con Kevin, pero realmente la confianza parece imposible, sobre todo cuando los matones acechan. Con este panorama debe forjar su carácter, madurar.
Drama sorprendentemente sólido del hasta ahora desconocido Barry Jenkins, también guionista, que ha combinado elementos biográficos propios, con otros del responsable de la idea original, Tarell Alvin McCraney, quien había concebido un germen de obra de teatro que iba titularse "A la luz de la luna los niños negros parecen azules-tristes". Llama la atención el verismo de la dura trama, y la inteligencia con que se evita vender ideología, una tentación que de haberse materializado habría rebajado notablemente la fuerza de la historia. Así, dejando algunas puertas abiertas a la interpretación, al jugarse la carta de la ambigüedad –no hay que resolver todas las dudas, dar todo mascado–, sobre todo somos testigos de la dolorosa confusión del protagonista a la hora de crecer en un entorno donde se encuentra básicamente solo, no puede hablar y desahogarse. Es curioso, porque muchos personajes son conscientes de sus tristes carencias y contradicciones a la hora de plantearse ejercer a modo de padre, de madre, de amigo, y su impotencia, propiciada por la marginalidad donde se desenvuelven, acaba clavándose de modo fuerte en el ánimo del espectador. Ello sin estridencias, en un hábil juego de emociones contenidas.
Jenkins rueda con elegancia, visualmente muestra poderío, y su numeroso plantel de actores lo hace estupendamente, increible casting afroamericano. Tenemos al protagonista, encarnado por tres actores muy naturales –Jaden PinerAshton SandersTrevante Rhodes– pero también a los secundarios, más conocidos, Naomie Harris –la madre–, Mahershala Ali –el camello Juan–, Janelle Monáe –una actriz que empieza a despuntar–, donde los dos primeros tiene algunos momentos desgarradores, realmente memorables.(DE CINE 21).

1 comentario:

  1. Hola! Tengo muchas ganas de verla. Muchas gracias por la crítica.

    Un saludo!

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