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miércoles, 2 de agosto de 2017

DUNKERQUE










Título original
Dunkirk
Año
Duración
107 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Director
Guion
Christopher Nolan
Música
Hans Zimmer
Fotografía
Hoyte Van Hoytema
Reparto
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Productora
Coproducción Estados Unidos-Reino Unido-Francia-Países Bajos (Holanda); Warner Bros. Pictures / Syncopy / Dombey Street Productions / Kaap Holland Film / Canal+ / Ciné+ / RatPac-Dune Entertainment
Género
BélicoDrama | II Guerra MundialSupervivenciaHistóricoBasado en hechos reales



Año 1940, en plena II Guerra Mundial. En las playas de Dunkerque, cientos de miles de soldados de las tropas británicas y francesas se encuentran rodeadas por el avance del ejército alemán, que ha invadido Francia. Atrapados en la playa, con el mar cortándoles el paso, las tropas se enfrentan a una situación angustiosa que empeora a medida que el enemigo se acerca.


.....No hay pasado ni futuro en Dunkirk: no conocemos la historia -y en muchos casos- los nombres de los soldados protagonistas y, cuando termina la película, no hay un letrero que nos indique lo que sucedió después. Simple y sencillamente es un evento que ocurrió para estas personas, un momento de tensión pura, uno que para los soldados en tierra duró una semana, para los civiles en el mar un día y para los aviones una hora.
Dunkirk logra combinar con una clase y estilo sin precedentes el lenguaje cinematográfico de clásicos bélicos que van desde la aparentemente sencillez del cine mudo de El acorazado Potemkin, la acción de Rescatando al soldado Ryan, hasta la belleza dentro de un escenario hostil de una de las películas favoritas de Christopher Nolan: La delgada línea roja de Terrence Mallick. Y es que una de las virtudes del cine de Nolan es su capacidad de tomar esas películas que lo han influenciado y no hacer una copia u “homenaje”, son eso, simplemente inspiración. En la práctica, Dunkirk es totalmente opuesta a La delgada línea roja. En la obra de Mallick sus soldados filosofan sobre la guerra en un constante diálogo consigo mismos a través de la voz en off, ven al enemigo a la cara, lo retan, se burlan, conviven con la gente del lugar y en algunos casos conocemos su vida pasada. Aquí no existe un momento donde algún soldado hable sobre lo que dejó atrás o si tienen familia que los espere al otro lado. Simple y sencillamente están ahí, en un momento, tratando de escapar, tratando de sobrevivir… no hay tiempo de pensar en el pasado o en el futuro.
De igual forma, ambas cintas van más allá a ser tan sólo una “película de guerra”. Mientras La delgada línea roja -opacada en su momento por Rescatando al soldado Ryan- resultaba a su vez un estudio sobre el hombre y sus islas personales, Dunkirk no sólo es sobre la percepción del tiempo en momentos de crisis, sino la percepción -normalmente errónea- que tenemos de nosotros mismos frente a los demás, muchas veces solemos ser nuestros propios enemigos.
Dentro de los apartados técnicos, la película funciona como reloj suizo. Christopher Nolan, el proponente número uno de la tecnología IMAX, logra una cinta única que explota el formato como ninguna otra. La fotografía de Hoyte Van Hoytema nuevamente vuelve a mostrar la sutileza con la que explora escenarios a gran escala y a la vez nos enfrenta con esos close-ups claustrofóbicos.
Nuevamente el score de Hans Zimmer juega un papel sumamente importante dentro de la narrativa de Dunkirk, con el reloj marcando los segundos y el efecto auditivo del tono Sheppard, donde se crea la ilusión de un eterno in crescendo que provoca tensión y genera un suspenso aún mayor. Es un trabajo que recuerda también a la dupla Alfonso Cuarón-Steven Price en Gravity. Sería interesante descubrir si funciona sin el score, así como fue el experimento que hizo Cuarón para su película en la Deluxe Edition en Blu-ray.
Uno de los momentos decisivos en la historia de la Segunda Guerra Mundial fue correctamente llevado a la pantalla grande por Christopher Nolan. El realizador nunca pierde su estilo y fija con maestría un vocabulario visual en torno al uso y percepción del tiempo. Dunkirk nos transporta a un momento, a un lugar, a tres puntos de vista. Cada uno con su emergencia y a su propio su trepidante ritmo. No vemos al enemigo porque aquí la amenaza, más que llevar un rostro, lleva un segundero que juega con tortura a todos los afectados… un tiempo a la vez.(PREMIERE).

Hay una imagen en 'Dunkerque' que rima con otra inmortalizada por la reciente 'Su mejor historia' (Lone Scherfig, 2016): una playa atestada de soldados a la espera de evacuación, que, en el trabajo de Scherfig (aguda reflexión sobre los usos de la propaganda y la necesidad de privilegiar la leyenda sobre el hecho), adoptaba la forma de un vidrio pintado, y que Christopher Nolan esculpe en la apabullante fisicidad de una experiencia cinematográfica inmersiva y sensorial. Que dos películas hayan coincidido en rememorar esa histórica retirada como heroica gesta de supervivencia y triunfo de la acción colectiva de una comunidad (británica) también invita a reflexionar sobre la pervivencia de la propaganda en tiempos de paz: ¿es Dunkerque, por lo que tiene de celebración de los lazos de una domesticidad solidaria consigo misma, el mito a invocar por los británicos a medida de los tiempos del Brexit?
Sofisticado juego temporal
'Dunkerque' supone, al mismo tiempo, una reafirmación de las esencias nolanianas y un radical desvío de lo que, con el tiempo, ha ido erigiéndose en uno de los más fastidiosos factores de sobrepeso de su poética. Por un lado, la película se articula en forma de sofisticado juego estructural con un uso del tiempo que podría entenderse como la respuesta realista a las piruetas oníricas de 'Origen' (2010): tres puntos de vista (por tierra, mar y aire), atrapados en respectivas franjas temporales (una semana, un día, una hora), pero armonizados en un montaje paralelo que, muy ocasionalmente, proporciona gratificantes golpes de efecto narrativos (los relacionados con el personaje de Cillian Murphy) y acaba tendiendo a una contraproducente confusión. Se intuye que el propósito del juego (que culmina en la dilatación de un aterrizaje equiparable a la célebre caída de coche ralentizada en 'Origen') es el de igualar tres experiencias y temporalidades distintas en el idioma común de una misma intensidad regida por el imperativo de supervivencia.
Renuncia a la pompa
Por otro lado, Nolan hace aquí una explícita renuncia a la pompa y al verbo (aunque se le escape alguna sonrojante, por lo enfática, línea de diálogo sobre la supervivencia), para abocarse a un espectáculo puramente visual. Algunos momentos (todo el prólogo dominado por Fionn Whitehead, Aneurin Barnard y una camilla) alcanzan una incuestionable fuerza, pero cabe preguntarse si todas las imágenes de Nolan, sin el espectacular diseño de sonido y sin la banda sonora de Hans Zimmer, poseerían la suficiente elocuencia expresiva como para defenderse por sí solas.(FOTOGRAMAS).

......Dunkerque es la historia de una derrota. De cómo los perdedores, especialmente ellos, son más héroes que nadie. Un retrato de soldados en fuga que no duda en mostrar lo peor del ser humano pero sin perderse en discursos moralistas estériles. La acción, brutal y espectacular, se concentra tanto en los gestos íntimos -un joven sosteniendo en brazos a su amigo herido- como en grandiosas escenas de carácter operístico -cuando el destructor se hunde víctima de un torpedo-. Para Nolan todo forma parte desde la misma intensidad emocional. Por eso ni siquiera parecen importar los actores -fijarse en Tom Hardy, que no se quita la máscara de aviador en prácticamente toda la película-, mucho menos las palabras. Porque esta es una película donde el valor semántico es absoluto. La construcción del relato prevalece por encima del mismo relato. Tanto es así que más que una película de guerra, Dunkerque podría ser una película sobre el propio cine y su importancia. Gracias Nolan, por todo ello.(SENSACINE).

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